Criterios de Diagnóstico de la Discapacidad Intelectual (Retraso Mental) según el DSM

La discapacidad intelectual (DI), anteriormente conocida como retraso mental en el DSM-IV, es un trastorno definido por la presencia de un desarrollo mental incompleto o detenido. Se caracteriza principalmente por el deterioro de las funciones cognitivas, del lenguaje, motrices y de socialización, que contribuyen al nivel global de la inteligencia. Este trastorno puede acompañarse de cualquier otro trastorno somático o mental, siendo la prevalencia de otros trastornos mentales al menos tres o cuatro veces mayor en esta población que en la población general. Además, los individuos con discapacidad intelectual tienen un mayor riesgo de sufrir explotación o abusos físicos y sexuales. La adaptación al ambiente está siempre afectada, pero en un entorno social protegido y con el apoyo adecuado, esta afectación puede no ser significativa en casos de retraso mental leve.

Esquema de las áreas afectadas por la discapacidad intelectual

Evolución y Cambios en la Terminología Diagnóstica: del DSM-IV al DSM-5

El DSM-5, publicado en mayo de 2013, introdujo cambios significativos en la conceptualización y el diagnóstico de los trastornos del desarrollo. Uno de los cambios más destacados fue la sustitución del término "retraso mental" por "discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo intelectual)". Este cambio refleja un enfoque más respetuoso y menos estigmatizador del diagnóstico. Mientras que el DSM-IV se centraba principalmente en las puntuaciones del coeficiente intelectual para el diagnóstico, el DSM-5 hace hincapié tanto en el funcionamiento intelectual como en el adaptativo, permitiendo una evaluación más exhaustiva de las capacidades y los desafíos de un individuo.

La evaluación Multiaxial en el DSM IV

Criterios Diagnósticos de la Discapacidad Intelectual según el DSM-5

Según los criterios establecidos por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), el diagnóstico de discapacidad intelectual se basa en tres aspectos fundamentales que deben cumplirse simultáneamente:

  1. Déficits en las funciones intelectuales: Se refiere a limitaciones significativas en áreas como el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, la memoria y el aprendizaje académico. Este aspecto se evalúa a través de pruebas estandarizadas aplicadas por profesionales de la psicología. Un coeficiente intelectual (CI) inferior a 70-75 puede ser un indicador, pero el diagnóstico no se basa solo en una cifra, sino en un análisis más amplio que considera el contexto y las características de la persona.
  2. Déficits en el comportamiento adaptativo: Estas son las habilidades que permiten a una persona desenvolverse de forma independiente en su vida cotidiana, de acuerdo a su edad y contexto cultural. Se agrupan en tres áreas:
    • Habilidades conceptuales: lectura, escritura, uso del dinero, manejo del tiempo, razonamiento.
    • Habilidades sociales: relaciones interpersonales, empatía, respeto por normas y códigos sociales.
    • Habilidades prácticas: higiene personal, alimentación, movilidad, seguridad, tareas del hogar o uso de servicios comunitarios.

    Estas habilidades se evalúan mediante entrevistas y cuestionarios dirigidos a los cuidadores principales y personas que conviven con el niño o adolescente. La adaptación al ambiente está siempre afectada, lo que lleva a un fracaso en el cumplimiento de los estándares de desarrollo y socioculturales para la autonomía personal y la responsabilidad social.

  3. Inicio durante el período del desarrollo: Para confirmar el diagnóstico de discapacidad intelectual, las dificultades intelectuales y adaptativas deben haber comenzado durante la infancia o adolescencia. En el DSM-5, la edad en la que aparece la discapacidad intelectual se extiende hasta los 22 años.

Es importante tener en cuenta que la capacidad adaptativa puede estar influida por distintos factores, incluyendo características escolares, motivacionales y de la personalidad, oportunidades sociales y laborales, así como los trastornos mentales y las enfermedades médicas que pueden coexistir con el retraso mental. Es útil recoger pruebas de los déficits de la capacidad adaptativa a partir de una o más fuentes fiables independientes (p. ej., evaluación del maestro e historia médica, evolutiva y académica). Además, la elección de instrumentos de evaluación y la interpretación de los resultados deben considerar factores como el origen sociocultural del sujeto, su lengua materna y sus discapacidades sensoriales, motoras y comunicativas asociadas.

Clasificación de la Discapacidad Intelectual por Niveles de Gravedad (CIE-10)

La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) proporciona una categorización detallada de la discapacidad intelectual, utilizando un cuarto carácter para especificar el deterioro comportamental presente, siempre que no sea debido a un trastorno concomitante. Los cocientes intelectuales (CI) mencionados son guías que no deben aplicarse de manera rígida debido a problemas de validez transcultural.

Retraso Mental Leve (F70)

Corresponde a un CI en el rango de 50-69. Los individuos afectados suelen desarrollar habilidades sociales y de comunicación durante los años preescolares (0-5 años de edad), con insuficiencias mínimas en las áreas sensoriomotoras. No son distinguibles de otros niños sin retraso mental hasta edades posteriores. Durante la adolescencia, pueden adquirir conocimientos académicos equivalentes a un sexto curso de enseñanza básica. En la vida adulta, suelen adquirir habilidades sociales y laborales adecuadas para una autonomía mínima, aunque pueden necesitar supervisión, orientación y asistencia en situaciones de estrés social o económico inusual. Las mayores dificultades se presentan en las actividades escolares y muchos tienen problemas específicos en lectura y escritura. Este grupo incluye aproximadamente el 85% de las personas afectadas por el trastorno.

  • F70.0 Sin deterioro del comportamiento o con deterioro mínimo
  • F70.1 Con deterioro del comportamiento importante que requiere atención o tratamiento
  • F70.8 Con otro deterioro del comportamiento
  • F70.9 Sin alusión al deterioro del comportamiento

Retraso Mental Moderado (F71)

El CI está comprendido entre 35 y 49. Los individuos en esta categoría presentan una lentitud en el desarrollo de la comprensión y del uso del lenguaje, alcanzando un dominio limitado en esta área. La adquisición de la capacidad de cuidado personal y de las funciones motrices también están retrasadas, de tal manera que algunos de los afectados necesitan una supervisión permanente. Aunque los progresos escolares son limitados, algunos aprenden lo esencial para la lectura, la escritura y el cálculo. De adultos, suelen ser capaces de realizar trabajos prácticos sencillos, con supervisión adecuada. Rara vez pueden conseguir una vida completamente independiente. Este grupo constituye alrededor del 10% de toda la población con discapacidad intelectual. La mayoría de ellos alcanza un desarrollo normal de su capacidad social para relacionarse con los demás y para participar en actividades sociales simples.

  • F71.0 Sin deterioro del comportamiento o con deterioro mínimo
  • F71.1 Con deterioro del comportamiento importante que requiere atención o tratamiento
  • F71.8 Con otro deterioro del comportamiento
  • F71.9 Sin alusión al deterioro del comportamiento

Retraso Mental Grave (F72)

El CI está comprendido entre 20 y 34. Las adquisiciones de lenguaje en los primeros años suelen ser escasas, y a lo largo de la escolarización pueden aprender a hablar o a emplear algún signo de comunicación alternativo. Se benefician solo limitadamente de la enseñanza de materias preacadémicas, pero pueden dominar ciertas habilidades como el aprendizaje de la lectura global de algunas palabras imprescindibles para la "supervivencia". En los años adultos pueden ser capaces de realizar tareas simples estrechamente supervisados en instituciones. Muchas personas dentro de esta categoría padecen un grado marcado de déficit motor o de la presencia de otros déficits que indica un daño o anomalía del desarrollo del sistema nervioso central. Este grupo incluye el 3-4% de los individuos con discapacidad intelectual.

  • F72.0 Sin deterioro del comportamiento o con deterioro mínimo
  • F72.1 Con deterioro del comportamiento importante que requiere atención o tratamiento
  • F72.8 Con otro deterioro del comportamiento
  • F72.9 Sin alusión al deterioro del comportamiento

Retraso Mental Profundo (F73)

El CI en esta categoría es inferior a 20. Los afectados están totalmente incapacitados para comprender instrucciones o requerimientos o para actuar de acuerdo con ellas. La mayoría tienen una movilidad muy restringida o totalmente inexistente, no controlan esfínteres y son capaces, en el mejor de los casos, de formas muy rudimentarias de comunicación no verbal. Poseen una capacidad muy limitada para cuidar sus necesidades básicas y requieren ayuda y supervisión constantes. La comprensión y la expresión del lenguaje se limitan, en el mejor de los casos, a la comprensión de órdenes básicas y a hacer peticiones simples. La mayoría de los individuos con este diagnóstico presentan una enfermedad neurológica identificada que explica su retraso mental. Este grupo incluye aproximadamente el 1-2% de las personas con discapacidad intelectual.

  • F73.0 Sin deterioro del comportamiento o con deterioro mínimo
  • F73.1 Con deterioro del comportamiento importante que requiere atención o tratamiento
  • F73.8 Con otro deterioro del comportamiento
  • F73.9 Sin alusión al deterioro del comportamiento

Otros Retrasos Mentales (F78) y Retraso Mental sin Especificación (F79)

La categoría F78 (Otros retrasos mentales) debe usarse cuando la evaluación del grado de retraso intelectual es especialmente difícil o imposible de establecer mediante los procedimientos habituales debido a la presencia de déficits sensoriales o físicos (como ceguera, sordomudez) y en personas con trastornos graves del comportamiento e incapacidad física.

La categoría F79 (Retraso mental sin especificación) se aplica cuando hay evidencia de un retraso mental, pero con información insuficiente para asignar al enfermo una de las categorías anteriores. Esto incluye la Deficiencia mental sin especificación, Subnormalidad mental sin especificación y Oligofrenia sin especificación.

Retraso Global del Desarrollo (TGD)

El retraso global del desarrollo (TGD) es un término utilizado para describir retrasos significativos en dos o más dominios del desarrollo en niños menores de 5 años. Estos dominios incluyen las habilidades motoras, el habla y el lenguaje, la cognición, las habilidades sociales y las actividades de la vida diaria. El TGD no es un diagnóstico definitivo, sino más bien un término descriptivo que indica el estado de desarrollo actual de un niño y a menudo sirve como diagnóstico provisional cuando las pruebas estandarizadas suponen un reto debido a la edad del niño. El DSM-5 indica que este diagnóstico se reserva para individuos menores de 5 años cuando el nivel de gravedad clínica no puede evaluarse de forma fiable y cuando un individuo no alcanza los hitos de desarrollo esperados en varias áreas del funcionamiento intelectual, sin poder someterse a evaluaciones sistemáticas del funcionamiento intelectual. Esta categoría requiere una nueva evaluación al cabo de un tiempo.

Gráfico de hitos del desarrollo infantil

Diagnóstico y Manejo de la Discapacidad Intelectual

El diagnóstico de la discapacidad intelectual no es un final, sino un punto de partida para acceder a intervenciones educativas, médicas y sociales que promuevan el bienestar y la autonomía. Es el inicio de un proceso que, con la información adecuada y los apoyos correctos, puede transformarse en una oportunidad para comprender, acompañar y construir un entorno en el que cada persona pueda desarrollar su potencial.

Trastornos Asociados y Factores Predisponentes

No existen características comportamentales o de personalidad específicas asociadas unívocamente a la discapacidad intelectual. La ausencia de habilidades para la comunicación puede predisponer a comportamientos perturbadores y agresivos que sustituyan al lenguaje comunicativo. Las personas con discapacidad intelectual presentan una prevalencia de trastornos mentales comórbidos que se estima tres a cuatro veces mayor que la observada en la población general. Los trastornos mentales más frecuentemente asociados son el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, los trastornos del estado de ánimo, los trastornos generalizados del desarrollo, el trastorno de movimientos estereotipados y los trastornos mentales debidos a una enfermedad médica. Los individuos con discapacidad intelectual debido a un síndrome de Down pueden tener mayor riesgo de desarrollar una demencia tipo Alzheimer.

Los factores etiológicos pueden ser primariamente biológicos o psicosociales, o una combinación de ambos. En aproximadamente un 30-40% de los individuos asistidos en centros clínicos no puede determinarse una etiología clara. Estos factores incluyen:

  • Herencia (aproximadamente un 5%): Errores innatos del metabolismo heredados, anormalidades de un único gen y aberraciones cromosómicas.
  • Alteraciones tempranas del desarrollo embrionario (aproximadamente un 30%): Alteraciones cromosómicas (p. ej., síndrome de Down) o afectación prenatal por toxinas.
  • Enfermedades médicas adquiridas durante la infancia y la niñez (aproximadamente un 5%): Infecciones, traumatismos y envenenamiento.
  • Influencias ambientales y otros trastornos mentales (aproximadamente un 15-20%): Privación de crianza y de estimulación social, lingüística y de cualquier otro orden, así como trastornos mentales graves.

Estrategias de Intervención y Apoyo

El tratamiento y la gestión del retraso global del desarrollo requieren un enfoque global y multidisciplinar adaptado a las necesidades específicas de cada niño. La intervención temprana es crucial para optimizar los resultados y apoyar el desarrollo del niño:

  • Servicios de intervención temprana: Programas especializados para niños menores de 3 años, que pueden incluir logopedia, terapia ocupacional, fisioterapia y educación especial.
  • Programas de educación individualizada (IEP): Para niños mayores de 3 años, ofrecen apoyo educativo adaptado dentro del sistema escolar, abordando necesidades específicas de aprendizaje.
  • Terapia del habla y del lenguaje: Se enfoca en mejorar las habilidades comunicativas, incluyendo capacidades lingüísticas receptivas y expresivas.
  • Terapia ocupacional: Trabaja la motricidad fina, el procesamiento sensorial y las actividades de la vida diaria para mejorar la independencia.
  • Fisioterapia: Aborda las habilidades motoras gruesas, la movilidad y el desarrollo físico general.

Las personas con discapacidad intelectual, especialmente aquellas en los límites superiores del retraso mental leve, pueden desempeñar trabajos que requieren aptitudes de tipo práctico más que académicas, entre ellas los trabajos manuales semicualificados. Los programas educativos especiales pueden proporcionarles la oportunidad para desarrollar algunas de las funciones deficitarias y son adecuados para aquellos con un aprendizaje lento y con un rendimiento bajo. El cuadro clínico puede presentarse de manera diferente a diversas edades y a lo largo del tiempo, y con el apoyo adecuado, pueden aprender a usar áreas de fortaleza para compensar áreas de debilidad. El Trastorno de Asperger es una alteración continua y que dura toda la vida, y aunque se diferencia del Trastorno Autista en que no hay retraso general del lenguaje clínicamente significativo, algunos aspectos más sutiles de la comunicación pueden estar alterados, llevando a problemas en la interacción social.

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