Los problemas en el lenguaje, también conocidos como trastornos de comunicación, son más frecuentes en personas mayores que en otras edades y se caracterizan por la dificultad para expresar lo que se siente o se piensa. Concretamente, los trastornos de la comunicación son un grupo de afecciones psiquiátricas que alteran los procesos del habla, el lenguaje u otros procesos comunicativos, afectando el vocabulario y la gramática, y limitando la capacidad de mantener una conversación en personas de edad avanzada.
La principal diferenciación entre los trastornos del lenguaje en adultos se basa en el aspecto de la comunicación afectado. Además, las patologías son diversas según la edad de quienes las padecen; por ejemplo, la tartamudez se presenta principalmente en la infancia o juventud.
Trastornos del Lenguaje Comunes en la Tercera Edad
Deterioro Cognitivo y Lenguaje
A medida que envejecemos, algunas funciones lingüísticas cambian, lo cual puede confundirse con trastornos cognoscitivos. El deterioro del lenguaje y del habla puede manifestarse como varios problemas que dificultan la comunicación.
- Dificultad para encontrar la palabra adecuada: Es más frecuente en adultos mayores que en jóvenes experimentar estados de "punta de la lengua" (PDL), que se deben a un fallo en la activación fonológica de palabras, especialmente nombres propios (Véliz et al., 2010). Esto puede manifestarse como dificultad para recordar un nombre o la palabra adecuada a una definición. Los resultados de estudios indican una modulación negativa del procesamiento ralentizado en el aumento de los estados de PDL relacionados con la edad.
- Limitaciones en la organización del discurso: Estas limitaciones pueden llevar a una imposibilidad para conversar eficazmente (Véliz et al., 2013).
Tipos de Trastornos Específicos
Los siguientes son trastornos comunes del lenguaje y del habla que pueden afectar a los adultos mayores:
Disfasia
La disfasia es una afección que puede presentarse debido a algún problema en las estructuras del lenguaje. A diferencia de la afasia, la disfasia no obedece a ninguna lesión orgánica.
Disartria
La disartria es una patología del sistema nervioso que afecta a la ejecución motora del habla. Según la parte del sistema nervioso afectada, existen diferentes tipos de disartria con mayor o menor gravedad. Las personas con disartria tienen dificultad para expresar ciertos sonidos o palabras, presentan un lenguaje mal pronunciado (habla enredada) y el ritmo o la velocidad del discurso cambia. Generalmente, un trastorno nervioso o cerebral les ha dificultado el control de la lengua, los labios, la laringe o las cuerdas vocales, que producen el lenguaje (Kirshner, 2022). La disartria, que es la dificultad para pronunciar palabras, a veces se confunde con la afasia, que es la dificultad para producir el lenguaje, aunque ambas tienen diferentes causas. Las personas con disartria también pueden tener problemas para tragar.
EJERCICIOS PARA EL MANEJO DE LA DISARTRIA
Afasia
La afasia es un trastorno neurolingüístico que conlleva el deterioro de los aspectos comprensivos y/o en la fluidez del lenguaje. Asimismo, puede dificultar la lectura y la escritura. A diferencia de la disfasia, la afasia tiene un origen físico, como un daño o lesión cerebral (accidente cerebrovascular, traumatismo craneoencefálico, tumor cerebral, demencias, entre otros), y se caracteriza por una alteración del proceso de comprensión y formulación de mensajes verbales, afectando tanto a nivel auditivo como visual (Kirshner & Wilson, 2022).
Alteraciones de la Voz
Cualquier factor que cambie la forma de las cuerdas vocales o su funcionamiento puede causar una alteración de la voz. Neoplasias como nódulos, pólipos, quistes, papilomas, granulomas y cánceres pueden ser los responsables, provocando que la voz suene diferente de lo normal. Las personas que usan mucho su voz (profesores, entrenadores, artistas vocales) son más propensas a desarrollar trastornos de la voz. Algunos de estos trastornos se desarrollan gradualmente, pero cualquier persona puede sufrir un deterioro repentino del habla o del lenguaje, generalmente debido a un accidente cerebrovascular o un traumatismo.

Factores Contribuyentes a los Trastornos del Lenguaje
Las patologías del lenguaje se dan con más frecuencia en ancianos debido a una serie de factores relacionados con la edad:
- Enfermedades neurodegenerativas: Conllevan un deterioro cognitivo que afecta las áreas del cerebro encargadas del lenguaje y la comunicación. Por ejemplo, los trastornos del lenguaje pueden ser uno de los primeros síntomas de la Enfermedad de Alzheimer (EA). Las personas con EA suelen tener mayor dificultad para encontrar palabras (nombres propios y comunes) y alteraciones en la comprensión compleja del lenguaje (Jonker et al., 2000). La demencia frontotemporal (DFT), también conocida como Afasia Progresiva Primaria, se caracteriza por dificultades en la nominación, el hallazgo de palabras y su significado, con patrones deficientes del habla o discurso (Sabat, 2001).
- Daño cerebral: Es otra de las principales causas de problemas de comunicación y lenguaje en adultos mayores. La afasia puede ocurrir en personas con tumores cerebrales o enfermedades degenerativas que afectan las zonas del cerebro que controlan el lenguaje.
- Enfermedad de Parkinson: Normalmente, se aprecian dificultades en la producción de nombres y un habla con articulación imprecisa, falta de entonación que genera un habla monótona, incremento de pausas entre palabras y frases, y bajo volumen.
- Enfermedades cerebrovasculares: Comprenden un grupo de alteraciones cognitivas y pueden causar alteraciones motrices que repercuten directamente en la producción del lenguaje. Los factores de mayor riesgo son hipertensión arterial, diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares.
- Trastornos del estado de ánimo: Como la apatía, son frecuentes en la tercera edad y pueden relacionarse con la decisión de una persona de dejar de hablar repentinamente, sin problemas del lenguaje previos.
- Pérdida parcial o total del sentido del oído: Un problema frecuente que puede llevar a situaciones de discriminación por falta de comunicación.
- Cambios bucales: El envejecimiento es un proceso dinámico de modificaciones morfológicas, funcionales, psicológicas y bioquímicas que se inician en el momento del nacimiento y se desarrollan a lo largo de nuestras vidas (Sáez Carriera et al., 2011). En este proceso, aumentan los riesgos de adquirir enfermedades e incapacidades. Los cambios morfológicos y funcionales que tienen lugar en la cavidad bucal con la edad forman parte del envejecimiento general del organismo. La musculatura facial pierde elasticidad y resistencia debido a la deshidratación y a un aumento del tejido fibroso. Los músculos masticatorios y de la piel pierden hasta el 20% de su eficacia al pasar de los 30 a los 65 años. La debilidad muscular es un aspecto reconocido en el envejecimiento fisiológico, con una atrofia lenta del tejido muscular que se manifiesta por fragilidad y dificultad progresiva para la ejecución de esfuerzos. Estudios han demostrado la pérdida de elementos contráctiles y su desplazamiento por tejido adiposo, resultando en menor fuerza masticatoria en adultos mayores. El cambio motor oral más frecuentemente reflejado en el anciano es el relacionado con la masticación. Los ancianos completamente desdentados tienen menor habilidad para adecuar los alimentos para su deglución, comparados con individuos más jóvenes, ya que tienden a dejar los alimentos triturados en partículas de mayor tamaño. La deglución se caracteriza por una mayor duración y la realización de movimientos innecesarios. El habla es la función motora que parece resistir más la influencia del envejecimiento, afectándose casi imperceptiblemente, aunque la xerostomía puede dificultar la pronunciación de palabras.
- Cambios en la lengua: Se puede encontrar reducción del epitelio, atrofia de papilas (mayor afectación de las filiformes, menos en las gustativas en las papilas caliciformes), y agrandamiento varicoso nodular de venas en la superficie ventral. Con frecuencia, se produce una hipertrofia relacionada con el grado de desdentamiento, resultado de la transferencia de parte de la función masticatoria y fonética a la lengua. La presencia de fisuras también es frecuente, pudiendo relacionarse con estados carenciales y enfermedades sistémicas.
- Función salival: En las mujeres, la reducción de la velocidad del flujo salival es más notable después de la menopausia. La disminución no se reduce significativamente hasta aproximadamente los 60 años. Esta disminución afecta fonéticamente y puede dificultar la deglución de grandes porciones de alimentos. Algunos investigadores lo atribuyen al envejecimiento o a medicamentos (antihipertensivos, anticolinérgicos, antiparkinsonianos, psicotrópicos y sedantes). Otros autores han descrito cambios morfológicos glandulares, donde el tejido es reemplazado por tejido adiposo o conectivo. Si el flujo salival se reduce con la edad, la cantidad puede ser escasa y de insignificancia clínica, por lo que cuando un paciente geriátrico presenta síntomas de xerostomía, no debe considerarse consecuencia del proceso de envejecimiento, sino que es necesario valorar su estado general, oral y farmacológico para diagnosticar la causa de la hipofunción salival.
- Cambios en los dientes: Los dientes cambian de tamaño, posición, forma y color debido a la modificación de los propios tejidos dentarios (aumento o disminución de sustancias inorgánicas y orgánicas, esclerosamiento, neoformación tisular) y por la acción del medio bucal (atrición, erosión, caries, pérdida de dientes, enfermedad periodontal). También influyen el tipo de dieta, los hábitos, la dureza de los números y la posición, lo que conlleva en muchas ocasiones a una pérdida de la dimensión vertical y determina una protrusión mandibular. Los túbulos dentinarios se mineralizan, y la calidad de los vasos sanguíneos en la pulpa es afectada por el envejecimiento, disminuyendo de volumen y tamaño. El depósito de cemento continúa toda la vida, siendo menor cerca de la unión amelodentinaria y mayor en apical, y aunque más grueso, tiene mayor susceptibilidad a las lesiones cariosas.
- Cambios en el periodonto: Puede reaccionar al envejecimiento de dos formas: si hay poca higiene bucal, el acúmulo de placas dentobacterianas provoca gingivitis y, con el tiempo, en pacientes susceptibles, retracción gingival a nivel del cuello del diente, descubriendo el cemento y disminuyendo la resistencia a las caries.
- Cambios en las encías y la mucosa bucal: En las encías ocurre la pérdida del punteado, aspecto fibroso, delgadez o falta de la capa queratinizada. En la mucosa bucal, existe atrofia de epitelio, disminución de la queratinización, de la cantidad de células en el tejido conectivo, aumento de la sustancia intercelular y descenso del consumo de oxígeno; la falta de elasticidad con resequedad y atrofia tiende a la hiperqueratosis. Experimenta cambios relacionados con factores locales adquiridos a lo largo de la vida como la dieta, el tabaquismo, el alcoholismo y el uso de prótesis, volviéndose más delgada, lisa y seca, más permeable a sustancias nocivas y más propensa a daños mecánicos.
- Cambios en los labios y hueso alveolar: En los labios es muy común la queilitis comisural relacionada con deficiencias de vitaminas del complejo B y mordedura cerrada, así como queilitis y boca de "tabaco" a causa de deshidratación. En el hueso alveolar se presenta remodelación constante en relación con las fuerzas oclusales. Al reducirse estas fuerzas, el hueso alveolar se reabsorbe, disminuyendo su altura y grosor de las trabéculas; también se puede encontrar un adelgazamiento de la cortical con incremento de la porosidad, produciéndose esclerosis ósea, consecuencia de una mayor mineralización de la estructura ósea, que incrementa la dureza y disminuye la elasticidad, con probabilidad de fractura. Esto explica el relativo aumento de la densidad radiográfica en los pacientes de edad avanzada.
- Otros factores: Malos hábitos alimenticios, factores socioeconómicos y sociales también influyen en la salud bucal y, por ende, en la capacidad comunicativa.
Es importante recordar que cada persona es un individuo con sus propias circunstancias particulares. Los cambios bucales descritos pueden estar presentes o no durante el envejecimiento, dependiendo de diversos factores genéticos, hereditarios, orgánicos, ambientales, nutricionales, económicos y sociales.
Importancia de la Evaluación y el Tratamiento
Todos los trastornos del lenguaje en personas mayores repercuten de forma directa en el bienestar y la calidad de vida en la tercera edad. Por este motivo, es importante tratar los problemas del lenguaje desde la aparición de los primeros síntomas, como la incapacidad para hablar correctamente, problemas de comprensión, no recordar palabras o dificultad para leer o escribir.
Evaluación
Para la evaluación, su proveedor de atención médica realizará una historia clínica y un examen físico. La historia clínica puede requerir la ayuda de familiares o amigos. Es probable que su proveedor indague sobre el deterioro del habla: cuándo apareció el problema, si hubo una lesión y qué medicamentos toma la persona.
Exámenes de diagnóstico
Los exámenes de diagnóstico que pueden realizarse incluyen:
- Exámenes de sangre
- Angiografía cerebral para revisar el flujo sanguíneo en el cerebro
- Tomografía computarizada o resonancia magnética de la cabeza para revisar problemas como tumores
- Electroencefalograma (EEG) para medir la actividad eléctrica del cerebro
- Electromiografía (EMG) para revisar la salud de los músculos y nervios que controlan los músculos
- Punción lumbar para revisar el fluido cerebroespinal que rodea el cerebro y la médula espinal
- Exámenes de orina
- Estudio de la deglución (se toman radiografías mientras se traga)
- Radiografías del cráneo
Si se encuentran otros problemas médicos en el examen, necesitará consultar a otros especialistas. Para ayuda con problemas del habla, probablemente necesitará consultar un terapista del habla y del lenguaje o un trabajador social.
Tratamiento y Estrategias de Comunicación
Hay ciertos trastornos del lenguaje en adultos mayores que pueden requerir un tratamiento multidisciplinar en el que, además de logopedas, intervengan especialistas del ámbito de la psicología, terapia ocupacional o fisioterapia, entre otros.
Terapias y ejercicios
Los profesionales sanitarios pueden indicar terapias para desarrollar aspectos del lenguaje con dificultades, como vocabulario y gramática. El tratamiento también puede enfocarse en las causas subyacentes de por qué el adulto mayor ha dejado de hablar. Es importante la estimulación cognitiva para retrasar la pérdida de facultades en las fases iniciales de enfermedades neurodegenerativas.
- Ejercicios para el sistema respiratorio: Realizar inhalaciones y espiraciones por la boca y la nariz, reteniendo el aire unos segundos y soltándolo rápidamente.
- Ejercicios con la lengua: Mover la lengua en todas direcciones, realizando giros, llevándola al paladar superior y tocando con la punta todos los dientes. Mascar chicle también puede ayudar.
- Ejercicios con los labios: Sostener un palillo con los labios durante unos segundos, sin introducirlo completamente en la boca.
Estrategias de comunicación para cuidadores
Más allá de los tratamientos médicos, es necesario conocer cómo comunicarse con un mayor que sufre algún problema de comunicación:
- No solo existe el lenguaje verbal: Cuando la persona mayor muestre problemas de expresión o comprensión, se puede recurrir al lenguaje escrito o al no verbal.
- Tener paciencia: Dejar tiempo a que las personas mayores terminen las frases, escuchándolas con atención, tranquilamente, sin decirles que no se les entiende y sin pedirles explicaciones, manteniendo la comunicación no verbal.
- Cambiar de tema: En caso de que el anciano no consiga recordar una palabra o terminar una frase, podemos ayudarle sacando otro tema para evitar que se frustre.
- Adecuar el lenguaje: Es importante hablar lentamente, con frases cortas y pronunciando con claridad.
- Plantear preguntas sencillas: Lo más recomendable es que, al preguntar a un mayor con problemas de comunicación, pueda responder con un "no" o un "sí".
- Cuidar los gestos, las posturas y el tono de voz: Los adultos con problemas de comprensión del lenguaje son especialmente sensibles a la comunicación no verbal.
Además de estos consejos, la compañía y las muestras de afecto son especialmente necesarias para que el mayor se sienta comprendido, cómodo y feliz.