La depresión, un trastorno psiquiátrico caracterizado por tristeza recurrente, anhedonia, inapetencia, fatiga, insomnio o hipersomnia, sentimiento de inutilidad e hipoprosexia, representa un desafío significativo en el ámbito de la salud pública, especialmente en la población de adultos mayores. En Chile, gracias a las nuevas políticas de salud, se ha experimentado un gran aumento en la esperanza de vida de las personas, lo que a su vez ha puesto de manifiesto la inestabilidad en el diario vivir de gran parte de esta población, derivando en cuadros depresivos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la depresión como una de las mayores epidemias que afecta a la humanidad en los últimos decenios, y su costo en términos de sufrimiento es incalculable.

Prevalencia y Datos Estadísticos en Chile
La tasa de prevalencia de sintomatología depresiva en Chile disminuyó a un 11,2% para ambos sexos en un rango etario de 65 años o más, considerándose un 4,1% para la población masculina y un 16,9% para la población femenina. Sin embargo, estudios recientes, como la Encuesta Nacional de Salud de 2017, situaron la cifra de personas con síntomas depresivos en un 15,8%, y un informe del Centro de Estudios del Conflicto y la Cohesión Social (COES) de este año la elevó a 18,3%, lejos del promedio mundial del 12%.
Un estudio descriptivo y transversal realizado en una población de 78 adultos mayores de Chillán, utilizando la escala de Yesavage, encontró un nivel de depresión leve en un 24,4%, seguido de un 9,0% de depresión severa. En total, un 33,4% de los adultos mayores presentaron síntomas de depresión y un 83,3% algún nivel de desesperanza. Esta situación se asocia a la pérdida de su quehacer laboral, la disminución de ingresos económicos y la carga de enfermedades crónicas, por lo que se subraya la importancia de incentivar la participación del adulto mayor en agrupaciones comunitarias como un factor protector.
Entrevista a Dr. Jerónimo Saiz - 'La depresión en el anciano'
Características de la Depresión en el Adulto Mayor
La depresión en el adulto mayor cursa con síntomas de irritabilidad y ansiedad, los cuales se asocian a factores que afectan su vida diaria. Generalmente, esta enfermedad se vive en silencio por el adulto mayor, ya que se valora la autonomía e independencia, lo que puede llevar a que los lazos sociales o relacionales disminuyan en frecuencia. La depresión en los adultos mayores es un problema generalizado, pero no es una parte normal del envejecimiento. Es un estado de ánimo triste, una alteración del humor en el que la tristeza es patológica, desproporcionada y profunda, abarcando la totalidad del ser. El paciente deprimido pierde el interés e incluso la ilusión de vivir, sintiéndose incapaz de realizar sus actividades previas.
Los síntomas de depresión en adultos mayores pueden ser menos evidentes que en otras edades, presentándose como: tristeza, irritabilidad, pérdida de interés o placer, alteraciones del sueño (insomnio o dormir demasiado), cansancio y falta de energía, cambios en el apetito y peso, ansiedad o inquietud, lentitud en el razonamiento y movimientos, sentimientos de inutilidad o culpa, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio, y problemas físicos inexplicables.
Desesperanza y Riesgo Suicida
La desesperanza se define como un panorama negativo ante la ocurrencia de un hecho significativo para la vida cotidiana de una persona. En los adultos mayores, se presenta una ambivalencia de sentimientos entre la esperanza y la desesperanza, donde se genera un estado de optimismo ante el tiempo que les queda de vida y, en su contraparte, desaliento por un fin cercano. La exacerbación del sentimiento de desesperanza podría llevar a contemplar el suicidio como una única salida; de hecho, este es el factor de riesgo que cuenta con la mayor cantidad de estudios y evidencia que predicen el intento suicida y el suicidio consumado en adultos mayores.
En este sentido, el Ministerio de Salud de Chile señala que los adultos mayores desde los 60 años presentan una tasa de suicidio del 12,45% por cada 100 000 habitantes, cifra que en Chile se traduce en que 360 adultos mayores cometen suicidio. Es fundamental la valoración del riesgo de suicidio en la evaluación de la depresión en el anciano, ya que entre el 60-90% de las personas mayores de 75 años que se suicidan tienen diagnóstico de depresión.
Factores de Riesgo y Causas
La depresión es un proceso multifactorial y complejo cuya probabilidad de desarrollo depende de un amplio grupo de factores de riesgo, sin que hasta el momento haya sido posible establecer su totalidad ni las múltiples interacciones existentes entre ellos. Si bien no existe una única causa de la depresión, la mayoría de los expertos creen que hay una combinación de factores biológicos, sociales y psicológicos que contribuyen al riesgo de tener depresión.
Factores Biológicos
- Genética e historial familiar: La depresión es más frecuente en personas cuyos parientes consanguíneos también tienen este trastorno.
- Química del cerebro: Los neurotransmisores, como la serotonina, desempeñan un papel clave en el control del estado de ánimo, el sueño y el apetito. Las alteraciones en su función y efecto pueden ser importantes en la depresión.
- Cambios hormonales: Pueden presentarse durante el embarazo, el posparto, problemas de tiroides o la menopausia.
- Condiciones médicas: Enfermedades como la diabetes, enfermedades cardíacas, trastornos de tiroides y condiciones como la isquemia (disminución del flujo sanguíneo al cerebro), que puede llevar a una "depresión vascular" en adultos mayores sin antecedentes depresivos.
Factores Psicológicos y Sociales
- Dificultad de afrontamiento de acontecimientos: Cambios significativos en la vejez, como la jubilación, pueden tener consecuencias económicas, psicológicas y afectivas. La jubilación puede provocar la pérdida del rol personal y profesional, disminuyendo la autonomía y la autoestima.
- Personalidad: Rasgos neuróticos de la personalidad se asocian con una mayor incidencia de casos y recaídas de depresión mayor.
- Dependencia y aislamiento: La falta de lazos sociales o la disminución de su frecuencia, especialmente en adultos mayores institucionalizados, puede provocar monotonía, hastío y aburrimiento, desencadenando o descompensando enfermedades depresivas.
- Problemas económicos: El bajo nivel de recursos económicos y las circunstancias laborales (desempleo, jubilación) se han destacado como factores relevantes. Estudios indican que adultos mayores con condiciones económicas regulares presentan mayor riesgo de depresión.
- Enfermedades crónicas: Patologías como la hipertensión arterial, diabetes mellitus y dislipidemia son factores de riesgo que pueden conducir a la depresión debido al temor a sus consecuencias (invalidez, dependencia, muerte). La diabetes, por ejemplo, puede generar desesperanza por complicaciones como las amputaciones.
- Factores cognitivos: El modelo de Beck sugiere que esquemas negativos, pensamientos automáticos, distorsiones cognitivas y creencias disfuncionales tienen un papel fundamental en el procesamiento de la información en la depresión. El deterioro cognitivo también puede dificultar el reconocimiento y la evolución del síndrome depresivo.
- Acontecimientos estresantes y trauma: Situaciones traumáticas de la vida y eventos sociales estresantes contribuyen al riesgo.
- Falta de apoyo social: El acceso limitado a recursos (alimentos, vivienda, atención médica) y la ausencia de una red de apoyo social.
Diagnóstico y Tratamiento
El diagnóstico de la depresión requiere una evaluación profesional. Un médico o profesional de salud mental puede realizar un examen físico, análisis de laboratorio y una evaluación de salud mental. La Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage (versión abreviada de 15 preguntas) se emplea para el tamizaje de la depresión en adultos mayores, valorando síntomas como la tristeza, pérdida de interés o placer.
En Chile, el sistema de Garantías Explícitas de Salud (GES) incorporó la depresión como una de sus patologías, garantizando que toda persona mayor de 15 años diagnosticada tiene acceso a la atención de salud con un especialista dentro de 30 días desde el diagnóstico, ya sea en atención primaria o secundaria, dependiendo de su gravedad.
El tratamiento ayuda y existen opciones eficaces:
- Cambios en el estilo de vida: Mejorar los hábitos de sueño, realizar actividad física y tratar las enfermedades subyacentes. La actividad física es uno de los mayores predictores de aumento de hormonas que influyen en la sensación de placer y gratificación. Es importante realizar actividades que generen un sentido de competencia al menos una vez al día.
- Medicamentos: Antidepresivos pueden ayudar a aliviar los síntomas depresivos.
- Terapia: Especialmente la terapia cognitivo-conductual, enseña cómo controlar mejor los pensamientos negativos y mejorar las conductas para sobrellevar la situación y salir de los ciclos depresivos.
- Participación social: La participación en agrupaciones comunitarias ayuda al adulto mayor a mantenerse activo física y mentalmente, distrayéndose y generando relaciones, lo que fortalece el crecimiento personal y les otorga un propósito de vida. Esto es un factor protector que podría prevenir la depresión y desesperanza.
Es crucial no subestimar la depresión en los adultos mayores. Si se presentan síntomas, buscar ayuda de un profesional de la salud es el primer paso. No es una debilidad y no se puede "mejorar" simplemente con la voluntad. El apoyo y los tratamientos eficaces están disponibles para ayudar a las personas a sentirse mejor.