Cada año en el mundo se pierden miles de vidas como consecuencia de desastres naturales. Muchos de ellos se derivan del desconocimiento de los fenómenos y otros por la realidad social existente. Por estos causales, este artículo procura reflexionar sobre la vulnerabilidad humana ante los desastres naturales desde la perspectiva socio-comunicacional, tomando como referencia algunas consideraciones en Perú. Para ello, se usó la metodología documental de la fenomenología, asumiendo una postura heurística del campo de la racionalidad crítica.

Una Perspectiva Integral sobre la Vulnerabilidad
La mejor forma de entender qué es la vulnerabilidad es prestando atención a su antónimo: la seguridad. La pobreza, por otro lado, es un concepto económico. “La pobreza es, así, una situación límite, mientras que la vulnerabilidad es la probabilidad de caer en esa situación límite”, explica María José Álvarez Rivadulla, profesora titular de Sociología en la Universidad de los Andes. De acuerdo con la profesora, a la hora de entender la diferencia entre pobreza y vulnerabilidad es fundamental prestar atención a que la vulnerabilidad no solo está determinada por la carencia actual de ingresos.
“Una sociedad que no tiene un colchón social, un tejido de protección para eventualidades de la vida y la economía, es una sociedad en la que las personas son más vulnerables a caer en la pobreza.” Las Naciones Unidas define vulnerabilidad social como aquellas condiciones determinadas por factores físicos, sociales, económicos, que aumentan la susceptibilidad de una persona, comunidad o grupo a sufrir los impactos de desastres de origen natural. La vulnerabilidad social es además un proceso complejo y dinámico. Está determinada por factores socioeconómicos, del ambiente construido, por el tipo de amenaza, culturales e históricos, y una serie de condiciones personales y sociales, que influyen cómo personas y grupos se preparan, responden frente a un desastre y se recuperan.
Impacto y Grupos en Riesgo
Los desastres son tanto causa como consecuencia de la pobreza y de la vulnerabilidad. Estos desastres pueden ser naturales -como el huracán Otis-, tecnológicos o sociales. La región es especialmente vulnerable a los desastres naturales, muchos de los cuales se ven agravados en intensidad y frecuencia por el cambio climático. Estos afectan sobre todo a las personas de países con ingresos más bajos y a las comunidades que viven en situación de pobreza, ya que tienen una menor capacidad de preparación y respuesta ante eventos como las tormentas tropicales o las sequías.
A su vez, existen condiciones de vulnerabilidad ante estos desastres que no tienen que ver con la capacidad económica de las personas. Los niños y las niñas, las mujeres, las personas más mayores, los miembros de comunidades indígenas y los pequeños agricultores tienen menos capacidad de hacer frente a las consecuencias de los desastres. De acuerdo con CEPAL, el impacto que los desastres tienen tanto en la pobreza como en la desigualdad confirman la necesidad de impulsar estrategias integrales de protección social. “En las dos primeras décadas de los 2000, los países de América Latina disminuyeron su pobreza debido al crecimiento económico por el boom de las 'commodities', las transferencias condicionadas y las políticas redistributivas en algunos lugares. Pero no atacamos la vulnerabilidad de la fuerza de trabajo”, explica.
Anualmente, millones de personas se ven expuestas de forma directa o indirecta a desastres de origen natural. Según el CRED (Centre for Research on the Epidemiology of Disasters), entre los años 2001 y 2020, ocurrieron 347 desastres en promedio cada año en el mundo. En el año 2021, se registraron 432 desastres, que provocaron más de 10,000 pérdidas humanas e impactaron a más de 100 millones de personas. El factor más importante que determina las consecuencias para las personas es la vulnerabilidad social.

Casos Emblemáticos y Análisis Social
En octubre de 2023, Otis pasó de tormenta tropical a huracán de nivel cinco en poco más de nueve horas. Su fuerza repentina sorprendió a la comunidad científica y pronto se atribuyó al cambio climático. El huracán dejó tras de sí 47 personas fallecidas, más de 20.000 viviendas afectadas y daños que alcanzaron los 15.000 millones de dólares, convirtiéndose en el evento climático que mayores pérdidas económicas provocó en 2023. Otis hizo que el mundo dirigiese su mirada hacia una ciudad que tiene dos caras: la turística, repleta de hoteles y servicios, y la informal, en la que miles de familias viven en situación de pobreza o de vulnerabilidad.
La lectura que tenemos en 2025 sobre los fenómenos naturales y los desastres es distinta a la que se tenía en 1985. "Se estudió a fondo la vulnerabilidad, no como un hecho natural, sino como una construcción social." En la reconstrucción material y simbólica, las mujeres tuvieron un papel decisivo. “Ellas removieron escombros, fueron las primeras en organizar albergues, comedores, guarderías y encabezaron los cuidados colectivos. Hicieron en la arena pública lo que ya hacían en la privada: tejieron redes de solidaridad y denuncia.” Se remarcó el papel de las costureras, que en medio de su duelo, encarnaron la dignidad laboral de quienes en décadas no habían tenido seguridad social, salario y reconocimiento frente a la precariedad y la opacidad de los empresarios y las autoridades. Demandaron participar en la planeación comunitaria, el diseño de viviendas y la autogestión de los recursos, y generaron espacios de empleo para mujeres y madres solteras.
“El sismo de aquella mañana (19 de septiembre de 1985) no sólo transformó la fisonomía urbana, sino que impactó profundamente las estructuras sociales, políticas e institucionales del país.”
En distintas ocasiones, los desastres naturales han servido para sacar lo peor del ser humano. En 1923 hubo un terremoto en Tokio-Yokohama. En Tokio se perdieron el 60% de los hogares. “Cuando nos enfrentamos a una pérdida solemos buscar culpables. La culpa proporciona un alivio emocional. Mientras un Gobierno sin líderes intentaba responder a la destrucción de su capital y los incendios continuaban asolando la ciudad, tanto el Gobierno como sus ciudadanos se volvieron hacia la minoría coreana. Los rumores surtieron efecto y la población coreana fue masacrada.” Lo de culpar al débil ha pasado más veces. Tras el paso del huracán Katrina por Estados Unidos en 2005 “vimos cómo muchos estadounidenses decidieron que sus compatriotas afroamericanos no eran víctimas de las circunstancias, sino de sus propias decisiones.” La tendencia de culpar a los que sufren es una respuesta tan común a los desastres naturales que la consideramos inevitable. “Por naturaleza, nos resistimos a la idea de que el sufrimiento pueda ser causado por fuerzas que escapan a nuestro control.”
Otis deja estela de devastación en México
Desastres de Gran Escala y la Memoria Colectiva
En 1783 entró en erupción el volcán Laki en Islandia. Se considera el desastre natural más mortífero de la historia. La erupción afectó al clima: el invierno siguiente fue mucho más frío, lo que provocó más muertes por congelamiento y hambre no solo en Islandia, sino también en Londres o Viena. Este frío afectó a las cosechas provocando hambrunas en países como Francia. La erupción también provocó la reducción de la energía de los monzones: en Egipto la falta de lluvia trajo hambre y sequía. “La nación perdió una sexta parte de la población, que entonces alcanzaba los 3,6 millones de habitantes. A esto se suma que con la erupción de Laki murieron más de diez mil personas, casi un cuarto de la población islandesa.” Normalmente relacionamos los desastres naturales con un lugar concreto pero, en ocasiones, esto es una imprecisión. Un ejemplo más cercano, en el que fuimos conscientes de la magnitud que puede alcanzar un desastre natural, fue el terremoto y tsunami en el Índico de 2004.
El mayor desastre de la historia de California se produjo en el invierno de 1861-1862 y fue una inundación (la Gran Inundación). La capital, Sacramento, se recuperó gracias a que, entre otras cosas, reconstruyeron la ciudad subiéndola por encima del nivel de la inundación. “Algunos propietarios arrancaron los edificios de sus cimientos y los levantaron tres metros. Otros abandonaron las primeras plantas y las rellenaron de escombros. En total, el proceso de reconstrucción duró quince años y tuvo un coste indecible”, explica Jones en el libro Desastres, cómo las grandes catástrofes moldean nuestra historia. “La Gran Inundación cambió radicalmente la economía californiana. Las inundaciones mermaron los rebaños y doscientas mil cabezas de ganado vacuno, cien mil ovejas y quinientos mil corderos se ahogaron. Los rancheros no podían permitirse repoblar sus rebaños.”
“Demostramos una capacidad asombrosa para olvidar los desastres del pasado o para minimizar su impacto”, afirma Jones, en parte esto se debe a que cuando hablamos de desastres naturales los fenómenos pequeños son los más frecuentes, luego están los grandes, más escasos, y los enormes, que todavía se dan menos. Por ejemplo, los terremotos en California: por cada uno de magnitud 7 hay diez de magnitud 6, cien de magnitud 5, mil de 4, diez mil de 3 y cien mil de 2. “En parte, que no pasemos a la acción para impedir que suceda una catástrofe se debe a nuestra incertidumbre de no saber cuándo tendrá lugar. Es normal que un riesgo con escasas probabilidades de suceder a lo largo de un año pase a un segundo plano frente a preocupaciones más inmediatas. Sin embargo, eso que consideramos un evento muy poco frecuente a nivel local es mucho más común a nivel global.” En relación a los terremotos es imposible predecir el momento en que se producen; el de magnitud 9 de Japón en 2011 era un terremoto que la mayoría de sismólogos habría dicho que nunca se produciría. Lo importante, destaca la autora, es que si bien los desastres son inevitables, las catástrofes humanas no lo son. De hecho, el trabajo de prevención del país hizo que el desastre no fuera mayor. La técnica y los materiales que emplean para sus edificaciones, además de los protocolos de actuación conocidos por sus habitantes para actuar en caso de terremoto, hicieron que, a pesar de que fue una gran tragedia humana, se considerara que Japón soportó mejor este desastre natural de lo que cabría esperar de otro país.
La Vulnerabilidad Específica de la Infancia
Los niños y las niñas se ven más expuestos a sufrir las consecuencias adversas de los desastres debido a que sus cuerpos y mentes están en desarrollo. El acceso limitado al agua potable y alimento suficiente luego de un desastre los vuelve vulnerables a enfermedades contagiosas y malnutrición, causas comunes de mortalidad infantil. Según la edad y la etapa del desarrollo en que se encuentre, un niño o niña tiene una capacidad psicológica limitada para entender lo ocurrido, lo que puede provocar angustia, depresión, síndrome de estrés postraumático y problemas conductuales.
Los daños y destrucción de la infraestructura afectan las instalaciones sanitarias, las escuelas y las viviendas. Los niños se enferman más a menudo y tienen menos acceso a cuidados de salud; reciben menos estimulación, educación y socialización y, en algunos casos son desplazados. Los niños también dependen de la protección de los adultos en sus familias, su comunidad y el gobierno. Las experiencias post-desastres de los niños son "una serie en cascada de estresores vitales, los que pueden durar meses o incluso años”. Existe evidencia fundamentada con relación a que el estrés y la alteración prolongados en etapas cruciales del desarrollo pueden tener amplias consecuencias para la salud y el desempeño de las personas a lo largo del ciclo de vida. Sin embargo, la investigación sobre este tema sugiere que la mayoría de los niños y las niñas que experimentan un desastre son resilientes y se recuperan sin problemas psicosociales o de salud a largo plazo.
La consecuencia no natural de los desastres naturales es que la vulnerabilidad no está distribuida equitativamente. Los niños y las niñas sobrevivientes de desastres cuyas familias disponen de capital financiero o social suelen satisfacer antes sus necesidades básicas, restablecer apegos seguros y rutinas estables de manera más rápida y serán considerados resilientes. Por su parte, es probable que los niños en situación más marginal sean quienes experimenten un desorden más prolongado, sean desplazados y sufran de estrés con secuelas a largo plazo.

El Cambio Climático como Catalizador de Desastres y Vulnerabilidad
El cambio climático se ha convertido en uno de los mayores desafíos que afronta la humanidad en el siglo XXI. Cada día, los efectos devastadores de la actividad humana en el medio ambiente se hacen más evidentes. En esta crisis climática se entrelazan dimensiones que abarcan no solo la salud de nuestro planeta, sino también los derechos fundamentales de los seres humanos.
Las comunidades más vulnerables son las que sufren de manera desproporcionada los impactos del cambio climático. Sequías más prolongadas, inundaciones catastróficas y eventos climáticos extremos afectan su seguridad alimentaria, su acceso al agua potable y su bienestar y estabilidad. La pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas afectan negativamente los medios de subsistencia, exacerbando la pobreza y aumentando la desigualdad. Es esencial comprender que la lucha contra el cambio climático no solo consiste en preservar la naturaleza, sino también en proteger y garantizar los derechos fundamentales de todas las personas.
“Los gases que la especie humana arroja a la atmósfera también afectan al clima, causando el calentamiento global. Nuestras emisiones son un proceso continuo, no esporádico.” “Se suele decir que los desastres naturales exponen y explotan los puntos débiles del sistema.” Hay desastres naturales que no se pueden predecir, lo que no quiere decir que no podamos hacer nada como prevención. Un buen ejemplo es el cambio climático.

Reflexiones y Llamados a la Acción
“Me maravillo cuando veo ciudades ubicadas en llanuras fluviales, en laderas de volcanes, a lomos de fallas activas. No me sorprende, esos lugares tienen sus ventajas.” Esta frase es de la sismógrafa californiana Lucy Jones y se encuentra en su libro Desastres, cómo las grandes catástrofes moldean nuestra historia. El libro de Jones es una invitación a la reflexión sobre la relación del ser humano consigo mismo y con su entorno.
Los desastres son eventos inciertos que causan muertes, lesiones y daños y alteran el orden cotidiano. Inmediatamente después de ocurrido un desastre parece que este afecta a todos por igual: puede ocurrir en cualquier lugar y atemoriza a todos quienes lo sufren. “La mejor inversión de una comunidad resiliente consiste en identificar las debilidades del sistema y repararlas antes de que se produzca el fenómeno.”
Las siguientes frases resaltan la urgencia de abordar el fenómeno global del cambio climático y nos invitan a reflexionar sobre su intrincada conexión con los derechos humanos y el cuidado de La Tierra:
- “Quiero que escuchen a los científicos. Y quiero que se unan detrás de la ciencia. Y luego quiero que actúen.” - Greta Thunberg, activista medioambiental.
- “La emergencia climática es una carrera que estamos perdiendo, pero es una carrera que podemos ganar. La crisis climática está causada por nosotros y las soluciones deben venir de nosotros. Tenemos las herramientas: la tecnología está de nuestro lado.” - Antonio Guterres, secretario general de la ONU.
- “La mayor amenaza para nuestro planeta es la creencia de que alguien más lo va a salvar.” - Robert Swan, historiador, explorador y activista.
- “La generación que destruye el medio ambiente no es la generación que paga el precio. Ese es el problema.” - Wangari Maathai, defensora y activista medioambiental, Premio Nobel de la Paz en 2004.
- “No tendremos una sociedad si destruimos el medio ambiente.” - Margaret Mead, antropóloga y poeta estadounidense.
- “El cambio climático no es un problema del futuro, está aquí y ahora y afecta a todas las regiones del mundo.” - Friederike Otto, doctora de la Universidad de Oxford y autora del informe del IPCC.
- “La tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la avaricia de cada hombre.” - Mahatma Gandhi, activista y pacifista.
- “La naturaleza no necesita a la humanidad, pero la humanidad sí necesita a la naturaleza.” - Harrison Ford, actor estadounidense.
- “Pretender que el cambio climático no es real no hará que desaparezca.” / “Interpreto personajes ficticios que a menudo resuelven problemas ficticios. Creo que la humanidad ha visto el cambio climático de la misma manera, como si fuera una ficción.” - Leonardo DiCaprio, actor estadounidense.
- “La sobreproducción está conduciendo a unos stocks de basura brutal que consume muchos recursos naturales del planeta. A día de hoy, si no eres parte de la solución, eres parte del problema.” - Javier Goyeneche, fundador y presidente de Ecoalf.
- “Cómo es posible que la especie con la mayor capacidad intelectual de la historia esté destruyendo su único hogar.” - Jane Goodall, primatóloga y antropóloga inglesa.
- “Si realmente crees que el medio ambiente es menos importante que la economía, intenta aguantar la respiración mientras cuentas tu dinero.” - Guy R. McPherson, científico estadounidense.
- “La conservación es un estado de armonía entre hombre y tierra.” - Aldo Leopold, medioambientalista estadounidense.