El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos demográficos más relevantes de los últimos 25 años, acompañado de cambios significativos en la estructura familiar y la incorporación de la mujer al ámbito laboral. Este crecimiento acelerado de la población de adultos mayores, como el observado en Chile, donde el grupo de 60 años o más se proyecta que aumentará del 10.6% en 2001 a un 19% en 2025, exige una mayor atención y responsabilidad organizada por parte de todos los sectores nacionales. Esta realidad debe ser vista no como un problema, sino como una oportunidad para actuar en beneficio de este grupo etario.

Desde una perspectiva global, el Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento de 2002 ya describía y analizaba los retos que plantea el envejecimiento mundial de la población, buscando diseñar un marco de actuación para las políticas nacionales e internacionales. Para lograr el apoyo integral del anciano, los programas actuales deben orientarse a la salud y los servicios sociales. Es fundamental generar un cambio cultural que mejore el trato hacia la población adulta mayor, promoviendo una percepción distinta del envejecimiento y creando medios para facilitar su desarrollo integral y el mantenimiento o recuperación de su funcionalidad.
Los gerontólogos han acuñado el término "edaismo" para referirse peyorativamente a las personas de edad avanzada (Butler y Lewis, 1982). Este concepto implica una visión tópica y despectiva que considera a las personas mayores como diferentes en sus opiniones, afectos y necesidades. La vejez es una consecuencia de un proceso biológico, pero también es una construcción cultural (Beauvoir, 1970), donde la interacción social moldea la imagen y las expectativas hacia los mayores. Es imperativo superar las limitaciones del paradigma biomédico para ofrecer una atención y cuidados adecuados a este grupo.
Concepto de Adaptación y Funcionalidad en la Vejez
La vejez es una etapa de la vida que experimenta un gran número de personas. La función puede conceptualizarse como la capacidad de los seres humanos para llevar a cabo actividades de manera autónoma, con distintos niveles de complejidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un adulto mayor sano es aquel que es autónomo, considerando la autonomía como el principal parámetro de salud en este grupo. Esto implica definir el estado de salud no en términos de déficit, sino de mantenimiento de la capacidad funcional. Un anciano sano es capaz de afrontar el proceso de cambios manteniendo un nivel adecuado de adaptabilidad funcional y satisfacción personal (OPS/OMS).
La Evaluación Geriátrica Integral y sus Objetivos
La valoración de la capacidad funcional se incluye dentro del concepto más genérico de Evaluación Geriátrica (EG), un proceso diagnóstico multidimensional e interdisciplinario que evalúa las capacidades funcionales, médicas y psicosociales de un anciano. Su objetivo es desarrollar un plan de tratamiento y seguimiento. La EG va más allá del examen médico de rutina, enfatizando los aspectos funcionales y la calidad de vida, utilizando instrumentos estandarizados de medida y equipos multidisciplinares. Los objetivos de la EG incluyen mejorar la certeza diagnóstica, optimizar el tratamiento médico, mejorar los resultados evolutivos, la capacidad funcional y la calidad de vida, optimizar la ubicación, reducir la utilización innecesaria de servicios y permitir la gestión de casos.
La capacidad funcional es el indicador más potente en la evaluación geriátrica, con instrumentos para su medición desarrollados desde fines de los años cuarenta y principios de los sesenta (como los de Kast y Barthel), que han sido corregidos y reformulados a lo largo del tiempo.
Tipos de Adultos Mayores según su Funcionalidad
La discapacidad tiene un impacto ineludible en la calidad de vida, afectando la posibilidad de realizar actividades cotidianas. El riesgo de mortalidad se eleva con el grado de discapacidad, como demuestran estudios poblacionales y de seguimiento. Asimismo, el consumo de recursos (frecuentación hospitalaria, visitas médicas, uso de fármacos) y el riesgo de institucionalización aumentan con el deterioro funcional. La discapacidad es un estado dinámico que puede mejorar, mantenerse estable o empeorar.
Dentro de la población adulta mayor, se pueden identificar tres grupos principales según su nivel de funcionalidad o autovalencia:
- Adultos mayores autovalentes (57% en Chile): Son personas sin enfermedad crónica que viven generalmente en sus viviendas, con familiares, solos o allegados. Suelen estar integrados en organizaciones de tercera edad como clubes, talleres o parroquias, donde buscan compañía, esparcimiento, aprenden y comparten experiencias.
- Adultos mayores frágiles (30%): Este grupo sufre ciertas limitaciones que, a pesar de los tratamientos, no mejoran su descompensación. Requieren ayuda profesional y de terceros para actividades de la vida diaria, que a menudo obtienen de familiares o centros de atención no siempre especializados.
- Adultos mayores dependientes (3% al 5%): Corresponden a personas que necesitan ayuda para todas sus actividades diarias. Su condición de invalidez los mantiene postrados, con un deterioro ostensible de su calidad de vida y la de su grupo familiar. Generalmente, los familiares cuidadores carecen de preparación para estas tareas, lo que genera mayores gastos y estrés. Este grupo depende de servicios especializados que incluyan cuidados continuos y de larga estancia, paliativos o curativos.
Para el mantenimiento de la funcionalidad, es crucial la detección anticipada de situaciones que pongan en riesgo su conservación. El ser humano es un ser social que intercambia experiencias y conocimientos en todas las etapas de su vida, por lo que el aprendizaje no se relega solo a los grupos jóvenes de la población.
El Proceso de Adaptación en Centros Residenciales
El progresivo aumento de la población mayor ha llevado a que la dependencia -la necesidad de una tercera persona para realizar actividades diarias- sea un factor predictor crucial de ingreso en centros residenciales. Aunque las políticas actuales buscan mantener a la persona mayor en su hogar, el recurso residencial se está reconsiderando para casos donde ya no es factible vivir dignamente en casa.
Los centros de atención residencial deben ser conceptualizados como centros sociosanitarios, polivalentes y multifuncionales, abiertos a la comunidad y con modelos de atención e intervención psicosocial. Su objetivo es cuidar, mantener y potenciar la calidad de vida de la persona mayor y su familia. El ingreso en estos centros ha sido ampliamente estudiado y, en ocasiones, equiparado con la institucionalización.
Ingresar a un familiar en una Residencia de mayores - Fundación Rey Ardid
La Institucionalización: Un Proceso con Fases Claras
La institucionalización es un proceso que no se limita a un cambio puntual, sino que se desarrolla en varias etapas, cada una con características y problemáticas específicas. Goffman (1) describió la "institución total" como un lugar donde grupos de personas viven separadas de la sociedad, compartiendo una situación común en un régimen cerrado y formalmente administrado. Aunque esta descripción se ha comparado con los antiguos asilos, la realidad actual de los centros residenciales busca distanciarse de ese modelo.
Las fases principales del proceso de adaptación en centros residenciales incluyen:
- El preingreso: Esta fase, anterior al acceso al centro, puede comenzar mucho antes con la toma de decisiones individual y familiar, la tramitación burocrática y la espera de plaza. Es un momento crítico por la incertidumbre y las dudas, que pueden generar estrés. Las estrategias incluyen visitas previas a la residencia, donde la persona mayor pueda participar conociendo los espacios, actividades y la información del centro.
- El ingreso: Durante esta etapa, el acompañamiento familiar es fundamental. Actividades como ordenar las pertenencias en la habitación, decorarla con fotografías y organizar el clóset, junto con la invitación a conocer las áreas de la residencia, son cruciales. Los profesionales deben orientar y guiar tanto a familiares como al residente, atendiendo sus inquietudes y necesidades.
- El período de adaptación y la estancia posterior: Es la fase en la que la persona mayor se ajusta a su nuevo entorno y rutina. La adaptación depende de múltiples factores externos (familia, centro) e internos (características de la persona mayor).
Si el ingreso se entiende como un estresor -un evento vital que exige un esfuerzo de adaptación excepcional-, se pueden explicar algunas problemáticas. La posibilidad de anticipación permite generar expectativas, analizar motivaciones y abordar situaciones previas que generaron la necesidad del ingreso.
Efectos de la Institucionalización
Tradicionalmente, los estudios se centraban en los efectos negativos del ingreso y la institucionalización, como el aumento de morbimortalidad, la agudización del deterioro, la disminución de la autoestima y las dificultades en la capacidad de adaptación. Se describía incluso un síndrome específico de institucionalización, caracterizado por apatía, indiferencia, disminución de capacidades cognitivas, sumisión y dificultad para expresar sentimientos. Se observaban sentimientos de dependencia, resignación, indefensión, aceptación, resentimiento e incluso gratitud.
Sin embargo, no todos los residentes experimentan estas reacciones negativas. Algunos muestran una mejoría en su estado y relaciones familiares, experimentando una sensación de alivio, especialmente en casos donde la persona llega de situaciones de aislamiento, pobreza, desamparo o déficits importantes en autocuidado. Estas personas pueden mejorar sus condiciones de vida al recibir atención residencial especializada.
De lo que sí hay constancia es que el ingreso en un centro residencial puede aumentar el nivel de dependencia, definido por un bajo nivel de actividad (5, 6). Esto ocurre porque las personas que pueden realizar actividades diarias pueden dejar de hacerlo por un mecanismo de ajuste de su conducta a las expectativas de un mayor desvalimiento personal y una actitud pasiva ante la baja percepción de control ambiental. La estructura organizativa de muchos centros, basada en modelos hosteleros y clínicos, a menudo evita que los residentes realicen actividades rutinarias de autocuidado, lo que, junto con una baja expectativa de autonomía funcional por parte del personal, afecta negativamente el rendimiento del residente (5). Este efecto generador de dependencia implica una disminución en la capacidad de autodeterminación, control sobre la propia vida, el establecimiento de una rutina rígida y, en ocasiones, una reducción del contacto con la sociedad. La percepción de control personal sobre el medio es un factor clave en la adaptación.

Para hacer frente a este efecto perverso de la atención residencial, se requiere un cambio de modelo conceptual, una adaptación organizativa de los centros a las verdaderas necesidades de los usuarios y un esfuerzo formativo importante del personal. Este es uno de los retos actuales de la atención residencial especializada.
Un Nuevo Enfoque: Optimización del Proceso
Actualmente, el enfoque no se centra en analizar los efectos meramente positivos o negativos, sino en estudiar los procesos y variables influyentes para buscar estrategias que optimicen la adaptación, disminuyendo los aspectos negativos y potenciando las oportunidades. Se parte de la premisa de que el centro residencial es una elección positiva y un recurso adecuado para situaciones de dependencia, contrarrestando la visión de que es un "último recurso" o una "elección por exclusión", lo cual influye negativamente en la percepción de los mayores.
Envejecimiento Exitoso y Estrategias de Adaptación
El proceso de adaptación es permanente en el ciclo vital, una interacción proactiva con el entorno que permite el ajuste a las situaciones y exigencias vitales. Cuando las demandas superan los recursos de la persona, puede aparecer el estrés como disfunción en la respuesta adaptativa. El concepto de envejecimiento exitoso se enfoca en establecer los límites del funcionamiento en la edad avanzada y las condiciones que permiten su mantenimiento (7). Este enfoque subraya la variabilidad interindividual y la plasticidad intraindividual conductual, que asume la capacidad de aprendizaje de las personas mayores (8).
Estos autores plantean un proceso continuo de adaptación a lo largo de toda la vida mediante tres componentes que interactúan entre sí:
- Selección: Se refiere al proceso de especialización de competencias conductuales.
- Optimización: Refleja la regulación para funcionar en niveles elevados, eficaces y deseables de ejecución.
- Compensación: Se refiere a la modificación de estrategias para compensar los déficits (9).
Vulnerabilidad y Adaptación de Adultos Mayores ante el Cambio Climático
Además de los desafíos internos de la vejez, los adultos mayores son uno de los grupos más vulnerables ante el cambio climático. Esta vulnerabilidad se manifiesta de manera diferenciada entre los distintos grupos sociales, exponiendo especialmente a las personas mayores. Los peligros más estudiados en este contexto son las olas de calor (54%), seguidas por las inundaciones (24%), mientras que las olas y extremos de frío son menos investigados (8%).
Las brechas en la vulnerabilidad frente al cambio climático se manifiestan en varios aspectos, incluyendo el acceso limitado a servicios y las limitaciones económicas. La resiliencia en personas mayores se sustenta en su habilidad para adaptarse mediante estrategias de afrontamiento exitosas desplegadas en eventos previos, caracterizadas principalmente por la modificación de patrones conductuales y culturales adaptativos.
El impacto psicosocial del cambio climático no es exclusivo de la edad; quienes están más directa y fuertemente afectados por riesgos naturales enfrentan una mayor probabilidad de experimentar consecuencias en la salud mental (Clayton, 2019). Por ejemplo, se ha observado un incremento en las hospitalizaciones psiquiátricas durante las olas de calor (Clayton, 2019), donde el uso de tecnologías como aire acondicionado o ventiladores ha demostrado mitigar su impacto, aunque en ocasiones el acceso a estas tecnologías es limitado, aumentando el aislamiento físico y social.
Factores Clave para la Satisfacción y Calidad de Vida
Es fundamental comprender los factores determinantes que influyen en un alto grado de satisfacción con el estado de salud en las personas mayores. Entre estos factores clave se incluyen:
- El mantenimiento de un buen nivel de capacidades funcionales.
- La ausencia de enfermedades físicas y problemas psicológicos.
- El mantenimiento de una actividad física adecuada.
- El uso regular de servicios sanitarios y sociales.
Para la población mayor, los aspectos más significativos que impactan en la calidad de vida están estrechamente vinculados con la salud, las relaciones interpersonales, la autonomía funcional y el mantenimiento de una vida activa.
Importancia del Aprendizaje Continuo y el Enfoque Interdisciplinario
En todas las etapas de la vida, el ser humano, como ser social, intercambia experiencias y conocimientos con su entorno. Por lo tanto, el aprendizaje no es algo relegado solo a los grupos jóvenes de la población. Esto subraya la importancia de desarrollar nuevas estrategias psicosociales y educativas que minimicen la vulnerabilidad y dependencia de terceros en la vejez.
La interdisciplinariedad en el estudio del envejecimiento es fundamental, ya que permite integrar diversas perspectivas y conocimientos para una comprensión más completa de la capacidad adaptativa de los adultos mayores. Sin embargo, esta diversidad puede complicar el proceso de investigación debido a los diferentes tecnicismos y lenguajes utilizados por cada disciplina, lo que requiere un esfuerzo consciente para crear un lenguaje común que facilite la colaboración y el avance en este campo esencial.
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