La Realidad de la Escolaridad Incompleta en Chile
En Chile, la falta de escolaridad completa representa un desafío social y educativo significativo. Un total de 5,2 millones de chilenos, que equivale a casi un tercio de la población, no ha terminado el colegio. De estos, casi medio millón de personas (445.410) no recibió ningún tipo de estudios formales, es decir, que ni siquiera ingresó a primero básico. Según la encuesta CASEN 2017, existían entonces cerca de 5 millones de adultos que no habían concluido sus doce años de escolaridad, incluyendo a 500.000 analfabetos. En la encuesta CASEN 2019, alrededor de cinco millones de personas mayores de 18 años tampoco habían completado su educación media.
Al considerar por rango de edad, los adultos mayores son quienes tuvieron más dificultad para terminar el colegio. De hecho, de las personas que actualmente tienen entre 76 y 85 años, el 82% no completó su enseñanza. Para la Región de La Araucanía, el 70,6% de los mayores de 60 años no ha completado cuarto medio. No obstante, esta situación también es muy frecuente entre otros rangos de edad; de las personas de 46 a 55 años, la mitad no terminó el colegio, mientras que entre quienes tienen de 19 a 25 años, el 19% tampoco completó su escolaridad. Según la encuesta CASEN 2021, 391 mil jóvenes entre 18 y 24 años abandonaron sus estudios.

Disparidades y Brechas en la Escolaridad
La situación socioeconómica y la ubicación de residencia de las personas se relacionan de forma importante con sus niveles de educación. El quinto quintil alcanza 14 años de escolaridad, mientras que el resto de los quintiles promedian en total 8 años. Asimismo, existe una brecha en términos de menores niveles de escolaridad para aquellas personas que se declaran pertenecientes a pueblos indígenas, afrodescendientes o de zonas más rurales. Aunque los años de escolaridad han mostrado un aumento paulatino, alcanzando los 9,7 años en 2002 y los 11,3 en 2017, y un promedio de 12,1 años en mediciones recientes, este promedio esconde una distribución que sigue siendo bastante desigual.
El Censo 2024, que incluyó preguntas para la medición de discapacidad, arrojó que el 11,1% de la población de 5 años o más en Chile tiene discapacidad y que presentan 8,9 años promedio de escolaridad. Para el ENDISC 2022, la cifra subió a 10 años promedio para las personas con discapacidad, en comparación con los 12 años para quienes no tienen discapacidad, lo que refleja dos años de diferencia entre ambos grupos. Ambas encuestas, aunque con metodologías diferentes, concluyen que las personas con discapacidad llegan a menos años de escolaridad que las personas sin discapacidad, situación que desde el modelo social debiera ser al revés, ya que la calidad de las interacciones que se desarrollan con personas con necesidades educativas especiales son fundamentales para la disminución de barreras y la promoción de más años de escolaridad.

Impacto de la Escolaridad Incompleta
La educación tiene un impacto significativo en la vida de las personas, tanto en su realización personal como en su capacidad para integrarse en la sociedad y mejorar sus oportunidades laborales. La escolaridad incompleta limita drásticamente las posibilidades de encontrar un “trabajo decente”. La precariedad de los empleos es una realidad para quienes no tienen el cartón de cuarto medio, afectando a millones de personas, en su mayoría mujeres, que desean trabajar pero no cuentan con las posibilidades de hacerlo.
El más evidente beneficio de terminar la escolaridad es que las personas obtienen más y mejores oportunidades laborales, así como mayor estabilidad en el trabajo. Respecto a los ingresos, un estudio basado en la Encuesta Suplementaria de Ingresos de 2021 muestra que en personas mayores que hayan trabajado más de 30 horas semanales, los ingresos son menores en aquellos que no completaron cuarto medio en comparación con quienes sí lo completaron.
Pero además, las personas que logran terminar su enseñanza mejoran su autoestima. Los procesos educativos tienden a aumentar la autoestima y la confianza en sí, así como proporcionar una sensación de logro y satisfacción personal. "Volver a estudiar le abre una nueva vida a las personas, se realizan, aumenta su sentimiento de autoestima y la gente se siente más parte del desarrollo". Para personas con escolaridad incompleta, encontrar empleo no es simplemente acceder a un trabajo, sino reconstruir una vía hacia la autonomía, la dignidad y la participación plena en la sociedad.
A esto se suma que hay una relación directa entre la escolaridad de los padres y de los hijos. Si un padre tiene la escolaridad completa, es más difícil que su hijo deserte del colegio, pues hay un mayor compromiso con la educación a nivel familiar.

Barreras y Desafíos del Sistema Educativo
La escolaridad incompleta es un problema innegable en Chile, con cifras preocupantes en todas sus regiones. Lo más dramático de la situación es que está asociada a un enorme déficit del sistema para garantizar el derecho a la educación. Muchas veces el propio sistema pone trabas para que las personas que desertaron del colegio puedan retomar sus estudios. Por ejemplo, si una persona termina su escolaridad aumenta su puntaje en la Ficha de Protección Social, que se utiliza para obtener beneficios, por lo que la persona puede verse perjudicada. Las leyes y normativas vigentes no ayudan a cambiar esta realidad, ya que muchos proyectos educativos de sostenedores públicos y privados son rechazados por incumplimiento de una normativa que no responde a las particularidades de la educación de jóvenes y adultos.
En 2019, María Eugenia Letelier, directora del área de Trayectorias educativas y aprendizaje a lo largo de la vida del Ministerio de Educación, advirtió sobre los problemas de matrícula, subvención estatal y metodología de cálculo para la asignación de recursos en la educación de jóvenes y adultos, problemáticas que siguen vigentes. Según el Centro de Estudios del MINEDUC, en 2022 la matrícula para la educación de adultos alcanzó a 114.293 personas, considerando educación Básica (15.065), Media científico-humanista (91.986) y Media técnico-profesional (7.242); es decir, tuvo apenas un 2,29% de cobertura nacional para el total de adultos que lo necesitan.
Mientras el Estado destina crecientes recursos a la educación superior (más de 2 mil millones de dólares anuales), los programas de formación laboral para personas vulnerables, como Formación para el Trabajo de SENCE, reciben menos de 30 millones de dólares anuales. Esta marcada diferencia de financiamiento entre la educación superior y la formación laboral para adultos vulnerables es una clara señal de desequilibrio.
La falta de respuestas para interrogantes fundamentales sobre la educación de adultos refleja que su urgencia es pasada por alto en el debate público y figura lejos de las prioridades de la agenda social en políticas de Estado. Gobierno tras gobierno, las medidas para afrontar este problema han sido "parches" para una enfermedad que necesita de operaciones más profundas. Incluso el Ministro de Educación, Marco Antonio Ávila, ha mencionado el querer desburocratizar y terminar con el exceso de papeleo en las escuelas. Si esto ya es un lastre para la educación pública general, en el área de escolaridad para adultos se trata de un peso aún más difícil de despejar.

Lamentablemente, el concepto de educación de adultos se restringe única y exclusivamente a la escuela y se deja de lado su aplicabilidad en la comunidad, los sindicatos, clubes deportivos y centros de padres, entre otros. Es urgente discutir los fundamentos de esta área, los cuales la hacen distinta a la educación normal. Mientras se siga tratando al alumno adulto tal y como a los del sistema normal, lo que se logrará es alejarlos del aula, ya que no se considera que sus motivaciones, experiencias y necesidades son distintas. La educación de adultos, separada del desarrollo comunitario auténtico, pierde fuerza. Esta problemática real resulta indispensable llevarla a la mesa de discusión, pues la educación que no llega es un atentado a los derechos humanos.
Iniciativas y Programas para la Nivelación de Estudios
Ante este panorama, diversas instituciones y el Ministerio de Educación están trabajando para revertir la situación. En Chile, existen 819 establecimientos de educación de adultos en los que estudian 140.276 personas. El Ministerio de Educación está avanzando en nuevas Bases Curriculares para Educación de Adultos y está implementando un Sistema de Alerta Temprana (SAT) con el propósito de disminuir sistemáticamente el abandono escolar. Además, ofrece la Modalidad Flexible de Nivelación de Estudios y el Plan Nacional de Alfabetización “Contigo Aprendo”, una alternativa de educación no formal dentro de la modalidad de Educación de Personas Jóvenes y Adultas. Este plan se realiza con monitoras y monitores voluntarios, capacitados y supervisados por el Ministerio de Educación, y atiende a cerca de 16.000 personas en los últimos 4 años. Al final del proceso, las personas pueden presentarse a un examen para certificar 4to año básico y continuar estudios en cualquier modalidad de educación de personas jóvenes y adultas.

Organizaciones no gubernamentales también juegan un rol crucial. La corporación CreceChile se encarga de implementar programas de nivelación de estudios para que las personas puedan rendir los exámenes libres del Ministerio de Educación. En sus ocho años de existencia, ha atendido a cerca de 3.500 personas. Funciona en seis comunas de Santiago (Maipú, Quilicura, Cerro Navia, Lo Barnechea, Pudahuel y Colina) y en Quellón, en la isla de Chiloé. Su modelo consiste en utilizar la infraestructura de los colegios durante las tardes, en las "horas muertas", y quienes enseñan son voluntarios, como jóvenes universitarios o profesionales de diferentes áreas. El promedio de edad de los alumnos que nivelan sus estudios a través de la corporación es de entre 35 y 40 años, pero hay personas desde 19 hasta 65 años, bajo el lema "más vale tarde que nunca".
A nivel nacional, 9.732 personas mayores se han matriculado para completar su educación escolar, de las cuales 2.808 lo hicieron durante 2022. De estos, el 51,2% está en una institución de enseñanza media humanista-científica para adultos. En la Región de La Araucanía, en los últimos cinco años 557 personas mayores se han matriculado para completar sus estudios, especialmente en establecimientos con regímenes especiales para adultos, tanto en educación básica como media. La zona presenta una tasa de 8,2 personas mayores matriculadas por cada diez mil habitantes, siendo la sexta región que presenta el mayor nivel en este indicador. Es importante considerar que el 29,4% de los mayores de 60 años de la Región de La Araucanía cuenta con educación escolar completa.
Historias de Superación: El Ejemplo de Hilda Peña
La precariedad de los empleos de quienes no tienen la enseñanza media completa es una realidad que afecta a millones de personas. Sin embargo, hay historias inspiradoras de quienes, con esfuerzo, logran superar esta barrera. Tal es el caso de Hilda Peña, viuda y madre de 3 hijos, quien a sus 63 años, está próxima a graduarse de cuarto medio en Infocap. Ella sacó adelante sola a sus hijos, trabajando por bajas remuneraciones en tareas menores por simple necesidad, sin la educación secundaria completa. Su próximo paso es estudiar técnico en enfermería (TENS), una carrera técnica que puede concluir en dos años y medio para ayudar y cuidar a otros que lo necesitan. Para personas como Hilda, encontrar empleo no es simplemente acceder a un trabajo, es reconstruir una vía hacia la autonomía, la dignidad y la participación plena en la sociedad. Cada año, miles de personas postulan a programas como los de Infocap buscando esa oportunidad.
Testimonio Cuidadora - Programa Viviendo Mejor
Propuestas y Visión a Futuro
Para ampliar la capacidad de formación, tanto Infocap como Fundación Emplea proponen seis iniciativas clave: fortalecer el registro especial de organismos técnicos de capacitación; impulsar una política nacional de formación para jóvenes y adultos; fortalecer las condiciones para que los sectores productivos se incorporen activamente a esta agenda país; priorizar la intermediación laboral como instrumento clave para la reactivación del empleo; y promover la inserción de la población en movilidad humana, migrante y refugiada en el mercado laboral.
Es urgente brindar espacios seguros de aprendizaje, sentido, integración y apoyo a quienes no los tienen. La formación en oficios puede ser especialmente relevante para integrar a aquellos jóvenes y adultos que abandonaron sus estudios o no pudieron completarlos por diversas razones. En Chile, distintas instituciones de formación están trabajando para ofrecer experiencias educativas de calidad, con una diversa oferta formativa, adaptándose a las necesidades del mundo laboral y con un fuerte énfasis en el desarrollo personal y colectivo. Un ejemplo de buena noticia es el reciente Plan de Reactivación Educativa 2023, especialmente al considerar que en el período 2021-2022, cincuenta mil Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) desertaron del sistema escolar.
Se debería trazar la meta de que el 80% de la población chilena adulta tenga su escolaridad completa, igualando a los países desarrollados de la OCDE (actualmente es sólo el 45%). Sin embargo, para lograrlo, es crucial desburocratizar y adaptar el sistema educativo a las necesidades del alumno adulto, reconociendo sus motivaciones y experiencias distintas a las de los estudiantes del sistema normal. La formación de capital humano formal excede significativamente los beneficios laborales, impactando positivamente en el desarrollo personal y colectivo.