El envejecimiento es un proceso biológico universal e irreversible que afecta a todos los organismos vivos. En la población humana, este fenómeno se acelera, presentando desafíos biomédicos y sociales significativos. La comprensión de los cambios fisiológicos y morfológicos asociados a la edad es fundamental para abordar las necesidades específicas de los adultos mayores. Esta revisión se enfoca en los principales cambios que ocurren en los sistemas cardiovascular, renal, nervioso central, muscular y en el metabolismo de la glucosa, destacando la importancia de no generalizar las características de la población adulta de mediana edad a la población de adultos mayores, dada la gran variabilidad individual y la alta prevalencia de comorbilidades.
Cambios en el Sistema Renal
El envejecimiento se asocia con cambios estructurales y una declinación en la función renal, aunque la proporción de esta caída que es fisiológica frente a la que es secundaria a daño cardiovascular o factores de riesgo de Enfermedad Renal Crónica (ERC) no está completamente clara. La ERC es más prevalente en ancianos, siendo la edad el principal factor de riesgo. Se observa una pérdida de parénquima renal, con una disminución del peso renal y adelgazamiento de la corteza renal. La vasculatura renal también sufre alteraciones, como el engrosamiento de la pared arterial y la esclerosis de las arterias glomerulares, lo que conduce a una disminución del flujo plasmático renal y de la velocidad de filtración glomerular (VFG).
A nivel histopatológico, la membrana basal glomerular se engrosa, y algunos glomérulos presentan depósitos de material hialino y colapso capilar. La esclerosis glomerular puede afectar hasta un 30% de la población glomerular en la octava década de la vida. Se postula que el aumento del flujo sanguíneo medular renal podría deberse a una disminución en la producción de vasodilatadores como el óxido nítrico.
En cuanto a la función tubular, la capacidad de concentrar la orina disminuye, lo que podría deberse a una menor respuesta a la vasopresina y a la caída en la expresión de canales de agua y transportadores de urea. La menor capacidad de dilución de la orina aumenta la propensión a la hiponatremia ante sobrecarga acuosa. Aunque los valores basales de electrolitos plasmáticos generalmente no se alteran, la capacidad de adaptación a cambios agudos en el balance hidroelectrolítico se ve disminuida, incrementando el riesgo de trastornos hidroelectrolíticos.
Los niveles de renina plasmática y aldosterona disminuyen con la edad, lo que puede asociarse a una menor capacidad de excretar cargas de potasio y un mayor riesgo de hiperkalemia. La función reguladora del balance ácido-base muestra una mayor propensión a la acidosis metabólica moderada frente a sobrecarga ácida, con una disminución en la capacidad de acidificar la orina y excretar amonio urinario.
La anemia es más prevalente en ancianos, y aunque los niveles de eritropoyetina aumentan con la edad, la respuesta a la anemia se encuentra disminuida. La caída en el clearance de creatinina por debajo de 65 mL/min se ha identificado como un factor de riesgo para caídas y fracturas. Los niveles de 1,25-dihidroxivitamina D (1,25(OH)2D) disminuyen, afectando la absorción de calcio. Recientemente, se ha postulado que la proteína Klotho, una proteína anti-envejecimiento, podría jugar un papel en los cambios del metabolismo del calcio y fósforo debido a su disminución en la expresión renal con la edad, afectando la reabsorción renal de calcio.
Cambios en el Sistema Cardiovascular
Envejecimiento Arterial
El envejecimiento arterial se caracteriza por un aumento de la rigidez arterial, resultado de cambios estructurales en la pared arterial, principalmente en las arterias de conducción. A medida que las personas envejecen, el número de células musculares lisas en la túnica media disminuye, principalmente por apoptosis. Ocurre una remodelación de la matriz extracelular con aumento de fibras colágenas, disminución de elastina, y proliferación de células musculares lisas. Las fibras elásticas degeneran y disminuyen su proporción en la pared arterial, mientras que aumenta la cantidad de fibras colágenas y la microcalcificación en la túnica media.
La disfunción endotelial es otro cambio significativo, caracterizado por una disminución de la función vasodilatadora dependiente de endotelio y el desarrollo de procesos inflamatorios. Esto se manifiesta en una menor producción de óxido nítrico (NO), aumento en la producción de factores vasoconstrictores, estrés oxidativo y aumento de la NADPH oxidasa. El aumento en la producción de citoquinas proinflamatorias también contribuye al envejecimiento endotelial.
Se observa hipertrofia de las arterias de resistencia, con engrosamiento de la pared y reducción del lumen. El aumento de la rigidez arterial y de la resistencia periférica total contribuye al aumento de la reflexión de la onda de pulso y a la elevación de la presión arterial. La presión arterial sistólica aumenta con la edad, mientras que la diastólica se estabiliza o disminuye levemente después de los 55 años.
Signos clínicos de envejecimiento cardiovascular incluyen el aumento de la presión de pulso y la onda de pulso en las arterias periféricas, indicativos de rigidez arterial y mayor riesgo de isquemia. La medición de la Velocidad de Conducción de la Onda de Pulso (VOP) es un predictor independiente de riesgo coronario, especialmente en mayores de 60 años. El Índice de Aumento (Alx) es otra medida que estima la contribución de la reflexión de la onda de pulso en el aumento de la presión arterial sistólica central.

Cambios Cardíacos y Parámetros Hemodinámicos
Con el envejecimiento, el corazón experimenta cambios morfológicos y funcionales. Es común una ligera hipertrofia ventricular, especialmente del ventrículo izquierdo, que puede ser una respuesta adaptativa a la hipertensión arterial crónica y comprometer la capacidad de bombeo, aumentando el riesgo de insuficiencia cardíaca y arritmias. La fibrosis cardíaca, resultado de procesos inflamatorios, estrés oxidativo o acumulación de productos finales de glicación avanzada (AGEs), puede interferir con la contracción y relajación del músculo cardíaco.
Se produce una pérdida de células cardíacas (miocitos), disminuyendo su tamaño y densidad, lo que afecta la capacidad de contracción. La regeneración de las células cardíacas se reduce, dificultando la reparación de daños. Las válvulas cardíacas pueden volverse más rígidas y perder elasticidad debido a la acumulación de calcio, afectando su apertura y cierre y pudiendo causar flujo de sangre retrógrado. La función del nodo AV, responsable de la conexión eléctrica entre aurículas y ventrículos, puede verse afectada, repercutiendo en la eficiencia y sincronización de los impulsos eléctricos.
Los parámetros hemodinámicos también cambian. La presión arterial tiende a incrementarse, aumentando el riesgo de hipertensión arterial crónica. El gasto cardíaco o fracción de eyección puede disminuir debido a cambios en el miocardio o en la capacidad de respuesta del sistema nervioso autónomo. La regulación neuroendocrina y el control de la homeostasis se ven afectados; el sistema nervioso autónomo (SNA) y el sistema renina-angiotensina-aldosterona juegan roles cruciales en la regulación de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el balance hidroelectrolítico. La homeostasis vascular se ve comprometida por la disfunción endotelial, que progresa con la edad.
Los cambios hematopoyéticos incluyen una disminución progresiva en la producción de células sanguíneas en la médula ósea. Puede haber una disminución en la cantidad de glóbulos rojos o hemoglobina debido a menor producción, menor absorción de hierro o presencia de enfermedades crónicas.
Cambios en el Sistema Nervioso Central
El envejecimiento cerebral se caracteriza por una pérdida de células nerviosas y una disminución del peso del encéfalo (entre el 5% y 10%), así como una reducción en el consumo de oxígeno. La aparición de placas seniles y la acumulación de lipofuscina o amiloide pueden ser indicativas de patología, aunque no son determinantes por sí solas. En cuanto a la memoria, se ve afectada de manera constante, con una tendencia a disminuir la inteligencia fluida (razonamiento abstracto y resolución de problemas nuevos). Sin embargo, la inteligencia cristalizada (conocimiento adquirido) puede mantenerse o mejorar.
Se observa una disminución en la capacidad de atención, memoria de trabajo y pueden aparecer trastornos motores. El volumen cerebral disminuye, pero no por una pérdida generalizada de neuronas ni de arborización dendrítica. La capacidad de retención de información, la memoria y la focalización de la actividad neuronal se ven reducidas, afectando las funciones mentales superiores. En la mayoría de los casos, la pérdida de reflejos se debe a cambios en músculos y tendones más que en nervios, aunque algunos reflejos anormales pueden presentarse. Movimientos involuntarios como temblores y fasciculaciones son más comunes.

Cambios en el Sistema Musculoesquelético
El sistema musculoesquelético experimenta importantes transformaciones con la edad. La masa muscular disminuye (sarcopenia), acompañada de un aumento en la infiltración grasa. Esto se asocia a una disminución progresiva de la fuerza. La masa corporal magra se reduce, en parte debido a la atrofia muscular. La velocidad y magnitud de estos cambios parecen estar influenciadas genéticamente, comenzando en la adultez temprana para hombres y en la adultez media para mujeres.
Se observa la deposición de lipofuscina y grasa en el tejido muscular, las fibras musculares se encogen y el tejido muscular perdido puede ser reemplazado por tejido fibroso. Los músculos pierden tono y capacidad de contracción debido a cambios normales en el tejido y en el sistema nervioso. La rigidez muscular aumenta con la edad, incluso con ejercicio regular.
Los huesos pierden masa o densidad, especialmente las mujeres después de la menopausia, al perder calcio y otros minerales. El tronco se acorta a medida que los discos intervertebrales pierden líquido y se adelgazan. Las vértebras también pierden contenido mineral. La columna vertebral puede volverse curva y comprimida, formándose espolones óseos. Los arcos del pie se vuelven menos pronunciados, contribuyendo a una ligera pérdida de estatura. Los huesos largos de brazos y piernas se vuelven más frágiles debido a la pérdida mineral, pero no cambian de longitud, haciendo que parezcan más largos en comparación con el tronco acortado.
Las articulaciones se vuelven más rígidas y menos flexibles. El líquido articular puede disminuir, y el cartílago puede desgastarse. La calcificación alrededor de las articulaciones es común, especialmente en el hombro. Las articulaciones de cadera y rodilla pueden perder cartílago, y las de los dedos también, pudiendo formarse osteofitos (hinchazón ósea).
Los efectos de estos cambios incluyen huesos más frágiles y propensos a fracturas, disminución de la estatura, inflamación, dolor, rigidez y deformidades articulares. La postura puede volverse más encorvada, con flexión de rodillas y caderas, inclinación del cuello y estrechamiento de hombros. El movimiento se vuelve lento y limitado, la marcha se hace más lenta, corta e inestable, con menor movimiento de brazos. Las personas mayores se cansan más fácilmente y tienen menos energía. La fuerza y la resistencia disminuyen, contribuyendo a la fatiga y a una menor tolerancia a la actividad.
Problemas Comunes y Prevención
La osteoporosis es un problema común, incrementando el riesgo de fracturas, especialmente las fracturas por compresión vertebral. La debilidad muscular contribuye a la fatiga y a la disminución de la tolerancia a la actividad. Los problemas articulares, desde rigidez leve hasta osteoartritis debilitante, son muy frecuentes. El riesgo de lesión se incrementa debido a cambios en la marcha, inestabilidad y pérdida del equilibrio, que pueden conducir a caídas.
La prevención de estos problemas se centra en el ejercicio regular para mantener la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad, y ayudar a que los huesos permanezcan fuertes. Una dieta equilibrada, rica en calcio y vitamina D, es esencial, especialmente para las mujeres. Es importante consultar a un profesional de la salud antes de iniciar un nuevo programa de ejercicios y para el manejo de condiciones como la osteoporosis.

Metabolismo de la Glucosa
El aumento de la grasa corporal, especialmente la visceral, participa en una mayor resistencia insulínica. Esta resistencia, asociada a la disminución de la masa de células beta pancreáticas, facilita el desarrollo de diabetes mellitus. El páncreas, encargado de secretar insulina, puede hacerlo con menor rapidez con la edad, lo que puede desencadenar diabetes tipo II. La producción de tiroxina (T4) puede disminuir, llevando al desarrollo de hipotiroidismo.
Cambios en los Órganos de los Sentidos
El envejecimiento afecta los órganos de los sentidos de manera significativa:
Visión
Con la edad, los tejidos oculares sufren cambios estructurales y fisiológicos que conllevan una disminución gradual de la agudeza visual, la aparición de ojo seco, visión borrosa, pérdida de campo visual y alteraciones en la percepción de colores. La sensibilidad a la luminosidad también aumenta. Estos cambios afectan negativamente la capacidad para realizar actividades cotidianas.
Oído
Se produce la degeneración de las células ciliadas del oído interno, lo que resulta en una disminución de la agudeza auditiva bilateral (presbiacusia). Otros cambios incluyen el engrosamiento de la membrana del tímpano, pérdida de elasticidad de los huesecillos del oído y una disminución en el número de neuronas auditivas. Son frecuentes los acúfenos (tinnitus), la percepción de ruidos anormales en el oído, que pueden tener diversas causas, incluyendo la acumulación de cerumen o el efecto de ciertos medicamentos.
Gusto y Olfato
La disminución de la sensibilidad de las papilas gustativas y receptores olfativos, junto con una reducción en la producción de saliva y en la capacidad de regeneración de las células del epitelio olfativo, puede llevar a una disminución del apetito y menor ingesta de alimentos. La disminución del sentido del olfato (anosmia) puede afectar la detección de olores sutiles, como los de alimentos en mal estado, impactando la seguridad alimentaria y la calidad de vida.
Cambios en Otros Sistemas
Sistema Respiratorio
El rendimiento y la capacidad del sistema respiratorio se ven afectados. Hay una disminución de la elasticidad pulmonar y un aumento de la rigidez torácica, lo que limita la contracción-distensión pulmonar y genera un déficit en el intercambio de gases. La disminución de la respuesta a las señales que regulan la frecuencia y profundidad de la respiración puede resultar en una menor capacidad de respuesta al estrés y mayor predisposición a la fatiga. A medida que el sistema inmunológico se vuelve menos eficiente, aumenta la propensión a infecciones respiratorias.
Sistema Digestivo
Los músculos faríngeos se debilitan y la motilidad esofágica disminuye. La producción de enzimas digestivas puede alterarse, al igual que el vaciamiento gástrico. La mucosa gástrica puede adelgazar y la acidez gástrica disminuye, permitiendo que bacterias pasen al intestino. La disminución de la sensibilidad de las papilas gustativas y receptores olfativos, junto con la reducción en la producción de saliva, puede llevar a una disminución del apetito y menor ingesta de alimentos.
Sistema Urinario
Se observa una disminución en la capacidad de retención urinaria debido a que la vejiga se vuelve menos elástica. El volumen residual de orina se incrementa, lo que puede favorecer infecciones urinarias, nefropatías, cálculos renales y otros problemas vesicales.
Sistema Inmunológico
El sistema inmunológico envejece (inmunosenescencia), volviéndose menos eficiente. Esto resulta en una mayor propensión a infecciones y una menor respuesta a las vacunas. Se observa una disminución en la producción de células sanguíneas en la médula ósea.
Sistema Endocrino
Hay una reducción en el tamaño de algunas glándulas endocrinas, aunque no siempre afecta su funcionalidad, con la excepción notable del timo. Los ovarios en las mujeres disminuyen de tamaño y cesan su respuesta a las gonadotropinas, marcando la menopausia y una reducción en la producción de estrógenos. En los hombres, la próstata puede aumentar su estroma fibro-muscular, comprimiendo la uretra. El páncreas puede secretar insulina con menor rapidez, lo que puede desencadenar diabetes tipo II. La producción de tiroxina puede disminuir, llevando a hipotiroidismo.
Ritmos Fisiológicos y Homeostasis
Se presentan alteraciones y disminución de la amplitud de los ritmos circadianos de cortisol plasmático y temperatura corporal, así como un acortamiento del ciclo sueño-vigilia. Los ciclos de melatonina, hormona del crecimiento y gonadotropinas pueden desincronizarse. La homeostasis se ve afectada, con mayor susceptibilidad a la hipo o hipertermia, menor capacidad de tiritar y de vasoconstricción/vasodilatación eficiente para regular la temperatura corporal.
SARCOPENIA | Conoce los sintomas y TRATAMIENTO | perdida de masa muscular
En resumen, el envejecimiento implica una compleja red de cambios morfológicos y funcionales en todos los sistemas del cuerpo. El conocimiento detallado de estas modificaciones es esencial para comprender las diferencias fisiopatológicas en los adultos mayores y para implementar estrategias efectivas de cuidado y promoción de la salud.