En la vida, todos enfrentamos situaciones de extremo estrés y profunda tristeza, ya sean dificultades económicas, enfermedades de seres queridos, rupturas amorosas o la pérdida de familiares. En momentos así, surgen preguntas cruciales: ¿cómo reaccionamos?, ¿buscamos refugio en el sueño o en el alcohol?, ¿lloramos profundamente o buscamos desahogo en amigos? La Epístola de Santiago ofrece una guía esencial para estos tiempos de aflicción, especialmente a una comunidad que sufría persecución, como los judíos creyentes de Jerusalén a quienes Santiago dirigía su mensaje (Santiago 1:1).
Santiago, como pastor de la iglesia en Jerusalén, buscaba cuidar de su congregación y los animaba a soportar las pruebas con paciencia, como se observa en Santiago 1:2: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.” Cerca del final de su epístola, Santiago aborda directamente la pregunta: ¿qué hacer cuando ya no podemos más? El pasaje de Santiago 5:13-18 es fundamental para entender su respuesta, aunque a menudo es malinterpretado, sobre todo en lo referente a los versículos 14 y 15 sobre la oración de los ancianos y la unción con aceite.

1. Cuida tus Palabras en la Aflicción (Santiago 5:12)
Cuando estamos en aflicción, es común que las personas intenten hacer tratos con Dios, como jurar dejar un vicio si se les provee un trabajo, o prometer ir a la iglesia si son sanados. Sin embargo, estas promesas hechas bajo presión a menudo no se cumplen. Santiago nos insta a ser cuidadosos con nuestras palabras en tales circunstancias: “Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento.” (Santiago 5:12a)
Este versículo no prohíbe todos los juramentos, ya que la Biblia muestra ejemplos de hombres de fe que juraron, e incluso Dios mismo hizo juramentos. La clave está en el contexto de la enseñanza de Jesús en Mateo 5:33-37, que criticaba la tradición rabínica de jurar por el cielo o la tierra con la intención de no cumplir la promesa, considerándola menos vinculante que un juramento a Dios. Santiago se refiere a esta práctica de jurar a la ligera para evadir el cumplimiento de la palabra, equiparándola con "cruzar los dedos" para invalidar lo dicho. Las personas honradas y honestas no necesitan jurar, porque su “sí sea sí, y vuestro no sea no” (Santiago 5:12b). Esto es vital para el creyente, quien debe ser íntegro incluso en la aflicción. Jurar falsamente o comprometerse a hacer cosas que no se pueden cumplir es tomar el nombre de Dios en vano y puede llevar a la condenación, como advierte Eclesiastés 5:4-5: “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.”
2. Conéctate con Dios a Través de la Oración (Santiago 5:13-15)
En un mundo hiperconectado, la comunicación es indispensable cuando surgen problemas. Santiago nos llama a conectarnos con Dios, quien puede resolver nuestras aflicciones, desánimos y luchas a través de la oración. El pasaje dice: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.” (Santiago 5:13) El factor común entre la oración y el canto de alabanzas es la conexión con Dios. Cantar salmos (la palabra griega psallō, "salmear") es una forma de orar y adorar, reconociendo que Dios es el Señor de todo lo que nos sucede.
¿Quién es el "enfermo" y qué significa "ungir con aceite"?
El versículo 14 genera gran parte de la discusión: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.”
El Significado de "Enfermo" (Astheneō y Kamnō)
La palabra griega original traducida como "enfermo" en Santiago 5:14 es astheneō, que literalmente significa "estar débil" o "impotente". Aunque en los evangelios a menudo describe enfermedades físicas, en las epístolas paulinas y en el contexto de Santiago, puede referirse a una debilidad espiritual o un desánimo profundo causado por los sufrimientos de la vida. Esto tiene sentido, ya que Santiago acaba de hablar de los "afligidos" y los líderes de la iglesia están instruidos a "sostener a los débiles" (1 Tesalonicenses 5:14).
Algunos estudiosos, basándose en la palabra kamnō ("estar cansado, agotado o enfermo") utilizada en Santiago 5:15 ("la oración de fe salvará al enfermo"), sugieren que se refiere a un estado de agotamiento extremo, no solo físico, sino también emocional o espiritual, que puede inmovilizar a una persona, manteniéndola en cama por depresión, dolor o enfermedad mental. Esto amplía la comprensión más allá de una dolencia puramente física.
El Rol de los Ancianos
Santiago instruye al "enfermo" a llamar a los ancianos de la iglesia. Esto sugiere que la persona está gravemente afectada, quizás incapaz de asistir a las reuniones de la congregación. La llamada a los ancianos pone las necesidades del individuo ante los líderes espirituales y, a menudo, ante toda la comunidad de fe. Los ancianos son responsables de supervisar las necesidades espirituales y el pastoreo del pueblo de Dios, ofreciendo consejo bíblico y oraciones que pueden ser más enfocadas y maduras que las de un amigo bienintencionado pero quizás no tan fundamentado bíblicamente.
¿Quienes son los ancianos de la Iglesia según el orden bíblico?
Los ancianos no solo ayudan a quienes han cometido un pecado grave, sino también a aquellos que están débiles espiritualmente, luchando contra malos deseos o desánimos. Su labor incluye escuchar con atención, hacer preguntas pensadas y usar la Biblia para aliviar, consolar y ayudar a recuperar la relación con Dios. Sin embargo, no dictan lo que la persona debe hacer, sino que la guían para que tome sus propias decisiones basadas en la Palabra de Dios.
El Significado de la Unción con Aceite
La unción con aceite es una de las partes más enigmáticas del pasaje. El griego utiliza la palabra aleiphō (frotar con aceite), distinta de chrisma (ungir ceremonialmente). Sus usos históricos incluyen:
- Medicina: En tiempos bíblicos, el aceite de oliva se usaba comúnmente con fines medicinales para heridas y dolencias, como el buen samaritano ungió las heridas (Lucas 10:34).
- Cosmético: Quienes ayunaban se ungían con aceite la cara para no mostrar que estaban ayunando (Mateo 6:17).
- Simbolismo/Consagración: En otras partes de las Escrituras, la unción con aceite simbolizaba la consagración a Dios, entregándose completamente a Su cuidado (Números 3:3, 1 Samuel 10:1, Salmo 89:20).
Es importante señalar que Santiago no presenta la unción como un "sacramento" ni como una fórmula mágica que garantiza la sanidad. La curación resulta de la oración de fe "en el nombre del Señor", no del aceite mismo. Si bien la práctica puede ser opcional hoy, el énfasis principal recae en el poder de la oración y la intervención divina.
3. La Oración de Fe, Confesión y el Perdón de Pecados (Santiago 5:15-18)
La oración de fe es central en este pasaje. “Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.” (Santiago 5:15)
Requisitos de la Oración: Fe y Autoexamen
No es orar por orar lo que salva o sana al enfermo, sino orar con fe, creyendo con todo el corazón en el poder soberano de Dios para sanar o levantar a una persona. La sanidad no es una fórmula garantizada por la piedad, sino una prerrogativa de Dios. Además, Santiago nos lleva al autoexamen, sugiriendo que algunas enfermedades pueden ser el resultado de pecados no confesados. La confesión de pecados es, en tales casos, una condición previa para el perdón y la sanidad, tanto física como espiritual. Como dice Proverbios 3:8, apartarse del mal "será medicina para tu cuerpo Y alivio para tus huesos."
Confesión Mutua y el Poder del Justo
El tercer requisito es la confesión mutua: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” (Santiago 5:16) Esto subraya la importancia de la comunidad y el perdón dentro de la familia de la fe. Sin confesión no puede haber sanidad ni restauración.
La "oración eficaz del justo" tiene gran poder. Esto no se limita a "súper santos", sino a todo hijo de Dios que busca vivir en obediencia a Su Palabra. Santiago ilustra este poder con el ejemplo del profeta Elías: “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.” (Santiago 5:17-18) Elías, un ser humano con debilidades como nosotros, logró grandes cosas por medio de la oración ferviente, no por ser profeta. Este ejemplo nos desafía a buscar una relación más cercana con Dios y a orar con fe, confiando en Su poder.

4. ¿Por Qué Llamar a los Ancianos?
Mientras que Santiago 5:13 nos anima a orar por nosotros mismos en aflicción, el versículo 14 instruye a los enfermos a llamar específicamente a los ancianos. Esto plantea la pregunta de por qué la necesidad de los ancianos si ya tenemos al Espíritu Santo, a Jesús intercediendo, y el apoyo de otros creyentes.
La respuesta radica en la madurez espiritual y el discernimiento bíblico que los ancianos, como pastores designados por la iglesia, pueden ofrecer. En momentos de crisis profunda (como una enfermedad prolongada, un diagnóstico terminal o un abatimiento severo), la presencia física y las oraciones guiadas por la Palabra de Dios de los ancianos pueden ser cruciales. A diferencia de amigos bienintencionados que podrían dar consejos convenientes pero no bíblicos, o hacer oraciones egocéntricas, los ancianos están capacitados para ofrecer una guía sólida y oraciones alineadas con la voluntad de Dios. Su función es pastorear el rebaño de Dios, no enseñorearse de él, sino ser ejemplos y protegerlo de peligros espirituales (Hechos 20:28; 1 Pedro 5:1-3).
Al llamar a los ancianos, el creyente no solo busca oración, sino también la sabiduría, el consuelo y el aliento bíblico que ellos pueden proporcionar. En ocasiones, la "unción con aceite" mencionada en este contexto puede ser interpretada metafóricamente como la aplicación de la Palabra de Dios, el verdadero "aceite" que alivia, consuela y fortalece la relación con Jehová (Isaías 57:18).
Los ancianos procurarán no aumentar la culpa del afligido, sino orar fervientemente y aplicar la verdad de la Biblia con habilidad. Ellos no dicen qué hacer, sino que ayudan a entender la perspectiva de Dios sobre los asuntos, permitiendo que cada persona entrene su capacidad de discernimiento y tome sus propias decisiones responsables. Este es el privilegio de ser parte del rebaño de Jehová, bajo el cuidado de pastores que actúan según Su voluntad (Jeremías 3:15).
La iglesia debe ser un "hospital" para los enfermos y sufrientes, un lugar donde se apresuran a pedir ayuda, y no solo un centro de entretenimiento. Jesús es el Médico Maestro, y la iglesia, a través de sus ancianos y creyentes, actúa como Sus asistentes médicos, llevando la carga de los demás y ofreciendo la provisión de Dios en tiempos de necesidad. No hay necesidad de avergonzarse al buscar la ayuda de los ancianos; es un acto de confianza en Dios y Sus instrucciones.