La muerte de un ser querido es un momento especialmente difícil que desorganiza el mundo personal, provocando un inmenso estrés y un agotamiento físico y emocional. Cuando nos referimos a una reacción psicológica que se produce ante la pérdida de un ser querido, manifestada a través de un conjunto de respuestas emocionales, fisiológicas, cognitivas y conductuales, hablamos de duelo. Este proceso presenta características similares y a la par diferentes en las diversas etapas de la vida. Con el avance de la edad, aumenta la probabilidad de que las personas experimenten situaciones de duelo por la pérdida de un amigo de su generación, su pareja o incluso un familiar o amigo más joven.
El duelo es definido como las demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento por la muerte de alguien. En la tercera edad, la viudez es algo previsible, y las personas ya han ido asimilando un duelo anticipado con los años. Llegado el momento de enfrentarlo, hay varios desafíos que superar. Esto no significa dejar de sentir tristeza o extrañar a la persona, sino aprender a vivir sin ella y volver a construir un futuro desde esa realidad. La angustia y la ansiedad deben ser vistas como una señal de que aún se necesita más tiempo para asimilar la pérdida.
La Soledad tras la Pérdida del Cónyuge
Las personas mayores constituyen uno de los grupos de población más vulnerables al sentimiento de soledad, particularmente aquellas que viven en solitario. La pérdida de la pareja es el principal factor desencadenante de este sentimiento.

La Naturaleza Subjetiva de la Soledad
Siguiendo a Perlman y Peplau, el sentimiento de soledad es una experiencia desagradable que ocurre cuando la red de relaciones sociales de las personas es deficiente en algún aspecto importante, cuantitativa o cualitativamente. Los individuos sufren la soledad al percibir déficits en determinadas relaciones, por ejemplo, cuando su número resulta más escaso del que consideran como deseable o cuando no aportan la intimidad que necesitan. Ambas definiciones, aunque clásicas, continúan siendo aceptadas y frecuentemente empleadas por la literatura internacional. Conviene recalcar el carácter subjetivo y negativo de este sentimiento, resultado de una evaluación cognitiva que hacen las personas con discrepancias entre las relaciones sociales que quisieran tener y las que realmente poseen.
Es preciso diferenciar el aislamiento del sentimiento de soledad o soledad emocional. Mientras que el aislamiento responde a características objetivas, que implican una cantidad reducida de relaciones sociales, la soledad remite a un sentimiento individual.
Impacto de la Viudez en la Soledad
El sentimiento de soledad, aunque puede afectar a las personas en cualquier etapa de su curso vital, tiene una incidencia especialmente elevada entre las menores de 25 años y las mayores de 65. En el caso de estas últimas, existe una abundante bibliografía internacional sobre las causas que lo determinan. Sus hallazgos señalan dos factores de riesgo fundamentales: la defunción de la pareja y el deterioro de la salud. Las personas de edad avanzada se encuentran particularmente expuestas a ambos eventos, que suelen acarrear una enorme transformación en sus relaciones sociales, haciéndolas más vulnerables a la soledad.
Todas las investigaciones que han vinculado el sentimiento de soledad con el estado civil de las personas mayores concluyen que su alcance se da principalmente entre aquellas que no están casadas. Se ha constatado el efecto protector del matrimonio contra la soledad, sobre todo cuando existe una elevada calidad relacional. Dicho sentimiento suele tocar a las personas más profundamente en el tránsito de la vida matrimonial a la viudedad. No obstante, su prevalencia tiende a disminuir conforme la persona logra adaptarse a la viudedad.
Otro factor que ha sido ligado a menudo con el sentimiento de soledad es el hecho de residir en un hogar unipersonal: las personas mayores que viven solas registran niveles de soledad superiores que las que poseen otras formas de convivencia. Esto ha sido apreciado, sobre todo, en los varones. Que vivir en solitario causa una mayor incidencia del sentimiento de soledad ha sido constatado, asimismo, en diversos estudios realizados en España.
Manifestaciones de la Soledad en la Viudez
Las personas mayores describen cómo experimentan el sentimiento de soledad tras enviudar. La muerte de la pareja genera un vacío emocional imposible de rellenar y que notan especialmente de noche. Dejando atrás matrimonios duraderos, se encuentran con la soledad tanto residencial como interna, originándose en muchos casos trastornos depresivos.
En el curso de este proceso, aseguran los actores sociales, resulta complicado asimilar la falta del cónyuge. La pérdida del cónyuge deja un hueco que les resulta imposible de rellenar, un «vacío que siempre está». Muy ligada a ese vacío conyugal, la soledad es descrita como un sentimiento cuya aparición resulta prácticamente inevitable en determinados momentos: sobre todo durante la noche, desde que regresan a casa sin que exista nadie en su interior. Es entonces cuando más añoran la compañía y el apoyo que proporcionaba la pareja, y cuando más les invade la tristeza y los pensamientos negativos. La madrugada también suele ser un momento en que se tiende a experimentar el sentimiento de soledad, máxime si se padecen trastornos del sueño.
La viudez en los adultos mayores ¿Cómo enfrentar este proceso?
Salud y Viudez en la Vejez
La viudez y la salud están estrechamente relacionadas. La soledad también ha solido asociarse con la salud: las discapacidades físicas y las enfermedades mentales son desencadenantes del sentimiento entre las personas mayores, sobre todo si viven solas. Salud y soledad están negativamente asociadas, pero hay investigaciones que conciben la relación en sentido inverso: la soledad como factor de riesgo para que la salud empeore. Diversos trabajos han abordado la influencia específica de la depresión, identificándola como predictora del sentimiento de soledad. Dicha relación se ha constatado, asimismo, en la otra dirección: mayores niveles de soledad generan más síntomas depresivos entre las personas mayores. Existe un efecto sinérgico entre ambos.
Con respecto a la salud, también se ha constatado una sensación de indefensión, pues los viudos temen sufrir un accidente o una enfermedad repentina estando solos en casa, así como otra de incertidumbre hacia el futuro, cuando piensan en quién podrá ocuparse de ellas si necesitan ser cuidadas. Ambas contribuyen a activar el sentimiento interno de soledad.
Existe evidencia de que la viudez es un factor de riesgo de mortalidad, especialmente en los hombres. Contar con una pareja hace más fácil sobrellevar situaciones económicas difíciles; la pobreza agudiza todas las causas de mortalidad, pero sus efectos difieren según el estado civil.
Factores que Influyen en el Afrontamiento de la Viudez
La pérdida de la pareja demanda que las personas utilicen todas sus fuerzas y habilidades para restablecer sus vidas. Esto comúnmente se ha estudiado desde el proceso de duelo. Otro enfoque ha sido el estudio de la viudez separada del duelo, la cual se entiende como un cambio de la condición de casado al nuevo rol de ser viudo, lo que implica una reconstrucción de identidad.

Diferencias por Género y Cohorte
En Argentina, la proporción de varones y mujeres viudas, mayores de 60 años, muestra que la viudez es fundamentalmente femenina (38.6% son mujeres y 10.6% varones). Cuatro de cada diez mujeres de 60 años y más son viudas, mientras que se encuentra solo un viudo cada diez. En el grupo de 75 y más, las viudas pasan a ser seis de cada diez y los viudos solo dos.
Las mujeres son más proclives a sufrir soledad emocional mientras que los varones se ven afectados por la soledad social. Esto puede deberse a que los varones son menos propensos a admitir que se sienten solos. En general, la viudez afecta de manera importante a los hombres, debido a su dependencia en las tareas del hogar, así como por las relaciones de poco apego con familiares cercanos, lo que hace que perciban sentimientos de soledad en la viudez.
También se sabe que es más probable que los hombres establezcan nuevas relaciones de pareja y que tras la pérdida sean más activos sexualmente que las mujeres, en tanto que las mujeres tienden a realizar más actividades sociales que los hombres como voluntariados, lo que ayuda a mejorar la autoeficacia y la autoestima y a establecer nuevas relaciones sociales.
Cuando hablamos de cohortes nacidas antes de 1960, los principios que ordenan la convivencia conyugal están estructurados por una lógica de fidelidad, continuidad y tradición, lo que se evidencia en muchos matrimonios de larga duración. Este enfoque se organiza en función de una “biografía laboral normal” más frecuente en los varones, mientras que las mujeres construyen en paralelo una “biografía familiar normal” vigente hasta 1960. El momento de la vida en el cual ocurre esta pérdida es un eje clave que permite dimensionar el impacto diferencial de la viudez en el curso de la vida.
- La viudez temprana (ej., 48 años) puede poner en jaque la función parental.
- Entre los 50 y 69 años, la viudez sucede cuando los hijos han logrado su independencia (nido vacío), lo que determina el pasaje a un hogar unipersonal.
Respuestas Psicológicas y Estrategias de Afrontamiento
La investigación sobre la viudez ha permitido clasificar el afrontamiento como activo o pasivo. El afrontamiento activo hace referencia a las respuestas psicológicas adaptativas que, junto con altos niveles de optimismo, llevan a la persona a lograr un afrontamiento activo y centrado en el problema. Este tipo de afrontamiento se ha relacionado con un funcionamiento más adaptativo y una reducción de las secuelas psicológicas. Por otro lado, el afrontamiento pasivo consiste en la ausencia de enfrentamiento y conductas de evitación, así como la presencia de dificultades para seguir adelante con la vida.
Se ha encontrado que la respuesta psicológica de soledad resultó ser específicamente de las mujeres que lograron afrontar la pérdida, mientras que la respuesta codificada como egoísmo (referencia a una toma de decisiones para la propia satisfacción, para liberarse de la carga y obligación que implica el matrimonio) caracterizó a los hombres que afrontaron exitosamente la pérdida. Quienes lograron afrontar exitosamente la pérdida también presentaron la respuesta psicológica de hablar con el cónyuge muerto, mientras que el ensimismamiento fue una respuesta relacionada con quienes no la afrontaron.
El afrontamiento a la viudez se enmarca en siete factores clave:
- Sentido de vida: Tener una motivación para seguir adelante con la vida. La pérdida del cónyuge puede significar una pérdida de sentido de vida, llevando a sentimientos de soledad y anhelo, aislamiento, y conservación intacta de las pertenencias del fallecido.
- Relación de pareja durante el matrimonio: La satisfacción con el matrimonio puede facilitar un afrontamiento activo, especialmente si la relación fue vista como una meta de vida cumplida.
- Redes de apoyo social: Aunque la muerte de la pareja genera un vacío imposible de llenar por hijos, hermanos o familia, el apoyo social es un facilitador de un afrontamiento exitoso siempre y cuando sea constante.
- Resiliencia: Muchas mujeres viudas suelen presentar características de resiliencia frente a la situación de viudedad, indicando procesos de reconstrucción de vida y sentido de independencia. Los hombres viudos tienden a ser más vulnerables.
- Actividades y rutinas: La muerte de la pareja puede marcar el abandono de actividades físicas y recreativas. Algunas actividades vinculadas a la división de roles por género se transforman; los viudos pueden asumir tareas domésticas.
- Factores culturales: Las culturas más inclinadas a lo familiar y con fuertes lazos comunitarios pueden sufrir más la soledad que aquellas en las que impera el individualismo.
- Apoyo institucional y gubernamental: No solo es importante el apoyo de las redes cercanas en la viudez, sino que también el apoyo del gobierno es fundamental.
Reiniciar una Nueva Etapa y Seguir Adelante
Resulta imprescindible comunicar y trasladar a nuestros mayores la posibilidad de reiniciar una nueva etapa y seguir adelante, aunque ello esté muy condicionado por las circunstancias externas y el estado de salud de cada uno. Ofrecer al adulto mayor recursos y mecanismos de adaptación ante el duelo y superación por múltiples pérdidas puede favorecer el crecimiento vital.
Respetar las necesidades y ritmos de la persona mayor a la hora de aceptar su dolor es fundamental. Proponer actividades al aire libre, con personas de su edad y con familiares, pequeños y adolescentes, que impliquen nuevas visiones y perspectivas vitales, puede ser de gran ayuda.

El Papel de las Residencias y Centros de Día
En este contexto, las residencias o centros de día son considerados por muchas familias como una de las mejores formas para prevenir la soledad en las personas mayores. Los grupos terapéuticos entre familiares y personas cercanas contribuyen a aceptar el proceso del duelo, incluso aquellos duelos antiguos y no resueltos, que gracias a este tipo de conversaciones pueden hablarse y ser tratados con la ayuda y guía de un psicólogo especialista en duelo.
Programas de Apoyo y Resiliencia
Algunas instituciones llevan muchos años trabajando para poder ofrecer apoyo y consuelo a las personas que sufren un duelo. La Fundación Elizabeth Kübbler-Ross, creada en homenaje a una psiquiatra que se dedicó a estudiar las experiencias del proceso de duelo, sigue promoviendo diversos proyectos en este ámbito.
Otro proyecto interesante, aunque no esté específicamente dirigido a las personas mayores viudas, trabaja en el sentido de facilitar el desarrollo personal y la adaptación a los cambios comunes del proceso de envejecimiento. El programa “Vivir bien, sentirse mejor”, dirigido por Matia Instituto Gerontológico e inserido en los programas que la Obra Social La Caixa ofrece a las personas mayores en España, podría contribuir a fortalecer la resiliencia de las personas mayores y ayudarlas a literalmente vivir bien y sentirse mejor.