El sistema de pensiones en Chile atraviesa una crisis profunda, incapaz de garantizar una vida digna para sus ciudadanos. Este análisis, utilizando las herramientas de la economía feminista, identifica las fallas y omisiones del sistema, así como sus consecuencias, particularmente para las mujeres.
El sistema previsional de capitalización individual chileno, implementado en 1981, se basa en las contribuciones de los trabajadores formales. Obliga a cotizar el 10% del salario imponible mensualmente, exceptuando a las Fuerzas Armadas y Carabineros. Sin embargo, el resultado son pensiones insuficientes que no superan la línea de la pobreza y no permiten una vida digna.
En 2008, se introdujo el Pilar Solidario de Pensiones, compuesto por la Pensión Básica Solidaria (PBS) para quienes no cotizaron, y el Aporte Previsional Solidario (APS) para quienes tienen pensiones contributivas bajas. Una reforma específica para mujeres fue el “Bono por Hijo”, destinado a compensar las lagunas previsionales asociadas a la maternidad. No obstante, este beneficio excluye a madres que nunca cotizaron y no pertenecen al 60% más pobre de la población.
El sistema actual se compone de un pilar de capitalización individual (contributivo) y un Pilar Solidario (no contributivo, financiado por impuestos). A pesar de las reformas, las pensiones siguen siendo bajas. En abril de 2020, los hombres recibieron un promedio de $354.331, mientras que las mujeres percibieron $222.927, un 63% de la pensión masculina. Las medianas revelan una brecha aún mayor: la mitad de las mujeres recibió $155.791 o menos, un 36% menos que los hombres.
La tasa de reemplazo también es significativamente menor para las mujeres (29%) en comparación con los hombres (52%). Las desigualdades de género en el mercado laboral, como la brecha salarial del 14%, contribuyen a esta disparidad. La tasa de participación laboral femenina (52,1%) es inferior a la masculina (73,3%), explicada en gran medida por la división sexual del trabajo.
El 38% de las mujeres que no trabajan remuneradamente lo hacen por responsabilidades de cuidado, frente a un 2% de los hombres. Estas características estructurales impiden que el sistema de pensiones chileno otorgue jubilaciones suficientes para una vejez digna.

Raíces Históricas y Teóricas de la Desigualdad
La Ocultación del Trabajo de Reproducción
Economistas clásicos como Ricardo, Marx y Smith reconocieron la necesidad de reproducir las condiciones materiales de la sociedad, pero omitieron las actividades económicas domésticas necesarias para satisfacer esas necesidades. La perspectiva feminista marxista, a partir de los años 70, rescató este conflicto, señalando que la organización de la producción, tanto dentro como fuera del hogar, está moldeada por el capitalismo y el patriarcado.
Los conceptos de producción y reproducción han sido objeto de críticas, principalmente por su carácter dicotómico, que genera la ilusión de actividades separadas, y por su uso previo en la economía para procesos mercantiles. El feminismo italiano, por su parte, ha definido la reproducción social como el complejo proceso de tareas para sostener a la población, otorgando un papel central al trabajo de cuidados.
La Desvalorización del Trabajo Doméstico y de Cuidados
La ausencia histórica de los conceptos de trabajo doméstico y de cuidados en el ámbito social, político y económico se arraiga en la desigualdad de género. La mayoría de las teorías coinciden en que lo masculino ha sido valorado positivamente, mientras que lo femenino ha sido desvalorizado e invisibilizado. Silvia Federici argumenta que la división sexual del trabajo se reforzó históricamente con la privatización y la apropiación de los cuerpos de las mujeres durante el surgimiento del capitalismo.
La desvalorización se manifiesta simbólica y materialmente: a nivel simbólico, es menospreciado e invisibilizado; a nivel micro, en la cotidianidad del hogar, quienes no realizan cuidados a menudo no advierten su carga; y a nivel macro, en la organización social del trabajo y el diseño de políticas públicas.
El "Hombre Champiñón" y la Interdependencia Humana
Los cuidados son actividades económicas difíciles de analizar con el pensamiento económico tradicional debido a su carácter relacional. El cuidado se basa en una relación, no en la producción de algo separable. El pensamiento económico tradicional se centra en un sujeto idealizado, el "hombre champiñón", un individuo independiente y autosuficiente que aparece en el mercado sin necesidades más allá de su consumo y sin responsabilidades sobre el bienestar ajeno.
La ecodependencia, o vulnerabilidad no humana, es ignorada por el "régimen del capital", que cree en la autonomía humana respecto a la naturaleza. La vulnerabilidad humana, en cambio, se manifiesta en la interdependencia y el carácter relacional del trabajo que sostiene la vida. La necesidad de cuidados demuestra que las vidas son interdependientes y que la autosuficiencia es una ficción que oculta las dependencias y a quienes las resuelven.
La interdependencia se resuelve de manera asimétrica, a través de la explotación y la distribución desigual de las responsabilidades de cuidados. Esta injusta organización se observa en la sobrecarga de tareas en los hogares y en la mayor carga de trabajo asumida por las mujeres.

La Teoría del Ciclo de Vida y el Sujeto Idealizado
El sistema económico y las políticas sociales, con orientación androcéntrica, tienden a reducir los procesos vitales a decisiones personales. La teoría del ciclo de vida de Modigliani, base de los sistemas de capitalización individual, propone tres etapas: endeudamiento, ahorro y desahorro, asumiendo niveles de consumo estables a lo largo de la vida.
Esta teoría, junto con la Hipótesis del Ingreso Permanente de Friedman, crea un sujeto idealizado. El mercado laboral moderno, funcional al neoliberalismo, profundiza la precariedad de muchas personas. Este sujeto autosuficiente es el único agente legítimo en un sistema cuyo éxito depende de trayectorias laborales específicas (formalidad, cotizaciones sin lagunas, ingresos ascendentes), excluyendo a quienes divergen de este modelo.
Análisis Empírico y Contexto Chileno
Fuentes de Información y Limitaciones
Para el análisis empírico se utilizaron la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) de 2015 y la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) de enero-marzo de 2020, ambas del Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE). Estas fuentes solo permiten la desagregación por género, limitando el análisis a una comparación binaria entre hombres y mujeres.
Contexto Histórico y Evolución del Capitalismo
La globalización neoliberal, consolidada desde la posguerra, ha transformado el régimen económico hegemónico. El espíritu capitalista, florecido desde el siglo XVII, encontró en el excedente poblacional una condición básica para su supervivencia. El siglo XX, impulsado por el fordismo-taylorismo y la intervención estatal keynesiana, experimentó un ciclo de crecimiento económico.
Joseph Schumpeter introdujo la idea de la "destrucción creativa" como motor de la economía capitalista, donde las nuevas tecnologías generan innovación y obsolescencia. Sin embargo, la sobrecapacidad industrial y la competencia en los años 60 generaron una crisis económica en los 70, llevando a una reorientación de las inversiones hacia el sector financiero y a un aumento del desempleo.
Este escenario dio paso a una estrategia neoliberal que culpaba al intervencionismo estatal de los problemas económicos. La solución propuesta fue la sustitución del Estado por el mercado. La expansión de las tecnologías de la información generó una "economía del conocimiento" que redefinió el trabajo, el valor y el capital, pero paradójicamente, el conocimiento perdió valor al volverse masificado y estandarizado.
Las empresas buscan monopolizar el nuevo conocimiento para obtener rendimientos exclusivos, mientras el marketing y la publicidad crean deseos mediante la manipulación de valores simbólicos. Este modelo de "destrucción creativa" genera un inmenso desperdicio de recursos y una degradación ambiental, priorizando la acumulación de capital sobre el bienestar social.

El Modelo Neoliberal y la Nueva Lógica Global
Las ideas neoliberales, germinadas desde los años 30, alcanzaron su apogeo en los 70. Milton Friedman abogaba por un Estado fuerte pero limitado, enfocado en defensa, justicia y propiedad privada, dejando el resto al mercado. A partir de los 80, se consolidó un modelo de bajos salarios y bajos impuestos, con corporaciones transfiriendo actividades a zonas de salario reducido.
Este "modelo del sur" fue la salida a la crisis de los 70 y sentó las bases de reformas que atacaron la protección laboral, los derechos civiles y los servicios públicos. Corporaciones como Wal-Mart se convirtieron en paradigma de la nueva condición laboral, con empleados ganando salarios cercanos a la línea de pobreza y enfrentando condiciones precarias.
La Organización Mundial de Comercio (OMC) se transformó en un esquema de la lógica neoliberal, promoviendo la apertura comercial como una redención para países pobres, beneficiando principalmente a los más competitivos. El gobierno de George W. Bush combinó un enfoque económico favorable a los commodities básicos con "downsizing" y reducción de personal, resultando en baja moral de empleados y creciente desigualdad.
En países en desarrollo, el vacío teórico y la incapacidad de gestión estatal abrieron el camino al Estado mínimo. La retórica neoliberal prometió avances económicos y sociales, pero el resultado fue, en general, un aumento de la exclusión social, a pesar de excepciones como China, India, Corea del Sur y Chile.
El efecto social del neoliberalismo fue negativo. Organismos internacionales, para justificar fracasos, argumentan una disminución de la pobreza extrema con la liberalización y privatización. Sin embargo, estas cifras son incompatibles con los estándares de civilización y los avances tecnológicos, y la mejora general puede ser engañosa, basándose en el crecimiento de China e India, que siguieron estrategias contrarias al discurso dominante.
Reformas de Pensiones y Desigualdades de Género en Chile
El envejecimiento poblacional y los cambios económicos han impulsado reformas en los sistemas de pensiones a nivel mundial. Chile fue pionero en la implementación de un sistema privado de capitalización individual en 1980, reemplazando completamente el sistema público. Otros países adoptaron modelos mixtos o paralelos.
Las brechas de género son un problema importante en los sistemas de pensiones, especialmente cuando se asocian a cotizaciones individuales. Las mujeres son más vulnerables debido a mayores periodos sin contribuciones (por labores de cuidado), empleos precarios, menor edad de pensión y mayor esperanza de vida. Esto resulta en pensiones significativamente menores para las mujeres.
Un 94% de las mujeres jubiladas por el sistema de AFP en Chile recibe una pensión inferior a $154.304, frente al 87.5% de los hombres. Se hace necesario adoptar una perspectiva de género en el estudio de la jubilación, ya que es un evento clave en el ciclo vital que produce tensiones y reestructuraciones.
La experiencia femenina de jubilación difiere de la masculina, condicionada por las trayectorias laborales activas. Las mujeres, a menudo, asumen un rol de cuidadoras a tiempo completo tras jubilar, replicando el trabajo reproductivo. Sin embargo, otras mujeres que estructuraron sus vidas en torno al trabajo remunerado desean continuar actividades laborales.
El Sistema de Pensiones: Debate y Realidad
Sistemas Públicos vs. Privados
El debate actual se centra en los sistemas públicos y privados de pensiones. Los sistemas públicos se caracterizan por un régimen de reparto y administración estatal, mientras que los privados operan bajo capitalización individual y administración privada.
Existe preocupación internacional por las pensiones y la vejez. Países de la OCDE y la Unión Europea buscan disminuir la pobreza en la vejez, especialmente en mujeres, quienes representan la mayoría de los adultos mayores pobres. La brecha de género en pensiones en la UE es del 39%.
Críticas a la Privatización y el Rol del Estado
Organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) reconocieron que la privatización no logró la cobertura ni el bienestar social prometidos, y enfatizaron la necesidad de reforzar el rol del Estado. La OIT (Organización Internacional del Trabajo) también señaló el fracaso de la privatización y la responsabilidad del Estado en la seguridad social.
A pesar de estas constataciones, algunos estudios defienden la capitalización individual privada como una alternativa exitosa. Sin embargo, para 2050, entre 63 y 83 millones de personas en América Latina podrían no recibir una pensión adecuada sin mayores esfuerzos por aumentar el empleo formal, especialmente para las mujeres.
Desigualdad Patrimonial y de Ingresos en Chile
Existe un debate académico sobre la evolución de la desigualdad. Investigaciones iniciales sugerían un aumento drástico en Estados Unidos desde 1960, generando preocupación sobre la sostenibilidad del capitalismo. Sin embargo, estudios posteriores, con correcciones metodológicas, indican que la desigualdad se ha mantenido más estable, con un aumento generalizado de ingresos reales para todos los estratos sociales.
Un estudio reciente en Chile revela que, a pesar de una leve reducción en la desigualdad patrimonial, esta se mantiene en niveles extremos. La desigualdad patrimonial, que mide la concentración de activos, es significativamente más alta en Chile que en muchos países europeos, pero comparable a Estados Unidos y Colombia. Al excluir los fondos de pensiones, la desigualdad patrimonial chilena se asemeja más a la de Sudáfrica.
La deuda ha disminuido para el 50% más pobre, y los activos financieros se han vuelto menos concentrados. Sin embargo, la acumulación de riqueza de unos pocos depende del empobrecimiento de la mayoría, evidenciando la interdependencia entre el sistema previsional y la reproducción de la riqueza.

El Impacto del Sistema de Capitalización Individual en las Mujeres
Experiencias de Mujeres Jubiladas en Chile
Las mujeres jubiladas por el sistema privado de pensiones en Chile experimentan percepciones de estafa y arrepentimiento al traspasar sus ahorros a las AFP. Sufren discriminación de género en el ámbito laboral, lo que impacta directamente en sus pensiones, y enfrentan empobrecimiento y sufrimiento en su vida cotidiana. Sus vivencias subjetivas están marcadas por el desamparo y el pesimismo, dificultando la aspiración a una sociedad con equidad de género.
La Brecha de Género en las Pensiones
El sistema de capitalización individual ha permitido a familias chilenas reproducir su riqueza intergeneracionalmente. Empresas como el Grupo Penta se han beneficiado de la privatización y la administración de fondos de pensiones, acumulando riqueza a través de la participación en el mercado previsional y la complicidad estatal.
Las cotizaciones de la clase trabajadora son una fuente de riqueza para las élites y un negocio para empresas transnacionales. El sistema previsional se funda en una relación social donde la riqueza de unos pocos se basa en el empobrecimiento de la mayoría.
Reforma Previsional y Perspectiva de Género
El objetivo de la reforma previsional no debe limitarse a aumentar las pensiones, sino también a abordar las desigualdades estructurales que perpetúan la brecha de género. La creciente precariedad del empleo y las reformas legislativas que consolidan recortes de derechos agravarán la situación de las generaciones más jóvenes, especialmente las mujeres.
Aunque existen aspectos positivos en algunas reformas, como la inclusión de personas con becas de formación y la ampliación del tiempo cotizado por cuidado de hijos, estos se ven empañados por la estrategia general de recortes y la perpetuación de la visión empresarial de las mujeres como futuras cuidadoras.
La integración del Régimen Especial de Empleados de Hogar al Régimen General de la Seguridad Social es un avance, pero sin reconocimiento de prestaciones por desempleo. La ambivalencia de los beneficios por cuidado de hijos, que benefician principalmente a mujeres y refuerzan estereotipos de género, también es un punto a considerar.

Hablemos de Pensión: Beneficios para mujeres en la reforma de pensiones | Capítulo 2
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