La discapacidad motora, también conocida como motriz, se engloba dentro de las discapacidades físicas y se refiere a la pérdida o limitación de la movilidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se define como "la secuela o malformación que deriva de una afección en el sistema neuromuscular a nivel central o periférico, dando como resultado alteraciones en el control del movimiento y la postura". Esto implica dificultades en la realización de actividades cotidianas como el desplazamiento, la manipulación de objetos, el acceso a ciertos espacios o el habla.
Las causas de la discapacidad motora son diversas y abarcan afecciones que afectan al sistema neuromuscular, ya sea a nivel central o periférico. Estas condiciones pueden manifestarse como ausencia total o parcial de miembros, limitaciones en el uso de las extremidades disponibles, o dificultades a nivel perceptivo que impactan en la coordinación y el control del movimiento.

Teorías Clásicas sobre el Desarrollo Motor y la Motricidad
Antes de las aportaciones de autores como Wallon y Piaget, la psicología tendía a estudiar de forma aislada la esfera psicológica y la motriz. El desarrollo motor era concebido principalmente desde una perspectiva física y biológica, sin considerar suficientemente la influencia de la psique. Diversas teorías han aportado valiosas perspectivas sobre cómo la motricidad se integra en el aprendizaje y la construcción del conocimiento.
Jean Piaget: Desarrollo Cognitivo y la Importancia de la Motricidad
Si bien Jean Piaget (1965) no se centró exclusivamente en el desarrollo motor, su teoría del desarrollo cognitivo aporta una perspectiva valiosa sobre cómo la motricidad se integra en el aprendizaje y la construcción del conocimiento. Piaget enfatizó la importancia de la interacción del niño con su entorno para la adquisición del conocimiento, concibiendo el desarrollo intelectual a través de una secuencia de etapas invariables, donde el ambiente juega un papel crucial.
Piaget reconoció que los movimientos y la acción sobre el medio son fundamentales en el desarrollo cognitivo infantil. Observó cómo la motricidad, especialmente en las primeras etapas, es esencial para la exploración y la comprensión del mundo. Sin embargo, también señaló que a medida que el niño avanza hacia etapas de mayor abstracción, la importancia de la motricidad pura puede disminuir en favor de procesos cognitivos más complejos. En este sentido, la motricidad y la inteligencia están intrínsecamente ligadas, pero su predominancia puede variar a lo largo del desarrollo. La teoría piagetiana sugiere que el aprendizaje se construye activamente, y la manipulación de objetos y la exploración física son pilares en esta construcción, especialmente en las primeras etapas del desarrollo.
Henry Wallon: La Interconexión Psicomotriz
Autores como Henry Wallon (1964) fueron pioneros en unir lo psíquico y lo motriz como un todo indivisible. Wallon consideraba fundamental esta interconexión, criticando la tendencia a aislar los factores psíquicos en el desarrollo, al considerar que la psicología del niño debe ser estudiada bajo la primicia de que psique y motricidad constituyen una unidad.
Arnold Gesell: Maduración y Desarrollo Motor
Por su parte, Gesell (1960) popularizó el concepto de maduración, explicando el desarrollo infantil a través de factores intrínsecos y de regulación interna. Gesell distinguió entre el desarrollo postural (posición de la cabeza, sedestación, bipedestación) y la coordinación óculo-motriz (presión, tensión). Para Gesell, el desarrollo mental estaba limitado por el crecimiento del sistema nervioso, sugiriendo que un niño está listo para ciertas acciones cuando su sistema nervioso está preparado.

Manifestaciones y Adaptaciones de la Discapacidad Motora
Las deficiencias motrices, especialmente en los primeros años, pueden manifestarse de diversas maneras, incluyendo el retraso en la marcha. Las manifestaciones de la discapacidad motora son muy variadas, y cada persona requiere adaptaciones o productos de apoyo específicos para mejorar su día a día. Esto puede incluir el uso de sillas de ruedas, andadores, muletas, prótesis, o sistemas alternativos y aumentativos de comunicación (SAAC). La autonomía en el desplazamiento y la comunicación es un objetivo clave, que se ve facilitado por entornos accesibles que eliminan barreras.
Es fundamental que los entornos sean accesibles y que puedan facilitar esta autonomía a las personas con discapacidad física, eliminando las barreras necesarias.
La Motricidad en el Contexto Educativo
La atención requerida para niños con discapacidad motora debe ser altamente personalizada, adaptándose tanto al proyecto curricular de centro como a la programación de aula para asegurar su inclusión y progreso. En el ámbito educativo, se hace necesario considerar las carencias psicomotoras y proporcionar las adaptaciones curriculares necesarias para que los alumnos con discapacidad motora puedan acceder al currículo y participar en igualdad de condiciones. La inclusión de estos estudiantes promueve la normalidad y enriquece el entorno educativo.
Implicaciones Educativas y Apoyo Profesional
La escuela, tradicionalmente centrada en aspectos intelectuales como la lectura, escritura y cálculo, debe ampliar su enfoque para integrar de manera efectiva las necesidades de los alumnos con discapacidad motora. La colaboración entre maestras de educación especial y de audición y lenguaje es fundamental para diseñar e implementar estrategias pedagógicas adecuadas. Es crucial que los entornos educativos sean accesibles y promuevan la autonomía. Las adaptaciones deben considerar las necesidades individuales de cada estudiante, permitiéndoles desarrollar sus potencialidades al máximo.
Evolución de la Motricidad en la Infancia
Desde el nacimiento y durante la infancia, la motricidad del niño evoluciona de forma rápida y dinámica. Esta evolución se produce en base a dos grandes leyes del desarrollo: la ley céfalo-caudal, que establece que el niño controla antes la musculatura más cercana a la cabeza y dicho control se extiende hasta las extremidades inferiores, y la ley próximo-distal. A partir de estas leyes y tendencias, los niños van evolucionando a través de diferentes etapas hasta alcanzar la posición erguida y el dominio de las extremidades, desarrollando a su vez una gran variedad de conductas motoras. En la primera etapa, a partir del nacimiento, los movimientos son involuntarios e inconscientes; a medida que van creciendo, se vuelven movimientos intencionados, pero con muy poca coordinación hasta que ya son completamente capaces de coordinar y dirigir todos los movimientos.
Una de las primeras manifestaciones de la motricidad es el juego, que poco a poco se va haciendo más complejo con los estímulos y experiencias, lo que hace que los movimientos cada vez sean más coordinados. La motricidad se relaciona con todos los movimientos que de manera coordinada y voluntaria realiza el niño con pequeños y grandes grupos de músculos, constituyendo la base para adquirir el desarrollo de las áreas cognitivas y del lenguaje, e incluye además la espontaneidad y la creatividad.
Actividades para el desarrollo psicomotor de 0 a 3 años 🍼🤸♂️
Habilidades y Destrezas Psicomotrices
Desde los dos años aproximadamente, las habilidades motrices fundamentales permitirán al niño desplazarse de manera autónoma y variada y controlar objetos de manera cada vez más eficaz. Los escolares con Necesidades Educativas Especiales (NEE) pueden experimentar con el entorno que les rodea, lo que facilita una mejor adquisición de su capacidad intelectual. El proceso evolutivo que se desarrolla gradualmente contribuye al desarrollo integral de su persona, comprendiendo todas aquellas actividades que deben realizar y necesitando de una gran precisión y una buena coordinación. Con respecto a su motricidad desarrollan habilidades que están estrechamente relacionadas con el hecho de mostrar preferencias por utilizar una mano más que la otra, hecho que es conocido como dominancia manual.
Es característico en estos niños el gusto por el trabajo y las actividades manuales, lo que contribuye al desarrollo de su motricidad fina y al desarrollo del proceso psíquico. En estos niños, las habilidades y destrezas psicomotrices son los factores que determinan la capacidad motriz y el nivel de habilidad, y todos ellos pueden desarrollarse en la misma medida al margen de las condiciones genéticas (Ramírez, 2012).
La habilidad motriz (Sánchez, 1986) es una capacidad que permite realizar, con eficacia, cualquier movimiento voluntario. De ahí que la destreza constituye la capacidad adquirida que permite ejecutar un movimiento perfectamente ajustado a un esquema preconcebido. Las habilidades y destrezas psicomotrices son una aptitud innata desarrollada en una concepción integral del sujeto, y en niños con NEE están basadas en el rendimiento y aprendizaje, presentando diferentes niveles que van de lo simple y sencillo a lo más complejo y específico.
Los niveles de alteración de las conductas motrices son directamente proporcionales a los niveles cognitivos de cada individuo, los apoyos que se le den y las condiciones de su entorno. Si el déficit es leve, el niño puede llegar a alcanzar niveles normales; sin embargo, en casos de deficiencias severas y profundas se pueden presentar condiciones que establezcan falta de coordinación en los movimientos y otras dificultades como torpeza, mala configuración del esquema corporal, mala orientación espacial o problemas de equilibrio.
En el contexto educativo formal o no formal, es necesario desarrollar un programa de psicomotricidad y establecer objetivos que estén dirigidos a que las personas con discapacidad, incluida la motriz, sean capaces de controlar y conocer mejor su propio cuerpo con respecto al movimiento y así conseguir el mayor desarrollo psicomotor. Estudios efectuados por García & Medina (2017) muestran problemas específicos del desarrollo motor tales como habilidades motrices básicas, esquema corporal, control de las funciones corporales, déficit de coordinación óculo-manual, déficit de lateralidad y de control visual motor, y la falta de equilibrio. Ramírez (2012) le atribuye igual importancia a las habilidades y destrezas psicomotrices, definiéndolas como los factores que determinan la capacidad motriz y el nivel de habilidad de cualquier individuo. Investigaciones contemporáneas, como las de Jara & Rodas (2010), Chachapoya (2019), Sandoval (2019) y Simón (2015), resaltan la necesidad de la estimulación temprana y el desarrollo de la motricidad fina y gruesa en niños con diversas discapacidades, mostrando que actividades motrices diseñadas adecuadamente pueden conducir a una mejoría significativa en el desarrollo motriz y la autonomía.
El Modelo Social de la Discapacidad: Un Enfoque desde los Derechos Humanos
En las últimas décadas, ha habido un desarrollo importante en la comprensión y el tratamiento de la discapacidad, transitando de un modelo rehabilitador a un modelo social. Este cambio implica entender la discapacidad como una cuestión de derechos humanos.
Transición de Modelos y Contexto Histórico
El avance en la comprensión de la discapacidad y su teorización está interrelacionado e impulsado por acontecimientos sociopolíticos, culturales y económicos. Desde las décadas de los años sesenta y setenta del siglo XX, movimientos sociales de colectivos "desfavorecidos", incluyendo personas con discapacidad, comenzaron a denunciar su situación de marginación y a pedir el reconocimiento de sus derechos civiles en igualdad de condiciones. En Estados Unidos, surgió el Independent Living Movement (Movimiento de Vida Independiente), impulsado por las propias personas con discapacidad y sus familias, quienes rechazaban la vida en instituciones y los programas de rehabilitación sin control sobre sus vidas. Reclamaban sus derechos y la capacidad de tomar las riendas de su existencia, percibiendo el problema de la discapacidad no en el individuo, sino en la sociedad que lo rodea.
Una de las tentativas iniciales de aproximar la discapacidad a la cultura de los derechos humanos fue hecha en Inglaterra en la década de 1970, a raíz de que un grupo de activistas con discapacidad denunció su situación de marginación y pedía el reconocimiento de sus derechos civiles como ciudadanos y ciudadanas en situación de igualdad social. Con ello se propusieron los Principios Fundamentales de la Discapacidad. Posteriormente, Mike Oliver presentó este conjunto de líneas bajo la denominación de modelo social de la discapacidad. Desde esta perspectiva de las políticas emancipadoras, los derechos humanos se ubican como argumentos necesarios para integrar a las personas con discapacidad en la sociedad como actores sociales.
Principios del Modelo Social
El modelo social de la discapacidad se presenta como un nuevo paradigma que considera que las causas que originan la discapacidad no son religiosas ni científicas, sino que son, en gran medida, sociales. Desde esta perspectiva, se pone énfasis en que las personas con discapacidad pueden contribuir a la sociedad en iguales circunstancias que las demás, siempre desde la valoración de la inclusión y el respeto a la diversidad.
Este modelo se relaciona con los valores esenciales que fundamentan los derechos humanos, como la dignidad humana, la libertad personal y la igualdad. Estos principios propician la disminución de barreras y dan lugar a la inclusión social, basada en la autonomía personal, la no discriminación, la accesibilidad universal, la normalización del entorno y el diálogo civil, entre otros. La premisa es que la discapacidad es una construcción social, no una deficiencia inherente, sino una limitación impuesta por la propia sociedad que impide a las personas con discapacidad incluirse, decidir o diseñar con autonomía su propio plan de vida en igualdad de oportunidades.

Diferenciación entre Deficiencia y Discapacidad
El modelo social de la discapacidad estableció, por primera vez, una diferenciación clave entre la deficiencia (la alteración funcional o estructural del cuerpo) y la discapacidad (la limitación impuesta por las barreras sociales y ambientales). Este modelo enfatiza las barreras económicas, medioambientales y culturales en el contexto, detallando la inaccesibilidad a la educación, a los sistemas de comunicación e información, a los entornos laborales, al transporte, a las viviendas y edificios públicos, o a los servicios de apoyo social y sanitario no discriminatorio. Se refiere también a la devaluación de las personas etiquetadas por la imagen y su representación negativa en los medios de comunicación. Así, las personas con deficiencias son discapacitadas debido al rechazo de la sociedad a acomodar sus necesidades individuales y colectivas dentro de la actividad general de la vida.
Este cambio de concepción subraya que la discapacidad no es una condición interna de la persona, sino un estado de funcionamiento que se ve afectado por el entorno. Implica una comprensión de la discapacidad consistente en una perspectiva ecológica y multidimensional, y requiere que la sociedad responda con intervenciones centradas en las fortalezas individuales y que enfaticen el papel de los apoyos para mejorar el funcionamiento humano.