Centros de mayores: entre la esperanza y la dura realidad

La vida de las personas mayores a menudo está marcada por la incertidumbre, la lucha por la supervivencia y la necesidad de ser reconocidas. Muchas de ellas son víctimas de trata, violencia de género y pertenecen a familias con niños en situación de extrema vulnerabilidad. Sin embargo, la acogida y el apoyo no terminan con la provisión de vivienda, sino que abarcan desde atención psicológica especializada hasta formación en habilidades laborales y asesoramiento legal.

La gestión eficiente de los recursos y la contabilidad son aspectos cruciales para asegurar la sostenibilidad de estas iniciativas. El trabajo de organizaciones como Humanitarios Sin Fronteras (HSF) no se limita a la asistencia directa; se fundamenta en el esfuerzo colectivo y la creencia en el poder de la comunidad y la solidaridad como motores de cambio. La inclusión es vista no solo como una meta, sino como un camino que se recorre juntos, porque cada persona merece un lugar donde sentirse segura, respetada y valorada.

En Humanitarios Sin Fronteras, la misión va más allá de ofrecer ayuda y asistencia; se trata de ofrecer esperanza y construir futuros.

Iniciativas de residencias para adultos mayores

Hace aproximadamente dos años, un grupo de amigos y socios decidió crear una residencia para adultos mayores en Curicó, ante la falta de alternativas de este tipo de servicios en la provincia. Rafael Andrés Vergara Zerega, socio y gerente de Operaciones y Finanzas, explica que el concepto detrás de la residencia es replicar el trato y cuidado que les gustaría que recibieran los adultos mayores de su propio entorno.

Diseño conceptual de una residencia para adultos mayores con amplios espacios verdes y luminosos.

Modalidades de estadía

La residencia ofrece tres modalidades de estadía para adaptarse a las diversas necesidades de los adultos mayores y sus familias:

  • Permanente: El adulto mayor reside en la residencia de forma continua, con alimentación completa, cuidado las 24 horas del día, actividades de estimulación cognitiva y física, así como actividades recreativas. Incluye monitoreo médico, kinésico y de fonoaudiólogo según sea necesario.
  • Ambulatoria: Los adultos mayores son trasladados desde su domicilio a la residencia para integrarse en las mismas actividades y servicios que los residentes permanentes hasta la hora acordada con la familia, regresando a su hogar al finalizar la jornada.
  • Transitoria: La atención es idéntica a la modalidad permanente, pero por un periodo de tiempo limitado.

Rafael Vergara destaca que la casa, ubicada en el sector oriente de Curicó, cuenta con espacios amplios, luminosos y confortables, además de un parque de más de 6.000 m² de terreno, lo que contribuye a un ambiente agradable y propicio para el bienestar de los residentes.

Desafíos y problemáticas en residencias de mayores

Un informe reciente ha puesto de manifiesto graves problemas tanto en el modelo de gestión de residencias como en la coordinación entre las diferentes administraciones. El resultado de esta descoordinación ha sido el abandono de las personas más vulnerables a la epidemia y la desprotección del personal que las cuida.

La mortalidad sufrida por los mayores en residencias durante los peores meses de la epidemia de COVID-19 en España es una situación que no debería repetirse. Se estima que las 27.359 personas mayores fallecidas en estos centros (entre el 6 de abril y el 20 de junio de 2020, según el Ministerio de Sanidad) representan el 69% de las muertes por COVID-19 en toda España.

Gráfico comparativo de la mortalidad por COVID-19 en residencias y la población general en España durante la pandemia.

Según el informe, el elevado número de residentes fallecidos revela una desatención hacia los mayores debido a graves problemas en el modelo de gestión de las residencias, así como en la coordinación entre las administraciones competentes y las empresas gestoras. Estos problemas se manifestaron principalmente en la asistencia sanitaria y los cuidados dignos que deben brindarse en coordinación con los centros de atención primaria y los hospitales. La consecuencia fue el abandono de los residentes, los más vulnerables a la COVID-19, y la desprotección del personal que los atendía.

Déficit estructural y falta de planes de contingencia

El documento "Poco, tarde y mal. El inaceptable desamparo de los mayores en las residencias durante la COVID-19 en España" señala que estos centros mostraron un déficit estructural de recursos y de supervisión sanitaria, careciendo además de cualquier plan de contingencia. Ximena Di Lollo, responsable de la respuesta en residencias de la organización, explica que esta combinación hizo inviable responder a la epidemia, ya que, al ser "hogares para los mayores", las residencias no disponían de los recursos sanitarios y asistenciales necesarios, lo que tuvo un impacto directo en la salud de los residentes.

Durante las fases más agudas de la epidemia, la organización apoyó al personal de casi 500 centros en ámbitos como la prevención y el control de infecciones, el diseño de protocolos de sectorización y el uso de equipos de protección individual (EPI).

Crisis Corner Unplugged Episodio 5: Ya tienes tu plan de contingencia - ¿Què sigue?

En su nuevo informe, se alerta sobre la urgente necesidad de planes de contingencia que aseguren la alerta temprana y la respuesta inmediata en el control de infecciones para proteger a pacientes tan vulnerables como los mayores. Estos planes deben ir acompañados de una clara dotación de recursos financieros, humanos y materiales que fortalezcan el sistema de salud, tanto de atención primaria como hospitalaria.

"Las personas mayores deben estar en el centro de la respuesta a la COVID-19 para garantizar su derecho a recibir un tratamiento específico, urgente y digno, incluyendo la asistencia en los centros de atención primaria y las derivaciones hospitalarias", subraya Di Lollo.

Durante la intervención, se constató que no se priorizaron las derivaciones hospitalarias ni los circuitos preferentes, ni se utilizaron otros recursos disponibles para trasladar a los enfermos a otros centros u hospitales. Las residencias, concebidas para la convivencia y el cuidado, y no para el tratamiento medicalizado, se vieron obligadas a proporcionar cuidados para los que, a pesar de su buena voluntad, no estaban preparadas.

Necesidad de mecanismos de control de la infección

La capacidad en la prevención y control de infecciones (PCI), fundamental en una epidemia, también fue deficiente, al igual que el manejo de los casos para evitar su agravamiento, fueran o no casos de COVID-19.

En materia de detección, vigilancia y control de la infección, el informe recomienda, entre otras medidas, contar con profesionales formados en este ámbito para asesorar, capacitar y supervisar al personal asistencial. Para ello, es esencial identificar y formar una figura de supervisión de PCI, articular protocolos para el caso de rebrote y destinar mayor atención presupuestaria y formativa a esta cuestión.

Se señala también la urgente necesidad de garantizar un aprovisionamiento de reserva de materiales y equipos de protección, además de una formación adaptada, oportuna y con protocolos de uso claros para que el personal sociosanitario pueda protegerse y proteger a los residentes.

"La falta de formación en la utilización de los EPI para el personal ha sido una de las grandes fallas de esta respuesta, agravada por el hecho de que los EPI, que llegaron tarde, además de ser insuficientes, no siempre estaban adaptados a las necesidades de las residencias", lamenta Ximena Di Lollo.

Trato y cuidados dignos

Además de la deficiencia en los mecanismos de control de infecciones y la falta de material de protección, existió una gran incertidumbre debido a los casos asintomáticos y a la poca credibilidad de los tests diagnósticos. Todo ello llevó a menudo a la implantación de férreas medidas de aislamiento de los residentes, a veces de forma indiscriminada, y a la restricción o denegación de despedidas, visitas o movilidad dentro de la residencia. Esta situación tuvo consecuencias físicas y psicosociales graves para los mayores, quienes además no contaban con apoyo emocional.

Un testimonio recogido en el informe ilustra esta problemática: la directora de una residencia relata cómo, ante el temor de que una residente se dejase morir, la sacaba a diario para animarla. Sin embargo, al ser increpada por el personal de atención primaria por poner en peligro a los demás, tuvo que devolverla a la habitación. La residente dejó de comer y falleció días después. La directora afirma: "Yo no digo que no se fuese a morir igualmente, pero tengo claro que no quiso pasar por esto".

Ilustración simbólica que representa la dualidad entre aislamiento y conexión social en residencias de mayores.

El informe revela la necesidad de establecer un equilibrio entre aislamiento, cuarentena y convivencia. "Los responsables de estos centros deben velar por que el aislamiento físico no aísle socialmente a los residentes y se priorice en todo momento su salud tanto física como mental. El confinamiento no debe hacerse a expensas de las facultades físicas y cognitivas de las personas mayores, sino en atención a ellas", concluye Di Lollo.

Se recomienda cierta flexibilidad en la ocupación de los centros, especialmente en los periodos más críticos, para permitir la zonificación. En casos donde no sea viable tener habitaciones individuales, debe identificarse un espacio preventivo disponible para los periodos de riesgo. Los mecanismos de apoyo psicosocial son fundamentales, tanto para el personal y residentes como para sus familiares, algo que no ocurrió durante la epidemia.

Durante la intervención, se constató una gravísima carencia de protocolos para cuidados paliativos, final de la vida, despedidas y visitas. El documento revela falta de claridad y de ejecución de medidas enfocadas al tratamiento de confort, sedación y cuidados paliativos para las personas en estado terminal que no habían sido referidas a hospitales u otras estructuras durante la epidemia, dejándoles morir con un sufrimiento evitable.

"Deben permitirse las visitas de familiares y las despedidas en los momentos finales, siempre con las medidas de protección adecuadas", enfatiza la experta.

Descoordinación en la Administración y empresas gestoras de residencias

El informe señala también a las administraciones competentes y empresas privadas en todos los niveles, denunciando su descoordinación y falta de estrategias y prevención ante la epidemia.

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