A pesar de la aparente suficiencia de alimentos a nivel planetario, el acceso a ellos se ve limitado y condicionado por diversas variables, tanto ambientales como individuales. En Chile, estudios recientes revelan que la inseguridad alimentaria afecta a un significativo 40% de las personas en edad avanzada.
Evaluación del Estado Nutricional en Adultos Mayores: Estudios y Metodologías
La evaluación del estado nutricional en adultos mayores es un área de creciente interés, dada la vulnerabilidad de este grupo etario a problemas nutricionales debido a cambios fisiológicos, psicológicos, sociales y económicos asociados al envejecimiento, además de la alta prevalencia de comorbilidades.
Estudio Analítico en Chillán Viejo, Chile
Un estudio analítico de corte transversal se llevó a cabo con 376 personas mayores de ambos sexos, pertenecientes al Programa Adulto Mayor de la comuna de Chillán Viejo, Región de Ñuble. Tras la obtención del consentimiento informado, se aplicó una encuesta en línea mediante un formulario de Google, previamente validado por expertos en nutrición y salud pública.
El instrumento incluyó la Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA), compuesta por 8 preguntas diseñadas para evaluar la percepción de seguridad alimentaria en los hogares. El diagnóstico del estado nutricional se basó en el Índice de Masa Corporal (IMC) para población mayor, determinado a partir de mediciones de peso y talla.
Los resultados del análisis estadístico, realizado en el software STATA versión 14.0, indicaron que el promedio de edad de la población estudiada fue de 71 ± 6,9 años, con un 80% de mujeres. En cuanto a la seguridad alimentaria, el 66% de la muestra reportó condiciones de seguridad alimentaria (IC95% [61,5%-71%]).
Respecto al estado nutricional, se observó que 7 de cada 10 personas mayores presentaron malnutrición por exceso, mientras que solo un 5% mostró déficit nutricional. Adicionalmente, el 30% de los adultos mayores experimentó inseguridad alimentaria, lo que se traduce en un acceso insuficiente, inocuo y nutritivo a los alimentos para satisfacer sus necesidades esenciales.

Estado Nutricional de Adultos Mayores Institucionalizados en Venezuela
Otro estudio se centró en evaluar el estado nutricional de adultos mayores institucionalizados en Centros Geriátricos del Área Metropolitana de Caracas, Venezuela. Se evaluaron 126 voluntarios (70 mujeres y 56 hombres) de entre 60 y 96 años, a quienes se les aplicó el Mini Nutritional Assessment (MNA).
El MNA identificó riesgo nutricional en el 48,4% de los sujetos, malnutrición en el 5,6%, y un 46,0% sin problemas nutricionales. Las mujeres presentaron mayores prevalencias de malnutrición y riesgo nutricional en comparación con los hombres, quienes mostraron un estado nutricional más adecuado. Por sexo y edad, las mujeres y los hombres de 80 años y más mostraron las mayores prevalencias de malnutrición y riesgo en comparación con los grupos de menor edad.
Los factores observados con mayor frecuencia en los adultos mayores evaluados incluyeron un bajo consumo de líquidos diarios, un IMC igual o inferior a 23 kg/m², y un limitado desempeño físico.
La conclusión de este estudio resaltó la alta prevalencia de riesgo de malnutrición en este grupo poblacional, subrayando la necesidad de incluir instrumentos de evaluación nutricional rápidos, sencillos y no invasivos dentro de la valoración geriátrica integral.

Estudio Nacional en Chile sobre Personas Mayores
Un estudio realizado por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) en Chile entrevistó a 1.171 personas mayores de 65 años (62% mujeres) residentes en 88 comunas, abarcando todas las regiones del país.
A nivel nacional, se registró un 15,9% de Inseguridad Alimentaria (IA) Severa+Moderada, con un 4,2% de IA Severa. La Macrozona Norte presentó el mayor nivel de IA Severa (8,5%). La IA se asoció con depresión, soledad o insatisfacción con la vida.
La evaluación del Estado Nutricional arrojó un Riesgo de Desnutrición en adultos mayores del 32,4% a nivel nacional (MNA-SF), siendo más alto en mujeres (35,1% vs. 28,9% hombres). Se destacó que el precio de carnes (89,8%) y productos del mar (79,1%) se consideran valores elevados e inalcanzables para una parte importante de la población.
Otros datos relevantes incluyeron que el 50,9% de los encuestados carece de la mayoría o todos sus dientes, y el 52% tiene dificultad para leer la información en los envases de alimentos.
Francisco Pérez Bravo, director del INTA, enfatizó la importancia de revisar las políticas públicas orientadas al bienestar nutricional y social de las personas mayores, ante el avance del envejecimiento poblacional en Chile. Anahí Urquiza destacó la necesidad de colaboración público-privada para abordar los desafíos en seguridad alimentaria.
El senador Juan Luis Castro valoró el estudio como innovador y preocupante, señalando la brecha alimentaria, grados de desnutrición, incapacidad económica creciente, falta de atención estatal en políticas públicas, problemas de salud mental, aislamiento y dilemas entre comprar alimentos o medicamentos.
Gonzalo Uriarte, presidente del gremio de Alimentos y Bebidas de Chile, señaló que la iniciativa surgió de la necesidad de conocer a este grupo con poco apoyo social, que requiere mayor inclusión en políticas públicas.
Hélice T02E10 - Seguridad alimentaria en Chile: entre la abundancia y la vulnerabilidad
Estudio en Personas Mayores Institucionalizadas en Chile (FLR)
Un estudio descriptivo de análisis de datos secundarios se realizó con 1.646 personas mayores institucionalizadas en FLR (60% mujeres). La información recolectada incluyó peso, talla, Índice de Masa Corporal (IMC), Índice de Barthel, Mini-Mental State Examination, área, macrozona, sexo, edad y fecha de ingreso a FLR.
Los resultados indicaron que el 40,3% de las personas tenía un peso normal, mientras que un 38,1% presentaba algún grado de malnutrición por déficit, de los cuales un 9,5% se clasificó como desnutrición severa (IMC ≤ 18,5 kg/m²). El 70% de las personas presentaba dependencia total, y el nivel educacional bajo alcanzó un 73%.
Se asoció positivamente el sobrepeso, tener 70 años o más, el nivel de educación y el deterioro cognitivo con la dependencia, excluyendo a las personas postradas. Las asociaciones más fuertes se observaron en quienes no tenían ningún nivel de escolaridad y presentaban deterioro cognitivo.
Protocolo de Valoración Nutricional Geriátrica
Dada la alta prevalencia de desnutrición y su infradiagnóstico en geriatría, se ha propuesto la elaboración de un protocolo de valoración nutricional geriátrica. Este protocolo busca abordar la desnutrición y el riesgo de la misma para su diagnóstico y tratamiento adecuados.
Entre los métodos de cribado nutricional validados, el MNA-SF (Mini Nutritional Assessment - Short Form) se considera una herramienta práctica. Tras la sospecha o confirmación de desnutrición, se recomienda una valoración completa que incluya una historia nutricional exhaustiva, valoraciones antropométricas y datos de laboratorio.
La historia clínico-nutricional debe considerar antecedentes personales, síndromes, enfermedades, polifarmacia, estado dental y problemas orales. La historia dietética busca identificar carencias en la dieta habitual, y se pueden emplear registros dietéticos de 24 horas o el registro de parámetros clave como el número de ingestas, cambios en el apetito, preferencias, aversiones, alergias, intolerancias, dietas especiales y consumo de suplementos.
La valoración antropométrica incluye peso y talla, y en caso de dificultad para medir la talla, se pueden emplear métodos de estimación como la distancia talón-rodilla. El Índice de Masa Corporal (IMC) es un indicador clave, aunque su interpretación en ancianos puede diferir de la de adultos, con un rango de IMC entre 25 y 28 kg/m² asociado a un mejor estado de salud en algunos estudios.
Se mencionan otros métodos para estimar la grasa corporal y masa muscular, como la medición de pliegues cutáneos y la bioimpedancia eléctrica. En cuanto a marcadores bioquímicos, se citan la albúmina, prealbúmina, transferrina, retinol-binding protein, creatinina, y pruebas de función inmunitaria, así como niveles de colesterol y vitaminas.
La valoración funcional, mediante pruebas como la fuerza máxima de prensión de la mano y la velocidad de la marcha, se considera un índice indirecto del estado nutricional de gran interés en geriatría.
Las necesidades energéticas en el anciano son menores, pero las proteicas están aumentadas, recomendándose entre 1 a 1,2 g/kg de peso y día en el anciano sano.

Estado Nutricional en Niños y Adultos
Aunque el texto proporcionado se centra predominantemente en el adulto mayor, es fundamental reconocer que el estado nutricional en niños y adultos también presenta desafíos específicos. En la infancia, la nutrición adecuada es crucial para el crecimiento y desarrollo óptimos, siendo la desnutrición y el sobrepeso problemas prevalentes en diversas regiones.
En la población adulta, el estado nutricional está influenciado por factores dietéticos, de estilo de vida y la presencia de enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes y la obesidad, que han experimentado un aumento en las últimas décadas.
Factores que Afectan el Estado Nutricional
- Niños: Acceso limitado a alimentos nutritivos, prácticas de alimentación inadecuadas, infecciones recurrentes, pobreza y bajo nivel educativo de los cuidadores.
- Adultos: Dietas desequilibradas (alto consumo de alimentos procesados, grasas saturadas y azúcares), sedentarismo, estrés, trastornos alimentarios y enfermedades crónicas.
- Adulto Mayor: Cambios en el apetito y la digestión, problemas dentales y de deglución, menor movilidad, aislamiento social, polifarmacia, y dificultades económicas.

Importancia de la Detección y Prevención
La detección temprana y la intervención nutricional son esenciales en todas las etapas de la vida. En niños, la desnutrición puede tener consecuencias a largo plazo en el desarrollo cognitivo y físico. En adultos, el sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer. En adultos mayores, un estado nutricional deficiente se asocia con mayor morbilidad, fragilidad y mortalidad.
La implementación de políticas públicas efectivas, programas de educación nutricional, y el acceso a alimentos saludables y asequibles son pilares fundamentales para mejorar el estado nutricional de la población en general.
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