Dimensiones de la Vulnerabilidad Social en América Latina

El concepto de vulnerabilidad ha sido explorado desde diversos campos del conocimiento, como la antropología, la sociología, la ecología política, las geociencias y la ingeniería. Por este motivo, lo que se entiende por vulnerabilidad se ha definido de formas muy distintas y a partir de elementos diferentes, entre los que se cuentan riesgo, estrés, susceptibilidad, adaptación, elasticidad (resilience), sensibilidad o estrategias para enfrentar el estrés (coping strategies).

No obstante, es posible encontrar algunos elementos en común en la mayor parte de las definiciones de vulnerabilidad: esta se define siempre en relación con algún tipo de amenaza (eventos físicos como sequías, terremotos, inundaciones, enfermedades, o amenazas antropogénicas como contaminación, accidentes, hambrunas o pérdida del empleo). La unidad de análisis (individuo, hogar, grupo social) se define como vulnerable ante una amenaza específica, o es vulnerable a estar en una situación de pérdida, que puede ser de la salud, del ingreso o de las capacidades básicas.

El análisis de la construcción de vulnerabilidad se realiza en dos momentos distintos del proceso: por un lado, en las condiciones que la unidad de análisis tiene antes de una situación de estrés, que la hacen más o menos propensa a una pérdida específica (susceptibilidad); por otro lado, están las formas que desarrolla la unidad de análisis para enfrentar una situación de estrés una vez que esta ha ocurrido, y que se relacionan con la capacidad de ajuste.

Perspectivas Realistas y Enfoque Normativo de la Vulnerabilidad

La vulnerabilidad representa un objeto de estudio complejo que se ha abordado desde múltiples vertientes teóricas y epistemológicas, desde aquellas que enfatizan el componente objetivo de las amenazas y tienen un enfoque naturalista, hasta diferentes perspectivas constructivistas que resaltan el peso de las construcciones simbólicas.

Las perspectivas realistas enfatizan la dimensión "real" tanto de las amenazas físicas y los riesgos objetivos, como de las condiciones sociales que subyacen a la desigualdad social, al acceso diferencial a recursos clave y a la valoración que cada grupo social hace de las amenazas. Este artículo profundiza específicamente en el componente social de este fenómeno.

El argumento principal para comprender cómo se construyen socialmente las condiciones objetivas de vulnerabilidad es que el parámetro adecuado para determinar si un determinado grupo social es vulnerable no es su resiliencia, sino sus posibilidades de cumplir un conjunto de condiciones sociales, económicas y espaciales (umbrales) que se asocian al bienestar.

Se propone un enfoque normativo derivado de diversas perspectivas del bienestar objetivo, como plataforma para evaluar la intensidad de las pérdidas y de los ajustes que se asocian a eventos críticos. Este enfoque busca evaluar la vulnerabilidad de grupos específicos.

Esquema de las dimensiones de la vulnerabilidad social

Definición y Componentes de la Vulnerabilidad

La definición básica de vulnerabilidad refiere a "las características de una persona o grupo y su situación, que influencian su capacidad de anticipar, lidiar, resistir y recuperarse del impacto de una amenaza". En esta definición hay una diferenciación clara entre el componente físico de la amenaza (hazard) y la vulnerabilidad, la cual se ubica en la dimensión social.

La interacción entre 'la amenaza' y la 'vulnerabilidad' genera condiciones de 'desastre', el cual puede ser catastrófico o crónico de acuerdo con la temporalidad que se genera y desencadena.

El Modelo PAR (Pressure and Release) y el Modelo de Acceso

La propuesta de Wisner et al. (2004) se sintetiza en el modelo PAR, el cual desagrega los componentes de un desastre en:

  • 'causas de fondo'
  • 'condiciones inseguras'
  • 'presiones dinámicas'

Este modelo fue desarrollado para explicar gráficamente la manera en la que la amenaza y la vulnerabilidad interactúan para generar las condiciones subyacentes de desastre, el cual es una probabilidad latente hasta que la combinación de las condiciones inseguras y las amenazas lo 'despliegan'.

Junto al PAR, los autores proponen también el Modelo de Acceso, que es una revisión a detalle de lo que ocurre a nivel de hogar en distintos ámbitos (recursos, conocimientos, relaciones sociales, desventajas relativas), y que influyen en su susceptibilidad específica y en sus respuestas potenciales ante distintos tipos de amenazas. Este modelo diferencia claramente los componentes básicos de la vulnerabilidad, así como las dimensiones y escalas en los que esos componentes se despliegan y generan una situación de desastre.

En la determinación de los marcos teóricos y metodológicos adecuados para identificar quiénes son vulnerables y cuál es la intensidad de la vulnerabilidad, un elemento clave es especificar ante qué peligros (evento, proceso o fenómeno) se es vulnerable. Alwang et al. (2003) distingue entre 'vulnerabilidad a' (situaciones sociales que resultan de procesos de pérdida) y 'vulnerabilidad ante' (amenazas y situaciones de estrés que cambian las condiciones de la unidad de análisis en un tiempo específico).

Vulnerabilidad como Proceso de Pérdida

Al definir vulnerabilidad como un proceso de pérdida, se implica que:

  1. Existe una situación previa ante la cual hay una transformación.
  2. Hay una evaluación de dicha transformación respecto a un parámetro de lo 'normal' o 'positivo', definido teórica y metodológicamente.

Las diferentes situaciones de cambio se definen como un proceso de vulnerabilidad cuando, al ser comparado con un parámetro mínimo, ese proceso representa una pérdida. Dependiendo de la definición de ese mínimo, la pérdida se asocia a diferentes elementos, como la vida (muerte), recursos (pobreza), salud (enfermedad), capacidades o falta de satisfacción de necesidades.

En estos trabajos se observa de manera importante el uso de indicadores objetivos de pobreza como el proxy clave para determinar la susceptibilidad al daño, a pesar de que la mayoría coincide en que la identificación de estos dos fenómenos es, cuando menos, reduccionista.

Teoría de los Derechos de Acceso de Amartya Sen

En la búsqueda de alternativas metodológicas para determinar la vulnerabilidad social, la teoría de los derechos de acceso (entitlements) propuesta por Amartya Sen (1981) ha sido fundamental. Los métodos derivados de este marco conceptual han investigado aspectos como los derechos de propiedad, la organización de los modos de vida (livelihoods) y la fortaleza de las redes sociales y de los mecanismos de protección social para determinar la susceptibilidad a determinados tipos de amenazas y la intensidad con la cual los desastres impactan en la capacidad del hogar para alcanzar parámetros de bienestar.

El concepto de derechos de acceso de Sen ha sido útil para entender y medir la capacidad de distintos grupos para encarar situaciones críticas. Los avances teóricos actuales apuntan al problema de refinar los conceptos y los métodos para estudiar las causas y efectos de la vulnerabilidad, y la integración de los estudios del bienestar en este campo representa una potencial innovación en términos de investigación aplicada.

La Crítica al Enfoque de la Resiliencia

En la narrativa convencional, es cada vez más común que la vulnerabilidad ante amenazas de origen ambiental se asocie a lo que se ha llamado el 'enfoque de la resiliencia' (resilience approach). La mayoría de los estudiosos que asumen este enfoque han extrapolado los tipos de causalidad inferidos a partir de sistemas ecológicos, climáticos y organismos biológicos para explicar la interacción ambiente y sociedad vía el concepto de 'sistemas socio-ecológicos acoplados'.

En este marco, la idea de resiliencia refiere a una forma positiva de adaptación, en la cual es "la capacidad de un sistema de absorber perturbaciones y reorganizarse, al tiempo que retiene esencialmente la misma función, estructura, identidad y retroalimentaciones".

El enfoque de resiliencia presenta importantes limitaciones conceptuales. A pesar de sus intenciones explícitas de ligar ambiente y sociedad, la noción de resiliencia asume que existen dos subsistemas separados (social, ecológico), y que algunas de las funciones de cada subsistema en realidad son perturbaciones al otro subsistema. Esto implica una visión darwinista de las interacciones sociales y una carencia de una verdadera aproximación sistémica desde la teoría social.

La Vulnerabilidad Social según la CEPAL

A comienzos del nuevo siglo, la vulnerabilidad se ha constituido en el rasgo social dominante de América Latina. El predominio del mercado en la vida económica, la economía abierta al mundo y el repliegue del estado de las funciones que tuvo en el pasado provocaron un cambio de envergadura en las relaciones económico-sociales, en las instituciones y en los valores.

Esto dejó expuestas a la inseguridad e indefensión a amplias capas de población de ingresos medios y bajos en los países de la región. Así como la denominada industrialización por sustitución de importaciones tuvo en la marginalidad su fenómeno social más distintivo, en el actual período histórico la vulnerabilidad aparece como el rasgo dominante del patrón de desarrollo vigente.

La CEPAL ha identificado el papel central que desempeña la desigualdad como obstáculo estructural para el desarrollo de la región. Desde una perspectiva renovada sobre el desarrollo, el pensamiento estructuralista es integrado con una agenda ligada a la construcción de una sociedad de derechos y la promoción de instituciones que promuevan la igualdad, así como con la agenda de sostenibilidad ambiental.

Matriz de la Desigualdad Social

Desde esta visión, se desarrolla el concepto de la "matriz de la desigualdad social" para dar cuenta de las múltiples dimensiones de la desigualdad. Se reconoce que la "cultura del privilegio" es un rasgo histórico constitutivo de las sociedades de América Latina y el Caribe que constituye la base para la reproducción de la desigualdad, al naturalizar las jerarquías sociales y las enormes asimetrías de acceso a las oportunidades, los frutos del progreso, la deliberación política y los activos productivos.

Desde la mirada de derechos, la igualdad es un valor intrínseco que provee el marco normativo y fija los umbrales mínimos e incrementales de bienestar. El desarrollo orientado por los derechos busca compatibilizar la satisfacción de las necesidades básicas y el acceso al bienestar por parte de toda la población, con el crecimiento económico, el pleno ejercicio de las libertades individuales y una democracia plasmada en instituciones que impidan toda forma de discriminación.

Para avanzar hacia una mayor igualdad, se requieren políticas públicas de desarrollo social inclusivo y sostenible que promuevan la protección social universal, integral y sostenible, así como el trabajo decente y los servicios sociales de calidad. La desigualdad no solo atenta contra los derechos, sino que es ineficiente, incidiendo negativamente en la productividad, la fiscalidad, la sostenibilidad ambiental y la sociedad del conocimiento.

Desafíos y Propuestas de Política Social

En un marco en el que la igualdad es el horizonte estratégico del desarrollo inclusivo, las propuestas de política social adquieren mayor importancia. Su foco se amplía de la erradicación de la pobreza y la pobreza extrema a la reducción de las múltiples dimensiones de la desigualdad, así como a la necesidad de proveer protección social a amplios sectores de la población de América Latina y el Caribe que viven en condiciones de vulnerabilidad.

Esto se da en un contexto en el que las propuestas de política social deben enfrentarse a grandes tendencias, como el envejecimiento poblacional, los cambios en el mundo del trabajo y la mayor frecuencia de los desastres relacionados con fenómenos naturales. La pandemia de Covid-19 y la crisis prolongada en la región han evidenciado y exacerbado las desigualdades, así como el malestar social.

La desigualdad es una característica histórica y estructural de las sociedades latinoamericanas y caribeñas; es resultado de una compleja matriz de determinantes. Por un lado, refleja la heterogeneidad estructural de sus sistemas productivos, caracterizados por la concentración del empleo en trabajos informales y de poca calidad, con bajos ingresos y limitado o nulo acceso a mecanismos de protección social. La región exhibe niveles de desigualdad económica o de medios (como ingresos, propiedades, activos financieros y productivos) de los más elevados en el mundo.

El primer eje de la matriz de la desigualdad social es el estrato socioeconómico, cuyos elementos centrales incluyen los ingresos, la propiedad y los recursos y activos productivos y financieros. Además del estrato socioeconómico, los ejes estructurantes de la matriz de desigualdad social incluyen las desigualdades de género, las étnicas y raciales, las territoriales y aquellas relacionadas con las diferentes etapas del ciclo de vida de las personas, incluyendo también dimensiones como la discapacidad, el estatus migratorio, la orientación sexual y la identidad de género.

Impacto de la Matriz de Desigualdad Social

Una manera de visualizar cómo opera la matriz de desigualdad social en la región es mediante la observación de que la incidencia de la pobreza y la pobreza extrema difiere según sus distintos ejes estructurantes. Por ejemplo, la pobreza es mayor entre las mujeres en edad activa. Los impactos sanitarios, sociales y económicos de la pandemia reflejan la matriz de la desigualdad social en la región, aumentando el riesgo de infección y muerte en la población en situación de pobreza y vulnerabilidad.

Desigualdad de Ingresos

Entre las múltiples dimensiones de la matriz de desigualdad, los ingresos tienen una particular relevancia, porque condicionan en gran medida el acceso a los distintos bienes y servicios y a las oportunidades de las personas para lograr la vida a la que aspiran. Desde comienzos de los años 2000, la desigualdad del ingreso disminuyó significativamente en América Latina.

Los estudios coinciden en al menos dos factores que explican la reducción de la desigualdad del ingreso a comienzos del nuevo milenio:

  1. El impulsor más importante ha sido el mercado laboral, a través de una distribución más equitativa de los ingresos por persona ocupada, debido a la caída del desempleo y a la reducción de las brechas salariales.
  2. Las transferencias monetarias desde el Estado (protección social contributiva y no contributiva) han sido una fuente de ingresos importante para reducir la concentración de la distribución del ingreso.

Sin embargo, entre 2014 y 2019, la tendencia de reducción de la desigualdad se mantuvo, pero su ritmo se redujo considerablemente, conectándose con la pérdida de dinamismo del proceso de creación de empleos. La CEPAL estimó que, como resultado de la pandemia de la Covid-19, en América Latina ha habido un cambio de tendencia, con un aumento de la desigualdad del ingreso.

Un primer factor explicativo de este cambio es la pérdida de ingresos laborales por la interrupción del empleo. Un segundo factor es la disminución de los ingresos laborales de quienes han mantenido su ocupación durante la pandemia. Para 2020 se estimó un aumento del coeficiente de Gini promedio respecto a 2019.

A pesar de los avances, el valor regional del índice de Palma en 2019 (11.7) implica que por cada 100 unidades monetarias de ingresos recibidas en promedio por el 40% de la población más pobre, el sector más rico (10% de la población) recibía un promedio de 1.170. La desigualdad absoluta, referida a las brechas de ingresos en términos absolutos, es más probable que se incremente cuando la desigualdad absoluta es la vara de medir.

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