Para muchas personas con discapacidad, puede resultar complicado relacionarse con personas ajenas a su entorno y su familia, hacer nuevas amistades o encontrar pareja. El primer paso para lograrlo es deconstruir los tópicos y los falsos mitos que rodean a las relaciones con personas con discapacidad. En este artículo, queremos derribar estas percepciones erróneas y explorar las realidades, los desafíos y los avances en este ámbito.
Rompiendo Mitos sobre la Discapacidad y las Relaciones de Pareja
Existe una serie de mitos extendidos que dificultan la plena inclusión de las personas con discapacidad en el ámbito afectivo y sexual. Abordarlos es fundamental para fomentar relaciones más sanas y equitativas.
La Sexualidad: Un Hecho que nos Iguala
La sexualidad es un hecho que nos iguala a todas las personas. Todos somos seres sexuados, sexuales y eróticos. Es cierto que algunos tipos de lesiones, como por ejemplo las de carácter medular, pueden tener consecuencias en los aparatos genitales masculinos y femeninos. Sin embargo, esto no es impedimento para tener una vida sexual plena. Está claro que no todos los cuerpos funcionan igual ni reciben placer del mismo modo, y que las parejas deben trabajar juntas esta parte de su sexualidad para explorar y disfrutar la intimidad. No cabe duda de que la sexualidad de las personas con discapacidad está influida por mitos y falsas creencias. La falta de información es lo que puede disparar conductas impropias, por lo que es crucial hablar del tema, ya sea porque la persona pregunte o cuando se adviertan inquietudes en ese sentido.

La Paternidad y Maternidad: Una Capacidad Ignorada
Al igual que ocurre con la sexualidad, muchas personas asocian la discapacidad a la imposibilidad de tener hijos, lo cual es un error tanto desde el punto de vista físico como emocional. Además, no toda discapacidad tiene un origen genético, por lo que la preocupación sobre la transmisión de la discapacidad a la descendencia es infundada en muchos casos.
Independencia y Vida Activa: Más Allá de la Dependencia
Las personas con discapacidad pueden tener una vida muy activa: pueden practicar deporte, viajar, salir con amigos, ir al cine, etc. Por suerte, cada vez existen más espacios adaptados (restaurantes, museos, teatros, etc.) y cada vez hay más conciencia sobre la necesidad de eliminar barreras de todo tipo, tanto a nivel social como institucional. Uno de los grandes miedos al salir con una persona con discapacidad es dar por hecho que los miembros de este colectivo son totalmente dependientes de su familia o de su pareja. El hecho de tener discapacidad no es un impedimento para disfrutar de una relación de pareja sana, estable y satisfactoria a todos los niveles.
Con el objetivo de romper estas barreras, en 2017 se lanzó la aplicación “Glimmer”. Esta plataforma virtual nació para ser totalmente inclusiva, no excluye a nadie. Cualquier persona, con o sin discapacidad, puede usarla, y no está orientada únicamente a encontrar pareja: también permite conocer gente y contactar con personas con las mismas inquietudes. Uno de sus objetivos principales es derribar los grandes mitos de salir con una persona con discapacidad.
La Percepción Propia y Ajena: ¿Quién Duda de la Pareja?
A veces, no solo el entorno piensa que una persona con discapacidad nunca tendrá pareja, sino que la propia persona con discapacidad puede desarrollar esa creencia. Esta autopercepción puede deberse a los obstáculos diarios o a la preocupación por el "tema de cuidar". En este sentido, la terapia psicológica es interesante para poder empoderarse y aprender a quererse más, fortaleciendo la autoestima y la confianza en la capacidad de establecer relaciones. Comentarios como "Mientras haya amor y sintonía entre los dos, no debería importar quien tenga la discapacidad" demuestran que la sociedad va cambiando poco a poco en muchos temas, aunque aún persistan ideas erróneas como la de que "el hombre ha de cuidar de la mujer" en una pareja mixta.
La Salud Sexual y los Derechos de las Personas con Discapacidad
La sexualidad es un aspecto fundamental de la experiencia humana, presente a lo largo del ciclo vital e incluyendo el sexo, la orientación sexual, la identidad, los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción. Considerar de forma amplia y comprehensiva la sexualidad es necesario para poder entender mejor el concepto de salud sexual.
Una Perspectiva Integral de la Sexualidad
Según la Organización Panamericana de la Salud (2018), la salud sexual requiere de un abordaje respetuoso de la sexualidad y las relaciones sexuales y afectivas, sin discriminación ni violencia alguna. Contempla un enfoque positivo que garantice los derechos sexuales de todas las personas, promocionando resultados saludables como el auto-respeto, el respeto mutuo, la no explotación y la satisfacción sexual.

Desafíos en el Desarrollo Sexual
Si bien es cierto que las personas con discapacidad presentan un desarrollo sexual similar al del conjunto de la población, experimentando los mismos deseos y necesidades sexuales y de intimidad (Borawska-Charko et al., 2017; Gil-Llario et al., 2018; Rushbrooke et al., 2014), también lo es que su sexualidad suele estar marcada por información inexacta y engañosa, llegando a experimentar dificultades en este ámbito. Algunas de ellas podrían estar relacionadas con el comportamiento que llevan a cabo o la expresión de sentimientos debido a baja autoeficacia (Eastgate, 2008; Rushbrooke et al., 2014), pobres habilidades de negociación sexual (Dawood et al., 2006), e incluso dificultad para aprender comportamientos sexuales “socialmente aceptables” (Kramers-Olen, 2016).
Evolución de Actitudes y Prejuicios Persistentes
Diversos estudios sobre las actitudes hacia la sexualidad de las personas con discapacidad muestran resultados positivos cuando se trata de aspectos relacionados con el derecho a una vida emocional/sexual plena, recibir educación sexual o realizar manifestaciones de afecto (besos, caricias o abrazos) (Cuskelly & Bryde, 2004; Gilmore & Chambers, 2010). Si bien las actitudes hacia la sexualidad de las personas con discapacidad parecen haber evolucionado en positivo a lo largo de los años, todavía existen creencias erróneas que ayudan a mantener una actitud negativa, dificultando su desarrollo psicosexual.
Un Estudio sobre Actitudes hacia las Relaciones de Pareja con Discapacidad
Un estudio reciente se propuso explorar las actitudes hacia las relaciones de pareja de personas con discapacidad que poseen sus familiares, profesionales y la población general. Este trabajo ofrece una visión detallada de las percepciones existentes y los desafíos que aún persisten.
Metodología del Estudio
En el estudio participaron 252 personas procedentes de tres grupos: 86 familiares, 80 profesionales y 86 personas de la población general. En los tres grupos, la distribución de la muestra según el sexo fue muy homogénea. Los instrumentos utilizados incluyeron un cuestionario Ad-Hoc de información sociodemográfica y la Escala de Actitudes hacia las Relaciones Sexuales de las personas con Discapacidad Intelectual (ARSEXDI) (Gil-Llario & Díaz-Rodríguez, 2017). Para la recolección de datos, se contactó con asociaciones españolas y directores de centros ocupacionales, divulgando información del estudio y enlaces a cuestionarios online. Los datos se analizaron mediante el paquete estadístico SPSS Versión 26.0, realizando análisis descriptivos y pruebas post hoc.

Hallazgos Clave: Diferencias en Tolerancia
El análisis de las actitudes hacia las relaciones de pareja mostró diferencias estadísticamente significativas entre los tres grupos, tanto en las relaciones entre personas con discapacidad intelectual (DI), sensorial (DS) o física (DF). En todos los casos, los familiares presentaron menor tolerancia hacia las relaciones de pareja, mientras que los profesionales fueron el grupo más tolerante. Las pruebas post hoc determinaron diferencias significativas entre familiares y profesionales, así como entre familiares y población general en los tres tipos de discapacidad.
Analizando el grado de aceptación hacia las parejas formadas por personas con discapacidad con el mismo o diferente género, los resultados en general mostraron diferencias significativas. En el caso de parejas del mismo género, las diferencias entre los tres grupos se observaron tanto en parejas de chicos como en parejas de chicas, indicando nuevamente una actitud más desfavorable por parte de los familiares y más favorable en los profesionales. Asimismo, en lo relativo a la edad, los resultados revelaron una actitud menos tolerante por parte de la familia y más tolerante por los profesionales, con independencia de que los miembros de la pareja con discapacidad tuvieran o no la misma edad.
Conclusiones del Estudio
En líneas generales, la tolerancia mostrada por los tres grupos hacia las relaciones de pareja fue diferente en la discapacidad intelectual, sensorial y física, en todas las condiciones analizadas. Este estudio reveló que son los familiares quienes presentan menor tolerancia hacia las relaciones de pareja, mientras que los profesionales han sido el grupo más tolerante. Estos datos van en la línea de investigaciones previas que muestran actitudes muy conservadoras en los familiares, mientras que los profesionales de la salud poseen actitudes mucho más liberales. La actitud de la familia es poco tolerante en los tres tipos de discapacidad con valores muy similares. Otro aspecto relevante fue que la familia mostró una actitud más desfavorable tanto si los dos miembros presentaban discapacidad o solo uno de ellos, y sin importar el género o la edad de los miembros de la pareja. En resumen, estos datos remarcan la importancia de seguir trabajando en la mejora de las actitudes hacia la sexualidad de las personas con discapacidad, y de manera particular las de los familiares, quienes han mostrado peor tolerancia.
EDUCACIÓN SEXUAL EN NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES CON DISCAPACIDAD
El Cuidado en la Pareja: Un Proceso de Reajuste
El cuidado de la pareja en situación de discapacidad o dependencia puede resultar una experiencia intensa que exige un proceso de reajuste en la relación, transformando la vida cotidiana por completo. Aunque las mujeres siguen siendo las principales proveedoras de cuidado, los hombres participan cada día más en esta tarea, invirtiendo tiempo y desarrollando las mismas responsabilidades.
Transformación de Roles y Vínculos
Una idea transmitida de generación en generación es que la pareja es el espacio más adecuado para dar y recibir cuidados, siendo una de las responsabilidades o compromisos que implícitamente parecen adquirirse. Sin embargo, esto puede contribuir a la sensación de aislamiento y malestar de quien cuida, y a la de pasividad y victimismo de quien recibe el cuidado. Es importante reflexionar sobre la presión que ejerce lo que se espera de una pareja que cuida a su pareja, pues puede afectar a una toma de decisiones de forma más libre. Una situación de discapacidad o dependencia en la pareja pone en marcha transformaciones en la distribución de los roles en la relación, que pueden afectar directamente a la satisfacción de la pareja. Puede ocurrir que el rol de prestar-recibir cuidado desplace al rol que desempeñaban como pareja, transformando el vínculo en una relación menos recíproca, comunicativa, erótica y sentimental.
La persona cuidadora puede sentir la presión de "tener todo bajo control" o de priorizar el cuidado de la pareja, olvidándose de sí misma. También pueden surgir ideas y emociones de cansancio o deseo de salir de la situación, acompañadas de culpabilidad al desearlo. El dolor es una experiencia subjetiva que se experimenta a través de innumerables pérdidas a lo largo de la vida, y en situaciones de cuidado en pareja, la pérdida de reciprocidad puede suponer la activación de una reacción de duelo.
Impacto en la Intimidad y la Vida Social
Una de las consecuencias del cuidado en la pareja afecta a las relaciones extradiádicas, que se ven restringidas por la focalización del tiempo en las múltiples tareas de cuidado. En ocasiones, el rol de quien cuida prevalece por encima de todos aquellos otros roles, dejando a un lado la vida social y relacional fuera del contexto de pareja y el propio autocuidado, lo que conlleva una mayor fragilidad social y una mayor vulnerabilidad. Es importante mantener contacto con el mundo, mantener la conexión con la red de relaciones y vínculos que aportan apoyo significativo. A veces, el apoyo significativo y válido puede llegar de un apoyo profesional o incluso de personas menos implicadas o cercanas a la realidad cotidiana de la pareja.
Redefiniendo la Intimidad Erótica
La intimidad no siempre tiene que ver con lo erótico y el placer compartido; el espacio y el tiempo de intimidad son esenciales para nuestro bienestar. La calidad del cuidado y la atención al cultivo de la intimidad compartida requieren de una comunicación abierta y honesta. Una intimidad compartida de calidad, que sea significativa y valiosa para ambos, requiere de planificación. Planificar encuentros para la intimidad de la pareja, en forma de citas donde se preserve ese espacio de tiempo para dedicarlo al cultivo de los gustos, deseos y aficiones en común, permite reforzar el rol que cada uno tiene en la pareja para salir del “modo cuidador o cuidadora”.
Un asunto importante a gestionar es compartir o no el lecho o la habitación para dormir, ya que la calidad del sueño puede verse deteriorada. Este espacio erótico siempre experimenta cambios a lo largo de su vida, y la discapacidad o dependencia de uno de sus miembros no tiene por qué implicar el final de su disfrute; la intimidad erótica puede reinventarse. Es necesario comprender que la nueva situación va a suponer cambios en la erótica que serán más fáciles de realizar si se pone atención a los aspectos más placenteros y gratificantes. Algunas parejas descubren nuevas formas de sentirse cerca a través del erotismo cuando otras formas de conexión se han deteriorado, mientras que otras se distancian al no poder conectar a este nivel.
El escenario erótico suele estar muy condicionado por la prescripción funcional del coito como práctica y del orgasmo como meta unívoca de la excitación sexual. Sin embargo, es fundamental cultivar el disfrute más allá de la genitalización y el coitocentrismo, con una sensualidad en la que participe todo el cuerpo como espacio de juego, estímulo y creatividad. En ocasiones se resta importancia a la sencillez de un abrazo o de una muestra de amor, cuando en general son los verdaderos pilares de la intimidad de calidad, o se tiende a percibir la situación de discapacidad como una merma en la vida erótica.
Relaciones de Pareja en Personas con Discapacidad Intelectual
Las relaciones de pareja forman parte del desarrollo vital de cualquier persona. Amar, compartir cariño, experimentar deseo, construir proyectos comunes y sentirse correspondido son dimensiones esenciales del bienestar emocional. Las personas con discapacidad intelectual no son una excepción: tienen los mismos derechos, necesidades y aspiraciones afectivas que el resto de la población.
Derechos y Aspiraciones: Más Allá de las Limitaciones
La discapacidad intelectual se caracteriza por limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en las habilidades adaptativas -conceptuales, sociales y prácticas- con inicio antes de los 18 años. Esta perspectiva es fundamental: no se trata tanto de lo que una persona “no puede hacer”, sino de qué soportes necesita para desarrollarse plenamente. La Organización de Naciones Unidas, mediante la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, reconoce el derecho al matrimonio, a fundar una familia y a vivir relaciones afectivas en igualdad de condiciones. Las relaciones de pareja en personas con discapacidad intelectual pueden incluir enamoramiento, compromiso, sexualidad, convivencia y proyectos de futuro. También pueden acarrear conflictos, rupturas y aprendizajes, como cualquier otra relación.
Rompiendo Barreras: El Caso de Vanessa y Moisés
Un ejemplo inspirador es el de Vanessa y Moisés. Empezaron a salir en marzo de 2019, después de conocerse en un curso de formación en jardinería. Su relación creció poco a poco, basada en la complicidad, el respeto y el apoyo mutuo. Con el paso de los años, consolidaron su vínculo y expresaron su deseo de formalizar su relación, casándose el 4 de julio de 2025, en una ceremonia llena de emoción, rodeados de las personas que los aman. Su caso demuestra que, con los adecuados soportes y el respeto a la voluntad propia, es posible construir un proyecto de vida compartido.
Abordando Prejuicios y Fomentando la Autonomía
Pese a los avances normativos, los prejuicios siguen presentes. Uno de los más habituales es la infantilización: la idea de que las personas con discapacidad intelectual “no entienden” el amor o carecen de deseo sexual. Otro obstáculo frecuente es la sobreprotección familiar. Las familias, a menudo movidas por el miedo al abuso, al embarazo no planificado o al sufrimiento emocional, pueden restringir o desautorizar las relaciones. Una educación afectivo-sexual adecuada es una herramienta de prevención y empoderamiento. La educación debe ser clara, adaptada al nivel de comprensión y basada en ejemplos prácticos. En Cataluña, entidades como DINCAT impulsan acciones de sensibilización y defensa de los derechos afectivos y sexuales de las personas con discapacidad intelectual.
Hablar de autonomía no significa dejar a la persona sola ante situaciones complejas. El modelo actual apuesta por el apoyo a la toma de decisiones. Cierto es que las personas con discapacidad intelectual pueden ser más vulnerables a situaciones de abuso si no disponen de información ni de red de apoyo. Trabajar la asertividad, la identificación de emociones y la capacidad de decir “no” es esencial. Las relaciones sanas se basan en la igualdad, el respeto y la comunicación. Reconocer el derecho a tener pareja no es un gesto simbólico, sino una cuestión de derechos humanos. Una sociedad inclusiva no decide por ellas, sino que crea las condiciones para que puedan decidir por sí mismas. Las relaciones de pareja en el ámbito de la discapacidad intelectual no son una excepción ni un problema a manejar, sino una expresión legítima de la vida adulta. En definitiva, hablar de afectividad y discapacidad intelectual es hablar de dignidad, libertad e igualdad.
La Asistencia Sexual como Apoyo a la Intimidad
Todos los seres humanos somos sexuados. La sexualidad de las personas con discapacidad existe y es muy heterogénea, tal cual ocurre con el resto de la población, con etapas de desarrollo sexual similares. Uno de los inconvenientes que suelen padecer los integrantes de este colectivo es la falta de intimidad, sobre todo aquellos que necesitan de la ayuda de otros para realizar algunas o muchas tareas cotidianas. Esto puede, en ciertos casos, institucionalizar la promiscuidad aun en ámbitos en los cuales debiera respetarse su derecho a la intimidad.
En este contexto, la asistencia sexual no implica que el asistente vaya a tener relaciones sexuales con la persona con discapacidad. La tarea del asistente sexual consiste en prestar apoyo para poder acceder sexualmente al propio cuerpo o al de una pareja. No es este quien toma las decisiones de cómo y en qué brindar su asistencia, sino que ello lo decide el propio usuario. Más allá de que esto pueda escandalizar a algunos, la tarea del asistente es ayudar a poner en acto los deseos de la otra persona en sí misma o con una pareja.
Reflexiones Finales y la Importancia de un Enfoque Inclusivo
La calidad de vida de la pareja mejora si se revisan las creencias y se flexibilizan las exigencias sobre la situación de discapacidad o dependencia. Es fundamental cultivar el autocuidado, la aceptación de las emociones que surgen -revisando y comprendiendo su origen-, manteniendo vínculos y amistades, y buscando apoyo en redes naturales o profesionales. Además, es vital respetar los espacios y tiempos de intimidad, diferenciando la intimidad propia y la compartida.