El envejecimiento poblacional es un fenómeno demográfico global que América Latina y El Caribe, así como México y Chile, experimentan con un incremento significativo. Este proceso natural y universal, sin embargo, no es uniforme, ya que está determinado por múltiples factores como el medio social, geográfico y ambiental, así como por características socioculturales, familiares y personales.
El incremento de la población de adultos mayores representa un reto para los sistemas de salud debido a la relación que tiene el envejecimiento con el deterioro de la salud y la alta prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, así como las necesidades en su atención. No obstante, el envejecimiento es un fenómeno multidimensional que involucra todos los aspectos de la vida humana, donde se experimentan cambios de orden físico, psicológico y social.
El envejecimiento impacta la sexualidad en el curso de vida de las personas. La sexualidad se entiende como un elemento central de intimidad, compañía y bienestar; que engloba las nociones de sexo, identidad de género, roles, orientación sexual, erotismo, placer, intimidad y reproducción. La salud sexual, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se entiende como un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad, y no es la ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad. Esta concepción requiere de un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia. Vale decir, los derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y ejercidos a plenitud.
Mitos y Estereotipos sobre la Sexualidad en la Vejez
A pesar de que la sexualidad es un pilar fundamental de la vida sin importar la edad y un derecho humano básico, existe una visión negativa y una desinformación generalizada cuando se habla de este tema en adultos mayores. Los cambios físicos y fisiológicos en este grupo etario ocasionan la creencia errónea de que son seres asexuados. La sociedad en general piensa que la vejez es un período sin deseos ni actividad sexuales. Este prejuicio es una de las principales limitantes que encuentran hombres y mujeres sobre los 60 años al momento de decidir tener una vida sexualmente activa.
“Los jóvenes no son los únicos que creen que la actividad sexual disminuye con la edad. Los mismos mayores piensan que la vejez es un período asexuado. El rechazo de la 'sexualidad geriátrica' parece formar parte de un estereotipo cultural muy difundido y que pretende que las personas de edad son consideradas feas, débiles, desgraciadas e impotentes”. El mundo consumista ha identificado la sexualidad con la belleza física, llevando a la idea de que "lo viejo se ha convertido en sinónimo de lo feo, caduco e inservible, un mundo bien distante de lo que representa la juventud con su belleza, su dinamismo y su competitividad". Con estos valores nos socializamos, por lo que ya desde la infancia consideramos que los mayores son personas sin atractivo y sin la capacidad física y energía necesarias para llevar a cabo actividades sexuales.
Este fenómeno se conoce como edadismo, entendido como los estereotipos, prejuicios y discriminación dirigidos contra otras personas o autoinfligido por razones de edad. El edadismo se observa en instituciones públicas y privadas, y genera la perpetuación del concepto de que una persona mayor no puede tener vida sexual, lo que es totalmente discriminatorio. Como resultado, muchas personas mayores, sobre todo mujeres, piensan que no tienen el derecho de rehacer una vida amorosa después de la viudez, por temor al juicio social o familiar. Alrededor del 76% de los adultos mayores piensa que los ancianos que quieren relacionarse sexualmente son considerados personas perversas y son señalados con estereotipos como consecuencia de la negatividad creada por la sociedad y los medios de comunicación.
Existe la falacia común de que los adultos mayores son físicamente incapaces de mantener relaciones sexuales, o que la menopausia y andropausia marcan el final de la vida sexual. Otros mitos incluyen la idea de que los ancianos no se masturban, que son "viejos rabo verde" si expresan deseos sexuales, que son impotentes o frígidos, o que la actividad sexual puede perjudicar su salud. En las mujeres mayores que seguían la doctrina de la Iglesia Católica, la finalidad de las relaciones sexuales era la concepción y no el placer. Estos mitos y creencias sobre la sexualidad de las personas mayores son una realidad, asociados a diferencias socioculturales, económicas, etnográficas, educativas y religiosas.

Cambios Fisiológicos y su Abordaje
Si bien en la vejez se persiguen los mismos objetivos que en otras etapas de la vida -placer del contacto corporal, comunicación, dignidad y la seguridad emocional que ocasiona sentirse querido- se debe reconocer que a nivel fisiológico existen cambios hormonales, corporales y mentales naturales. Sin embargo, con la adecuada guía y acompañamiento médico, no deberían ser impedimento para que hombres y mujeres sobre los 60 años disfruten de una vida sexoafectiva sana y acorde a sus propias expectativas, intereses y necesidades.
En mujeres, por ejemplo, se presenta en la vejez sequedad vaginal debido a la caída de la producción de estrógeno con la llegada de la menopausia, lo que puede producir dolor e incomodidad al momento de la penetración. No obstante, existe la terapia de reemplazo hormonal y también el uso de lubricantes, por lo tanto, este cambio fisiológico puede sobrellevarse. Además, la actividad sexual no implica solamente el sexo vaginal, existen otras prácticas que se pueden seguir disfrutando.
En el caso de los hombres, el cambio normal es que puede haber menos turgencia en el pene y dificultades para mantener la erección. En ambos sexos, el deseo sexual puede ser menor que en la juventud, disminuyendo poco a poco con los años, y llegar al orgasmo puede costar un poco más. La recuperación o latencia entre un orgasmo y otro es más larga, por lo que el sexo es más lento y pausado.
Patologías crónicas como la diabetes, enfermedades neurológicas en general, o el uso de medicamentos por enfermedades mentales también pueden afectar el desempeño sexual durante la vejez. La buena noticia es que existen tratamientos para muchas de ellas, a los que se puede acceder por derivación desde la atención primaria de salud.

Importancia de la Sexualidad para el Bienestar y la Calidad de Vida
La sexualidad es una característica que acompaña al ser humano desde que nace y que está íntimamente relacionada con la búsqueda de afecto, ternura, contacto, placer e intimidad; en ella influyen nuestros pensamientos, la percepción que tenemos de las relaciones interpersonales y la salud. Mantener vigente la sexualidad es posible y sano, e implica afecto, compañía, ganas de vivir, contacto físico, buenas relaciones con los demás, y autoafirmación.
La expresión sexual entre las personas mayores es un predictor de la demanda de atención médica y la salud en general. Tener una buena vida sexual se asocia a resultados positivos en la calidad de vida, la autoestima, las relaciones interpersonales, así como la salud física y mental en los adultos mayores. La sexualidad fortalece la salud física y psíquica junto con un deporte equilibrado y una comida sana. Además, es curativa y alivia dolores provocados por otras dolencias. Los ancianos sexualmente activos consumen menos sedantes, antidepresivos y medicamentos.
El coito forma parte del sexo, pero no tiene por qué ser el centro de toda actividad sexual. El anciano puede cubrir sus necesidades emocionales; tocar y ser tocado, abrazar y ser abrazado, por actividades sexuales que no siempre conducen al coito. Hacer del orgasmo una meta es tan incorrecto como hacer del coito el centro; la sexualidad es placentera con y sin él. Los mayores tienen deseos y necesidades sexuales al igual que los jóvenes y los adultos. Son seres sexuales en todas las etapas de su vida y seguirán siéndolo hasta la muerte. Aunque haya cambios, las personas mayores desean la intimidad y las caricias eróticas.
El disfrute de la sexualidad se asocia a la longevidad. Este nuevo paradigma está centrado en el envejecimiento con éxito y se caracteriza por el análisis de los criterios y las condiciones que permiten mantener un adecuado funcionamiento físico, mental y social. La perspectiva eudaimónica considera el bienestar psicológico como un indicador de funcionamiento positivo que posibilita el desarrollo de las capacidades personales. El bienestar subjetivo está influido por diferentes características sociodemográficas como el sexo y el estado civil, y el grado de institucionalización. Diversos estudios determinan que las personas que viven en pareja, ya sea noviazgo o matrimonio, muestran un mayor grado de bienestar psicológico. La necesidad de interacción, intimidad y afecto de una persona no terminan en la vejez, es más, el interés por la sexualidad y la actividad sexual es un indicador de calidad de vida en el adulto mayor.
Percepciones y Actitudes hacia la Sexualidad en la Vejez: Hallazgos de Investigación
Históricamente, las investigaciones enfocadas hacia la sexualidad se han llevado en niños, adolescentes y adultos jóvenes, dejando a un lado la población de adultos mayores. Sin embargo, la preocupación e interés por la vida sexual de las personas mayores ha ido en aumento.
Estudios en Estudiantes y Profesionales de Enfermería
Se realizó un estudio con 212 estudiantes y profesionales de enfermería de Mérida, Yucatán, México. Se aplicó el instrumento de actitudes negativas hacia la vejez en población mexicana (CAV, con un alfa de Cronbach = 0,813) y el cuestionario de actitudes hacia la sexualidad en la vejez. El CAV evaluó subescalas como estereotipos negativos físicos y conductuales asociados a la vejez, miedo al propio envejecimiento, miedo al deterioro intelectual y al abandono. Las actitudes hacia la sexualidad en el adulto mayor evaluaron creencias positivas o negativas relacionadas con prejuicios, derechos, limitaciones y mitos.
Los resultados indicaron que no hay relación entre las actitudes hacia la vejez y la sexualidad de los ancianos (p = 0,504). Sin embargo, sí existe una relación entre la edad y los estereotipos físicos y comportamientos asociados a la vejez (p < 0,05). La muestra del estudio obtuvo una puntuación de las actitudes hacia la vejez con una media de 40,87 (DE = 11,24 puntos). Con respecto a las actitudes de la sexualidad en el adulto mayor, la puntuación media fue de 34,53 (DE = 5,66).
Con respecto a la actitud de los estudiantes frente a la vejez, se encontró una media de 39,08 (DE = 10,47), considerándose mayormente con actitud negativa. De igual forma, en otro estudio se evidenció que los estudiantes de enfermería entrevistados tienen vergüenza al tocar el tema de la sexualidad del adulto mayor, guiados por los prejuicios implantados por la sociedad. Al caracterizar las actitudes de la sexualidad en el adulto mayor desde el punto de vista de los profesionales, se observó una media de 35,52 (DE = 5,93), encontrándose en mayor proporción actitudes negativas. Esto resalta la necesidad de realizar intervenciones para reforzar las actitudes positivas en estudiantes y profesionales de enfermería, agregando o mejorando las temáticas de estereotipos y prejuicios en los adultos mayores.
Estudios en Adultos Mayores de una Comunidad Rural en México
Otro estudio de tipo cuantitativo, transversal y descriptivo tuvo como objetivo evaluar las actitudes hacia la sexualidad que presentan los adultos mayores de una comunidad rural en Tlaxcoapán, Estado de Hidalgo (México) en 2019. El universo estuvo conformado por 544 adultos mayores, de los cuales una muestra probabilística de 182 participantes fue seleccionada (94 mujeres, 88 hombres), con una edad promedio de 67,47 ± 6,83 años (mínimo 60, máximo 96). Se aplicó el cuestionario de actitud hacia la sexualidad (CASV) de Melguizo Herrera et al. (2015), que consta de 14 preguntas divididas en tres dimensiones: prejuicios, derechos y limitaciones, y mitos.
El promedio del puntaje total del instrumento CASV fue de 42,79 ± 8,02, indicando una actitud negativa hacia la sexualidad. Se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre la edad y la actitud (p< 0,05), ya que los adultos mayores con mayor edad presentaron una actitud más negativa hacia su sexualidad. Además, se obtuvieron diferencias significativas respecto al estado civil (p< 0,05) y el entorno social (p< 0,001), donde aquellos adultos mayores solteros, viudos o que vivían solos presentaron una actitud más negativa hacia su sexualidad.
Se observó una correlación significativa entre la actitud hacia la sexualidad y los prejuicios (rho=0,878, p< 0,001) y los mitos (rho=0,811, p> 0,001). Dentro de la dimensión de prejuicios, el 47,8% y el 43,4% de la muestra pensaba que la andropausia y la menopausia marcan el inicio de la vejez y el final de la vida sexual, respectivamente. Asimismo, el 42,9% de los adultos mayores afirmó que es cierto que los ancianos que desean relacionarse sexualmente son considerados "viejos rabo verde". En la dimensión de derechos y limitaciones, el 57,7% de la muestra afirmó que los cambios en el envejecimiento ocasionan problemas con la sexualidad, el 62,6% indicó que las enfermedades más frecuentes causan problemas, y el 53,3% estuvo de acuerdo en que los tratamientos médicos en la vejez ocasionan problemas.
En este estudio, más de la mitad de la muestra piensa que los cambios que trae el envejecimiento impiden tener actividad sexual, así como que los ancianos ya no tienen deseos ni actividad sexual. Alrededor del 40% de la muestra piensa que todos los ancianos que desean relacionarse sexualmente son viejos rabo verdes, que los ancianos son impotentes y las ancianas son frígidas. Estos estereotipos sociales hacen que los adultos mayores presenten una actitud negativa hacia su sexualidad, pues son señalados por la sociedad. La falta de información real sobre los aspectos físicos, biológicos y psicológicos que abarca la sexualidad en la tercera edad da lugar a tener una postura negativa sobre el tema. Además, los estereotipos expuestos acerca del envejecimiento hacen más complicado el abordaje.
Estudios de Revisión y Contexto General
Un estudio longitudinal realizado en los Estados Unidos muestra que casi las tres cuartas partes de los participantes entre 57 y 64 años eran sexualmente activos, y aunque la proporción disminuye mientras aumenta la edad, casi una cuarta parte de los adultos mayores entre 75 y 85 años informó ser sexualmente activa. Estudios han demostrado que los adultos mayores siguen siendo sexualmente activos, aunque existen diferentes factores que actúan como moderadores, tales como el género, la disponibilidad de parejas, los niveles previos de actividad sexual, así como la salud física y mental.
La importancia de la sexualidad en personas mayores ha ido en aumento en los últimos 20 años. En Chile, según la quinta encuesta nacional de calidad de vida en la vejez, cerca del 60% de las personas mayores de 60 y más años consideran que la vida sexual es importante; donde un 50,1% de los hombres y un 22,5% de las mujeres señalaron tener una vida sexual activa, en especial los que vivían en pareja (54,8%). Existe una asociación significativa entre el estado civil de los adultos mayores y la actitud hacia la sexualidad; se observa una actitud más positiva en aquellos que aún están casados y viven con sus parejas que en aquellas personas mayores que son viudos o divorciados. Sin embargo, no se encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres en cuanto a la actitud. La edad subjetiva, la opinión positiva sobre la sexualidad y el buen estado de salud son predictores positivos del interés y la calidad del sexo.
Los estudios también revelan que las personas que viven en contexto residencial se caracterizan por una actitud más conservadora hacia la sexualidad y un menor bienestar psicológico, causado probablemente por la necesidad de adaptarse a un nuevo sistema con la merma en la capacidad de decisión. El ingreso en una residencia es uno de los acontecimientos que mayor influencia ejerce sobre las relaciones sociales, que son de peor calidad en las personas que viven en contextos residenciales. Por otro lado, las personas con un buen nivel de autonomía muestran estilos de vida saludables, creen que es importante tener nuevas experiencias y disfrutan haciendo planes, lo que influye positivamente en una actitud más liberal hacia la sexualidad.
El Rol de los Profesionales de la Salud y la Educación
A pesar de que la sexualidad es fundamental, el personal de la salud la encuentra un área de práctica difícil, especialmente con las personas mayores. Hay consenso en diferentes investigaciones respecto de la falta de preparación y de entrega de contenidos educativos por parte del personal sanitario. Ricoy Cano et al. exhiben datos respecto al bajo nivel de educación en sexualidad, placer, salud y seguridad sexual durante el envejecimiento en las personas mayores.
La falta de educación, la incomodidad de solicitar atenciones de salud y las creencias erróneas de los profesionales de salud, aumentan la probabilidad de conductas sexuales de riesgo. Torres y Rodríguez analizaron la falta de educación del personal médico en la vida sexual durante la postmenopausia, quienes necesitan ser capacitados en habilidades comunicacionales para responder a tales inquietudes en la atención primaria de salud. Un grupo de enfermeras, a pesar de la experiencia clínica, no tenía preparación para enfrentar una conversación en sexualidad con personas mayores. En lo asistencial, el personal médico o sanitario evade temas de salud sexual, y a veces lo trata de forma general a partir de otras consultas en salud, con déficits en la orientación y entrega de contenidos educativos.
Lo anteriormente referido resalta la necesidad de realizar intervenciones para reforzar las actitudes positivas en los estudiantes y profesionales de enfermería. En el caso de los estudiantes, se deben agregar o mejorar las temáticas de estereotipos y prejuicios en los adultos mayores. Es fundamental que los adultos mayores puedan tener la confianza y la seguridad al momento de expresar sus deseos, "perderle el miedo, entender que la sexualidad va mucho más allá del acto sexual clásico, ya que la relación afectiva, las caricias, la intimidad, también son parte de ella". Lo principal es consultar si ven algún problema en su sexualidad, porque hay varios de estos problemas que tienen solución. En complemento, se deben generar programas que mejoren el bienestar sexual y el impacto social en salud de las personas mayores, a través de las determinantes sociales intermedias. Los adultos mayores requieren de una atención integral por parte de los profesionales de salud, en especial, aquellos adultos mayores que viven en comunidades rurales o marginadas.
Cambios en la sexualidad en la vejez - Susana González
Innovaciones Tecnológicas y Desafíos Educativos
El acceso a las tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) de las personas mayores en Chile, por ejemplo, muestra un aumento cercano al 40% desde 2013. Se ubica que el 50% de los usuarios tiene entre 60 y 69 años, con educación media y universitaria. Existe interés en utilizar nuevas tecnologías de información y comunicaciones orientadas a educar a las personas mayores, lo que incentiva a innovar en procesos de enseñanza-aprendizaje.
Las innovaciones en tecnologías digitales son útiles cuando se superan los problemas de conectividad, lo que mejora la vinculación con el medio social, comunitario y familiar a través de redes sociales e innovaciones con tecnología robótica e inteligencia artificial. Las redes sociales son un importante habilitador para el aprendizaje y uso de tecnologías como la eSalud, donde pares y funcionarios de la salud cumplen un rol vital. La evidencia también mostró la importancia y efectividad de las tecnologías en entornos rurales, donde mejoran la vida diaria, promueven actividades sociales, actividad física y envejecimiento positivo, entre otros.
Sin embargo, se han identificado barreras para el uso de tecnologías que se relacionan con el nivel educativo de las personas mayores y con el aprendizaje de nuevas tecnologías. Existe una brecha de investigación y producción científica con déficit en materias de tecnología orientada a la educación de las personas mayores, con falta de inversión en innovación y evaluación de soluciones tecnológicas. Hay escasas intervenciones en personas mayores que promuevan el envejecimiento activo y saludable con nuevas tecnologías, además de posibilitar el aprendizaje, la memorización y la construcción de habilidades específicas.

Desafíos y Recomendaciones para una Sociedad Inclusiva
Los desafíos del Siglo XXI relacionados con las personas mayores cobran fuerza en medio de una complejidad social que aumenta. En este contexto, las universidades y los sistemas sanitarios de los países tienen el desafío de generar políticas públicas acordes al aumento de las expectativas de vida de las personas mayores. Esto, para mejorar la calidad de vida, el bienestar biopsicosocial y donde la salud sexual debe ser tomada en cuenta, en tanto es un derecho humano a considerar en este grupo etario.
Es necesario poner en la agenda social el tema de la sexualidad de las personas mayores como parte de las políticas de envejecimiento activo y saludable. Se necesita terminar con los estereotipos que influyen sobre la actitud hacia la sexualidad de las personas mayores y así tener una sociedad más tolerante y de mente abierta. Se deben erradicar de los jóvenes y no tan jóvenes los mitos y las falacias que dominan actualmente nuestras mentes, pues persisten muchos miedos y equivocaciones y tampoco las actuales generaciones han recibido una correcta educación sexual.
El estudio de la sexualidad en la adultez mayor es un tema emergente a nivel mundial, que debe ser parte de políticas públicas en salud, ya que se relaciona con el bienestar y la calidad de vida sexual de las personas mayores. La práctica laboral de los profesionales de las ciencias de la salud debe mejorar en el primer nivel de atención. Se requieren investigaciones que amplíen el tamaño de muestra para poder generalizar los resultados y analizarlos en diferentes cohortes, dada la escasez de evidencia sobre prácticas educativas en temas de sexualidad en la vejez por parte del personal sanitario, y el bajo desarrollo tecnológico en el área.