Intergeneracionalidad entre adultos mayores y niños: experiencias de aprendizaje y convivencia

Profesores voluntarios del programa Asesores Senior de Osorno y Río Negro compartieron experiencias en una jornada lúdica junto a niños y niñas de familias vulnerables. Osorno, 24 de septiembre de 2015. “Los chicos se sienten muy apegados a uno. Esto ha sido una experiencia excelente porque he tenido gente muy buena. Me han aceptado muy bien aunque al principio cuesta y se rehúsan a estudiar pero después se encariñan y estamos chochos”. En él profesores jubilados entregan apoyo escolar a niños y niñas que cursan entre 2° y 8° año de educación básica, pertenecientes a familias vulnerables.

“Nosotros entregamos técnicas de estudio y vamos aprendiendo las cosas nuevas que salen para poder apoyarlos mejor. Conversamos con los profesores también para ver de qué manera apoyamos mejor su aprendizaje. Para la seremi de Desarrollo Social, Daniela Pradenas, estas acciones y trabajo conjunto, proporcionan oportunidades a las personas mayores, a las familias y a los niños y niñas que asistan a la actividad, permitiendo beneficiarse de la riqueza que genera la transmisión de conocimientos, ideas, experiencias y saberes.”

“Para nuestro gobierno es fundamental facilitar espacios que fortalezcan la convivencia y el buen trato. Durante la jornada desarrollada en Osorno y, junto con agradecer a las familias, profesores jubilados presentes y autoridades, la coordinadora de Senama Adriana Maldonado resaltó que esta actividad tiene una relevancia especial vinculada a la buena convivencia y el buen trato, acciones que van mejorando la calidad de vida de las personas.”

“Acá se juntan varias iniciativas de gobierno, nosotros trabajamos para mejorar las condiciones de los niños con los adultos mayores teniendo presente que tenemos una reforma educacional ad portas.”

Infografia sobre beneficios de la intergeneracionalidad: aprendizaje, convivencia y bienestar

El retiro de los alimentos es mensual y se realiza a través del consultorio correspondiente a su domicilio. Crema Años Dorados: producto en polvo para preparar una crema instantánea con base de cereales y legumbres; es baja en sodio, libre de colesterol y está fortificada con vitaminas A, B, C, E y D, además de ácido fólico (que fortalece el sistema inmune, la cicatrización, mantiene o mejora las funciones cognitivas, mejora el ánimo y aporta antioxidantes).

Bebida láctea Años Dorados: producto en polvo para preparar una bebida láctea instantánea. Está elaborada a base de leche y cereales, fortificada con vitaminas y minerales, y es reducida en lactosa. Para hacerla más saludable, se ha reducido en el contenido de grasa y sodio, y está fortificada con vitaminas B12 y C, calcio y ácido fólico.

A diario, se incrementa la presencia de un colectivo integrado por personas que se retiran de la vida laboral cada vez más temprano, lo que implica mejor salud, juventud y actitud positiva para desarrollar una vida proactiva, muy lejos de aquella perspectiva de persona aislada, enferma y de poca utilidad. Aunado a que, con los avances de la medicina preventiva, de la seguridad social y de la creciente preocupación personal por el cuidado del cuerpo y la mente, la prolongación de la esperanza de vida se ha mantenido en ascenso, al punto que, en Canadá, por ejemplo, se estima que la expectativa de vida ha crecido en veinte años, comparada con la de hace cuarenta años. Y en España, en concreto y en la actualidad, colocada ya entre las naciones avanzadas, la media de longevidad, combinando la mujer y el hombre, se sitúa por encima de los ochenta años.

A consecuencia de estos múltiples beneficios, en la actualidad, los adultos mayores se desprenden de las relaciones familiares, para ampliar su espectro social a través de su incorporación en actividades diversas que les permitan vincularse con otros grupos sociales cercanos o lejanos de su edad. Urge observar el cambio que está dando la concepción del adulto mayor en este momento, y por ende el surgimiento de nuevas necesidades, orientadas hacia la disposición de mantenerse activo, útil, colaborador y sobre todo en sintonía generacional, como garantía de cercanía y supervivencia.

Leveresque, L. (2005). Población que envejece o adulto mayor. Linares, L. (2015). Una pedagogía de la cotidianidad en la Educación Inicial. Tesis Doctoral en Ciencias de la Educación. Enjuanes, A. (2016). Beneficios de los vínculos intergeneracionales. Infantilización en la tercera edad. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. En este clima altamente competitivo y trepidante, dejamos con demasiada frecuencia a las personas de cierta edad en un segundo plano.

Porque la vejez suele verse como una etapa de pérdida progresiva de capacidad, de autonomía y de relevancia social y se asume con mucha frescura que, al llegar a cierta edad (y especialmente al superar los 70 o 80 años) la persona deja de ser valiosa, útil o digna de respeto pleno. Hace tan solo unas décadas las personas mayores eran los jefes del clan, quienes tomaban las grandes decisiones y velaban por los demás. Eran escuchados con admiración y no había consejos más valiosos que los que venían de boca de alguien con una amplia experiencia en la vida.

Uno de los síntomas más visibles de esta discriminación a los senior es la infantilización, es decir, tratar a mayores como si fueran niños. Hablarles con diminutivos, asumir que no comprenden o que necesitan que se les decida todo, limitar su autonomía, o hacerlos invisibles en conversaciones y decisiones que les afectan. Es hoy un concepto muy manido pero, ¿qué significa exactamente? El edadismo es una forma de discriminación basada en la edad, que puede afectar tanto a personas jóvenes como mayores, aunque en el caso de las personas de más edad, los efectos son especialmente perjudiciales.

Si hablamos de datos, en España, un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestra que un 68,9% de la población percibe que las personas mayores de 65 años tienen “muchos o bastantes problemas” que van desde la insuficiencia económica hasta la soledad no deseada y la falta de acceso a servicios adecuados.

El edadismo está muy presente en nuestra sociedad pero quienes no lo sufrimos, no somos conscientes. Se trata de esa terrible sensación de que un día estás integrado completamente en la sociedad y se tienen en cuenta tus opiniones y al siguiente ya no. De lo que no somos conscientes es de que el edadismo no solo afecta a las personas mayores, sino que nos empobrece como sociedad porque nos estamos perdiendo la riqueza de su experiencia, su memoria y su mirada crítica. Tal y como señala Lourdes Charles, presidenta de SomSeniors, “Excluir la voz de quienes han construido este mundo nos hace más inconsistentes como colectivo. La vejez no es el problema; el problema es cómo estamos gestionando el proceso natural de envejecer en la sociedad actual. Necesitamos repensar el envejecimiento como una etapa de derechos, dignidad, poder ciudadano y participación. La infantilización es una expresión concreta y palpable del edadismo que consiste en tratar a las personas mayores con la misma actitud condescendiente con la que se trataría a un niño pequeño, negándoles la autonomía y el respeto que antes tenían y que siguen mereciendo.

Pero, ¿dónde ocurre esta práctica y en qué momento empieza? Mientras una persona está en activo, la sociedad la valida como útil pero pocos años después de la jubilación se presume el declive humano. Esta infantilización es especialmente alarmante en el ámbito sanitario. En las residencias de ancianos, por ejemplo, la infantilización de los mayores está demasiado presente con patrones habituales de trato paternalista, decisiones tomadas sin consultar a los residentes y comunicaciones simplificadas en exceso, lo que resulta en pérdida de autonomía y daño emocional para las personas. En el entorno familiar, la infantilización se manifiesta sigilosamente en forma de la desautorización de opiniones, la exclusión en las decisiones importantes y el uso de un lenguaje con diminutivos o frases simplificadas, como si la persona mayor no comprendiera o no tuviera criterio.

“Nos estamos perdiendo mucho más que su voz: nos estamos perdiendo su memoria, su mirada crítica, su capacidad de reflexión a largo plazo y su experiencia vital. Combatir la infantilización y el edadismo pasa necesariamente por devolver a las personas mayores su lugar en la conversación pública. Como explica Lourdes Charles, “nos estamos perdiendo mucho más que su voz: nos estamos perdiendo su memoria, su mirada crítica, su capacidad de reflexión a largo plazo y su experiencia vital. En cuestiones concretas como las políticas de la longevidad la exclusión de las personas mayores del debate resulta especialmente alarmante. “Es edadismo institucional. ¿Cómo es posible que se hable de derechos de las personas mayores sin contar con quienes están envejeciendo?”. La marginación de las personas mayores está en la palestra recientemente con reivindicaciones sobre el uso abusivo de la tecnología y la despersonalización de la atención al público. Aunque en el imaginario social sigue asociando a los mayores con la desconexión digital, muchas personas senior utilizan activamente herramientas digitales y tienen, además, una perspectiva valiosa sobre los impactos sociales de la innovación. “Pueden aportar una mirada más ética, intergeneracional e inclusiva, basada en la experiencia. Y es una mirada que necesitamos”, subraya la presidenta de la asociación contra el edadismo. Desde la asociación SomSeniors llevan años impulsando ese cambio de mirada a través de iniciativas concretas que promueven el empoderamiento sénior: espacios de participación ciudadana donde las personas mayores pueden proponer mejoras en urbanismo, vivienda o movilidad; proyectos de alfabetización digital con enfoque crítico; campañas de sensibilización y formación intergeneracional; e incluso grupos de activismo sénior que inciden en políticas públicas. Todo ello con un principio claro: “No se puede decidir nada sobre personas mayores sin contar con las personas mayores”. Y es que si aspiramos a una sociedad democrática de verdad, necesitamos asegurar que todas las voces cuenten.

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