El Adulto Mayor: Definición, Características y Políticas de Protección en Chile

El grupo de la población de personas mayores es muy diverso y cambiante. Este dinamismo se refleja en diversos aspectos sociodemográficos y de calidad de vida. Por ejemplo, la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) muestra una evolución significativa: en 2006, las personas de 60 años y más tenían una escolaridad promedio de 6,5 años, mientras que en 2020 este promedio ascendió a 9 años.

Además, el porcentaje de personas de 60 años y más con educación superior completa pasó del 6,2% al 13,8%, y el uso de Internet aumentó del 7,3% en 2006 al 31,5% en 2017. En cuanto a su independencia, aproximadamente un 82% de las personas mayores no presenta dependencia funcional, un 27,7% sigue trabajando y un 35,5% participa activamente en organizaciones de la sociedad civil (Ministerio de Desarrollo Social y Familia, 2018).

La Vejez como Proceso Biológico y Construcción Cultural: Combatiendo el "Edaísmo"

La vejez, si bien es consecuencia de un proceso biológico, es también una construcción cultural. En el proceso dialéctico de la interacción social, las reacciones de los demás hacia una persona muestran la imagen que presenta, constriñéndola a adoptar los comportamientos que se esperan de ella (Beauvoir, 1970). Los gerontólogos han acuñado el término "edaismo" para referirse peyorativamente a las personas de edad avanzada (Butler y Lewis, 1982). Este "ismo" implica una visión tópica y despectiva sobre un grupo social, que en este caso consiste en considerar a las personas mayores como diferentes a las demás en sus opiniones, afectos y necesidades, lo que requiere una atención y cuidados que superen las limitaciones del paradigma biomédico.

La Funcionalidad como Pilar de la Salud en el Adulto Mayor

La idea de función debe conceptualizarse como la capacidad que poseen los seres humanos para llevar a cabo de manera autónoma actividades de un mayor o menor nivel de complejidad. En términos de salud, un adulto mayor sano, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), sería aquel que fuera autónomo, considerándose la autonomía como el principal parámetro de salud en este grupo. En este concepto está comprendida la idea de funcionalidad, debiendo definir el estado de salud entre las personas mayores no en términos de déficit, sino de mantenimiento de la capacidad funcional. De esta manera, el anciano sano es aquel que es capaz de enfrentar el proceso de cambios a un nivel adecuado de adaptabilidad funcional y satisfacción personal (OPS/OMS).

Evaluación Geriátrica Integral y Capacidad Funcional

La valoración de la capacidad funcional se encuentra incluida dentro del concepto más genérico de Evaluación Geriátrica (EG). Esta se entiende como un proceso diagnóstico multidimensional e interdisciplinar, dirigido a evaluar las capacidades funcionales, médicas y psicosociales de una persona mayor, con el fin de desarrollar un plan de tratamiento y seguimiento. La EG va más allá del examen médico de rutina, enfatizando los aspectos funcionales y la calidad de vida, utilizando instrumentos estandarizados de medida y equipos multidisciplinares.

Como integrante de la EG, la valoración de la capacidad funcional participa de todos sus objetivos: mejorar la certeza diagnóstica, optimizar el tratamiento médico, mejorar los resultados evolutivos, mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida, optimizar la ubicación, reducir la utilización innecesaria de servicios y permitir la gestión de casos. La capacidad funcional en el anciano es el indicador más potente utilizado en la evaluación geriátrica, cuyo concepto y medición se comenzaron a desarrollar desde fines de los años cuarenta, con la creación de los primeros instrumentos a principios de los sesenta (Kast; Barthel), que han sido corregidos y reformulados a través del tiempo. Este concepto se utiliza como un indicador en el área de la epidemiología clínica para efectuar diferentes mediciones (clinimetría) en el grupo de los adultos mayores.

Esquema de la interrelación entre autonomía, funcionalidad y bienestar en el adulto mayor

Importancia de la Capacidad Funcional

Al margen del impacto que la discapacidad tiene sobre la calidad de vida, la dificultad o imposibilidad para llevar a cabo las acciones de los dominios de la actividad humana es un parámetro de salud y, como tal, descriptor de resultados evolutivos relevantes:

  • Mortalidad: El riesgo de mortalidad se eleva conforme avanza el grado de discapacidad, como lo demuestran estudios poblacionales y prospectivos de seguimiento.
  • Consumo de recursos: La frecuentación hospitalaria, el número de ingresos, la estancia media, el número de reingresos, las visitas al médico o la utilización de fármacos se relacionan con el grado de discapacidad.
  • Institucionalización: El riesgo de utilizar una residencia se incrementa notablemente al aumentar el deterioro funcional.
  • Utilización de recursos sociales: Los costos del cuidado personal y de ayuda doméstica para individuos mayores de 75 años aumentan conforme aumenta el nivel de dependencia.
  • Futura discapacidad: La discapacidad es un estado dinámico que permite variantes: puede mejorar, mantenerse estable o empeorar. Las posibilidades de mejora disminuyen con la edad, aunque nunca desaparecen por completo.

La pérdida de la autonomía funcional es una condición frecuente en geriatría, sin embargo, una persona adulta puede ser independiente para realizar las actividades de la vida diaria y carecer de autonomía para decidir.

Clasificación según Nivel de Autonomía

En Chile, los adultos mayores pueden clasificarse en grupos según su nivel de funcionalidad o autovalencia:

  • Adultos Mayores Autovalentes:

    Representan el 57% del total de adultos mayores. Por lo general, viven en sus viviendas con familiares, solos o allegados, siendo pocos los que residen en hogares o casas de reposo. Muchos están integrados en organizaciones de la tercera edad, como clubes, talleres o parroquias, donde buscan compañía, esparcimiento, aprenden y comparten experiencias, expresando sus deseos de vivir la vida plenamente.
  • Adultos Mayores Frágiles:

    Constituyen el 30% de este grupo. Sufren ciertas limitaciones que, a pesar de los tratamientos, no mejoran su descompensación, requiriendo ayuda profesional para mantener su estado de salud. Necesitan la ayuda de terceros para realizar actividades de la vida diaria, que generalmente obtienen de sus familiares, centros de atención (no siempre especializados) o de otros grupos de apoyo.
  • Adultos Mayores Dependientes:

    Este segmento concentra entre el 3% y el 5% de la población de adultos mayores. Corresponden a personas que requieren ayuda para todas sus actividades diarias, su condición de invalidez los mantiene postrados, con un deterioro ostensible de su calidad de vida y la de su grupo familiar. En la mayoría de los casos, los familiares cuidadores carecen de preparación para asumir estas tareas. Necesitan una mayor cantidad de recursos y dependen de servicios especializados que incluyan cuidados continuos y de larga estancia, paliativos o curativos. La mayoría de estas personas se encuentran en sus casas, cualquiera sea su condición social.
Infografía: Tipos de adultos mayores según su funcionalidad en Chile

Marco de Acción Institucional y Protección del Adulto Mayor en Chile

El Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento de 2002 ya describía y analizaba los retos planteados por el envejecimiento mundial de la población, proponiendo un marco de actuación para las políticas nacionales e internacionales. En este sentido, la planificación y distribución de los servicios para las personas mayores debe dar respuesta a sus necesidades específicas, incluyendo servicios para el anciano relativamente sano e independiente, para aquellos con limitaciones y para quienes requieren cuidado institucionalizado (OPS, 1994).

En Chile, en el año 1996, la "Política Nacional del Adulto Mayor" se planteaba como objetivo principal "lograr un cambio cultural que dé un mejor trato a la población adulta mayor". Esto implicaría una percepción distinta del envejecimiento con la consiguiente necesidad de crear medios para facilitar el desarrollo integral del adulto mayor y lograr el mantenimiento o recuperación de la funcionalidad de este grupo etario. El propósito de los cuidados en salud será evitar que las limitaciones se conviertan en factores restrictivos en el desarrollo de las actividades que el adulto mayor necesite o desee realizar, además de alcanzar el máximo desarrollo de las potencialidades psicológicas, sociales, culturales y espirituales para su óptimo desempeño personal y social.

El Impacto del COVID-19 y la Respuesta de SENAMA

En el contexto de un acelerado proceso de envejecimiento poblacional, el COVID-19 ha tenido un impacto especial en las personas mayores. La pandemia demostró tener mayores consecuencias sobre ciertos grupos de población, denominados "grupos de riesgos por COVID-19". Para las instituciones que velan por el bienestar de las personas mayores, su protección se transformó en un desafío en materia de salud pública y de gestión social de grupos vulnerables.

Las personas mayores se vieron afectadas de manera desproporcionada por la pandemia; al 7 de noviembre de 2021, representaban un 14,4% del total de contagiados (Ministerio de Salud, 2021), pero constituían cerca del 50% de las hospitalizaciones y alrededor del 90% del total de defunciones. La respuesta temprana a la pandemia comenzó en el país a principios de marzo de 2020 con la cooperación de varios actores, como el Ministerio de Salud, la Sociedad Chilena de Geriatría y Gerontología y las principales organizaciones sin fines de lucro.

Con la coordinación del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), se conformó un grupo de trabajo para articular la implementación de medidas de prevención y control. SENAMA impulsó articulaciones intersectoriales e interinstitucionales para prevenir y mitigar los efectos del COVID-19, estableciendo una estrategia dirigida a las personas que residen en establecimientos de larga estadía para adultos mayores (ELEAM) y a aquellas que, por razones de confinamiento, debían permanecer en sus hogares. Esta estrategia incluyó la identificación de las principales características del problema en el contexto de los ELEAM, la profundización en el componente sanitario de las residencias, la articulación de una estrategia colaborativa con diversas instituciones públicas, privadas y de la sociedad civil, y la conformación de nuevos equipos profesionales. Se dispuso también una estrategia para brindar acompañamiento a las personas mayores que necesitaran acceder a servicios de evaluación, tratamiento o seguimiento en su domicilio, evitando que asistieran a establecimientos de salud para descongestionarlos y evitar contagios.

Coronavirus y Adulto Mayor: impacto y características.

Garantizando Derechos Humanos y Acceso a la Justicia

En este contexto, proteger y promover los derechos humanos se volvió fundamental. El SENAMA ha trabajado para mejorar las condiciones estructurales del Estado y articular acciones para abordar los efectos del COVID-19. En 2018, se creó la Unidad de Derechos Humanos y Buen Trato dentro del SENAMA, con el objetivo de promover los derechos humanos de las personas mayores mediante la articulación intersectorial e interinstitucional, avanzando en la prevención del maltrato y la vulneración de derechos, y promoviendo el acceso a la justicia de las personas mayores.

En esta Unidad se ejecuta el Programa Buen Trato al Adulto Mayor, que busca "contribuir al reconocimiento, promoción y ejercicio de los derechos de las personas mayores, a través de la prevención del maltrato que los afecta, la promoción del buen trato y la asesoría y coordinación, con las redes regionales y locales" (SENAMA, s/f). Desde 2019, en el marco de este programa, se instaló la figura del Defensor Mayor, abogados que brindan asesoría legal especializada a personas mayores o comunidades que lo necesiten ante situaciones de abuso, maltrato, violencia o vulneración de derechos.

Un importante avance impulsado por SENAMA junto con la Corte Suprema fue la creación del Protocolo de Acceso a la Justicia de Personas Mayores del Poder Judicial. Este hito es de suma relevancia, ya que por primera vez el poder judicial contempla específicamente a este grupo etario con un enfoque diferenciado. Además, desde finales de 2020, en el marco del Programa de Defensa Jurídica Integral para Adultos Mayores del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, se ofrece atención preferente y representación judicial gratuita y especializada a todas las personas mayores a través de las Corporaciones de Asistencia Judicial (CAJ). Hasta mayo de 2021, se han realizado casi 7.000 asesorías sociojurídicas a personas mayores, de las cuales 1.636 derivaron en acciones judiciales ante los Tribunales de Familia, siendo el 97% por violencia intrafamiliar.

Información y Acompañamiento

Para resolver las brechas de información y la dificultad de acceso a los beneficios del Estado, el SENAMA elaboró la "Guía con los principales beneficios del Estado para las personas mayores". Asimismo, el Fono Mayor, un canal de atención del Sistema Integral de Información y Atención Ciudadana (SIAC) del SENAMA, facilita la comunicación y el acceso oportuno a información y vinculación con otras reparticiones públicas. A raíz de la pandemia, el Fono Mayor Covid-19 se robusteció, atendiendo 15.609 llamados entre enero y octubre de 2021 con una tasa de resolución del 90%. Esta herramienta no solo garantizó información clara y oportuna, sino que también abordó la salud mental de las personas mayores a través de acompañamiento psicológico y prevención del suicidio. Para 2022, se prevé su incorporación como parte de la Unidad de Derechos Humanos y Buen Trato con presupuesto permanente.

Participación y Políticas a Largo Plazo

En Chile, el modelo democrático permite la participación ciudadana en las decisiones. En 2021, se elaboraron protocolos junto con el Ministerio de Desarrollo Social y Familia para la votación preferente de personas mayores, abogando por días y horarios protegidos para este grupo y garantizando su plena participación política y social. SENAMA también ha realizado conversatorios con representantes de organizaciones de personas mayores, académicos y ministerios para la construcción de las "Orientaciones estratégicas para el Plan de Envejecimiento Chile 2021-2030". Además, se ha diseñado un mecanismo de seguimiento y monitoreo de los compromisos de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, con un componente participativo para las propias personas mayores.

Se han elaborado campañas para generar un impacto positivo en la imagen que la sociedad tiene de las personas mayores, incluida la mirada de las propias personas mayores sobre sí mismas. En el marco del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez (15 de junio), SENAMA implementó la campaña “La soledad no es un juego, haz tú el primer movimiento”, buscando cambiar la forma de pensar, sentir y actuar en relación con las personas mayores, en el entendido de los efectos negativos que trae aparejado el edadismo.

Rol del Personal Sanitario y Retos Futuros

En el sector salud se produce un verdadero cambio de paradigma. Los adultos mayores deben constituir un objetivo primordial en la atención de todos los profesionales sanitarios, en particular los de enfermería, quienes, con su orientación hacia el cuidado de las personas, deben esforzarse por disminuir el nivel de dependencia de este grupo etario y reducir las oportunidades en que estas personas precisen ayuda asistencial. El Ministerio de Salud ha iniciado programas de capacitación para lograr el mantenimiento de la funcionalidad, buscando propiciar la interacción espontánea y cordial, y estimular la amistad y colaboración entre todos.

La pandemia hizo evidente la compleja realidad de las personas mayores, especialmente de quienes se encuentran institucionalizadas, viven situaciones de soledad no deseada o sin redes, o no cuentan con los recursos necesarios para la subsistencia. En este escenario, el abordaje intersectorial y las adaptaciones en los programas han abierto la oportunidad de repensar el papel del Estado. Entre los retos a resolver, la pandemia ha dejado en evidencia la brecha digital de las personas mayores, la importancia de la inclusión tecnológica para la supervivencia en situaciones de crisis y el abordaje de la salud mental, un ámbito en el que las medidas de restricción de la movilidad revelaron importantes afectaciones. Es crucial detectar de forma anticipada aquellas situaciones que pongan en riesgo el mantenimiento de la funcionalidad en el adulto mayor.

El ser humano, como ser social, intercambia experiencias y conocimientos en todas las etapas de su vida; por tanto, el aprendizaje no es algo relegado solo a los grupos jóvenes. Los programas educativos destinados a potenciar la funcionalidad entre las personas mayores deberían contener actividades que les ayuden a fortalecer potenciales que han permanecido en desuso, como la capacidad de crear, relacionarse, comunicar, aprender, autorrealizarse, dar y recibir afecto, preocuparse por otros, cultivar la espiritualidad y encontrar el sentido de la vida en esta etapa de su existencia.

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