La Vejez Personificada en la Mitología: Geras y Senectus

A lo largo de la historia, la necesidad de creer y abrazarse a seres mitológicos ha sido intrínseca al desarrollo de la humanidad. En diversas culturas antiguas, la vejez, con sus complejidades y su inevitable conexión con el fin de la vida, también encontró su personificación en el panteón de las deidades y figuras mitológicas.

Representación de Geras en una vasija griega

Geras en la Mitología Griega: La Personificación de la Vejez

En la mitología griega, Geras (Γῆρας / Gễras) era la personificación de la vejez. Se le consideraba el compañero inevitable de Tánatos, la muerte. Su opuesta era Hebe, la diosa de la juventud. Geras era una divinidad menor, asociada al desgaste físico y a la pérdida de fuerzas que acompañan al paso del tiempo.

Al principio, Geras era representado como un anciano encogido y con muchas arrugas. Más tarde, se le mostraba como una mujer triste que se apoyaba en un bastón y con una copa que mira a un pozo donde hay un reloj de arena, alegoría del poco tiempo que le queda de vida. Las representaciones de Geras proceden principalmente de vasijas áticas del siglo V a. C. donde aparece junto a Heracles, un famoso héroe. Como no se conserva la historia completa que estas imágenes querían contar, se han interpretado de varias maneras. Una idea es que representan la victoria de Heracles sobre la vejez, ya que el héroe murió joven. En estas vasijas, Heracles aparece más grande que Geras o incluso sujetándolo del cabello.

Geras era considerado hijo de la Noche (Nix), a veces solo y otras con Érebo. En la Teogonía, se nos dice que Geras fue el penúltimo hijo en nacer, concebido de Nix sin unión. Los escritores antiguos destacaban que Geras no tenía piedad. Los dioses respetaban a Geras, pues querían recibir sus honores y valoraban la experiencia que aportaba la vejez, por eso le permitían vivir en el Olimpo. También se pensaba que Geras ponía fin a las injusticias, ya que hacía que nada durara para siempre. Algunos autores antiguos cuentan que cuando Zeus castigó a los hombres enviándoles a Pandora, la primera mujer, también envió a Geras con ella.

El Mito de Titono y la Paradoja de la Vejez

Un ejemplo del poder de Geras y la paradoja de la vejez es la historia de Titono, narrada en el “Himno homérico a Afrodita”. Titono era el amado de Eos, la diosa del amanecer, quien le concedió la inmortalidad. Sin embargo, Eos olvidó pedir que Titono fuera eternamente joven. Con el tiempo, Titono se convirtió en una figura muy débil y envejecida, una masa decrépita de huesos y piel que suplicaba que se le diera muerte. Fue abandonado por su amada y acabó convirtiéndose en una cigarra, un símbolo de la vejez sin fin. Si bien la vejez de Titono es rechazada, también la ancianidad es defendida por dioses y héroes.

El Mito de la Inmortalidad - Aurora y Titono

Senectus: La Personificación Romana de la Vejez

Los poetas romanos denominaban a la vejez personificada como Senectus, equivalente al Geras griego. Senectus apenas aparece en la mitografía romana y los poetas romanos tampoco le concedían mitos propios, lo que sugiere una menor elaboración de su figura. Nos ha dado las voces «geriátrico» y «senectud», por ejemplo.

Boccaccio, quien interpreta los mitos de manera alegórica, dice que Senectus es la decimocuarta hija de Érebo. El autor comenta la simbología de la vejez, indicando que Senectus representa la última etapa de la vida, cercana a la muerte, aunque el alma racional puede aspirar a la perpetua juventud en virtud y sabiduría. La describe como fría y seca, siguiendo la naturaleza de su padre Érebo (rigidez y frialdad) y de sus hermanos. Inercia y temblor son características de su cuerpo, reflejando la debilidad física de la vejez. Senectus, como hija de Érebo y Nox, hereda la lentitud y la torpeza del cuerpo, pero a cambio aumenta la prudencia y el juicio de la mente.

La Vejez en la Filosofía y Sociedad Antigua

La sociedad de la antigua Grecia no distaba mucho de nuestra percepción actual, existiendo una dualidad entre el miedo a la vejez y el respeto a la experiencia. Un ejemplo de este respeto divino se encuentra en la Ilíada (canto I), donde Agamenón ultraja al anciano sacerdote de Apolo, Crises, ordenándole abandonar el campamento. Apolo se venga provocando una gran mortandad, lo que demuestra que el ultraje a un anciano provocaba ira al dios, pues aunque Crises no tenía las cualidades de los héroes de la guerra de Troya, sí cumplía una función importante en ella.

Filósofos como Platón idealizaban la vejez. En la República, alude a unos versos de Píndaro: «porque él (Píndaro), graciosamente dijo que el que ha llevado una vida con justicia y con religiosidad: ‘una dulce esperanza lo acompaña, el corazón le alienta y su vejez alimenta’.» Platón defendía la idea de que los gobernantes deberían ser filósofos, para lo cual no se necesitaba la belleza ni la fortaleza de la juventud, sino más bien la experiencia y moderación de la vejez.

Por otro lado, Aristóteles, en su Retórica (II, 12, 13), detallaba la calidad humana de los jóvenes siendo siempre bondadosos, mientras que los ancianos eran descritos con los más negros trazos; los viejos, en efecto, se hallaban desesperanzados por su mucha experiencia, lo que veían era casi todo malo, y lo que sucedía iba de mal en peor. Esta visión muestra la complejidad de la percepción de la vejez en la antigüedad, un tema de reflexión tanto en mitos como en la filosofía.

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