La edad adulta tardía, conocida también como tercera edad o senectud, es una fase del ciclo vital que un número creciente de individuos experimenta, especialmente con el aumento significativo de la esperanza de vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a los adultos mayores o ancianos como personas con más de 60 años. Esta población ha crecido notablemente, proyectando el envejecimiento como una "oleada" demográfica en América Latina y el Caribe. Datos de Loewy (2004) indican que en el año 2000, una de cada 12 personas en la región tenía más de 60 años, y se estima que para 2025 esta proporción cambie a una de cada siete, lo que representa un crecimiento del 138% en la población de adultos mayores en América, de 42 a 100 millones. Dentro de 20 años, en cada país, al menos el 10% de los mayores de 60 superará los 80 años, y los centenarios se transformarán en un sector representativo dentro de la pirámide poblacional.
Esta etapa, según algunos teóricos, implica un proceso de evolución natural con cambios y transformaciones variables, heterogéneas e interindividuales en todas las dimensiones del ser humano. Características específicas incluyen la experiencia del envejecimiento, la pérdida de seres queridos y la declinación del funcionamiento corporal. Estos factores conllevan cambios significativos en el estilo de vida de la persona y en los conceptos que tiene sobre sí misma (Muñoz, 2002), lo que resalta la necesidad de comprender cómo se perciben y describen a sí mismos los adultos mayores, y cómo estas percepciones se relacionan con su edad e influyen en su identidad.
Cambios en la Adultez Mayor y su Impacto en la Identidad
La edad cronológica ha sido y sigue siendo un factor práctico en la vida cotidiana, con organizaciones y programas sociales que la utilizan como criterio para establecer derechos y responsabilidades (Maddox, 1999). En Venezuela, los 60 y 65 años (para mujeres y hombres, respectivamente) se correlacionan con la jubilación, los beneficios de la Ley de Servicios Sociales y el inicio de la ancianidad. Sin embargo, el significado de la edad cronológica varía significativamente a lo largo del tiempo y el espacio. Otros investigadores, como Hagestad (1999), exponen que la edad adulta presenta su propio conjunto de desafíos y preocupaciones únicas para la persona en desarrollo.
Según Maddox (1999), las formas de vida de las personas de edad avanzada se vuelven cada vez más heterogéneas debido a diversas condiciones sociales, ya que las características del desarrollo combinan experiencias, maduración, envejecimiento y demandas sociales, que varían según la personalidad y el ambiente. En este contexto, la adaptación es un concepto clave, pues los acontecimientos vitales normales provocan cambios en las concepciones de uno mismo y en la identidad. Estos eventos no son necesariamente crisis vitales, a menos que ocurran a destiempo (Neugarten, 1999).
La edad también funciona como un marco importante para que los individuos interpreten y organicen sus vidas, cuestionándose si están "haciéndolo bien para su edad". La respuesta a esta pregunta ha evolucionado, ya que la sociedad cambiante ha modificado los significados sociales de la edad: los límites entre los periodos de vida se han difuminado, han surgido nuevas definiciones de grupos etarios y nuevos patrones de cronologías vitales, así como inconsistencias en lo que se considera un comportamiento adecuado para cada edad. Estas inconsistencias pueden estar ligadas a la heterogeneidad de las formas de vida y la diversidad de personalidades dentro del mismo grupo etario.

Desafíos y Reflexiones Específicas en la Vejez
En la adultez mayor, algunos cambios y transformaciones están relacionados con la renuncia, la adaptación a las pérdidas (trabajo, amigos, cónyuge), la tristeza ante la muerte de otros y la proximidad de la propia muerte, el abandono del sentido de competitividad y autoridad, la reconciliación con miembros de la familia, los éxitos y fracasos personales, y la preocupación por el legado. Debido a historias vitales más largas, los adultos son más complejos y diversos que los niños, una diferencia que se acentúa con el avance de la edad. Es crucial que el adulto se autopropulse, manipule su entorno para alcanzar objetivos, invente su futuro y recree su pasado (Hagestad, 1999).
Un estudio de la Universidad de Chicago (Neugarten, 1999) corroboró que los mayores se preocupan por organizar sus recuerdos, buscando consistencia en ellos como una forma de preparar el final de su vida; además, reconocen haber experimentado una amplia gama de vivencias, y por ende, "saber lo que es la vida". De este modo, las experiencias vividas, las características personales y el ambiente influyen en la conformación de la identidad y, por ende, en el concepto que cada persona tiene de sí misma.
Definición y Evolución del Concepto de Identidad
El concepto de identidad ha sido fundamental en las ciencias humanas, evidenciado por las múltiples disciplinas que lo abordan, la abundante literatura y su centralidad en las ciencias sociales (Torres, 2000). Actualmente, ante la diversidad de espacios sociales y la emergencia de cambios rápidos e imprevistos, este concepto ha mutado. La palabra "identidad" proviene de "idéntico", que significa "igual a sí mismo", y se opone a "diversidad", incluyendo el concepto de sí mismo, autoconcepto o autoimagen que nos diferencia de los demás. Por tanto, la identidad es un proceso de desarrollo histórico que se manifiesta en el plano personal y social (Varela, 2000).
La identidad personal se refiere al conocimiento que cada individuo tiene sobre sí, al autoconcepto o autoimagen orientada a definir sus propios significados y realidades (Escobar, 2000). Esta percepción de sí mismo o autoconcepto, crucial en muchas teorías psicológicas (Lehr y Thomas, 2003), es el conjunto de conocimientos que la persona posee sobre sus propias características, derivado de su historia o experiencia personal y sus pertenencias grupales (Mendoza, 2005). El autoconcepto, además de incluir conocimientos sobre características individuales, se refiere a la valoración de estas y a los sentimientos que generan.
La identidad o autoconcepto de una persona desde la edad intermedia hasta la avanzada influirá en cómo se experimenta a sí misma. El contenido de esta autoimagen depende de factores como la situación familiar, la salud, el género, la profesión y la cultura, y se estructura en momentos orientados hacia el pasado, el presente y el futuro. En Venezuela, estudios sobre identidad personal han encontrado que prevalecen categorías como "flojo, hospitalario y simpático" (Salazar en Escobar, 2000), y rasgos como pereza, pasividad, autoritarismo, generosidad y coraje (Montero, 1984).
Sin embargo, existen muy pocos estudios sobre la identidad del anciano venezolano. Una investigación del Instituto Nacional de Geriatría y Gerontología (Inager, ahora Inass) exploró políticas sociales y necesidades de ancianos (seguridad económica, salud, recreación, alimentación, vivienda, relaciones y afectos) pero no características personales o autoconcepto (Ramírez, 1999).
Un Estudio sobre la Identidad de Adultos Mayores Marabinos

Un estudio realizado por Marisela Árraga Barrios y Marilde Sánchez Villarroel de la Universidad del Zulia se propuso caracterizar la identidad del anciano venezolano, específicamente en Maracaibo, Venezuela. Los objetivos específicos fueron identificar las características personales que los ancianos marabinos perciben de sí mismos y su autoconcepto, con el fin de aportar al reconocimiento de la realidad venezolana.
Metodología
Se realizó un estudio descriptivo, con diseño no experimental, de campo y transeccional, en la ciudad de Maracaibo. Participaron 100 adultos mayores (entre 60 y 85 años): 50 residentes en instituciones geriátricas (San José de la Montaña y Casa Hogar Madre Teresa de Calcuta) y 50 viviendo en sus hogares o con familiares. La selección de instituciones buscó evitar la discriminación socioeconómica. Los ancianos no institucionalizados se ubicaron intencionalmente en la Plaza Baralt, así como en comedores y guarderías para ancianos, y a través de contactos, procurando representar ambos géneros, diversas profesiones y niveles socioeconómicos.
El estudio enfatizó el aspecto cualitativo, basándose en la identificación, por parte de los ancianos, de sus características y autoconcepto. La técnica de recolección de datos fue la observación mediante encuestas, utilizando un cuestionario diseñado por las autoras. El instrumento constaba de 8 dimensiones, 18 indicadores y 28 ítems, pero para esta investigación se usaron 14 preguntas abiertas, realizadas mediante entrevistas, correspondientes a las dimensiones: características personales, significado personal, actividades y relaciones. El cuestionario fue validado por cinco expertas en gerontología y/o metodología de la investigación, obteniendo un índice de confiabilidad del 97% entre calificadores.
Resultados
En cuanto al primer objetivo, al preguntar "¿cuáles son sus características personales?", se obtuvieron 141 respuestas, de las cuales 116 se referían a habilidades. Los resultados indican que la identidad de los ancianos participantes en el estudio es heterogénea y tiende a relacionarse con características positivas y habilidades, prevaleciendo las categorías: servicial, sincero y cariñoso, como parte del concepto que tienen de sí mismos.
La Crisis de Identidad a lo Largo del Ciclo Vital
El cambio es una parte inevitable de la vida. Cada etapa, desde la infancia hasta la vejez, presenta nuevos desafíos que moldean nuestro sentido de identidad. Estas transiciones pueden ser difíciles y poner a prueba nuestra identidad. Sin embargo, en lugar de resistir el cambio, podemos intentar apoyarnos y mantenernos en el umbral de nuestra identidad por un tiempo. Estos cambios de identidad suelen ser causados por una crisis vital, no por elección, y es posible que no estemos emocionalmente preparados. Afortunadamente, la psicología positiva ofrece herramientas para gestionar estas crisis.
Crisis de Identidad en las Diferentes Etapas
- Infancia: Es un período de cambio y desarrollo constante, desde aprender a caminar hasta iniciar la escuela. Uno de los cambios más significativos es la transición de la dependencia familiar a la independencia, lo que puede ser tumultuoso mientras los niños navegan sus emociones y buscan autonomía.
- Adolescencia: Época de cambios significativos entre la infancia y la edad adulta, marcada por transformaciones físicas, emocionales y sociales. Los adolescentes comienzan a formar sus identidades al explorar intereses y valores, enfrentando la presión para ajustarse a normas y expectativas sociales. Es un tiempo para conocerse a sí mismo y comprender su lugar en el mundo.
- Adultez Temprana: Período de exploración de nuevas posibilidades y autodescubrimiento, con cambios significativos como graduarse, iniciar una carrera o formar una familia. Estos eventos pueden ser abrumadores, forzando a redefinir la identidad y los valores. Es una etapa de gran oportunidad, pero también de incertidumbre.
- Adultez Media: Entre los 40 y 60 años, la persona se siente cómoda o no con su ser, volviéndose más o menos segura de su identidad. Pueden haber establecido carreras y relaciones. Es un período de consolidación y estabilidad, pero también puede ser un momento de crisis al enfrentar relaciones infelices, problemas de salud o la mortalidad. En esta etapa, las personas pueden cuestionar sus elecciones de vida y buscar mayor significado y propósito.
- Vejez: Es un momento de transición al enfrentar el final de la vida. La jubilación, la pérdida de seres queridos y el deterioro de la salud pueden desafiar el sentido de identidad y propósito.
Resiliencia para afrontar la vida cotidiana. Walter Riso, doctor en Psicología y escritor
Origen y Realidad de la "Crisis de la Mediana Edad"
El término "crisis de la mediana edad" fue acuñado por el psicoanalista Elliott Jacques en la década de 1960. Jacques observó que pacientes entre los 30 y 40 años experimentaban un período depresivo y hacían cambios repentinos al enfrentarse a la idea de su propia mortalidad. La idea de que esta crisis es una certeza biológica se difundió, y algunos estudios muestran un descenso en la satisfacción y felicidad durante la mediana edad, aunque no siempre es un declive pronunciado. En otros estudios, la satisfacción puede aumentar en la mediana edad antes de disminuir en años posteriores. Por lo tanto, para muchas personas, "crisis" no es el término adecuado para describir su experiencia en esta etapa.
Aunque la idea de una crisis de mediana edad inevitable carece de un gran peso, algunas personas enfrentan nuevos factores de estrés y un aumento de responsabilidades. Dependiendo de las circunstancias y la actitud, puede ser una época estresante y confusa, pero también de crecimiento, estabilidad y alegría. BetterHelp, una plataforma de terapia online, conecta a personas con psicólogos para mejorar la salud mental en estas transiciones.
Síntomas y Factores de la Crisis de la Mediana Edad
La gravedad de los síntomas de la crisis de la mediana edad varía. El género puede influir; las mujeres son más propensas a la autorreflexión al pasar de atender las necesidades de otros a las propias. Algunos síntomas incluyen:
- Tristeza profunda y arrepentimiento: Pensar obsesivamente en oportunidades perdidas en relaciones o empleos.
- Inquietud y ensoñación: Sentirse aburrido o agotado con la rutina diaria, fantaseando con una vida diferente.
- Irritabilidad: Sensación de que decisiones pasadas han limitado el potencial, provocando ataques de ira.
- Nostalgia: Idealizar el estilo de vida pasado en lugar de valorar el presente.
- Comportamiento impulsivo e indulgente: Realizar grandes compras, aumentar el consumo de alcohol/drogas, o comer en exceso por insatisfacción, aburrimiento o estrés.
- Cambios en el deseo sexual: Aumento o disminución del interés, o pensamientos/actos de infidelidad por dudas sobre la relación actual.
- Cambios en la ambición: Motivación repentina para hacer grandes cambios (mudarse, cambiar de casa, buscar un puesto más alto) en un intento de corregir "malas decisiones pasadas".
Estos síntomas pueden confundirse con la depresión. La percepción de la crisis de mediana edad está influenciada culturalmente; la sociedad occidental, por ejemplo, tiende a glorificar la juventud y presentar el envejecimiento físico de forma negativa. Esto puede generar desesperanza o baja autoestima. Factores de estrés o contratiempos específicos durante la edad adulta también pueden desencadenar o exacerbar esta crisis.

Factores Biológicos y Sociales que Afectan la Mediana Edad
En la mediana edad, pueden aparecer cambios físicos como la disminución de la agilidad o mayor propensión a enfermedades. Las mujeres experimentan la menopausia con síntomas como sofocos y cambios de humor. Los hombres pueden experimentar una disminución gradual de la testosterona, aunque factores como enfermedades, abuso de alcohol o medicamentos también influyen.
Socialmente, muchos padres experimentan el "síndrome del nido vacío" cuando los hijos se van de casa. Las relaciones con los propios padres también cambian, pudiendo asumir el rol de cuidadores, lo cual es estresante física y emocionalmente. Un divorcio tras muchos años de relación es otro evento que puede generar tristeza, ira y confusión. Un estudio de Indeed (2019) reveló que la edad promedio para cambiar de profesión es a los 39 años. Muchos se enfrentan a nuevas responsabilidades laborales o, por el contrario, a una carrera estancada. La estabilidad económica también puede verse afectada por el cuidado de los padres, un cambio de profesión o dificultades económicas de los hijos adultos.
Experiencias infantiles traumáticas, como la muerte de un padre o crecer en la pobreza, pueden aumentar el riesgo de depresión o enfermedades cardíacas en la edad adulta, aunque estas consecuencias no son definitivas. Aceptar el cambio es fundamental para encontrar satisfacción en la adultez media.
Estrategias para Afrontar las Crisis de Identidad y Envejecer Bien
Las crisis de identidad en cualquier etapa de la vida son difíciles de manejar, pero existen estrategias basadas en la psicología positiva para enfrentarlas:
Manejo Emocional y Reevaluación
- Reconocer los sentimientos: Reprimir emociones puede llevar a estrategias de afrontamiento nocivas. Es importante procesar los sentimientos, ya sea escribiendo en un diario o usando herramientas de inteligencia emocional.
- Identificar y aceptar lo incontrolable: Preguntarse si hay algo que se pueda cambiar en una situación estresante. Aceptar las limitaciones y enfocarse en lo que sí está bajo control.
- Familiarizarse con nuevas situaciones: Grandes cambios y nuevos roles pueden ser abrumadores. Es útil trazar un camino a seguir y dividir los desafíos en pequeños pasos. Por ejemplo, al cuidar a un padre mayor, empezar por una lista de tareas inmediatas.
Propósito y Crecimiento Personal
Situaciones como el divorcio, la pérdida de empleo o el "nido vacío" pueden llevar a buscar un sentido de propósito en la mediana edad. Aunque pueda ser tentador creer que los mejores años quedaron atrás, este sentimiento no tiene por qué ser cierto:
- Probar algo nuevo: Experimentar un nuevo pasatiempo (fotografía, escritura creativa) o desafiarse con clases de idiomas. Esto mantiene la mente activa, amplía el círculo social y da un nuevo propósito. Explorar nuevos lugares también es beneficioso.
- Retomar viejos intereses: Reflexionar sobre pasatiempos olvidados y volver a practicarlos, como actuar, pintar o jugar bolos.
- Participar en actividades comunitarias: El voluntariado es una forma de dar sentido a la vida, aumentar la felicidad y mejorar la salud mental. Buscar causas importantes y oportunidades para aplicar habilidades.
Hábitos Saludables y Autocuidado
La mediana edad puede traer cambios en el cuerpo, el sueño y la relación con la comida. En lugar de desanimarse, es crucial desarrollar y mantener hábitos saludables:
- Establecer objetivos de ejercicio realistas: Si no era activo, empezar despacio y aumentar la intensidad gradualmente. Si era deportista, fijarse expectativas realistas y evitar comparaciones con habilidades pasadas.
- Reevaluar la dieta: Sustituir malos hábitos alimenticios por alternativas más saludables, como granos integrales, frutas y verduras ricas en fibra. Buscar fuentes saludables de calcio y proteínas para mantener huesos y músculos fuertes. Ser consciente de la relación con la comida.
- Dormir lo suficiente: Afecciones de salud, cambios hormonales y estrés pueden dificultar dormir de siete a nueve horas. Asegurar que la habitación esté oscura, fresca y tranquila, y la cama cómoda. Experimentar con rituales previos a acostarse, como leer o darse un baño relajante.
Resiliencia para afrontar la vida cotidiana. Walter Riso, doctor en Psicología y escritor
Fomentar una Mentalidad Positiva
Si se enfoca exclusivamente en los aspectos negativos, encontrará muchas razones para sentirse infeliz. Recuerde que cada etapa de la vida tiene altibajos:
- Practicar la gratitud: Dedicar tiempo a agradecer por las personas y circunstancias positivas de la vida.
- Valorar los logros: Contrarrestar pensamientos de oportunidades perdidas haciendo una lista de logros, obstáculos superados, honores recibidos o el efecto positivo en otros. Preguntarse: "¿En qué he crecido?".
- Replantear los contratiempos como oportunidades: Ver los desafíos con optimismo para aprender y crecer. Si la carrera profesional se estancó, desarrollar nuevas habilidades para un nuevo trabajo o voluntariado.
Apoyar a la Pareja en una Crisis de Mediana Edad
Ver a la pareja atravesar una crisis de mediana edad puede ser difícil, pero cada persona es responsable de sus emociones y acciones. Consejos:
- Escuchar sin juzgar: Permitir que la pareja exprese sus quejas, escuchando activamente sin presión para resolver sus problemas.
- Ser receptivo a posibles cambios en la relación: Si la pareja quiere probar cosas nuevas en el dormitorio o tomar decisiones financieras que afectan a la familia, estar abierto a considerar estas posibilidades.
- Estar atento a las señales de depresión: Los síntomas comunes incluyen dificultad para concentrarse, insomnio, irritabilidad y comportamiento imprudente.
- Pasar más tiempo juntos: Unirse en hábitos de autocuidado, como pasear en bicicleta o elegir alimentos saludables juntos.
- Celebrar logros y expresar reconocimiento: Expresar orgullo por sus logros y señalar razones específicas de aprecio, como su desempeño laboral o su manejo de nuevas responsabilidades.
No todos experimentan una crisis de mediana edad, pero quienes lo hacen pueden beneficiarse de habilidades de afrontamiento y apoyo emocional. La «gerotrascendencia», entendida como un cambio de una visión materialista a una más cósmica y trascendente, acompañada de mayor satisfacción vital, es una tarea del desarrollo en la vejez que implica una autocomprensión y una historización de la biografía con sentimientos de satisfacción.