Los condominios sociales representan una tipología habitacional crucial para abordar la vulnerabilidad social, especialmente en el contexto de las políticas públicas de vivienda. Estos conjuntos no solo proveen un techo, sino que también plantean complejos desafíos de convivencia, acceso a servicios y desarrollo comunitario.
Definición y Tipologías de Condominios Sociales
¿Qué son los Condominios Sociales?
Un condominio social, según la ley, se define como la construcción o los terrenos acogidos al régimen de copropiedad inmobiliaria (Ley N° 19.537 de 1997, aplicable en la actualidad). Lo que los transforma en sociales es que su construcción se realiza mediante recursos públicos. Estos conjuntos habitacionales pueden estar conformados por unidades en un terreno común o por lotes individuales con áreas compartidas.
Existen dos tipos principales de condominios sociales: aquellos en los que el bien común es el predio, y aquellos donde la infraestructura (como los bloques de apartamentos) constituye el bien común. Los condominios sociales en altura pertenecen a esta última categoría, donde la convivencia ocurre de forma más íntima, compartiendo no solo la misma ubicación, sino también el mismo techo. Esta tipología predominante ha existido en la vivienda social regida por la copropiedad desde la década de los 30.
El término “Condominio”, de origen latín, evoca una propiedad compartida con el vecino. Este tipo de encuentros en un condominio social obliga a la convivencia en una comunidad que, en muchos casos, sus habitantes no eligieron. La característica “social” de estos condominios puede atribuirse a diversos factores, como su pobreza, arquitectura, historias de sus habitantes, el deterioro de los espacios comunes y públicos, o simplemente la forma de financiamiento estatal para su construcción y urbanización.
Condominios de Viviendas Tuteladas (CVT): Una Solución para Adultos Mayores Vulnerables
Los Condominios de Viviendas Tuteladas (CVT) son conjuntos habitacionales específicos, diseñados con viviendas individuales adecuadas para personas mayores de 60 años. Están dirigidos a aquellos que son autovalentes y se encuentran en situación de vulnerabilidad, con el objetivo de que accedan a una solución habitacional y reciban apoyo para su bienestar, autonomía, pertenencia e identidad. Esto se logra a través de un plan de intervención social que promueve su participación comunitaria y el acceso a redes de apoyo.
Las viviendas en los CVT se asignan en calidad de comodato, lo que implica que el beneficiario no adquiere la propiedad del inmueble. Estos condominios incluyen espacios de uso común, como una sede comunitaria, estacionamientos y áreas verdes.

Requisitos de Acceso a los CVT
Para acceder a este beneficio, los postulantes deben cumplir con los siguientes requisitos:
- Tener 60 años o más.
- Estar dentro del 60% de mayor vulnerabilidad del Registro Social de Hogares.
- Ser autovalente (realizar actividades de manera independiente) y no tener una enfermedad física o mental que requiera atención imprescindible de un establecimiento. Esta condición debe ser acreditada por un profesional de la salud.
- No tener redes de apoyo socio familiares, lo que se acredita con un informe social.
- Contar con una persona significativa que sea cercana, que apoye en el proceso y represente los intereses del postulante frente a SENAMA y la entidad operadora.
Proceso de Postulación y Selección
Para acceder al beneficio, se debe postular a través de las Coordinaciones Regionales de SENAMA o de forma online. La persona mayor, para postular, debe presentar la siguiente documentación:
- Copia de la cédula de identidad, por ambos lados.
- Cartola del Registro Social de Hogares (RSH) actualizada a nombre del postulante.
- Informe social que acredite la falta de vivienda, de salud, de redes familiares de apoyo, además de la situación socioeconómica. El informe debe tener una antigüedad máxima de tres meses.
- Informe médico que acredite condición de salud (diagnóstico y tratamiento), nivel de valencia (independencia) y que no se requiere atención hospitalaria.
SENAMA, a través del encargado regional del programa CVT, es responsable de chequear la documentación para determinar la admisibilidad de la postulación. La selección de los beneficiarios también es responsabilidad de la Coordinación Regional de SENAMA y el encargado regional del programa CVT. De acuerdo con los cupos disponibles, SENAMA dará prioridad a las personas cuya condición sea considerada de mayor vulnerabilidad, según el puntaje obtenido en la evaluación del proceso de postulación (evaluación social, vulnerabilidad habitacional y evaluación cognitiva/funcional). En caso de igualdad de puntajes, se prioriza la postulación más antigua y aquellas personas mayores sin redes socio familiares.
Contexto Histórico y Problemáticas de la Vivienda Social en Chile
Origen y Evolución de la Vivienda Social en Copropiedad
La crítica hacia el modelo de condominios sociales se intensifica al considerar el rol del Estado en su provisión. La forma en que el Estado se “encarga” de la construcción y urbanización es a menudo a través de la externalización a empresas privadas. Estas empresas, con la misión de ejecutar políticas públicas, operan con recursos acotados y, en muchos casos, de manera deficiente. Esto da como resultado lugares que cumplen con el mínimo exigido por el Estado, “suponiendo” que satisfacen las condiciones de habitabilidad para una familia vulnerable de, en promedio, cinco habitantes, en departamentos que no superan los 45 metros cuadrados.

La Mercantilización y la Producción Masiva en la Transición Democrática
En el marco de las reformas neoliberales implementadas en Chile por la dictadura militar a fines de los setenta, se produjo una mercantilización de la vivienda social. Esto implicó cambios importantes en los roles del sector público y privado. Con el fin de la dictadura a principios de los noventa, la etapa de “transición democrática” mantuvo el subsidio habitacional como mecanismo de acceso a la vivienda en propiedad y se intensificó la producción masiva de vivienda social, con una tendencia al emplazamiento periférico de los nuevos proyectos habitacionales (Ducci, 1994; Rodríguez y Sugranyes, 2004).
Esta estrategia posicionó a Chile como un “referente” en la región latinoamericana por la drástica disminución de su déficit cuantitativo de vivienda. Sin embargo, en Chile, el principio de rentabilidad del suelo urbano y el papel del mercado como agente regulador principal del desarrollo urbano se mantuvieron intactos en los gobiernos de la posdictadura.
Problemas de Acceso, Precariedad y Déficit Cualitativo
Un informe del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) de 2014 abordó la situación de los condominios sociales, identificando problemas de acceso y precariedad de las viviendas y del entorno, principalmente en los espacios metropolitanos de Santiago, Valparaíso y Concepción (MINVU, 2014). El 56% de los condominios edificados en la década de los noventa presentaba vulnerabilidad, frente a un 50% de los construidos entre 2000 y 2009. En Santiago, el 33% de los conjuntos tenía un alto índice de vulnerabilidad; en Valparaíso, un 29%; y en Concepción, un 31%.
Esta situación se asocia al déficit habitacional cualitativo, que, según el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano (2021), alcanzaría las 1.303.484 viviendas, un aumento del 7% respecto a 2015, representando el 23,6% del total nacional.
La desatención del hábitat residencial y el acento cuantitativo, como señalan Ana María Álvarez Rojas et al., produjeron un conjunto de problemas sociourbanos para los beneficiarios. Entre sus características principales están el bajo estándar de las viviendas, su instalación masiva en periferias con graves déficits de recursos, servicios, equipamientos y conectividad, con consecuencias importantes en materia de convivencia vecinal y recrudecimiento de la violencia urbana ligada al narcotráfico. A partir de 2002, este modelo fue imitado por países como México, Colombia, Costa Rica y Perú (Calderón, 2015).

Impacto en la Vida Cotidiana y los Espacios Comunes
La Experiencia de la Convivencia en Copropiedad
Entre los programas habitacionales desarrollados durante los años 2000, destaca, por sus limitaciones, la copropiedad horizontal, también conocida como condominios sociales. Este modelo se caracterizó por departamentos de 35 a 45m2 organizados en bloques de tres a cuatro pisos que comparten espacios interiores (Iturra, 2016). A pesar de tratarse de un régimen de copropiedad, la instalación de los residentes en sus viviendas definitivas no se acompañó de procesos de inducción a la vida comunitaria (Rodríguez y Sugranyes, 2004).
La vivencia en copropiedad implica compartir un espacio donde lo "mío" y lo "tuyo" se superponen constantemente. La propiedad privada se limita a las cuatro paredes del hogar, a menudo no superando los 45 metros cuadrados. Esta limitación espacial genera una intimidad forzada con los vecinos, donde cada paso o ruido se vuelve perceptible, condicionando las formas de habitar.
Las decisiones políticas y el mercado inmobiliario han condicionado a la población más vulnerable a vivir en “guetos”, lejos de los centros productivos, educacionales y de salud. Los habitantes de estos condominios, aunque provienen de distintos lugares, a menudo comparten problemas similares: falta de plazas, mala conectividad, ausencia de espacios que inviten a la vida pública, y problemáticas de seguridad y accesibilidad. Esto lleva a cuestionar la identificación con un lugar que “no entrega nada” y “no invita a vivirlo”.
El Rol Crítico de los Espacios Comunes y Públicos
Cuando una familia con niños habita estos lugares, la población busca otras soluciones, relacionándose necesariamente con el exterior de la vivienda. Los espacios comunes y públicos adquieren un rol determinante en la vida de estos pobladores. Son esenciales, ya que los espacios internos de las viviendas no permiten el desenvolvimiento de sus habitantes, especialmente de niños y jóvenes. El problema surge cuando los espacios “afuera” son inexistentes, están en mal estado o no están diseñados para este tipo de población.
La recuperación de espacios públicos - El Futuro Ahora l Discovery Channel
Los espacios públicos son la "biopsia de las ciudades", reflejo de su contexto. Un lugar sin sombra no invita a la permanencia, mientras que uno con escaños invita al reposo. Estos espacios permiten reconocer las características de sus habitantes y cómo se relacionan con la ciudad, siendo los primeros en demostrar los niveles de organización comunitaria. Una comunidad organizada cuidará sus espacios y generará redes de contacto.
En muchas ocasiones, la escasez de espacio lleva a los habitantes a buscar soluciones mediante ampliaciones irregulares u ocupación ilegal de espacios comunes y públicos. Esto genera tensión entre vecinos, complicaciones en las relaciones internas y el deterioro de los espacios y las interacciones sociales.
La oportunidad de vivir en copropiedad reside en el aprendizaje de estar juntos, de conocerse y nutrirse del “otro”. A pesar de la imposición, existe la decisión de reunirse. Como se escribió en la apertura de terrenos de Ciudad Abierta, “todos estábamos cerca, pero ninguno supo estar juntos”. Esta oportunidad se evidencia en los niveles organizacionales de una comunidad, como la fuerza del gueto de Bajos de Mena, donde la fiera organización comunitaria fue el detonante de políticas públicas de regeneración tras 30 años de deterioro.
Lamentablemente, vivir muchos años en un condominio social en altura no es sinónimo de arraigo. Este sentimiento se construye con el día a día, si el lugar ofrece condiciones mínimas (áreas verdes, salud, educación, seguridad, equipamientos, locomoción) que generen aprecio por el entorno, transformándose en topofilia.
Los "Efectos de Lugar" y la "Territorialidad del Repliegue"
Para los habitantes de condominios de vivienda social de copropiedad horizontal, la situación de vulnerabilidad se agrava por las características mismas de la vivienda y el hábitat residencial. Experimentan lo que Pierre Bourdieu (2000) denominó “los efectos de lugar”, donde la posición social descalificada de las poblaciones en situación de pobreza interactúa negativamente con su condición residencial desfavorable.
En este contexto, en lugar de una movilidad espacial, se observa lo que Catherine Sélimanovski (2008) llama una “territorialidad del repliegue”. Aquí se superponen dos procesos: migraciones residenciales que bloquean el espacio de las prácticas sociales, y una movilidad habitual reducida, que restringe las prácticas cotidianas al perímetro del barrio habitado.
Respuestas Políticas y Programas de Recuperación
Avances en la Política de Vivienda Post-2000
El gobierno de la presidenta Michelle Bachelet (2006-2010) asumió los análisis críticos sobre los déficits cualitativos de estas edificaciones. Formuló una nueva política para superar la aproximación cuantitativa y productivista dominante hasta ese momento, introduciendo aspectos relacionados con la protección social y el mejoramiento de normas de construcción de barrios y localización de las viviendas (Fuster-Farfán, 2019).
Programas Emblemáticos: "Quiero Mi Barrio" y "Regeneración de Conjuntos Habitacionales"
Entre las primeras medidas de este período, en 2006 se creó el programa de recuperación de barrios denominado “Quiero Mi Barrio” (PQMB). Este programa buscó intervenir los barrios generados por la política de vivienda social de las últimas décadas, con la perspectiva de “rehabilitar el entorno”. Aunque el PQMB buscaba luchar contra la segregación, su acción se focalizó esencialmente en el mejoramiento de espacios públicos.
Siguiendo esta línea, y con el objetivo de disminuir la segregación, el MINVU propuso, a partir de 2015, una gama diversificada de respuestas institucionales orientadas a la regeneración habitacional y urbana (Paquette Vassalli, 2020). Entre estas estrategias está el Programa de Regeneración de Conjuntos Habitacionales (PRCH), creado en 2017. Su enfoque es la recomposición del tejido físico, social y económico, mostrándose como una buena alternativa para abordar la segregación (Harrison, 2021).
Análisis Sociológico de la Experiencia Urbana: Pruebas y Soportes
El Concepto de "Prueba Urbana" de Martuccelli
La naturaleza estructural de los problemas de las políticas de vivienda social en Chile ha sido analizada bajo el enfoque sociológico de las pruebas y los soportes propuesto por Danilo Martuccelli (2006). Las pruebas son situaciones complejas de naturaleza histórica y estructural que afectan la vida de los individuos, a las que no pueden escapar y que los obligan a movilizar respuestas (Martuccelli, 2007).
Específicamente, el concepto de prueba urbana se refiere a las tensiones que experimentan los habitantes de las ciudades contemporáneas en su vida cotidiana, cuyo origen está ligado a decisiones políticas, económicas, sociales y técnicas que condicionan la experiencia urbana. Martuccelli (2006) analizó esto en la sociedad francesa, destacando problemas de movilidad y la importancia del lugar de habitación como espacio de integración y apego socioespacial.
En el contexto chileno, la experiencia urbana de los beneficiarios de las políticas de vivienda social ha estado condicionada por las características físico-espaciales de los modelos habitacionales propuestos por el Estado, siendo la copropiedad horizontal un ejemplo paradigmático que permite considerar esta experiencia como una prueba. Las pruebas son desafíos históricos socialmente producidos, culturalmente representados y desigualmente distribuidos (Martuccelli y De Singly, 2012), articulando procesos societales y experiencias personales.

Aunque los individuos no escapan a las pruebas, las enfrentan de manera diferente, determinando la singularidad de las respuestas. Las pruebas son una combinación de procesos sociales y experiencias individuales (Martuccelli, 2006, 2007), buscando restituir “una suerte de historia de vida colectiva propia a un conjunto socio histórico, gracias a pruebas que le son específicas” (Martuccelli, 2015).
Martuccelli (2006) concluye que, para la sociedad francesa, las poblaciones migrantes y autóctonas en situación de pobreza comparten la experiencia de sentirse “clavados” al suelo. Esta situación cambia el apego al lugar de residencia. Si el barrio desaparece para transformarse en una trampa que niega la vida urbana, como las que se concentran en las comunas más pobres (Márquez, 2017), la situación se agrava para los habitantes de condominios sociales de copropiedad horizontal.
Los "Soportes" frente a las Pruebas
Frente a las pruebas, los individuos responden desde sus posiciones sociales y trayectorias vitales mediante lo que se denomina soportes. Estos son los modos en que los individuos se sostienen en la existencia: medios materiales e inmateriales, relaciones, objetos, experiencias o actividades que permiten a los individuos enfrentarse a diversas circunstancias (Martuccelli, 2007a-b).
Los soportes son de tipo relacional, escapan al control unilateral y suponen vínculos intersubjetivos, pudiendo ser afectivos, materiales o simbólicos. Tienen distintas legitimidades y no siempre funcionan como amortiguador social ante situaciones adversas (Capriati, 2017). La sociología subraya el carácter estructural y común de los desafíos, dejando la contingencia a las diferentes respuestas de los actores (Martuccelli, 2015).
Metodología de Estudio y Casos Emblemáticos
Enfoque Cualitativo y Fuentes de Información
Un estudio para abordar esta problemática empleó un enfoque metodológico cualitativo y un tipo de estudio de Casos Múltiples. Como fuentes secundarias para la construcción contextual, se utilizaron informes sobre la situación de los condominios sociales en Chile. Como fuentes primarias, se realizaron entrevistas a mujeres residentes de dos condominios horizontales de vivienda social en Santiago y Concepción.
Los criterios de selección de casos y muestras de informantes obedecieron a los principios de las “muestras teóricas” (Glaser y Strauss, 1967), donde los casos y la muestra poseen un interés intrínseco, permitiendo relacionar sus características con los conceptos de la investigación.
Técnicas de Producción de Información: Entrevistas y Mapas Mentales
Las técnicas de producción de información fueron las entrevistas semiestructuradas, realizadas mediante un naipe, y los mapas mentales. El naipe contenía temas generales relacionados con la vivienda y el hábitat, ante los cuales las entrevistadas debían reaccionar, indicando cómo habían enfrentado las dificultades. Esto buscó un proceso inductivo, evitando connotar negativamente su experiencia urbana con conceptos como estigmatización o segregación.
Los mapas mentales, aplicados a un contexto urbano (Paulet, 1987; Breux et al., 2010), permiten la representación espontánea del espacio por parte de los sujetos que lo habitan (Sanz Hernández, 2005). Su propósito es identificar la posición que ocupan en el espacio, sus recorridos, frecuentaciones principales y vinculación afectiva con el lugar. Para este estudio, los mapas mentales se realizaron en una hoja dividida en dos: a la izquierda, las mujeres representaron sus barrios; a la derecha, sus barrios en relación con la ciudad (Santiago y Concepción). Para el análisis de la información de las entrevistas, se empleó el análisis categorial con categorías preconcebidas (Bardin, 1991).
Casos de Estudio: Villa Valle de la Esperanza y Michaihue
Los casos seleccionados para el estudio fueron la villa Valle de la Esperanza en la comuna de Maipú, Santiago, y Michaihue en la comuna de San Pedro de la Paz, Concepción. Estos sitios sirven como ejemplos de las dinámicas y desafíos que enfrentan los condominios sociales en Chile.

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