Introducción al Estudio del Caballo Criollo Colombiano
El estudio del origen del Caballo Criollo Colombiano es un tema complejo que no admite una única respuesta definitiva. En su lugar, existen diversas teorías que intentan reconstruir su historia a partir de los escasos vestigios disponibles, como relatos y escritos de épocas cercanas a la llegada de los primeros equinos europeos a América.
Reseña Histórica: Origen y Evolución
La Llegada de los Primeros Equinos a América
Históricamente, se conoce el arribo de los primeros equinos a las Antillas Americanas en 1493, como parte de la empresa conquistadora española. Las crónicas relatan que en el segundo viaje de Colón llegaron 20 caballos y cinco yeguas a la isla que hoy conocemos como República Dominicana. Allí se establecieron criaderos con éxito. Tras esta primera importación y algunas posteriores hasta 1507, fecha en que la Corona suspendió las exportaciones, las islas vecinas se poblaron de equinos, sirviendo como punto de abastecimiento para la conquista de América.

Teorías sobre la Raza de los Primeros Equinos
La mayoría de las tesis coinciden en que la sangre de los primeros equinos en el continente era de caballos andaluces-berberiscos y árabes-berberiscos. Estas razas predominaban en España durante la época de los descubrimientos y eran el resultado de cruces entre castas autóctonas con la raza berberisca (introducida por los moros) y la árabe (traída por los mahometanos).
Es importante aclarar que el caballo pura raza español aún no existía como casta en ese entonces. Los caballos que llegaron con los conquistadores debieron ser ejemplares comunes, producto de cruces de diversas castas del sur de España, especialmente de Andalucía, a finales del siglo XV.
El Caballo Jinete o Zenete
El hipólogo argentino Ángel Cabrera describe a estos primeros equinos como caballos jinetes o zenetes, cuya producción principal se concentraba en Andalucía, zona de mayor influencia musulmana. Se caracterizaban por su brío, docilidad de temperamento y una resistencia notable para soportar las inclemencias del trópico y las deficiencias alimenticias.
Primeros Ingresos de Caballos a Colombia
Según Ángel Cabrera, los primeros caballos reproducidos en las Antillas ingresaron a Colombia con las expediciones de Alonso de Ojeda y Diego de Nicuesa en 1509. Posteriormente, en 1525, con la expedición de Don Rodrigo de Bastidas para fundar Santa Marta, y en 1538, con la de Gonzalo Jiménez de Quesada para fundar Santa Fe de Bogotá, llegaron contingentes adicionales. Incluso, se menciona que Gonzalo Jiménez de Quesada introdujo 582 caballos por Urabá, Darién, Chocó y el Valle de Buriticá, que conformarían la colonia del occidente antioqueño.
La Ambladura como Origen de los Andares Autóctonos
Una característica crucial de los primeros equinos llegados a América, fundamental para comprender la evolución de los andares del Caballo Criollo Colombiano, es su tendencia a la ambladura o andadura. Este movimiento se caracteriza por el desplazamiento sucesivo y alternado de dos miembros laterales, produciendo un sonido de un solo golpe al asentar el bípedo lateral, y completando el paso en dos golpes.
La ambladura se considera la materia prima del Caballo Criollo Colombiano. Su evolución posterior respondió a la acción del medio y a un proceso de selección humana. Como señaló Raúl Estrada Londoño, el manejo y la alimentación permitieron observar que muchos ejemplares inmigrantes modificaban la ambladura de dos tiempos, evolucionando hacia un paso de cuatro tiempos, perfeccionando así sus movimientos originales sin alterar sus características fenotípicas y temperamentales.

Denominaciones y Perfeccionamiento de los Andares
Con el tiempo, la ambladura recibió diferentes nombres según la región: "dos y dos" en la Costa Atlántica, "paso fino" en la sabana de Bogotá y valles aledaños, y "paso castellano" en la región andina. En esta última, además, se desarrollaba un andar secundario conocido como "troche", utilizado por el caballo para descansar en terrenos ondulados.
El altiplano cundiboyacense se convirtió en un escenario ideal para el perfeccionamiento del paso fino gracias a sus planicies y a la labor de los criadores locales. Por otro lado, departamentos como Antioquia, el Viejo Caldas, Tolima y Huila, con terrenos escarpados, favorecieron el surgimiento del andar diagonal de la trocha, que logró una amplia consolidación mediante la selección humana.
La Tesis de Raúl Estrada Londoño sobre el Mestizaje
Raúl Estrada Londoño propone que la capacidad del "paso castellano" para ejecutar a voluntad del jinete el paso fino o la trocha se originó del cruzamiento frecuente con el trote y galope traído por los conquistadores. Este mestizaje se debía a la presencia simultánea de ejemplares de paso fino y de trote y galope, utilizados para actividades ganaderas y para transitar caminos difíciles, sumado a la escasez de vías de comunicación para el intercambio reproductivo.
Aportes de FEDEQUINAS y la Selección Funcional
FEDEQUINAS, ente rector del gremio del caballo criollo colombiano, reconoce la existencia de "aires madres" en los primeros caballos llegados a Colombia: el trote diagonal y la ambladura (trote lateral). De la mezcla de estos surgieron los "aires derivados" como el paso fino, la trocha, el trote y el galope.
Con la formación de ciudades y pueblos, el caballo se convirtió en el principal medio de transporte, iniciando una selección funcional. Caballos con ancestro ibérico fueron usados para el manejo de ganado, aprovechando el trote diagonal para mayor equilibrio y facilidad para saltar obstáculos, combinado con el galope. Otros caballos, con una mezcla apropiada de trote diagonal y ambladura, fueron seleccionados para el transporte entre pueblos, buscando mayor comodidad, dando lugar a la trocha y el paso fino.

El Origen de los Caballos Trotón Galopero y Amblador
Según Estrada Londoño, fundamentado en Ángel Cabrera, los caballos trotones galoperos eran de origen árabe-berberisco, mientras que los caballos ambladores y de paso tenían un origen andaluz-berberisco. La selección del tipo de ejemplar con desplazamiento diagonal lanzado se priorizó en Argentina, Venezuela y algunas regiones de Colombia, para satisfacer necesidades conquistadoras y agropecuarias.
La Irrupción del Caballo Español Moderno: Don Danilo
Hacia 1960, tras la consolidación del proceso de selección del caballo de paso fino y la aparición de ejemplares como Resorte I, surge el caballo Don Danilo. Su origen se debe al cruce de "La Danesa", una yegua media sangre hija del caballo Lusitano (representante del caballo español moderno, traído a Colombia en 1946), con el caballo Rey Cometa, descendiente de líneas berberiscas tradicionales.
Este cruce marcó una irrupción de la sangre del caballo pura raza española en la caballada colombiana, provocando cambios trascendentales. Tras dos o tres cruzamientos, se modificaron los movimientos, mejorando los ritmos diagonales como el trote y el "troche".
La importancia de Don Danilo radica en que sus descendientes más destacados (Arco, Veneno, Rebelde, Anarkos, Canario, etc.) permitieron la estabilización de la trocha pura colombiana como movimiento diagonal de cuatro tiempos, especialmente a través de la línea del caballo Arco.

Evolución de la Trocha
Antes de la década de 1950, la trocha existía en la población equina colombiana, pero en menor número. Tanto la trocha de la primera mitad del siglo XX como la de la segunda mitad tienen su origen en el cruzamiento continuo del ritmo diagonal con el paso fino colombiano. La diferencia principal radica en el aporte diagonal: en el primer caso, provino del caballo criollo de trote y galope (de origen árabe-berberisco); y en el proceso iniciado después de 1950, con Don Danilo, el aporte diagonal provino del Caballo Español Moderno.
Los Andares Autóctonos del Caballo Criollo Colombiano
El Caballo Criollo Colombiano consolidó cuatro andares y cuatro modalidades como resultado de la selección humana y la influencia del medio geográfico. Los cuatro andares son el trote, el galope, la trocha y el paso fino. Estos se combinaron para dar lugar a cuatro modalidades reconocidas por FEDEQUINAS:
- Trote y galope reunido colombiano
- Trocha pura colombiana
- Trocha y galope
- Paso fino colombiano
Características de los Andares
Generalmente, un ejemplar criollo colombiano ejecuta una sola de estas modalidades. Sin embargo, existen excepciones donde algunos ejemplares logran ejecutar trote, trocha y galope. Los exponentes del paso fino suelen marcar únicamente dicho aire, aunque algunos pueden descansar momentáneamente en la trocha sin convertirse en trochadores puros. También existen ejemplares de ascendencia paso fino que nunca logran afinar y permanecen trochando.
Es importante destacar el carácter natural, no artificial, de estos andares. Los potros nacen con una predisposición genética para ser trotón, trochador, fino o galopero, sin requerir enseñanza humana para su ejecución.
El Caballo Trotón Galopero
Se denomina trotón galopero al ejemplar criollo que ejecuta los ritmos de trote reunido y galope reunido, bajo las siguientes características:
- Trote: Desplazamiento en bípedos diagonales (mano de un lado con pata del lado opuesto) y en dos tiempos. Su sonido característico es "tas tas tas tas" y su cadencia es lenta.
- Ausencia de Suspensión: Tanto en el trote como en el galope, el ejemplar mantiene al menos una extremidad en apoyo al piso en todo momento. Esto garantiza mayor suavidad, eliminando los efectos de la caída libre.
- Galope: Andar de secuencia diagonal en tres tiempos. Su sonido característico es "ca tor ce ca tor ce ca tor ce", su cadencia es lenta y es una marcha de carácter lanzado.
- Elevación de Patas y Manos: En el trote criollo, la elevación es alta, con gran elasticidad y energía.
- Fenotipo: Los ejemplares de esta modalidad son los de mayor alzada o tamaño, generalmente entre 1.38 y 1.48 metros.
El Caballo Trochador Puro
Las características típicas de los ejemplares que ejecutan exclusivamente la trocha colombiana:
- Trocha: Es un andar de cuatro tiempos, en el que los ejemplares se desplazan por bípedos diagonales.
... Mi abuela fue una princesa atípica. Todavía recuerdo las chispitas en sus ojos al contarme los peliagudos viajes que tenía que hacer de niña al pozo del pueblo. Iba a lomos de su yegua, al trote y sin silla. Pero nunca se cayó porque se agarraba a la vida igual que las raíces de un árbol a las grietas de una roca. Y, sin embargo, era tan osada como coqueta. Siempre le amó con arrebato inquebrantable. Por eso, cuando enfermó de Alzheimer y empezó a olvidar sus costumbres, su familia, sus hijos, mi abuelo fue el único que sobrevivió a la tiranía de su demencia. El tiempo la rondaba con alevosía: ponía sus recuerdos patas arriba y luego arrasaba con todo lo que encontrara a su paso. En octubre de 2012, cuando mi abuelo ingresó en el hospital, ella sintió su ausencia de inmediato. Empezó a apagarse como los destellos de las luciérnagas a finales de verano, todos nos dimos cuenta. «¿Dónde está el yayo, mi niña?», me preguntaba una y otra vez. Yo trataba de tranquilizarla con promesas vacías. Pero, tras una semana de mentiras piadosas, decidí llevarla al hospital. «Había una vez una princesa bella y valiente que vivía con su amado príncipe. Ambos eran felices hasta que él tuvo que ausentarse. La princesa no podía dejar de pensar en él así que, cuando se enteró de que su caballero había quedado atrapado en la torre de un castillo, no dudó en acudir a su ayuda. «Yayi, este es el castillo del que te he hablado -le dije al llegar-. Vamos a subir al torreón donde se encuentra el príncipe». Ella avanzaba con los ojos muy abiertos para no perderse ni un detalle del desenlace de aquella bonita historia. Sus finos labios se curvaron en una sonrisa mientras entrábamos en el ascensor y apretábamos el botón de la séptima planta. Al darse cuenta de que su valiente princesa había venido a verle, mi abuelo le sonrió con la mirada vidriosa. Ella se volvió hacia mí y me dijo: «Ah, este es mi príncipe, mi niña». Luego se abrazaron mientras los tres llorábamos de emoción.