La discapacidad intelectual (DI) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por un funcionamiento intelectual significativamente por debajo del promedio, presente desde el nacimiento o la primera infancia. Esta condición causa limitaciones para llevar a cabo las actividades normales de la vida diaria, conocidas como habilidades adaptativas. El término «retraso mental», utilizado anteriormente, ha sido reemplazado por «discapacidad intelectual» debido a un estigma social indeseable.
La DI no es un trastorno médico específico ni un trastorno de la salud mental. Las personas afectadas tienen un funcionamiento intelectual significativamente bajo, lo cual es lo suficientemente grave como para limitar su capacidad de afrontar una o más actividades de la vida diaria, requiriendo ayuda permanente.

Características y Niveles de Apoyo en la Discapacidad Intelectual
Las habilidades adaptativas se clasifican en varias áreas:
- Área conceptual: competencia en la memoria, la lectura, la escritura y las matemáticas.
- Área social: habilidades interpersonales, comunicación funcional, juicio social y conciencia de los pensamientos y sentimientos de los demás.
- Área práctica: cuidado personal, organización de tareas (para el trabajo o la escuela), administración del dinero, y salud y seguridad.
Las personas con discapacidad intelectual presentan diferentes grados de deterioro, que pueden ir de leves a profundos. Aunque el deterioro está causado fundamentalmente por un funcionamiento intelectual disminuido, el impacto sobre la vida de la persona depende más de la cantidad de apoyo que requiere. Por ejemplo, una persona con un leve deterioro según una prueba de inteligencia puede tener tan pocas habilidades de adaptación que requiera un amplio apoyo.
El apoyo se clasifica como:
- Intermitente: se necesita apoyo ocasional.
- Limitado: apoyo como, por ejemplo, un programa diario en un taller supervisado.
- Importante: apoyo continuo diario.
- Profundo: un alto nivel de apoyo para todas las actividades diarias, lo cual incluye la posibilidad de cuidados especializados exhaustivos.
Si nos basamos solo en las puntuaciones obtenidas en las pruebas de coeficiente intelectual (CI), cerca del 3% de la población total presenta discapacidad intelectual (un CI inferior a 70). Sin embargo, si la clasificación se basa en la necesidad de apoyo, solo alrededor del 1% de la población presenta discapacidad intelectual significativa.
Causas de las Discapacidades Intelectuales
La discapacidad intelectual puede tener su origen en una amplia variedad de circunstancias médicas y ambientales, afectando el crecimiento y desarrollo del cerebro. Incluso con los avances en genética, a menudo no se puede identificar una causa específica.

Causas antes o durante la concepción:
- Trastornos hereditarios (como fenilcetonuria, enfermedad de Tay-Sachs, neurofibromatosis, hipotiroidismo, síndrome del cromosoma X frágil).
- Anomalías cromosómicas (como el síndrome de Down).
Causas durante el embarazo:
- Déficit grave en la nutrición materna.
- Infecciones por virus de la inmunodeficiencia humana, citomegalovirus, virus del herpes simple, toxoplasmosis, rubéola o virus Zika.
- Sustancias tóxicas (como el plomo y el metilmercurio).
- Alcohol (trastorno del espectro alcohólico fetal).
- Fármacos (como la fenitoína, el valproato, la isotretinoína y los antineoplásicos [quimioterápicos]).
- Desarrollo anómalo del cerebro (como quiste porencefálico, heterotopia de la sustancia gris y encefalocele).
- Preeclampsia y nacimientos múltiples (como gemelos o trillizos).
Causas durante el nacimiento:
- Falta de oxígeno (hipoxia).
- Prematuridad extrema.
Causas después del nacimiento:
- Infecciones del encéfalo (como la meningitis y la encefalitis).
- Traumatismo craneal grave.
- Desnutrición del niño.
- Abandono emocional grave o maltrato psicológico verbal o físico.
- Venenos (como el plomo y el mercurio).
- Tumores cerebrales y sus tratamientos.
Síntomas de la Discapacidad Intelectual
Algunos niños con discapacidad intelectual pueden presentar anomalías evidentes al nacer o poco después, que pueden ser físicas o neurológicas. Estas incluyen características faciales inhabituales, tamaño de la cabeza muy grande o muy pequeño, malformaciones en las manos o en los pies y otras anomalías diversas. A veces, estos niños tienen un aspecto normal pero presentan signos de enfermedad grave, como convulsiones, letargo, vómitos, olor anómalo de la orina y trastornos en la alimentación y el crecimiento.
Durante su primer año de vida, muchos niños con discapacidad intelectual más grave tienen un desarrollo motor tardío y son lentos para rodar sobre sí mismos, sentarse y levantarse. Sin embargo, la mayoría no presenta síntomas perceptibles hasta el periodo preescolar, siendo un retraso en el desarrollo del lenguaje el primer problema que suelen notar los padres.
Los niños con discapacidad intelectual son lentos para usar palabras, unirlas y hablar con frases completas. Su desarrollo social es a veces lento debido al deterioro cognitivo y las deficiencias del lenguaje. Pueden ser lentos para aprender a vestirse y alimentarse por sí mismos. Algunos padres no consideran la posibilidad de una deficiencia cognitiva hasta que el niño está en la escuela y se demuestra una incapacidad para mantener las expectativas normales para su edad.
Además, estos niños son más propensos a tener problemas de comportamiento, como crisis explosivas, rabietas y comportamiento físicamente agresivo o autolesivo, frecuentemente relacionados con la incapacidad de comunicarse y controlar impulsos. Los niños mayores, a menudo ingenuos y crédulos, pueden ser víctimas de abusos. Entre el 20 y el 35% de las personas con DI también presentan trastornos de la salud mental, siendo la ansiedad y la depresión frecuentes, especialmente en aquellos conscientes de sus diferencias o que son acosados.
¿Qué es la discapacidad intelectual?
Diagnóstico de la Discapacidad Intelectual
El diagnóstico de la discapacidad intelectual se basa en una serie de pruebas y evaluaciones exhaustivas.
Detección prenatal
Durante el embarazo, se pueden realizar pruebas como ecografía, amniocentesis, biopsia de vellosidades coriónicas y análisis de sangre (como el cribado cuádruple y la alfafetoproteína) para identificar enfermedades que a menudo dan lugar a una discapacidad intelectual. El cribado prenatal no invasivo (NIPS) también se utiliza para diagnosticar trastornos genéticos en el feto, como el síndrome de Down, trisomía 13 o 18 y otros trastornos cromosómicos.
Pruebas de cribado del desarrollo
Desde el nacimiento, el crecimiento y desarrollo se evalúan rutinariamente en las visitas pediátricas. Los médicos realizan pruebas de cribado del desarrollo utilizando cuestionarios y evaluaciones rápidas de habilidades cognitivas, verbales y motoras. Los niños que muestran un nivel bajo para su edad en estas pruebas son sometidos a evaluaciones más formales.
Pruebas formales intelectuales y de habilidades
Cuando se sospecha DI, los niños son evaluados por equipos multidisciplinarios. La prueba formal consta de:
- Entrevistas con los padres.
- Observaciones del niño.
- Cuestionarios que comparan la puntuación del niño con la de otros de la misma edad.
Pruebas como el test de inteligencia de Stanford-Binet y la Escala de inteligencia de Wechsler para niños-IV (WISC-IV) evalúan la capacidad intelectual. Otras, como las Escalas de conductas adaptativas de Vineland, valoran la comunicación funcional, habilidades de vida diaria y destrezas sociales y motrices. El diagnóstico requiere integrar los datos de la prueba con la información de los padres y la observación directa del niño, confirmándose solo cuando la capacidad intelectual y adaptativa están significativamente por debajo del promedio.
Identificación de la causa
Se pueden realizar pruebas de diagnóstico por imagen, como la resonancia magnética nuclear (RMN), para detectar problemas estructurales en el cerebro, y electroencefalograma (EEG) para valorar convulsiones. Las pruebas genéticas, como el análisis de micromatrices cromosómicas, ayudan a identificar trastornos hereditarios. Otros análisis de orina, sangre y rayos X se realizan según la causa sospechada.
Es importante diferenciar la DI de otras afecciones como problemas de audición, trastornos emocionales o del aprendizaje, y situaciones de privación afectiva grave, que pueden confundirse con discapacidad intelectual.
Tratamiento y Apoyo Multidisciplinario
El apoyo para los niños con discapacidad intelectual es proporcionado por un equipo multidisciplinario que incluye el médico de atención primaria, trabajadores sociales, logopedas, y otros especialistas según las necesidades. El apoyo por parte de muchos especialistas, la terapia y la educación especial ayudan a los niños a lograr el mayor nivel de funcionamiento posible. Un cuidado prenatal adecuado, además, puede reducir el riesgo de tener un hijo con discapacidad intelectual.

Programas de Apoyo Residencial y Diurno (Atención en la Casa y Comunidad)
En el contexto del apoyo en la comunidad y el hogar, existen diversas iniciativas que ofrecen asistencia crucial. Organizaciones como el Hogar San Ricardo brindan actividades para niños, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual, buscando la involucración de benefactores y voluntarios para entregar amor y apoyo continuo a sus residentes.
El Hogar de Cristo, fundado en 1944, acoge con amor y dignidad a personas en situación de pobreza y exclusión social con discapacidad mental (psíquica y/o intelectual) y sus familias. Sus programas buscan favorecer el ejercicio de sus derechos fundamentales, ofreciendo apoyo residencial, ambulatorio y domiciliario. Entre sus servicios se encuentran:
- Hogares familiares: enfocados en una casa más que en un internado para acoger a niños.
- Hogar Protegido: un espacio residencial permanente, como el que alberga a 7 residentes en Quinta Normal.
- Programa para la Vida Independiente: atiende a personas que, pese a su discapacidad, pueden vivir de forma autónoma e incluso trabajar.
- PAFAM: dispositivo ambulatorio que ofrece contención emocional y ayuda práctica a cuidadores de adultos con problemas intelectuales o síquicos, visitando familias regularmente en comunas como Maipú y Estación Central.
- Centro Diurno: estos centros, como el del Hogar de Cristo en Quinta Normal, son vitales, ya que las escuelas especiales no suelen recibir a personas mayores de cierta edad y la oferta de programas para adultos es limitada. En estos centros, se desarrollan habilidades sociales y se fomenta la integración, permitiendo a los cuidadores trabajar y a los participantes incluso conseguir empleo.
Casos como el de Sergio Cubillos (51 años), quien asiste al Centro Diurno y ha superado una etapa difícil en el Hospital Psiquiátrico, demuestran cómo estos espacios ayudan a normalizar pensamientos y a centrarse en el bienestar personal. Sergio, diagnosticado con esquizomorfia, encuentra en el Centro Diurno un lugar de apoyo y amistad, donde se siente capaz de trabajar y sueña con dormir tranquilo.
Rossana (60 años), con discapacidad síquica, encuentra en el Centro Diurno un espacio de apoyo, aunque la inseguridad en su barrio a veces le impide asistir todos los días. Su historia resalta la importancia de estos centros para la salud mental y el bienestar personal, a pesar de los desafíos externos.
Jaime Milla (37 años), derivado al Centro Diurno por recomendación de su terapeuta, ha encontrado distracción y claridad mental. A pesar de haber trabajado y tener una pensión administrada por sus padres, el centro le proporciona un entorno para socializar y mantenerse activo.
La historia de María Aravena (29 años), con discapacidad intelectual y madre de un hijo con la misma condición, subraya la necesidad de apoyo continuo. Su relación en el Centro Diurno con su pareja, Efraín, que vive en la Residencia Protegida, ilustra la importancia de estos espacios para la socialización y el apoyo emocional.
¿Qué es la discapacidad intelectual?
Educación Especial y Talleres (Ámbito Escolar y Formativo)
La educación para personas con discapacidad intelectual se enfoca en un desarrollo integral y la integración escolar y social. Un equipo de profesionales proporciona atención individualizada y adaptada a las necesidades de cada alumno, promoviendo un ambiente inclusivo y colaborativo.
- Educación Diferencial: adapta el aprendizaje a las necesidades individuales, fortaleciendo habilidades motoras, comunicativas, cognitivas y emocionales. Las educadoras diferenciales trabajan de manera individual y grupal, adaptando estrategias para potenciar el desarrollo académico y personal, garantizando un aprendizaje adaptado y una mejor calidad de vida.
- Sesiones Integrales: combinan diversas estrategias terapéuticas y educativas para fortalecer el desarrollo. A través de un enfoque interdisciplinario, se trabajan habilidades cognitivas, motoras, comunicativas y emocionales, promoviendo la autonomía e inclusión de los estudiantes.
- Talleres Laborales: brindan a los estudiantes con discapacidad intelectual (generalmente entre 15 y 26 años) herramientas para potenciar su autonomía, habilidades sociales y preparación para la vida adulta, ofreciendo formación en distintos niveles.
El acompañamiento familiar y la comunicación escolar son esenciales. Se ofrece apoyo personalizado a los padres, brindándoles información regular sobre el Plan Específico de Estudio, el Plan General y los avances de sus hijos. A través de reuniones y talleres, se fortalece el vínculo entre hogar y escuela, asegurando que las familias estén involucradas y comprendan cada etapa del proceso educativo.
Atención Médica y Salud Mental (Enfoque Hospitalario)
El Hospital Psiquiátrico, como mencionó Sergio Cubillos en su experiencia, puede ser un lugar de internamiento para personas con discapacidad intelectual que también presentan trastornos de salud mental complejos. La alta prevalencia de trastornos como la ansiedad y la depresión en individuos con DI, especialmente en aquellos conscientes de sus diferencias o que sufren acoso, subraya la necesidad de una atención psiquiátrica y psicológica adecuada. La medicación y las terapias son fundamentales para manejar estas condiciones y mejorar la calidad de vida. La detección y el tratamiento temprano de problemas de salud mental son cruciales para el bienestar integral de estas personas, evitando experiencias traumáticas y promoviendo un mejor ajuste social.
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