La discapacidad intelectual es una condición que afecta el desarrollo cognitivo y el comportamiento adaptativo de una persona, influyendo en su capacidad para aprender, comunicarse y desenvolverse de manera independiente en la sociedad. Es un trastorno del desarrollo neurológico que se manifiesta antes de los 18 años y que afecta significativamente el funcionamiento intelectual y el comportamiento adaptativo de una persona.
La discapacidad intelectual se clasifica en distintos tipos y grados de severidad en función del nivel de apoyo que la persona necesita en su vida diaria. La nueva definición no se basa en las dificultades de las personas, sino en cómo han de ser apoyadas. Hasta ahora, la edad en la que aparecía la discapacidad intelectual era antes de los 18 años, pero ahora, esa edad sube hasta los 22.

Criterios Diagnósticos del DSM-5 para la Discapacidad Intelectual
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), es la referencia internacional más utilizada por profesionales de la salud mental para diagnosticar diversos trastornos del desarrollo y del comportamiento. En su última actualización, el DSM-5 establece criterios específicos para diagnosticar la discapacidad intelectual, diferenciándola de otros trastornos del neurodesarrollo.
A diferencia de ediciones anteriores, como el DSM-IV, que se basaban exclusivamente en el coeficiente intelectual (CI) para clasificar la discapacidad intelectual, el DSM-5 adopta un enfoque más integral. Para el diagnóstico de discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo intelectual), se deben cumplir tres criterios fundamentales:
A. Deficiencias de las Funciones Intelectuales
Este criterio se refiere a las limitaciones en el funcionamiento intelectual, como el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el juicio, el aprendizaje académico y el aprendizaje a partir de la experiencia. Estas deficiencias deben ser confirmadas mediante la evaluación clínica y pruebas de inteligencia estandarizadas individualizadas. Un cociente intelectual (CI) inferior a 70-75 puede ser un indicador, pero el diagnóstico no se basa solo en una cifra, sino en un análisis más amplio que considera el contexto y las características de la persona.
B. Deficiencias del Comportamiento Adaptativo
Se trata de deficiencias del comportamiento adaptativo que producen fracaso del cumplimiento de los estándares de desarrollo y socioculturales para la autonomía personal y la responsabilidad social. Sin apoyo continuo, las deficiencias adaptativas limitan el funcionamiento en una o más actividades de la vida cotidiana, como la comunicación, la participación social y la vida independiente en múltiples entornos tales como el hogar, la escuela, el trabajo y la comunidad. Estas habilidades se evalúan mediante entrevistas y cuestionarios dirigidos a los cuidadores principales y personas que conviven con el niño o adolescente. Las áreas clave incluyen:
- Habilidades conceptuales: lectura, escritura, uso del dinero, manejo del tiempo, razonamiento.
- Habilidades sociales: relaciones interpersonales, empatía, respeto por normas y códigos sociales.
- Habilidades prácticas: higiene personal, alimentación, movilidad, seguridad, tareas del hogar o uso de servicios comunitarios.
C. Inicio Durante el Período de Desarrollo
Para confirmar el diagnóstico de discapacidad intelectual, las dificultades intelectuales y adaptativas deben haber comenzado durante la infancia o adolescencia. El DSM-5 establece que la discapacidad intelectual debe manifestarse antes de los 18 años (o hasta los 22 años según otras consideraciones), diferenciándola de otros trastornos adquiridos en la adultez, como el deterioro cognitivo debido a enfermedades neurodegenerativas.
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Clasificación de la Discapacidad Intelectual por Niveles de Gravedad
El DSM-5 elimina la clasificación de la discapacidad intelectual basada únicamente en el CI, y en su lugar propone una evaluación multidimensional que analiza el grado de apoyo que la persona necesita. Sin embargo, para fines descriptivos y de intervención, se mantienen categorías de gravedad asociadas a rangos de CI y características adaptativas:
Discapacidad Intelectual Leve
El alumnado con discapacidad intelectual leve supone, aproximadamente, un 85% de los casos de discapacidad intelectual. Se incluye en la misma al alumnado cuya puntuación en CI se sitúa en el intervalo de CI entre 55 - 50 y 40 - 35. Las personas con discapacidad intelectual leve suelen desarrollar habilidades sociales y de comunicación durante los años preescolares, presentando alteraciones mínimas en las áreas perceptivas y motóricas. Durante la escolarización, pueden llegar a adquirir parcialmente los aprendizajes instrumentales básicos. Por lo tanto, la discapacidad intelectual leve se caracteriza por limitaciones significativas tanto en el funcionamiento intelectual como en las habilidades adaptativas, que se manifiestan en la infancia o adolescencia.
Discapacidad Intelectual Moderada
Supone alrededor del 10% de toda la población con discapacidad intelectual. Según la Asociación Española de Pediatría, la discapacidad intelectual moderada se sitúa en un rango de coeficiente intelectual entre 35-40 y 50-55. La conducta adaptativa de este alumnado suele verse afectada en todas las áreas del desarrollo. Las adquisiciones de lenguaje en los primeros años suelen ser escasas y a lo largo de la escolarización pueden aprender a hablar o a emplear algún signo de comunicación alternativo. En cuanto a las habilidades sociales, las personas con discapacidad intelectual moderada pueden tener dificultades para regular sus emociones y comportamientos en situaciones sociales.
Discapacidad Intelectual Grave
Se incluye en la misma al alumnado cuya medida en CI se sitúa en el intervalo entre 20 - 25 y 35 - 40, y supone el 3-4% del total de la discapacidad intelectual. La mayoría de este alumnado presenta una alteración neurológica identificada que explica esta discapacidad, la confluencia con otras (de ahí el término pluridiscapacidad que aquí se le asocia) y la gran diversidad que se da dentro del grupo. Por este motivo, uno de los ámbitos de atención prioritaria es el de la salud física. Suelen presentar limitado nivel de conciencia y desarrollo emocional, nula o escasa intencionalidad comunicativa, ausencia de habla y graves dificultades motrices. El nivel de autonomía, si existe, es muy reducido. Necesita asistencia total para todas las actividades diarias.
Discapacidad Intelectual Profunda
La medida del CI de este alumnado queda por debajo de 20-25 y supone el 1-2 % del total de la discapacidad intelectual. Representa menos del 2% de los casos. Presentan limitaciones extremas en la movilidad, comunicación y autocuidado, necesitando asistencia total para todas las actividades diarias. Cada persona es única, y, por tanto, dentro de cada categoría puede haber variaciones significativas en el nivel de funcionalidad.

Enfoque Multidimensional en el Diagnóstico y la Intervención
El DSM-5 proporciona un enfoque actualizado y multidimensional para el diagnóstico de la discapacidad intelectual, alejándose del uso exclusivo del CI y centrándose en el grado de funcionalidad de la persona en su entorno. El diagnóstico de la discapacidad intelectual es un proceso multidisciplinario, que involucra a neurólogos, psicólogos, psiquiatras, pedagogos y trabajadores sociales.
La Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y la Salud (CIF, OMS, 2001), comparte muchos de los principios conceptuales presentes en la 10ª edición de discapacidad intelectual de la AAIDD: un enfoque multidimensional de la discapacidad, centrado en el individuo, que contempla tanto las capacidades como las restricciones, permitiendo a su vez identificar los apoyos que precisa la persona y en el que conceptos como el de participación o el de entorno adquieren una importancia crucial para comprender el funcionamiento de una persona. Nos encontramos, por tanto, ante un enfoque de la discapacidad intelectual desde una perspectiva multidimensional, dejando atrás sistemas de clasificación que contemplen únicamente como criterio bien la etiología de la discapacidad, bien medidas de inteligencia o conducta adaptativa exclusivamente, para centrarnos en las 5 dimensiones ya propuestas por la AAIDD en 2002: funcionamiento intelectual, conducta adaptativa, salud, contexto e interacciones, participación y roles sociales, sin olvidar la necesidad de tener en cuenta el perfil de los apoyos necesarios.
Evaluación Multidimensional
Si bien aún es difícil hablar de consenso con respecto a los instrumentos utilizados en la práctica diaria, el grado de acuerdo con respecto a qué dimensiones son importantes de cara a la evaluación de la discapacidad intelectual es muy elevado gracias en gran medida a la gran acogida que en nuestro país y en el ámbito internacional han tenido las propuestas de la AAIDD. Las puntuaciones de CI han sido tradicionalmente el criterio en base al cual se ha clasificado a las personas con discapacidad intelectual, diferenciando categorías. Sin embargo, con el paso del tiempo, el peso de tales puntuaciones se ha visto reducido gracias al desarrollo de otras dimensiones que reflejan la importancia de la interacción de la persona con su entorno, como son las de conducta adaptativa, el contexto o los roles sociales. La reducción del peso de las puntuaciones de CI a la hora de realizar el diagnóstico de discapacidad intelectual se ha visto acompañada por el desarrollo cada vez mayor de otra serie de dimensiones a tener en cuenta de cara a la evaluación que reflejan el carácter social de la misma. Este es el caso de la dimensión 'Conducta adaptativa', actualmente definida como “el conjunto de habilidades conceptuales, sociales y prácticas que han sido aprendidas por las personas para funcionar en su vida diaria”.
Importancia del Diagnóstico y los Apoyos
Recibir un diagnóstico de discapacidad intelectual no es un final. Es un punto de partida. Es el inicio de un proceso que, con la información adecuada y los apoyos correctos, puede transformarse en una oportunidad para comprender, acompañar y construir un entorno en el que cada persona pueda desarrollar su potencial. En el caso de la discapacidad intelectual (DI), llegar al diagnóstico adecuado es clave para acceder a intervenciones educativas, médicas y sociales que promuevan el bienestar y la autonomía. Con el apoyo adecuado, todas las personas con discapacidad intelectual pueden llevar vidas satisfactorias y significativas.
En España, la Federación de Discapacidad Intelectual (Plena Inclusión) es una de las principales entidades que ofrecen apoyo y recursos a personas con discapacidad intelectual y sus familias. Algunos de los recursos más importantes incluyen:
- Educación especial e inclusiva: adaptaciones curriculares y apoyos educativos en colegios e institutos.
- Programas de empleo: formación y acceso a trabajos protegidos o adaptados.
- Apoyo psicológico y social.
Con todo, identificar esta condición a tiempo y proporcionar los apoyos adecuados permite mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual, promoviendo su inclusión y desarrollo en la sociedad. Es importante destacar que cada individuo es único y puede tener fortalezas y debilidades en diferentes áreas. El apoyo y la formación son componentes clave para ayudar a las personas con discapacidad intelectual a llevar vidas plenas y satisfactorias.
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