El envejecimiento poblacional es un fenómeno demográfico del Siglo XXI, donde América Latina y el Caribe no son la excepción. En la actualidad, el 13,4% (88,6 millones) de la población en la región son personas mayores de 60 años. Envejecer es un proceso natural y universal, determinado por relaciones sociales, geográficas y ambientales, que impacta directamente en la sexualidad a lo largo de la vida.
La sexualidad se entiende como un elemento central de intimidad, compañía y bienestar, que engloba nociones de género, erotismo y placer. A pesar de su importancia, existe un vacío investigativo sobre cómo abordar estas necesidades en la vejez, a menudo ocultas bajo prejuicios o falta de formación profesional.

El desafío de medir la sexualidad en la vejez
Históricamente, las investigaciones sobre sexualidad se han centrado en niños, adolescentes y adultos jóvenes, dejando de lado a la población mayor. Para realizar una medición objetiva de los estereotipos y prejuicios hacia la sexualidad en la senectud, se han desarrollado instrumentos específicos, siendo el Cuestionario de Actitudes hacia la Sexualidad en la Vejez (CASV) uno de los más relevantes en el contexto latinoamericano.
El Cuestionario de Actitudes hacia la Sexualidad en la Vejez (CASV)
Diseñado por Orozco y Rodríguez, este instrumento mide tres dimensiones fundamentales:
- Prejuicios: Percepciones negativas sobre la actividad sexual en la vejez.
- Derechos y limitaciones: Reconocimiento de la sexualidad como derecho frente a barreras físicas o sociales.
- Mitos: Creencias erróneas sobre la asexualidad o la funcionalidad sexual en esta etapa.
El cuestionario, adaptado y validado en diversos contextos (como México, Colombia y Chile), consta de 14 ítems con escalas tipo Likert. Estudios de validación han demostrado una alta consistencia interna (alfa de Cronbach entre 0,83 y 0,85) y una alta estabilidad temporal, lo que lo convierte en una herramienta confiable para la práctica clínica y comunitaria.

Barreras para la expresión sexual en adultos mayores
La literatura científica identifica múltiples barreras que impiden una vida sexual plena en la vejez:
- Estereotipos sociales: La visión del adulto mayor como un ser "asexuado" o la estigmatización de quienes mantienen interés sexual (ej. el término "viejo rabo verde").
- Entorno institucional: En residencias de mayores, la falta de privacidad e intimidad suele forzar el cese de la actividad sexual.
- Factores culturales y religiosos: La asociación de la sexualidad exclusivamente con la procreación o el deber marital, especialmente relevante en mujeres viudas.
- Desinformación sanitaria: La falta de preparación de los equipos de salud para abordar temas sexuales, sumada a la creencia errónea de que la menopausia o la andropausia marcan el fin del deseo.
La sexualidad de las personas adultas mayores | Patricia Kelly | TEDxUNAMAcatlán
Implicaciones para las políticas públicas y la salud
La sexualidad es un derecho humano básico y un componente esencial de la calidad de vida. Existe un consenso sobre la necesidad de:
- Capacitación profesional: Los trabajadores de la salud requieren habilidades comunicacionales para resolver consultas sobre salud sexual sin prejuicios.
- Políticas de atención: Es necesario implementar programas de actuación donde el derecho a la intimidad y la expresión sexual de los adultos mayores sean respetados.
- Innovación tecnológica: La evidencia sugiere que el uso de tecnologías de información (eSalud) puede ser un habilitador clave para entregar contenidos educativos, superando las barreras de acceso en entornos rurales o aislados.
La investigación demuestra que, a pesar del envejecimiento fisiológico, el deseo sexual persiste. Por tanto, visibilizar esta necesidad es un paso crucial para transitar hacia un enfoque respetuoso, libre de coacción y violencia, permitiendo que la sexualidad sea vivida con seguridad y plenitud en todas las etapas del ciclo vital.
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