Lo fundamental para que el niño acepte a las personas con discapacidad tal como son es la actitud de los padres. Para nuestros hijos nosotros somos su modelo de conducta, así que si nos relacionamos con total normalidad ante las personas que presentan algún tipo de discapacidad, los niños tendrán eso como la referencia adecuada. Esto implica mandar mensajes claros de aceptación tanto verbal como no verbal cuando vemos o nos relacionamos con alguien con discapacidad.
Si verbalmente señalamos que todo está bien, pero desviamos la mirada o evitamos hablar, estaremos enviando un mensaje de que algo no está bien. Por eso la actitud es clave. Los términos que utilizamos al hablar de la discapacidad también importan: hay que evitar palabras en desuso y peyorativas o referirse a los niños sin discapacidad como niños normales, ya que eso implica que los otros no lo son. Las diferencias no son malas, sino que nos enriquecen y nos complementan.
Que a algunos niños les cueste más aprender o tengan dificultades para moverse, relacionarse, ver, oír, etc. no significa que no disfruten con las mismas cosas que los demás: jugar, tener amigos o sentirse queridos. La aceptación real de la discapacidad pasa por el respeto hacia la diversidad. El niño no debe sentir lástima por la persona con discapacidad, sino respeto, valorando no solo los logros sino el esfuerzo por conseguir las cosas y el valor que eso representa.
Habría que explicarles que los niños con discapacidad necesitan algunas adaptaciones para lograr ciertas cosas y que, por otro lado, pueden ser únicos o poseer otras habilidades que otros niños no tienen. Cada persona tiene habilidades y preferencias diferentes. Es bueno responder de forma sencilla y clara a las preguntas sobre la discapacidad que tienen los niños, de una manera tranquilizadora. Algunos niños creen que la discapacidad es contagiosa; hay que aclararles con palabras adecuadas a su edad que esto no es así.
La curiosidad de los niños es positiva y no se debe cohibir: respuestas simples y directas cuando nos las formulan. Existen en la actualidad multitud de recursos que explican a los niños las distintas discapacidades desde dibujos animados, cuentos y actividades. Por ejemplo, la Fundación Adecco ha realizado “Diferentes”, un libro de actividades para niños de 4 a 8 años, que aborda la diversidad de manera lúdica. La Fundación Once tiene distintos cuentos en línea explicando distintas discapacidades. Muchos capítulos de Caillou tratan la discapacidad con mensajes positivos; otros ejemplos incluyen “Un perro muy especial”, “Caillou un nadador muy bueno” o “Seguidme”.

Estos recursos, junto a las situaciones cotidianas, ayudarán al niño a comprender la diversidad de su entorno y a respetarla. Enseñar a los niños a entender y respetar la discapacidad es fundamental para que crezcan en la inclusión. Saber enseñar con empatía les ayuda a desarrollar una visión abierta y sensible hacia la diversidad. Los padres o familiares cercanos juegan un papel esencial en cómo actuará un niño con un compañero o amigo con discapacidad; la familia es, en parte, responsable de la actitud del pequeño ante la diversidad.
Es importante que todos los padres reflexionen sobre la forma en que desean que sus hijos perciban la discapacidad y las actitudes que desean transmitir. Preguntas inocentes pueden surgir: ¿mamá, por qué va aun en cochecito? ¿No lo toques que le puedes hacer daño? Estas situaciones pueden ser imitadas por el niño y generar una visión equivocada si no se gestionan con claridad.
Un ejemplo práctico puede ser explicar que un niño camina de forma distinta o usa ayudas para moverse, sin convertir la diversidad funcional en una enfermedad. Conocer todas las discapacidades resulta complejo, pero detrás de toda discapacidad hay una persona a la que conocer y valorar igual que a otra sin discapacidad aparente. Los cuentos, las historias y los juegos sensoriales pueden facilitar la comprensión y la empatía.
Jugar con niños con discapacidad en contextos adaptados, fomentar la convivencia con compañeros de clase, vecinos y amigos, y mostrar a través de ejemplos positivos que la amistad no entiende de barreras son estrategias efectivas. A continuación se proponen actividades y dinámicas para enseñar a los niños a interactuar de forma respetuosa y empática:
- El escondite congelado: permitir que Tomás, que usa silla de ruedas, participe moviéndose a su manera.
- Carrera de relevos con obstáculos: incluir obstáculos que se sorteen de distintas maneras, permitiendo movimiento en silla de ruedas o gateo.
- Sigue el sonido: una actividad de audición donde los niños identifiquen sonidos con los ojos vendados.
- Exploradores de texturas: caja de objetos con texturas diferentes para describir sensaciones.
- Caza de sonidos: identificación de sonidos con audífonos que reproducen efectos.
- Pintura en grupo: crear una obra de arte colectiva para fomentar la cooperación.
Para comprender mejor qué es la discapacidad y cómo acercarse a ella, puede ser útil ver un video explicativo titulado “Explicar la discapacidad a los niños” y, si prefieres escuchar, consultar el podcast de Cuentitis Aguda. Además, las sillas de ruedas, las prótesis y las ayudas técnicas permiten a las personas con discapacidad realizar una vida normal, y hay que entender que la diversidad de capacidades es parte de la condición humana.
Las discapacidades pueden variar desde físicas hasta intelectuales, pasando por condiciones de comportamiento social o desarrollo. Existen diferencias entre discapacidad física, intelectual y trastornos de lenguaje; cada persona tiene ritmos de desarrollo diferentes. En casos de trastornos del desarrollo, la intervención multidisciplinaria es clave y debe involucrar a pediatras, neurólogos, fonoaudiólogos, terapeutas y psicólogos. Este enfoque garantiza una atención integral y evita diagnósticos aislados.
La idea central es presentar la discapacidad como una realidad humana que convive con la diversidad, reforzando valores de respeto, inclusión y derechos. No se trata de superar la discapacidad, sino de entenderla, adaptarse y valorar a cada persona por su dignidad y participación. En este marco, la educación inclusiva y la sensibilización temprana permiten que niñas y niños crezcan con una visión más justa y empática del mundo.
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Qué más puedes hacer para fomentar la inclusión: entablar contacto con familias que tengan hijos con discapacidad, buscar programas televisivos y bibliografía que reflejen la diversidad funcional y usar estos recursos para conversar con los niños. Las palabras y expresiones que usamos importan: evitar etiquetas despectivas y referirse a las personas como “persona con discapacidad” en lugar de “discapacitado” es una buena práctica. Lo que nos une es más importante que lo que nos separa; aprender a valorarlo desde la primera infancia facilita la convivencia en una sociedad diversa.
La discapacidad no define a la persona, pero sí puede requerir ajustes en el entorno para garantizar su participación en igualdad. Por ello, las actitudes inclusivas no se improvisan: se aprenden en casa, en la escuela y en cada interacción cotidiana. En Olimpiadas Especiales se trabaja para construir entornos donde las personas con discapacidad sean reconocidas por sus capacidades y no por sus limitaciones, promoviendo el respeto, las oportunidades reales y una transformación en la forma de entender la inclusión. Hablar de discapacidad con los niños es parte de ese cambio, aprovechando su curiosidad para promover empatía y participación plena.
Las niñas y los niños deben entender desde el inicio que todos somos diferentes y que, aun así, podemos compartir muchos puntos en común. Es crucial explicar que las personas con discapacidad no están discapacitadas en todo; hay capacidades y áreas donde destacan. Hoy existen materiales educativos más inclusivos y personajes que ayudan a explicar la discapacidad física o intelectual a los más pequeños, sin ocultarla ni reforzar prejuicios.
Para terminar, recordemos estas ideas clave: usar terminología respetuosa; promover la diversidad y la igualdad; aprender con el ejemplo; y aprovechar cuentos, series y películas que presenten personajes con discapacidad de forma realista y positiva. Al hacerlo, estaremos construyendo una sociedad más inclusiva desde la infancia.