Lidiar con cambios de personalidad en el adulto mayor puede ser un reto tanto para familiares como para cuidadores. A menudo, estos cambios incluyen trastornos de conducta en personas mayores, que pueden manifestarse como agresividad, irritabilidad o resistencia. Entender y manejar adecuadamente estas situaciones es crucial para mantener un ambiente saludable y comprensivo. Conviene prestar atención a los cambios de conducta que se producen durante la vejez y a las razones que lo motivan.
Comprender los Cambios de Conducta en la Vejez
La Agresividad y Otros Trastornos de Conducta
Las alteraciones en el comportamiento de las personas mayores pueden llegar a ser un rasgo característico del proceso de envejecimiento. El ser humano está en constante evolución y también durante la tercera edad se producen cambios importantes a nivel psíquico y emocional. Los problemas más graves surgen cuando estas modificaciones conductuales se manifiestan de forma agresiva. Los cambios de conducta no siempre tienen por qué tender hacia la agresividad.
La agresividad en las personas mayores que nos rodean puede llegar a ser un problema para el entorno familiar. Estos síntomas son señales de alerta importantes y pueden requerir atención médica y apoyo emocional para gestionar adecuadamente los cambios de conducta en la tercera edad. El trastorno de la conducta suele derivar en otros aspectos como el insomnio, el estrés, el enfado o la apatía para las personas mayores.
Para cuidadores y familiares, las conductas agresivas de las personas mayores a su cargo implican un mayor desgaste y agotamiento a todos los niveles. Para un correcto manejo de estas situaciones complicadas, hay que tener en cuenta que la agresividad no tiene por qué manifestarse solo como violencia física o verbal. Este escenario puede comprometer la integridad física y psicológica de cuidadores y personas mayores.
Causas Subyacentes de los Cambios de Comportamiento
La agresividad en los ancianos suele ser un síntoma de una condición subyacente más que un cambio intencional en su comportamiento. Diagnosticar un trastorno de comportamiento no representa un desafío desde el punto de vista clínico, en tanto que los síntomas son relativamente fáciles de identificar. Si en años anteriores los ancianos nunca han demostrado un comportamiento agresivo, la aparición de este problema puede deberse a una patología.
Enfermedades Neurodegenerativas
Enfermedades como el Alzheimer o la demencia pueden provocar pérdida de memoria y agresividad. Las personas mayores que comienzan a desarrollar los síntomas del Alzheimer o la demencia son proclives a manifestar comportamientos de este tipo. La relación entre demencia y agresividad en ancianos es un tema complejo. En muchos casos, la persona mayor agresiva con demencia experimenta una pérdida de memoria y agresividad debido a los cambios cerebrales que alteran su capacidad de controlar emociones y comportamientos.
Las personas con Alzheimer pueden volverse agresivas debido a la confusión y frustración que sienten al no poder recordar personas, lugares o cómo realizar tareas cotidianas. Expresiones como «mi madre con Alzheimer me pega» reflejan cómo esta enfermedad afecta el comportamiento, causando desorientación y miedo que pueden desencadenar respuestas agresivas. No todos los enfermos de Alzheimer exhiben comportamientos agresivos; es solo uno de los muchos síntomas posibles y no se manifiesta en todos los casos.

Factores Emocionales y Ambientales
La agresividad verbal en ancianos a menudo surge de la frustración o confusión. Por ejemplo, un anciano que habitualmente es sereno podría empezar a mostrar hostilidad verbal durante una conversación aparentemente tranquila, posiblemente debido a la incapacidad para encontrar las palabras adecuadas o por sentirse abrumado por estímulos externos. La agresividad repentina en ancianos puede ser alarmante, por ejemplo, debido a un dolor repentino, una confusión momentánea o sentirse invadido en su espacio personal.
Las alteraciones del comportamiento no pueden entenderse como un suceso aislado. En ocasiones, estos comportamientos pueden generarse por frustración o tristeza de encontrarse sola y no ser tomada en cuenta. Una de las técnicas que más funciona a la hora de disminuir las respuestas agresivas en ancianos es pasar tiempo con ellos; este simple gesto aleja fantasmas como el de la tristeza o la soledad, dos de las causas que pueden estar detrás de los problemas de agresividad.
La importancia de la atención geriátrica para los adultos mayores 🧑🦳
Estrategias Prácticas para el Manejo y la Comunicación
Tratar con adultos mayores difíciles exige comprensión, paciencia y estrategias estructuradas. Con comunicación empática, rutinas claras, entornos adaptados y apoyo profesional, es posible mejorar la calidad de vida de todos.
Comunicación Efectiva y Empática
Para solucionarlo, es importante mantener la calma, hablar con un tono suave y no confrontativo, y tratar de identificar la causa subyacente del cambio en su comportamiento. La sobrecarga de estímulos hará que se ponga más nerviosa. Es necesario captar su atención mediante una comunicación verbal directa. La persona agresiva va a tomar una posición defensiva y podría sacarle partido a tus intentos de justificación para no tener que modificar su conducta.
El lenguaje corporal también influye en la comunicación con una persona que se muestra agresiva. Tu posición al hablar o al aproximarte a esa persona debe ser relajada, segura y no amenazante. Mientras la persona mayor no se calme, evita acercarte demasiado a ella. Habla de manera clara y tranquila. Evita discutir o confrontar directamente, ya que esto puede aumentar la agresividad en ancianos.
Además, sé empático o empática con él o ella. Y así como hablas, es importante escucharlo o escucharla proactivamente. No mires el celular o hacia otros lados. Escucha con mucha atención lo que dice el adulto mayor. No completes las oraciones, pero sí acepta la posibilidad de que sus momentos de silencio son para formular respuestas.
Asegúrate de que pueda escucharte. A muchos no les gusta aceptar que no oyen bien y que están perdiendo partes de la conversación. Pronuncia las palabras más despacio y claramente. Evita usar tonos altos (especialmente una voz aguda). Mira al adulto mayor cuando le hables y procura no tener que competir con el volumen de la radio o televisión.
Evita dar consejos si no te los piden. Al contrario, cada vez que tengas la oportunidad, pide la opinión del adulto mayor y hazle saber que valoras su experiencia. Acepta que se pueden tener opiniones diferentes sin tener que entrar en conflicto. Se puede aprender a estar en desacuerdo respetuosamente. Utiliza la distracción como técnica para cambiar el foco de atención. Las pataletas pueden ser muy frustrantes. Cada vez que puedas, trata de reír con tu ser querido -y no a expensas suyas-; el humor puede ser muy útil para darle un giro positivo a una discusión.
Adaptación del Entorno y Actividades
Mantener a los ancianos ocupados es otra de las estrategias adecuadas para evitar episodios de conducta agresiva. Para ello existen muchos recursos como las actividades programadas. Promueve actividades que sean de interés para el anciano, esto puede ayudar a canalizar sus energías de manera positiva y reducir la frustración. Por ejemplo, incluirlos en actividades para su desarrollo cognitivo y que los mantenga ocupados, desde la actividad más sencilla como una lectura o recopilación de fotos.
Cuenten con personal especializado puede ser lo más recomendable, especialmente cuando nos encontremos con ancianos con síntomas de demencia senil agresiva o estados avanzados de Alzheimer. En cualquier caso, siempre deberemos proporcionar un ambiente lo más tranquilo y seguro posible (evitando ruidos y estímulos innecesarios) o usar técnicas de relajación que sirvan como tranquilizantes para ancianos agresivos.

Abordaje de Desafíos Específicos de Cuidado Personal
Es importante reconocer que para el adulto mayor y para quien lo cuida hay un cambio de roles. Quien fue el padre, protector y persona independiente es ahora la persona que depende de otra para muchas cosas. Tratar a una persona con Alzheimer que es agresiva y difícil requiere sobre todo tener paciencia con las personas mayores. Es crucial recordar que estas reacciones son síntomas de su enfermedad y no reflejan su verdadera naturaleza.
El Baño
El baño diario es parte de la rutina de muchos, pero quizás no sea la preferencia de un adulto mayor cansado o que quisiera evitar sentir frío al salir del agua. Si no hay incontinencia fecal o urinaria, ¿es realmente necesario el baño diario? No. Es importante explorar por qué tu ser querido no está motivado para mantener su aseo personal. Es posible que se sienta inseguro en el baño, que tema resbalarse y caer, o que esté sintiendo frío.
Cuando ya no puede posponerse el baño, dar algún control a la persona puede ser útil. Puedes darle la opción de bañarse antes o después del almuerzo, permitir que escoja la ropa que va a vestir o dar a escoger entre dos actividades que sabes le gustan y que harán después. Por ejemplo, si un anciano con Alzheimer muestra agresividad al momento de bañarse, en lugar de forzar la situación, es mejor dar un paso atrás y tratar de entender qué podría estar causando su incomodidad. Hablar con calma, mantener un ambiente tranquilo y ofrecer alternativas puede ayudar. Un hijo que conocía redefinió las condiciones para ducharse con su padre: él se vestía en traje de baño y los dos conversaban bajo el agua mientras el aseo personal se llevaba a cabo.
La Higiene Bucal
En ocasiones, cepillarse los dientes se convierte en un reto. Debes revisar las cerdas del cepillo -que no sean ni muy duras ni muy blandas-, revisar la boca para ver si tiene úlceras o alguna lesión que le produzca dolor al cepillarse, y asegurar que la pasta dental o el enjuague bucal no sean demasiado fuertes y estén provocando incomodidad. Si la raíz del problema es dolor en las articulaciones de las manos, puedes adaptar el cepillo de dientes para hacer su mango más grueso y cómodo de agarrar.

La Importancia del Apoyo Profesional y el Cuidado del Cuidador
Buscar Ayuda Profesional
Infórmate sobre los trastornos de conducta en personas mayores. Comprender que estos cambios pueden ser parte de condiciones como la demencia o estar relacionados con la pérdida de memoria y agresividad ayuda a empatizar con la persona mayor. No dudes en buscar ayuda de profesionales en geriatría o psicología; ellos pueden ofrecer estrategias específicas y apoyo para manejar los cambios de conducta en la tercera edad.
Si en algún momento necesitas orientación sobre posibles apoyos o soluciones de cuidado, estamos aquí para ayudarte. Si es necesario, aconseja y acompaña a buscar ayuda profesional, donde un experto sabrá poder guiar para una mejor armonía de su vida diaria. Te recomendamos que tu madre sea revisada y puedas mencionar los cambios de su conducta, pues posiblemente se trate de algún cuadro de depresión o, si se detectan otros cambios como olvido, desorientación, falta de concentración o fatiga, podría ser indicio de una enfermedad subyacente.
Los trabajadores sociales son profesionales que te ayudarán a encontrar la mejor solución para tu familia en situaciones difíciles.
El Rol del Cuidador: Paciencia y Autocuidado
Si el cuidador o la persona cercana a un anciano se toma la ofensa como algo personal, la relación se deteriorará irremediablemente. Mantener la distancia y comprender que el anciano está expresando un problema mayor es la mejor solución al problema. No obstante, para llegar a este punto antes habrá que haber descartado otro tipo de estrategias terapéuticas que no impliquen el uso de medicamentos. En este sentido, la comunicación y el desarme psicológico del adulto mayor agresivo resultarán fundamentales para reconducir las situaciones de mayor estrés y disminuir la tensión.
Si se da el caso de un episodio de violencia verbal o física, lo mejor es olvidar los lazos que nos unen con la persona. Intentar no discutir con él y mostrarse flexible, que no se sienta inútil y darle la importancia de su función dentro del entorno familiar. Finalmente, es vital que los cuidadores también cuiden de su salud mental y física. Las personas mayores sufren con más frecuencia algún tipo de demencia, con lo cual, si el pequeño no tiene ninguna patología hay que afrontar la situación de diferente manera.
La importancia de la atención geriátrica para los adultos mayores 🧑🦳
Dignidad y Respeto en la Interacción con Adultos Mayores
La relación y comunicación con los adultos mayores puede ser una tarea compleja, ya que aún existen muchos estereotipos en relación a ellos. Ser adulto mayor no es sinónimo de fragilidad; al contrario, son personas activas, lúcidas y dignas del mismo respeto que se le da a cualquier otro ciudadano. Los adultos mayores son sujetos de derechos, y es importante recordarlo y reconocer sus potencialidades, valores y carencias. Son capaces de ser autónomos y tomar sus propias decisiones.
Evitar la Infantilización y Promover la Autonomía
Es común escuchar que alguien se refiere a una persona mayor como “abuelito” o “abuelita” cuando no hay ningún parentesco o cuando esa mujer u hombre no tienen nietos. También que se les trate como niños, como si no tuvieran discernimiento. Esto solo empeora las cosas al percibirse como un robo de dignidad. Procura mantener su autoestima alta y ser conscientes “del valor que tienen como persona con toda una vida llena de experiencias y conocimientos, aparte del derecho a exigir consideración no solo por lo que se fue sino por lo que se es”.
Deja que colabore con las tareas de la casa, si es que quiere. Es importante que mantengan actividades sociales y recreativas; para ellos también es importante tener momentos de ocio para salir de la rutina. ¡Todos lo necesitamos! Pueden ir a un parque, escuchar música, cantar, bailar. ¡Aún pueden aprender cosas nuevas! Ofrece la posibilidad de aprender nuevos pasatiempos u oficios, ligados o no a sus gustos.
Una buena comunicación comienza desde la comunicación no verbal. Preocúpate de tu presentación personal y tu actitud. Usa un tono de voz tranquilo y certero. No le grites. Si algo no sabes, dile que lo ayudarás a averiguar. Cuida el lenguaje no verbal.
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