La resiliencia de colombianos con discapacidad sin brazos

En Colombia, más de 3 millones de personas manifestaron tener algún tipo de discapacidad, lo que equivale al 7,1 % de la población total del país, según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2018 del DANE. Del total de personas que declararon tener algún tipo de dificultad, el 54,0 % corresponde a mujeres y el 46,0 % a hombres.

Para esta población, conseguir un empleo no es tarea fácil. De acuerdo con estadísticas del Registro de Localización y Caracterización de Personas con Discapacidad (RLCPD), el 64% de esta población no tiene ningún tipo de ingreso. Esto significa que podrían existir cerca de 2 millones de colombianos dependiendo económicamente de alguien más para subsistir.

Gráfico estadístico de personas con discapacidad en Colombia por género y situación laboral

Jhon Rueda: Un ejemplo de superación al volante

En este contexto, la historia de Jhon Rueda es particularmente inspiradora. Él, al igual que más de 80.000 colombianos, decidió manejar Uber para tener un sustento. La diferencia de Jhon con el resto de miles de conductores es que él no tiene brazos. Sin embargo, esto no ha sido un impedimento para que salga a las calles a ganarse su sustento por él mismo.

La historia de Jhon Rueda

Jhon Rueda se hizo viral después de que uno de sus pasajeros en Bogotá, sorprendido al ver su entusiasmo y pericia para manejar a pesar de su condición de discapacidad, grabó su trayecto haciéndole algunas preguntas. Jhon cuenta que al principio salir a trabajar y manejar así no fue tarea fácil, pues sentía que le faltaba fuerza, razón por la que se preparó para poder manejar y prestar el servicio de Uber como cualquier otra persona.

"Al principio me dio duro porque no tenía fuerza en las piernas, ni en los músculos y se me encogían los tendones, pero gracias a Dios pude superar todo y hoy en día manejo súper bien", dijo Jhon en entrevista para Telemundo.

Es tanto el buen humor de Jhon, que hasta hace chistes sobre su situación y lo que pasa cuando los pasajeros que recoge lo ven: "Siempre quedan sorprendidos al verme manejar sin brazos, es bastante curioso para ellos y cuando van a pagar en efectivo, también me preguntan: ¿usted recibe el dinero con el pie?". El usuario que grabó el video dice sorprendido que Jhon Rueda es el vivo ejemplo de que no hay obstáculos ni incapacidad que le impida a las personas hacer lo que quieren o conseguir algún trabajo.

Jhon está en condición de discapacidad desde que nació debido a que su madre sufrió de viruela y sarampión durante el embarazo, razón por la que nació sin brazos.

Hombre sin brazos trabaja como conductor en Bogotá | El Tiempo

Carolina Gutiérrez: El "Abrazo de Jirafa" que inspira

Carolina Gutiérrez, nacida en la localidad de Kennedy, en el sur de Bogotá, es otra persona que ha demostrado una increíble capacidad de adaptación. Su padre estuvo ausente y de su educación se encargaron su madre y abuela, quienes se esmeraron para enseñarle el valor de la independencia. Carolina no fue consciente de las limitaciones propias de su condición sino hasta que empezó a crecer y enfrentar el bullying de sus compañeros en la escuela. “Mi mamá me dijo mire, si usted se mata usted es la que acaba con sus sueños y los demás van a seguir viviendo”.

Superación personal y creación de "Abrazo de Jirafa"

Otra gran prueba de vida para Carolina fue el nacimiento de su hijo, fruto de una relación insana que la convirtió en víctima y superviviente de la violencia doméstica. Luego llegaron desafíos de salud, una amenaza de aborto y el abandono del esposo.

La creencia popular en Colombia dice que una forma de expresar afecto intenso es a través de un “abrazo de oso”. Producto de la observación animal, varios científicos han construido múltiples teorías sobre la funcionalidad del cuello de la jirafa. Los datos consignados revelan cómo los machos frotan el cuello de sus hembras varias veces antes de proseguir con su ritual de acoplamiento. Cuando Carolina conoció estas curiosidades de la jirafa, sintió una conexión con este gran mamífero y vio similitudes en su anatomía al comparar su torso superior -ausente de extremidades- con el largo cuello de la jirafa.

Así, su fundación se llama "Abrazo de Jirafa" porque, como ella explica, "obvio yo no doy abrazos de osos sino de jirafa". Esta iniciativa le ha permitido materializar el apoyo a otras personas con limitaciones físicas, pero con deseos de salir adelante a través del estudio y la superación personal. Hoy, en la fundación, trabajan siete personas con discapacidad y ocho cuidadores, entre ellos, un chico con enanismo y condroplasia.

Foto de Carolina Gutiérrez sonriendo en su casa, con el logo de su fundación

Luis Aguas: El campesino que trabaja con los pies

"La discapacidad en realidad es algo mental y me da lástima la gente que se considera menos". Esta es la percepción de la vida que tiene Luis Aguas, un campesino de 49 años que nació sin brazos y desde los 12 años trabaja el campo con sus pies y su inmensa voluntad.

Una vida de esfuerzo y dedicación en Sincelejo

Lucho, como lo llaman sus allegados, nació el 17 de diciembre de 1971 en el corregimiento de Los Palmitos, en Sincelejo, capital de Sucre. En esta tierra ha vivido toda su vida rodeado de campos de yuca, ñame y animales, a los cuales ha entregado su esfuerzo y dedicación.

Ese 17 de diciembre, Lucho llegó a formar parte de una numerosa familia de 10 hermanos. Su madre ya tenía experiencia en partos, por lo que el nacimiento de Lucho a manos de la partera de confianza parecía un trámite. Sin embargo, la alegría y la calma de aquel día se vieron perturbadas cuando Lucho tomó su primera bocanada de aire y sus hermanos y padres vieron que algo faltaba en el bebé. Ellos no sabían qué había pasado y por qué a su hijo le faltaban los brazos; apenas se veían un par de pequeños músculos, como una suerte de "dedos", que sobresalían de sus hombros.

Lucho nació con una condición que se llama Focomelia, un defecto de nacimiento que se caracteriza por la ausencia o reducción de huesos y músculos de los miembros inferiores o -en este caso- de los superiores. La familia no sabía el origen de esto y si era reversible, pero lo que sí tenían claro es que él era un Aguas Hernández y le podría faltar lo que sea menos amor y apoyo de su familia.

Cuando Lucho tenía 4 años, sus padres se lo llevaron a vivir con sus abuelos en la finca donde aún están ubicados. Desde esa corta edad, él ya veía sentado en una mecedora cómo sus abuelos, padres y hermanos mayores ya trabajaban en el campo, y él -como todo niño- se moría de ganas por hacer lo mismo. Entonces, desde temprana edad hizo todo lo que estuvo a su alcance para trabajar la tierra con lo que tenía disponible, sus piernas. Lucho aprendió a utilizar con sus piernas la pala, las tijeras, la escoba, el rastrillo y todas las herramientas de un campesino. A la edad de 12 años, gracias a que nunca se vio ni diferente ni menos que los demás, ya trabajaba esas 9 hectáreas de tierra con su familia.

Él solo trabaja toda la plantación que tiene en su casa en el corregimiento de Palmitos. "Yo siempre supe que podía hacer todo, porque hay un método para que todos hagamos todo lo que queramos, solo hay que encontrarlo y desarrollarlo. Al principio no fue fácil, obviamente, pero ganas fue lo que nunca me faltó", relata Lucho.

Luis Aguas trabajando la tierra con sus pies en su finca de Sincelejo

Familia, educación y nuevas tecnologías

Lucho se graduó de bachiller en 1992 y aprendió todo lo que necesitaba para trabajar en su campo. Años después, se casó con Inda Denis Angulo y concibió en el 2011 a Katherine Aguas Angulo, su única hija. La familia Aguas Angulo vive en la finca familiar, propiedad de los padres de Lucho, donde tienen un espacio para ellos en el que construyeron una casa de bahareque y donde tienen su espacio para sembrar y trabajar el campo separado de los demás hermanos Aguas.

En su casa todos lo quieren, respetan y admiran mucho, pero su fan número uno es su hija Katherine. "Esa niña me adora. Ella me ve como un ejemplo, como su héroe. Hasta les habla de mí a sus profesores y amigos del colegio, y ahora en esta época de pandemia y clases virtuales los trae acá para que yo les ayude con las tareas, en especial con las de dibujo", cuenta Lucho.

Lucho ayuda a su hija y a sus compañeros del colegio con las tareas. Les enseña a escribir, leer y -sobre todo- a dibujar. El dinero ha hecho falta, pero nunca decreció el amor y apoyo familiar. Tanto así, que la familia ha crecido a causa de la virtualidad. En la finca donde vive Lucho no hay internet, entonces su hija y los niños vecinos recibían las tareas en físico por parte de algunos profesores para que siguieran con el estudio. Desde que esta metodología empezó, Lucho se ha vuelto a sentir como en el colegio. Ya por su edad no trabaja el campo de la misma manera como cuando tenía 30 años, entonces dedica parte del tiempo a lo que es una de sus pasiones: el dibujo.

Katherine, prácticamente una publicista de las hazañas de su papá, lleva a sus amigos del colegio a que hagan las tareas en su casa con Lucho. Él les ayuda a leer, a escribir y -especialmente- a dibujar. Los niños se quedan embelesados viendo a Luis dibujar con sus pies o con los pequeños "dedos" que tiene a los costados de sus hombros, con los cuales puede agarrar el lápiz mientras con su mandíbula hace la presión necesaria para cada trazo.

Hombre sin brazos trabaja como conductor en Bogotá | El Tiempo

Un ejemplo para la juventud sucreña

Este campesino no solo es admirado por los niños de 10 años, sino que se ha convertido en la inspiración para las juventudes sucreñas. A inicios de este año, Lucho decidió que quería dar a conocer al mundo sus habilidades y vio en las redes sociales una herramienta para ello. Fue así como con ayuda del hijo de una amiga decidió crear una cuenta de Instagram (lucho_h2o), la cual ya tiene más de 1.200 seguidores.

Quien ayuda a Lucho con sus redes sociales es Jhon Jaime Mendivil, de 20 años y estudiante de Administración de Empresas, quien desde el 2014 conoció a Lucho y se convirtió en un admirador de sus habilidades y su resiliencia. "Yo tenía experiencia en el tema de las redes sociales, entonces cuando a Lucho se le ocurrió la idea y le contó a mi mamá, enseguida me propuse ayudarlo. Le dije, Lucho, yo tengo algunos conocimientos en redes sociales, entonces yo te ayudo en lo que necesites y te voy enseñando en el camino’, y él enseguida aceptó, así que cada tanto voy a su casa -que está bastante retirada- y grabamos cosas de su vida diaria para publicarlas en las redes", explica Jhon.

Gracias a este perfil de Instagram, muchachos de entre 15 y 20 años de Corozal, Sincelejo, Sincé y otros municipios de Sucre han preparado viajes para conocer a este campesino en persona. "Estos muchachos vienen acá a visitarme casi semanalmente y quieren que les enseñe a trabajar en el campo. A mí me gusta mucho que vengan y les cuento y les enseño todo lo que puedo. Aunque quizá no aprendan en realidad las labores del campo, lo más importante es el mensaje de que son capaces de hacer lo que quieran, como yo lo hago", explica Lucho. Los muchachos que van no solo buscan aprender, también tienen como propósito ayudar al campesino con comida y víveres.

Sueños y perspectivas futuras

Lucho asegura que las dificultades le han demostrado que él es igual a todo el mundo, pues tiene las mismas capacidades que todos. "Yo puedo hacer todo lo que hace una persona común, lo único que nunca he podido hacer es manejar un carro, pero es porque no tengo", bromea. Sin embargo, que haga chistes no significa que oculte su realidad. Así como tiene las mismas capacidades de todo el mundo, también tiene las mismas necesidades. "Yo les agradezco mucho a todos los que me apoyan y a la gente que me escribe y me sigue en Instagram. Ojalá algún día pueda compartirles que ya tengo una casita propia y bonita donde pueda recibirlos y enseñarles mejor de lo que lo puedo hacer ahora", dice el campesino.

Él, como cientos de miles de colombianos, no tiene una casa en condiciones donde estar con su familia y ese es su sueño. Nunca va a abandonar a sus hermanos, "pero no hay como tener uno un techo seguro", afirma. Este campesino, que está a poco de los 50 años, asegura que no se va a rendir en esa meta que se propuso y que así sea que él mismo deba caminar hasta Sincelejo para vender la yuca, va a lograr tener su propia tierra y con una casa bonita que tenga paredes duras en material, un buen piso embaldosado y un baño con techo. Además, quiere hacer más contenido para su Instagram y su canal de YouTube, por eso está gestionando cómo comprarse un smartphone para poder grabar más videos y subirlos a la web, pues el que tiene actualmente ni siquiera tiene cámara.

"Si yo he logrado hacer todo lo que he querido, cualquiera puede. La discapacidad es algo mental, y me da tristeza cuando veo gente que se limita porque sí o sin al menos intentarlo", manifiesta Lucho, y agrega que "si uno quiere, puede.

Jóvenes visitando a Luis Aguas en su finca para aprender y ayudar

Santiago Ocampo: El joven soñador

Santiago Ocampo, con 6 años, sabe muy bien que mantener el equilibrio en la vida no es cosa fácil. La ausencia de huesos en los pies y en un brazo le ha complicado la existencia, aunque él no se da por vencido. Él dice que quiere llegar “hasta donde Dios quiera, porque yo quiero viajar por todo el mundo, ser constructor, presentador de noticias”.

Sus papás son su gran apoyo. Su mamá, Yaleth, es quien lo graba y le enseña que con su ejemplo puede ayudar a que muchas personas como él, no le coman cuento a la enfermedad. “Le generan a él mucha confianza, es un niño que tiene un autoestima fuerte, porque se lo hemos trabajado desde pequeño, y cuando le dejan mensajes o ve los corazoncitos, eso lo motiva”, reconoce ella. Con el pasar de los días, la situación terrenalmente sí se complica. “Él va ganando peso y para movilizarse en las calles, que es un trayecto más pesado, a eso él se le dificulta porque sus pies son muy pequeños.

Santiago Ocampo, un niño con discapacidad, jugando y soñando con el futuro

tags: #colombianos #con #discapacidad #sin #brazos