Cambios Musculoesqueléticos en el Adulto Mayor

El organismo cambia con la edad a causa de las transformaciones que se producen en las células de forma individual y en los órganos en conjunto. Estos cambios dan lugar a modificaciones en las funciones internas y en el aspecto. A menudo, los primeros signos innegables de que ha empezado el proceso de envejecimiento afectan al sistema musculoesquelético.

Existen cambios en el organismo que vienen dados por el aumento de la edad, a los que se suman los hábitos de vida individuales (dieta, ejercicio físico) y las enfermedades, lo que hace que existan tres patrones de anciano: anciano sano o robusto, anciano pre-frágil y anciano frágil. La mayoría de las funciones corporales alcanzan su valor más alto poco antes de los 30 años, y a partir de ahí empieza un descenso gradual pero constante. Sin embargo, son las enfermedades, más que el envejecimiento normal, las que explican la pérdida de la capacidad funcional en edades avanzadas.

Huesos: Estructura, Densidad y Fragilidad

El sistema esquelético está compuesto por los huesos, que confieren un punto de apoyo a los músculos, así como protección a órganos vitales. Con el paso del tiempo, los huesos tienden a volverse menos densos. La pérdida moderada de densidad ósea se denomina osteopenia y la pérdida grave (incluida la aparición de una fractura debida a la pérdida de densidad de enlace) se denomina osteoporosis. Los huesos se vuelven más débiles y más propensos a fracturarse.

A partir de los 30 años, la densidad de los huesos comienza a disminuir tanto en hombres como en mujeres. Esta pérdida de densidad ósea se acelera en las mujeres tras la menopausia porque se producen menos estrógenos. Los estrógenos ayudan a evitar una destrucción ósea excesiva en el transcurso del proceso normal de formación, reabsorción y remodelación de los huesos. En los varones, también está presente la disminución de la densidad ósea, ya que el equilibrio de renovación de hueso se decanta por la destrucción.

Los huesos se hacen menos densos en parte porque contienen menos calcio (que confiere la dureza al hueso). La cantidad de calcio disminuye debido a que el cuerpo absorbe menos calcio de los alimentos; además, los niveles de vitamina D, que ayuda al cuerpo a usar el calcio, disminuyen ligeramente. Algunos huesos se debilitan más que otros. Los más afectados son el fémur (a la altura de la cadera), los extremos de los huesos del brazo (radio y cúbito) en la muñeca y los huesos de la columna vertebral (vértebras).

Los cambios en las vértebras de la parte superior de la columna hacen que la cabeza bascule hacia delante, comprimiendo la garganta. Como resultado, es más difícil tragar y es más probable el ahogo. Las vértebras se vuelven menos densas, y las almohadillas de tejido (discos) entre ellas pierden fluido y se vuelven finas, haciendo que la columna vertebral se acorte. Por lo tanto, la estatura de las personas de edad avanzada disminuye, llegando a perder aproximadamente 5 cm a los 80 años. Los arcos del pie también se vuelven menos pronunciados, lo que contribuye a una ligera pérdida de estatura. Los huesos largos de los brazos y las piernas, aunque se vuelven más frágiles debido a la pérdida mineral, no cambian de longitud, haciendo que los brazos y las piernas se vean más largos al compararlos con el tronco acortado.

Esquema de la estructura ósea normal y osteoporótica

Articulaciones: Rigidez, Desgaste y Artrosis

Las articulaciones son las zonas donde se unen los huesos y proporcionan flexibilidad al esqueleto para el movimiento. En una articulación, los huesos no tienen contacto directo; están amortiguados por cartílagos, membrana sinovial y líquido.

A medida que se envejece, las articulaciones experimentan cambios en el cartílago y en el tejido conjuntivo. El cartílago que reviste las articulaciones también se vuelve más fino, en parte por el desgaste provocado por años de movimiento. Sus componentes (los proteoglicanos, sustancias que contribuyen a proporcionar resiliencia al cartílago) se alteran, lo que disminuye la resiliencia de la articulación y aumenta la propensión a las lesiones. Las superficies de una articulación pueden no deslizarse una sobre otra tan bien como lo hacían antes, y la articulación puede ser ligeramente más propensa a las lesiones. Este desgaste puede causar artrosis, uno de los trastornos más frecuentes de la edad avanzada.

Los ligamentos, que unen las articulaciones, y los tendones, que unen los músculos a los huesos, se vuelven menos elásticos, por lo que las articulaciones se notan rígidas o duras. Estos tejidos también se debilitan. Por consiguiente, la mayoría de las personas pierden flexibilidad. Los ligamentos y los tendones suelen desgarrarse con mayor facilidad, y, cuando lo hacen, se curan más lentamente. Estos cambios se producen porque las células que reparan los ligamentos y los tendones se vuelven menos activas. Además, se pueden depositar minerales en algunas articulaciones y a su alrededor (calcificación), lo cual es común alrededor del hombro. Las articulaciones de la cadera y de la rodilla pueden comenzar a perder cartílago (cambios degenerativos), y las de los dedos pierden cartílago y los huesos se adelgazan ligeramente. Los cambios en las articulaciones de los dedos, más a menudo una hinchazón ósea llamada osteofitos, son más comunes en las mujeres y pueden ser heredados.

Representación del desgaste del cartílago en una articulación artrósica

Músculos: Sarcopenia, Fuerza y Tipo de Fibras

La cantidad de tejido muscular (masa muscular) y la fuerza muscular tienden a disminuir a partir de los 30 años, continuando esta disminución durante toda la vida. Esta reducción se debe en parte a la inactividad física y al descenso en las concentraciones de la hormona del crecimiento y de testosterona, que estimulan el desarrollo muscular.

La pérdida de masa muscular más grave se denomina sarcopenia, que literalmente significa "pérdida de la carne". La sarcopenia es la pérdida de masa y función muscular relacionada con la edad, lo que afecta la capacidad de contracción del músculo esquelético, incrementa el riesgo de discapacidad física en adultos mayores y eleva la probabilidad de caídas, fragilidad y mortalidad. Aunque las causas de la sarcopenia son multifactoriales, la pérdida de masa muscular y el deterioro en el rendimiento contráctil se destacan como factores clave.

Cambios en las Fibras Musculares

El envejecimiento también provoca un cambio en la cantidad de isoformas de la cadena pesada de miosina (MyHC) expresadas en los músculos, lo que puede contribuir a la disminución de la producción de fuerza y el rendimiento muscular. Los músculos esqueléticos humanos contienen una mezcla de tres isoformas de MyHC (I, IIA y IIX), que determinan la velocidad de contracción y la capacidad de producción de potencia de las fibras musculares. Las fibras con la isoforma MyHC I son más lentas y producen menos fuerza, mientras que las fibras con MyHC II son más rápidas y generan más potencia. Este cambio hacia una mayor expresión de MyHC I en los músculos de adultos mayores podría explicar la disminución de la fuerza y la velocidad de contracción que ocurre con el envejecimiento.

Varios estudios han examinado el cambio en la composición de las isoformas de MyHC con la edad, pero han arrojado resultados inconsistentes. Sin embargo, en general, se ha observado que el envejecimiento causa atrofia en las fibras de contracción rápida (MyHC II), lo que conduce a una mayor proporción de fibras de contracción lenta (MyHC I), reduciendo la capacidad de producción de fuerza en todo el músculo.

Hallazgos de un Metaanálisis

Un metaanálisis que incluyó 27 estudios examinó la composición de isoformas de MyHC entre adultos jóvenes (18-49 años) y adultos mayores (≥ 60 años). Los resultados mostraron que en los adultos mayores, la expresión de la isoforma MyHC I (contracción lenta) era mayor, mientras que la expresión de las isoformas MyHC II y IIA (contracción rápida) era menor en comparación con los adultos jóvenes. Estos cambios sugieren que el envejecimiento provoca una reducción de las fibras de contracción rápida, lo que contribuye a la pérdida de fuerza y potencia muscular en los adultos mayores.

Además, se encontró que las fibras de tipo II (MyHC II y IIA) eran más pequeñas en los adultos mayores, mientras que las fibras de tipo I no mostraban cambios significativos en tamaño. Este hallazgo respalda la idea de que la atrofia de las fibras de contracción rápida es un factor clave en la pérdida de rendimiento muscular relacionada con la edad. No se observaron cambios significativos en la distribución de los tipos de fibras musculares, lo que indica que los cambios en la expresión de MyHC con la edad no se deben a un cambio en la proporción de tipos de fibras, sino a la atrofia selectiva de las fibras de contracción rápida.

  • Diferencias de Género: Cuando se analizaron los datos por sexo, se encontró que los hombres mayores tenían una mayor expresión de MyHC I y una menor expresión de MyHC II y IIA en comparación con los hombres jóvenes. Las mujeres mayores no mostraron cambios significativos en la expresión de MyHC en comparación con las mujeres jóvenes. Sin embargo, tanto hombres como mujeres mayores experimentaron una disminución en el tamaño de las fibras de contracción rápida, sugiriendo que los hombres mayores están más afectados por la atrofia de las fibras de contracción rápida.
  • Influencia de la Actividad Física: El análisis también mostró que el nivel de actividad física influye en la magnitud de los cambios relacionados con la edad en los músculos esqueléticos. Los adultos mayores físicamente activos mostraron menos atrofia en las fibras de contracción rápida en comparación con los adultos mayores sedentarios, lo que sugiere que la actividad física regular puede mitigar algunos de los efectos del envejecimiento en el músculo esquelético.
Infografía sobre la sarcopenia y sus efectos en la masa muscular

En conclusión, el envejecimiento provoca una atrofia selectiva de las fibras musculares de contracción rápida, lo que lleva a un cambio hacia una mayor proporción de fibras de contracción lenta en los músculos esqueléticos de los adultos mayores. Este cambio contribuye a la pérdida de fuerza y potencia muscular relacionada con la edad, lo que aumenta el riesgo de discapacidad física. Las intervenciones que aumentan el tamaño de las fibras de contracción rápida, como el entrenamiento de fuerza, podrían ser efectivas para reducir la prevalencia de la sarcopenia en hombres y mujeres mayores.

Grasa Corporal y Composición

Hacia los 75 años, el porcentaje de grasa corporal suele duplicarse en comparación con el de la adolescencia. El exceso de grasa corporal puede aumentar el riesgo de padecer problemas de salud, como la diabetes. La distribución de la grasa también cambia, lo que provoca cambios en la forma del torso. La masa corporal magra disminuye. Esta disminución se debe en parte a la pérdida del tejido muscular (atrofia). La lipofuscina (un pigmento relacionado con la edad) y la grasa se depositan en el tejido muscular. Las fibras musculares se encogen y el tejido muscular es reemplazado más lentamente, pudiendo ser sustituido por tejido fibroso duro, lo cual es más notorio en las manos, que pueden lucir delgadas y huesudas.

Efectos Combinados en Postura y Movimiento

Los cambios en la postura y en la marcha (patrón de caminar) son comunes con la edad. El esqueleto proporciona apoyo y estructura al cuerpo, las articulaciones dan flexibilidad para el movimiento, y los músculos proveen fuerza y resistencia. La coordinación, aunque dirigida por el cerebro, resulta afectada por cambios en los músculos y en las articulaciones. Los cambios en músculos, articulaciones y huesos afectan la postura y la marcha y llevan a debilidad y lentitud en los movimientos.

La postura se puede volver más encorvada (inclinada). Las rodillas y las caderas se pueden flexionar más. El cuello se puede inclinar, los hombros se pueden volver más estrechos, mientras que la pelvis se vuelve más ancha. El movimiento es lento y puede volverse limitado. El patrón de la marcha se vuelve más lento y más corto. La marcha se puede volver inestable y hay poco movimiento de brazos. Las personas mayores se cansan más fácilmente y tienen menos energía. La pérdida de masa muscular reduce la fuerza.

El deterioro de las articulaciones puede llevar a inflamación, dolor, rigidez y deformidades. Los cambios articulares afectan casi a todas las personas mayores, desde una rigidez leve hasta una artritis grave. El riesgo de lesión se incrementa debido a que los cambios en la marcha, la inestabilidad y la pérdida del equilibrio pueden conducir a caídas.

Se puede presentar disminución en el reflejo rotuliano o los reflejos aquíleos del tobillo, aunque en la mayoría de los casos, esto es provocado por cambios en los músculos y los tendones más que por los cambios en los nervios. Los movimientos involuntarios, como los temblores musculares y los movimientos finos llamados fasciculaciones, son más comunes en los ancianos. Las personas de avanzada edad que son inactivas pueden presentar debilidad o sensaciones anormales (parestesias). Si son incapaces de moverse por sí solas o no estiran sus músculos a través del ejercicio, pueden presentar contracturas musculares.

Prevención y Recomendaciones

El ejercicio físico regular puede mejorar parcialmente, o al menos retardar significativamente, la pérdida de masa muscular (entrenamiento de resistencia) y de su potencia. Los ejercicios de fortalecimiento muscular se basan en la contracción muscular para contrarrestar la fuerza de la gravedad (como en los ejercicios abdominales y las flexiones), el trabajo con pesas o con gomas elásticas. Si este tipo de ejercicio se realiza regularmente, incluso las personas que no han hecho nunca ejercicio pueden aumentar la masa y la potencia musculares. Es una de las mejores maneras de retardar o evitar los problemas musculares, articulares y óseos, ya que un programa de ejercicio moderado puede mantener la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad, y ayuda a que los huesos permanezcan fuertes.

Es importante llevar una dieta bien equilibrada con suficiente calcio. Las mujeres necesitan ser particularmente cuidadosas e ingerir suficiente calcio y vitamina D a medida que envejecen. En caso de sufrir osteoporosis, se recomienda hablar con un proveedor de atención médica acerca de los tratamientos que necesitan receta. Antes de iniciar un programa nuevo de ejercicios, es fundamental consultar con un profesional de la salud.

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