Los Pulmones en la Vejez: Cambios, Enfermedades y Cuidados

Los efectos del envejecimiento en el aparato respiratorio son similares a los que se producen en otros órganos, resultando en una pérdida gradual de la funcionalidad máxima. El aparato respiratorio, al igual que el resto del cuerpo, cambia significativamente con la edad, y los cambios debidos al paso del tiempo en este sistema son precoces, incluso más que los que ocurren en el aparato cardiovascular.

Esquema de un pulmón sano y un pulmón envejecido

Cambios Anatómicos y Fisiológicos en los Pulmones de las Personas Mayores

Los cambios relacionados con la edad en los pulmones incluyen una serie de modificaciones anatómicas y fisiológicas que afectan la capacidad de oxigenación de los tejidos.

Caja Torácica y Musculatura Respiratoria

  • Cambio de la forma del tórax: Los huesos se vuelven más delgados y cambian de forma, lo que puede modificar la estructura de la caja torácica. Este cambio está muy relacionado con la osteoporosis y los cambios degenerativos de las articulaciones que la componen.
  • Rigidez torácica: Con la edad, la caja torácica tiende a la rigidez y adopta posiciones con tendencia a la inspiración. Esto modifica la curvatura del diafragma, aplanándolo, lo que tiene un efecto negativo en su capacidad de contracción. Como resultado, la caja torácica no puede expandirse y contraerse durante la respiración tan eficazmente.
  • Debilitamiento muscular: El diafragma, el principal músculo respiratorio, se debilita. El cuerpo compensa reclutando musculatura accesoria, pero en esta musculatura respiratoria hay una disminución de las fibras musculares tipo II (de contracción rápida) por las tipo I (de contracción lenta). Esto, sumado a las alteraciones en las uniones neuromusculares, provoca la disminución de las presiones máximas generadas por la musculatura y una mayor predisposición a la fatiga muscular.

Estos cambios en los huesos y los músculos provocan un menor nivel de oxígeno en la sangre que irriga el cuerpo y una menor eliminación de dióxido de carbono, lo que puede manifestarse como cansancio y dificultad para respirar.

Tejido Pulmonar y Vías Respiratorias

  • Pérdida de elasticidad: Los músculos y otros tejidos cerca de las vías respiratorias pierden su capacidad para mantenerlas abiertas por completo, lo que facilita su cierre. El envejecimiento también provoca que los alvéolos pierdan su forma y se hinchen, aunque no disminuye su número. Esto aumenta la distancia entre las paredes alveolares, dificultando la difusión de gases desde el alvéolo hasta los capilares.
  • Aumento de la compliancia: Con la edad, aumentan los niveles de elastina y colágeno pulmonares, lo que hace que los pulmones tengan más tendencia a la distensión y mayor facilidad para llenarse de aire, a diferencia de la caja torácica.
  • Disminución de la retracción elástica: A pesar de la mayor facilidad para llenarse de aire, la elasticidad del pulmón se ve disminuida. Esto implica una mayor dificultad para regresar a la posición inicial tras la fase espiratoria.

Estos cambios en el tejido pulmonar pueden disminuir el nivel de oxígeno y la capacidad del cuerpo para expulsar dióxido de carbono, lo que puede causar cansancio o falta de aire.

Sistema Nervioso e Inmunitario

  • Control respiratorio: La parte del cerebro que controla la respiración puede perder parte de su función, debilitando las funciones respiratorias automáticas. Como resultado, los pulmones pueden no obtener suficiente oxígeno ni eliminar suficiente dióxido de carbono, haciendo la respiración más difícil.
  • Reflejo tusígeno: Los nervios de las vías respiratorias que desencadenan la tos se vuelven menos sensibles, lo que puede llevar a la acumulación de partículas en los pulmones, difíciles de expulsar.
  • Debilitamiento inmunitario: El sistema inmunitario puede debilitarse, reduciendo la capacidad del cuerpo para combatir infecciones pulmonares y otras enfermedades. Los pulmones son también menos capaces de recuperarse después de la exposición al humo u otras partículas nocivas. Además, se ha descubierto que el envejecimiento está relacionado con la disminución de la producción de moco bronquial, una de las primeras barreras de defensa.

Relación de los Cambios con la Capacidad Pulmonar

Estos cambios morfológicos se traducen en una serie de alteraciones en la función pulmonar:

  • Aumento del volumen residual: La disminución de la elasticidad pulmonar y el cierre temprano de la vía aérea llevan a la retención de aire.
  • Disminución del flujo espiratorio: Hay una menor capacidad para crear flujos espiratorios eficaces.
  • Alteración del patrón respiratorio: El tórax rígido modifica la alineación y eficacia del diafragma, llevando a la activación de musculatura accesoria más propensa a la fatiga.
  • Acúmulo de secreciones: La retención de aire, la falta de movilidad torácica y la disminución de la fuerza muscular dificultan la expulsión de secreciones, aumentando el riesgo de infecciones.
  • Dificultad en la difusión gaseosa: El engrosamiento de las paredes alveolares dificulta la obtención de oxígeno y fomenta el acúmulo de CO2.
Gráfico comparativo de la función pulmonar en diferentes edades

Enfermedades Respiratorias Comunes en la Vejez

Como resultado de estos cambios, las personas mayores tienen un mayor riesgo de desarrollar diversas afecciones respiratorias.

Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)

La EPOC es una de las enfermedades más prevalentes y su incidencia aumenta con la edad, comportando una alta morbilidad y mortalidad en la población anciana. Se considera una enfermedad inflamatoria caracterizada por una obstrucción pulmonar no completamente reversible y asociada con una elevada comorbilidad. La EPOC se caracteriza por una lenta progresión hasta fases avanzadas, que suelen ocurrir en sujetos ancianos, concentrando la mayor parte de las hospitalizaciones en este grupo de edad. Algunos autores incluso consideran la EPOC un envejecimiento acelerado del pulmón. Su afectación extrapulmonar, con miopatía, malnutrición, pluripatología o inflamación sistémica, es común a otras afecciones geriátricas.

En España, la EPOC afecta al 10,2% de la población entre 40 y 80 años, con una tasa de infradiagnóstico superior al 70%. Su prevalencia es mayor en varones y aumenta con la edad y el historial tabáquico, alcanzando hasta el 23% en el grupo de 70 a 80 años, y el 50% en varones con más de 30 paquetes/año de tabaquismo. La EPOC es la quinta causa de muerte en la población general en España (cuarta en varones) y su mortalidad sigue aumentando.

EPOC y Envejecimiento

Con la vejez se producen cambios anatómicos y fisiológicos que se asemejan en parte a los de la EPOC, como el aumento del tejido colágeno pulmonar con disminución de su elasticidad, aumento de las resistencias respiratorias y disminución de los flujos espiratorios. A estas alteraciones se suman las propias de la EPOC. Muchos pacientes con EPOC avanzada presentan sarcopenia y pérdida de fuerza muscular, que empeora con las hospitalizaciones. Esta pérdida funcional se asocia en ancianos con mayor mortalidad en caso de ventilación mecánica invasiva y pérdida de actividades de la vida diaria en los supervivientes. También son más frecuentes la depresión, malnutrición, deterioro cognitivo o las caídas en pacientes con EPOC grave.

Diagnóstico de la EPOC en Ancianos

La EPOC es lentamente evolutiva, lo que permite a los pacientes habituarse a los síntomas y atribuirlos erróneamente al tabaquismo o la edad. El diagnóstico de sospecha se basa en antecedentes de tabaquismo, disnea o fatiga (inicialmente al esfuerzo), tos y expectoración crónica. Sin embargo, en ancianos son frecuentes las presentaciones atípicas o poco sintomáticas.

El diagnóstico se confirma con una espirometría forzada, que mide el volumen espiratorio máximo en el primer segundo (VEMS o FEV1) y el índice FEV1/capacidad vital forzada (FVC). Para el diagnóstico espirométrico de EPOC, el FEV1 post-broncodilatador debe ser inferior al 80% del valor teórico y el índice FEV1/FVC inferior al 70%. No obstante, este cociente disminuye fisiológicamente con la edad, pudiendo catalogar incorrectamente hasta un 35% de los sujetos mayores de 70 años. Algunos autores proponen utilizar otros índices o bajar el punto de corte al 65%. A pesar de ello, más del 80% de los pacientes mayores de 65 años pueden realizar una espirometría de calidad, aunque requieran más tiempo. La infrautilización de la espirometría en ancianos es evidente, y un menor nivel educacional, institucionalización y deterioro cognitivo/funcional son predictores de una mala técnica. Un Minimental State Examination (MMSE) inferior a 24/30 hace poco probable una espirometría forzada convencional.

Tratamiento de la EPOC Estable en Ancianos

El objetivo del tratamiento es frenar la pérdida de función pulmonar, prevenir exacerbaciones, mejorar el estado de salud y la capacidad de esfuerzo, y disminuir la mortalidad. El tratamiento en ancianos se basa en adaptaciones de las guías generales, ya que no existen pautas exclusivas debido a la falta de inclusión de pacientes ancianos en la mayoría de los ensayos clínicos.

  • Abandono del tabaquismo: Es el primer escalón, ya que disminuye la pérdida de función pulmonar y la mortalidad.
  • Vacunación: Anual antigripal y antineumocócica en mayores de 65 años o con EPOC grave.
  • Farmacoterapia inhalada: Se basa en betamiméticos, anticolinérgicos y corticoides inhalados.
    • Betamiméticos de corta duración: (salbutamol, terbutalina) se reservan como medicación de rescate.
    • Betamiméticos de larga duración: (formoterol, salmeterol, indacaterol) son preferibles. Formoterol y salmeterol se administran cada 12 horas. Indacaterol, más potente y de acción más prolongada, se administra cada 24 horas.
    • Anticolinérgicos de acción prolongada: El tiotropio es el más comercializado, administrado cada 24 horas. Es superior al bromuro de ipatropio y bien tolerado cardiovascularmente.
    • Corticoides inhalados: Indicados en pacientes con EPOC grave y exacerbaciones frecuentes, o con características de EPOC y asma, siempre en combinación con un betamimético de acción larga.
    • Terapia triple: Combinación de betamiméticos de acción prolongada, anticolinérgicos y corticoides inhalados, reservada para pacientes sintomáticos o con exacerbaciones frecuentes que no responden a la terapia dual. Ha demostrado disminuir hospitalizaciones y exacerbaciones.
    • Teofilinas: Se reservan para casos especiales por su toxicidad.
    • Roflumilast: Un inhibidor selectivo de la fosfodiesterasa 4, indicado en pacientes con EPOC grave (FEV1 < 50%), bronquitis crónica y exacerbaciones frecuentes.

Epoc - ¿En qué consiste el tratamiento?

Neumonía en Ancianos

Los ancianos presentan un riesgo más elevado de desarrollar neumonía después de infecciones bacterianas o víricas. No hay diferencia médica entre los términos "pulmonía" y "neumonía", siendo este último el más utilizado en el ámbito sanitario. La neumonía es la inflamación del tejido pulmonar causada por bacterias, virus u otros agentes.

Tipos de Neumonía en Ancianos

  • Neumonía adquirida en la comunidad: Se produce fuera de un entorno hospitalario.
  • Neumonía intrahospitalaria o nosocomial: Afecta a pacientes hospitalizados por otras patologías, visitantes o trabajadores sanitarios.
  • Neumonía unilateral: La infección se localiza en un solo pulmón. Es crucial detectarla pronto para evitar que progrese o se extienda.
  • Neumonía bilateral: La infección afecta simultáneamente a ambos pulmones. Aquí predominan síntomas de mala oxigenación y gravedad: respiración muy acelerada, sensación de ahogo incluso en reposo, coloración azulada en labios o dedos, somnolencia profunda, confusión marcada o debilidad incapacitante. En ancianos, puede derivar en insuficiencia respiratoria, necesidad de oxígeno o ventilación asistida, sepsis, afectación cardiaca o un deterioro súbito de su autonomía habitual. La recuperación tiende a ser más lenta, con fatiga, tos o falta de aire persistiendo durante semanas.
  • Bronconeumonía: Tipo de infección pulmonar multifocal que afecta tanto a los bronquios como a los alvéolos. Los síntomas pueden ser irregulares o fluctuantes: tos que empeora en determinadas horas, sensación de ahogo con esfuerzos leves, cansancio desproporcionado y cambios en la lucidez. Es más frecuente en mayores con problemas para tragar, encamados o con movilidad reducida, o en entornos con poca ventilación. El diagnóstico se realiza con valoración clínica y pruebas de imagen, como la radiografía de tórax.
  • Neumonía atípica y típica: La neumonía en ancianos puede manifestarse de estas dos formas principales. La atípica es más difícil de diagnosticar por sus síntomas no específicos del sistema respiratorio, pudiendo confundirse con otras afecciones. En personas con Alzheimer o demencia, los síntomas son aún más difíciles de distinguir.

Causas y Factores de Riesgo

Las principales causas de la neumonía en ancianos son variadas e incluyen infecciones bacterianas (la más frecuente es Streptococcus pneumoniae), virales (como el virus de la gripe) y fúngicas. El reposo prolongado en cama tras una operación también puede favorecer su aparición. Además, las bacterias se propagan rápidamente entre personas con el sistema inmunitario debilitado o desnutrición.

Prevención de la Neumonía en Ancianos

La prevención es esencial para reducir el riesgo en personas mayores:

  • Vacunación: Es muy importante que las personas mayores de 65 años, o con factores de riesgo, reciban la vacuna antineumocócica y la vacuna contra la gripe.
  • Estilo de vida saludable: Adoptar una dieta equilibrada rica en antioxidantes, realizar ejercicio moderado de forma habitual, evitar el tabaco y el alcohol, y mantenerse bien hidratado, son medidas clave para fortalecer el sistema inmunológico.
  • Evitar cambios bruscos de temperatura: Ayuda a prevenir complicaciones.
  • Higiene bucal: El cuidado de las piezas dentales es esencial, ya que cualquier infección en la boca debilita el sistema inmunitario y puede extenderse al tracto respiratorio superior, derivando en neumonía.
  • Movilidad: Ponerse de pie y moverse, especialmente después de una cirugía o enfermedad, previene la acumulación de moco en los pulmones.
  • Seguimiento médico: Para mayores de 80 años, estas medidas deben complementarse con un seguimiento médico regular y atención a cualquier signo de posible infección pulmonar.

Recuperación y Contagio

La recuperación puede ser un proceso largo en personas mayores y puede requerir ingreso hospitalario. Complementar el tratamiento médico con acciones que favorezcan la fluidificación del moco acumulado en las vías respiratorias es recomendable. Por regla general, la neumonía en ancianos no es contagiosa, aunque si es de origen bacteriano o viral, puede contagiarse por contacto directo con los fluidos que el enfermo expulsa por la nariz o la boca.

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Impacto del Envejecimiento en la Actividad Física y Calidad de Vida

En las personas sanas, los cambios relacionados con la edad rara vez producen síntomas graves. Sin embargo, contribuyen a reducir la capacidad de una persona de edad avanzada para realizar ejercicios vigorosos, especialmente ejercicio aeróbico intenso como correr, practicar ciclismo o alpinismo. Las disminuciones de la función cardíaca relacionadas con la edad también pueden ser una causa importante de estas limitaciones.

Es importante destacar que estos cambios no impiden que los adultos mayores sanos realicen ejercicio vigoroso si están adecuadamente acondicionados y bien entrenados. Aun así, los cambios relacionados con la edad sí conducen a una reducción de la capacidad máxima y a un aumento del tiempo de recuperación en comparación con una persona más joven. La presencia de exacerbaciones, la inactividad y la inflamación sistémica, junto con la disnea, causan una disminución en la actividad física y pérdida de la funcionalidad.

Importancia de la Fisioterapia Respiratoria

La fisioterapia respiratoria tiene como principal objetivo la preservación de la función pulmonar y la mejora de la calidad de vida de las personas con afectación cardiorrespiratoria, así como en procesos como el envejecimiento. Los fisioterapeutas abordan:

  • Alteración en la ventilación: Ya sea por un flujo inspiratorio o espiratorio ineficaz, debido a la falta de movilidad de la caja torácica o la retracción pulmonar.
  • Acúmulo de secreciones: Causado por un flujo espiratorio ineficaz o falta de fuerza muscular.
  • Sensación de fatiga o disnea: Una consecuencia de varios factores como la disminución de la retracción elástica pulmonar, la movilidad torácica y la falta de fuerza muscular en actividades que requieren más oxígeno celular.

Mediante técnicas de movilidad y modificación de flujos con entrenamiento cardiorrespiratorio, la fisioterapia mejora la ventilación, la eliminación de secreciones y el control de la sensación de fatiga ante esfuerzos. Se recomienda mantenerse activo, conservar una buena movilidad torácica y la adaptación cardiorrespiratoria ante esfuerzos para preservar la mejor capacidad pulmonar posible.

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