Los estudios sobre los efectos del envejecimiento en la fisiología y el metabolismo son cada vez más, uno de sus objetivos es contribuir a instrumentar programas para mejorar la calidad de vida y prevenir discapacidades en la vejez. Es de gran importancia mencionar que durante el envejecimiento se presenta una desaceleración natural del metabolismo, se produce una serie de cambios en la regulación de la energía, lo que contribuye a la pérdida de peso y grasa; estos cambios en la regulación de la ingesta calórica contribuyen en un aumento de la susceptibilidad al desequilibrio energético tanto positivo como negativo, lo cual va asociado a un deterioro en la salud. Sin embargo, el llegar a la vejez, no es una sentencia de muerte para el metabolismo, por el contrario, éste puede ser controlado mediante el mantenimiento de un estilo de vida activo, aunado a esto investigaciones han demostrado que el metabolismo puede ser regulado mediante el papel que desempeña un sistema de reloj sincronizado (ritmos biológicos), el cual a su vez es modulado por varias proteínas reguladoras; esta relación garantiza que las células funcionen correctamente y por tanto el mantenerse saludables.
La vejez implica cambios en la regulación de la energía que pueden favorecer la desregulación de la ingesta y la utilización de sustratos, con efectos variables en la masa muscular y la grasa. Los cambios se dan en un contexto de variabilidad individual amplia y de múltiples comorbilidades, lo que complica la extrapolación de hallazgos entre poblaciones.
Ajustes de la ingesta y el metabolismo de energía en la vejez
La edad avanzada se acompaña de alteraciones en las respuestas de la ingesta. Las fluctuaciones del equilibrio en la sobrealimentación y la subalimentación son hoy en día un excelente objetivo para ser estudiado en forma sistemática. En el humano, desde el punto de análisis bioquímico-metabólico-fisiológico, muchos mecanismos que regulan el equilibrio energético siguen sin explicación completa, especialmente en la vejez. Hoy en día las tendencias seculares a la ganancia de peso en todo el mundo han mostrado la ineficacia de estos mecanismos de regulación; sin embargo, se acepta que en la vejez estos cambios pueden tener múltiples explicaciones (anorexia del envejecimiento) y están mediados por factores hormonales, metabólicos y conductuales.
La sensibilidad al sabor y al aroma tiene un papel central en la desregularización de la energía. Se observa que la detección y reconocimiento del umbral de la sal y otros sabores específicos se ven afectados con la edad, en parte por la medicación y, en parte, por la pérdida funcional del olfato y el gusto. La disminución de la sensibilidad gustativa y olfativa puede retrasar el vaciado gástrico y la absorción de nutrientes, lo que se ha asociado a cambios en la saciedad y en la ingesta alimentaria. La saciedad se define como la sensación de plenitud al comer y puede alterarse significativamente en la vejez, con hambre anormalmente baja después de ayunos o balance energético negativo en personas mayores.
La glucosa en sangre desempeña un papel crucial en las señales de hambre; en adultos jóvenes, pequeñas caídas de glucosa pueden disparar la ingesta. En adultos mayores, la regulación de la glucosa y la respuesta a la hipoglucemia están atenazadas, y la elevación de insulina posprandial suele verse de forma más marcada, lo que podría retardar la percepción de hambre y prolongar el periodo postprandial. Además, el retraso en el vaciamiento gástrico asociado a la edad puede extender la disponibilidad de nutrientes a la circulación y favorecer una digestión más prolongada, contribuyendo a cambios en la ingesta y la saciedad.
La depresión, el aislamiento social y otros factores psicosociales se vinculan con alteraciones de la ingesta y la pérdida de peso en adultos mayores. Comer solo, por ejemplo, puede reducir el consumo en un rango notable y, a su vez, la interacción social en comidas puede influir en la cantidad y calidad de la ingesta, afectando la salud metabólica. El mantenimiento del gradiente de energía y la homeostasis metabólica dependen de un reloj circadiano que regula la liberación de leptina y otras hormonas, y que puede verse afectado por cambios en el sueño, la luz y los ritmos de actividad.
Reloj biológico y regulación hormonal
Las investigaciones han mostrado que el reloj circadiano regula los niveles de energía y, por ende, el metabolismo en mamíferos. La leptina es una proteína clave que funciona como regulador del reloj de 24 horas a través del control hormonal y de su propio ritmo circadiano. Esta proteína influye en la liberación de otras hormonas que controlan la ingesta y el balance energético. El TOR (TOR) es una serina/treonina quinasa sensible a nutrientes que regula el crecimiento y metabolismo, y se ha sugerido como un posible responsable del aumento de la esperanza de vida asociado a la restricción calórica. En conjunto, estos ejes sostienen que el envejecimiento metabólico no solo es un proceso de pérdida de función sino un estado regulable mediante intervenciones de estilo de vida y perfil hormonal.
La restricción calórica ha sido objeto de investigación intensa por su relación con el síndrome metabólico y la longevidad, pero el enfoque práctico debe considerar la individualidad, la salud general y las comorbilidades de cada adulto mayor. Los cambios en el balance energético se ven modulados por variaciones en la ingesta, la utilización de sustratos y la respuesta hormonal que cambia con la edad.
Cambios fisiológicos relevantes en sistemas clave
La vejez implica cambios estructurales y funcionales en varios sistemas: cardiovascular, renal, central, muscular y metabólico. En el sistema cardiovascular, se observa envejecimiento de vasos y conductos con incremento de rigidez arterial y cambios en la función endotelial, afectando la presión arterial y la perfusión tisular. En el sistema renal, la velocidad de filtración glomerular disminuye con la edad y hay modificaciones en la vasculatura y la capacidad de concentración de la orina, así como cambios en la homeostasis ácido-base. En el cerebro, se observa reducción en volumen cerebral y en la eficacia de procesos cognitivos, aun cuando la pérdida neuronal sustancial no siempre se da en todos los casos. En la musculatura y el tejido adiposo, la masa muscular tiende a disminuir y la grasa corporal, especialmente visceral, tiende a aumentar, con implicaciones para la resistencia a la insulina y el riesgo de diabetes. Finalmente, los cambios en el ojo y oído, piel y huesos reflejan la complejidad de la aging process, que se manifiesta en múltiples órganos y sistemas.
Envejecimiento renal y metabolismo de calcio/fósforo
Con la edad, el riñón experimenta pérdida de parénquima, engrosamiento de la membrana basal y esclerosis glomerular, con caída progresiva de la tasa de filtración y cambios en la excreción de electrolitos y aminoácidos. El metabolismo del calcio y fósforo puede verse afectado por una menor producción de 1,25-dihidroxivitamina D y por la menor expresión de Klotho, lo que podría participar en la menor reabsorción renal de calcio y otros sustratos clave. Estos cambios contribuyen a un mayor riesgo de osteoporosis y alteraciones en la homeostasis mineral.
Envejecimiento cardiovascular
El envejecimiento arterial se caracteriza por incremento de rigidez, remodelación de la matriz extracelular con mayor colágeno y menor elastina, y activación endotelial con mayor inflamación y producción de citoquinas. Esto eleva la presión de pulso y la rigidez arterial, factores determinantes del riesgo de isquemia y de enfermedad cardiovascular en mayores de 60 años. La evaluación de la rigidez arterial y de la onda de pulso se utiliza como predictor de riesgo coronario, complementando otras medidas clínicas.
Prácticas clave para mantener la salud metabólica en la vejez
- Actividad física regular: ejercicios de resistencia y de carga para mantener masa muscular, fuerza y densidad ósea; la inactividad acelera la pérdida de masa muscular y la ganancia de grasa.
- Nutrición equilibrada: dieta rica en fibra, frutas, verduras, granos integrales, proteínas magras y calcio-vitamina D; evitar excesos de grasas saturadas y azúcares simples.
- Control de peso y metabolismo: mantenimiento de un peso saludable mediante porciones controladas y monitoreo de la ingesta calórica frente a la actividad física.
- Salud cardiometabólica: manejo de presión arterial, colesterol y glucosa; no fumar; manejo del estrés y de hábitos de sueño adecuados.
- Salud cognitiva y sensorial: estimulación cognitiva, socialización y protección ocular y auditiva; manejo de la desnutrición y la deshidratación, especialmente en entornos de cuidado.
Tablas y figuras recomendadas
Tabla 1. Envejecimiento de sistemas y cambios metabólicos relevantes en el adulto mayor (resumen de efectos en renal, cardiovascular, muscular y dieta).
| Sistema | Cambios clave | Implicaciones clínicas |
|---|---|---|
| Riñón | Disminución de VFG, esclerosis glomerular, cambios en manejo de agua y electrolitos | Riesgo de deshidratación, hiponatremia y alteraciones en la vitamina D |
| Corazón y vasos | Rigidez arterial, disfunción endotelial, incremento de la presión de pulso | Aumento de riesgo de hipertensión y enfermedad coronaria |
| Musculoesquelético | Disminución de masa muscular, aumento de grasa visceral | Debilidad, caídas, resistencia a la insulina |
| Metabolismo de energía | Alteraciones en ingesta, saciedad, glucosa y hormonas reguladoras | Riesgo de desequilibrio energético y malnutrición |

Gráficos sugeridos

Figura 1. Algoritmo de aproximación diagnóstica para ECM en adulto con manifestaciones neurológicas o hepáticas, destacando la utilidad de pruebas simples (amoniaco, homocisteína, lactato, acilcarnitinas, aminoácidos, porfirinas) para guiar el tratamiento intensivo en escenarios agudos.
¿Qué es la Leptina?
Resumen conceptual
El envejecimiento no es solo una acumulación de daño, sino un estado regulable del metabolismo que interactúa con el reloj circadiano, la ingesta, la microbiota y la actividad física. La intervención temprana mediante estilo de vida activo, nutrición adecuada y manejo de factores de riesgo puede modular los cambios metabólicos propios de la vejez y promover una vida más saludable y autónoma.