Calidad de Vida de los Adultos Mayores en Establecimientos Residenciales

El envejecimiento poblacional constituye uno de los desafíos sociales más significativos de las últimas décadas. En 2017 se estimó que un 13% de la población mundial era mayor de 60 años, y se prevé que vaya en ascenso. Las proyecciones indican que 1 de cada 4 latinoamericanos será mayor de 60 años para el 2050. Este proceso demográfico plantea la urgencia de garantizar condiciones dignas y una buena calidad de vida para los adultos mayores, especialmente para aquellos que residen en centros residenciales públicos o privados. La sociedad ha empezado a tomar conciencia del problema que representa el envejecimiento poblacional y la necesidad de dar respuesta a las consecuencias derivadas de ello.

Gráfico de proyección del envejecimiento poblacional global y en América Latina

Comprendiendo la Calidad de Vida en la Vejez

El concepto de calidad de vida ha sido empleado en múltiples contextos y su estudio constituye un terreno donde varios especialistas aportan sus enfoques. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la calidad de vida como la percepción que tiene un individuo de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus objetivos, expectativas, normas e inquietudes. Es un concepto muy amplio, influido por la salud física, el estado psicológico, el nivel de independencia, las relaciones sociales y su relación con los elementos de su entorno.

Este concepto, en un primer momento, estuvo circunscrito al desarrollo a niveles macro, con un carácter meramente económico, y posteriormente privilegió la implementación de programas sociales. Sin embargo, los indicadores macroeconómicos no reflejan necesariamente el grado de satisfacción y felicidad que una población puede gozar. La calidad de vida es un concepto que, además de tener un componente dado por las condiciones objetivas de vida de las personas, utiliza parámetros subjetivos para constituirse, siendo por tanto influenciable. Para esta investigación, se asume la calidad de vida como la valoración que hace una persona de sus condiciones materiales y espirituales de vida, que se expresa en tres dimensiones fundamentales: salud, condiciones socioeconómicas y satisfacción por la vida. En la tercera edad, este concepto significa, en buena medida, la capacidad funcional del anciano para valerse por sí mismo y realizar sus actividades, seguridad económica y condiciones de la vivienda, además de experimentar satisfacción por la vida, que se corresponde con las necesidades espirituales propias de la edad.

La calidad de vida relacionada con la salud tiene numerosas dimensiones, como:

  • Ausencia o presencia de síntomas físicos que afecten al paciente (p. ej., dolor, disnea, náuseas, estreñimiento).
  • Calidad del bienestar emocional (p. ej., felicidad, ausencia de ansiedad).
  • Estado funcional físico y cognitivo (p. ej., capacidad de realizar actividades de la vida cotidiana y funciones más complejas, como actividades placenteras).
  • Naturaleza y calidad de las relaciones interpersonales cercanas (p. ej., con miembros de la familia y amigos).
  • Capacidad para participar y disfrutar de actividades sociales.
  • Grado de satisfacción con los aspectos médicos y los arreglos financieros para la atención de la salud.
  • Sexualidad, imagen corporal e intimidad.

Factores Clave que Impactan la Calidad de Vida en Residencias

Un estudio reciente, que consistió en una revisión sistemática cualitativa de 22 artículos científicos publicados entre 2020 y 2024, tuvo como objetivo analizar la producción académica sobre los factores asociados a la calidad de vida en entornos institucionales. El análisis permitió identificar patrones recurrentes relacionados con el impacto del diseño arquitectónico, la atención personalizada, el apoyo social, las condiciones de infraestructura y los servicios de salud en la calidad de vida de los residentes.

La calidad de vida en el adulto mayor

Percepción de los Residentes y Comparación entre Tipos de Centros

Una investigación centrada en Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM) contó con 930 personas mayores residentes. De los encuestados, el 76,3% consideró que tenía un buen estándar de vida en centros financiados por Senama (Servicio Nacional del Adulto Mayor), frente a un 68,1% que dijo lo mismo en establecimientos privados. Las personas mayores, en general, parecen mejor cuidadas en los establecimientos financiados por Senama, frente a los privados. No ocurre lo mismo en la cantidad de personal, donde solo el 16,6% de los directivos de centros del Senama mencionó que contaba con personal suficiente, frente a un 78,6% que aseguró contar con personal adecuado en los centros privados.

Estudios comparativos entre personas mayores institucionalizadas y aquellas que permanecen en sus entornos familiares revelan diferencias importantes. Aunque no se observan diferencias contundentes en la percepción general del bienestar, sí existen mayores niveles de dependencia y síntomas depresivos entre quienes residen en instituciones. El deterioro funcional progresivo, el aislamiento familiar y la precariedad económica inciden de manera significativa en el bienestar de esta población, al igual que el componente cultural y los roles sociales.

Problemas Estructurales y Asistenciales

El estudio detectó que existe un porcentaje de personas mayores que no están recibiendo los cuidados que requieren. Por otro lado, una proporción de personas cuidadoras admitió estar en un nivel de desgaste extremo y que hace lo posible por responder de una manera adecuada. Los cuidadores que participaron en el estudio no ocultaron que existen situaciones de maltrato en sus centros, siendo esto una señal del desgaste que padecen. La presencia de maltrato es una realidad que necesita medidas urgentes. Además, estos cuidadores no solo tienen que lidiar con el cuidado de una persona que está en una situación compleja.

Los datos de una revisión de 21 estudios en centros residenciales evidenciaron que en la evaluación de la mayoría de los indicadores de las residencias se hallaron valores por debajo de niveles adecuados. Se observó que un porcentaje elevado de la población residente presentaba dependencia severa o moderada. La calidad de la atención en indicadores como la prevalencia de úlceras por presión (UPP), demencia, incontinencia, caídas y problemas de movilidad estaba sustancialmente por debajo de los niveles adecuados, con la incontinencia siendo una excepción en algunos casos. También se señaló la falta de calidad en el manejo de la diabetes y que la calidad de la prescripción de medicamentos, incluyendo antipsicóticos y antibióticos, estaba lejos de ser óptima.

Esquema de las deficiencias comunes en la atención a adultos mayores en residencias

Los estudios analizados no encontraron relaciones significativas entre las horas de cuidado directo de la enfermera y los indicadores de calidad de atención al residente. Sin embargo, sí existe una asociación entre un menor número de enfermeras por cada 100 usuarios y un aumento de la prevalencia de caídas y UPP. Asimismo, se ha observado que la calidad de la atención mejoraba con la presencia de enfermeras de práctica avanzada.

Impacto de las Relaciones Sociales y el Entorno

El aspecto peor valorado de la calidad de vida en varios estudios fue, con diferencia, las relaciones sociales, haciendo destacar la necesidad de una mejora en intervenciones sociales en las residencias. Las personas institucionalizadas se encontraban más solas y tenían menos familiares. Por el contrario, el aspecto mejor valorado en uno de estos estudios fue el estado físico, aunque otros encontraron que la mayoría de los usuarios tenían un estado de salud deficiente y presentaban más problemas de incontinencia fecal, demencia y discapacidad.

Las condiciones físicas y organizativas de las residencias geriátricas juegan un papel determinante en la experiencia de vida de sus residentes. La Defensoría del Pueblo ha advertido sobre problemas estructurales, la escasez de personal calificado y dificultades en el acceso a la atención médica en residencias públicas. En contraposición, se aboga por infraestructuras accesibles que fomenten la autonomía y por diseños inclusivos y espacios acogedores, además de cuidados centrados en la persona.

Además, factores contextuales y geográficos también influyen en la calidad de vida de los adultos mayores, como la altitud, que puede afectar tanto la dimensión física como la emocional del bienestar. La estructura familiar también desempeña un papel importante en el sostén social durante la vejez, y el acceso a redes de apoyo y servicios sanitarios está relacionado con una mayor satisfacción vital.

La Dimensión Psicológica y Emocional

Frente a este panorama, la dimensión psicológica adquiere una relevancia notable. El deterioro de la salud mental en adultos mayores, especialmente durante periodos como el confinamiento, se ha documentado con una alta prevalencia de síntomas depresivos, estrés y ansiedad. La capacidad de resiliencia y la satisfacción vital también se identifican como factores esenciales que modulan la percepción de la calidad de vida en esta etapa.

El Fenómeno de los Establecimientos Clandestinos

Hasta marzo de 2018, un estudio del Instituto Nacional de Derechos Humanos detectó que había 903 ELEAM autorizados en el país, de los cuales 14 son financiados por Senama. A los centros clandestinos hay que ayudarlos a que se regularicen, pues no se deben cerrar porque de lo contrario habría muchas personas sin lugar donde ir. Las universidades, ONGs y el resto de organizaciones tienen que trabajar fuertemente para ver cómo pueden prepararse para acreditarse según la ley, y los que no lo hagan deben cerrarse, según Rosita Kornfeld, experta independiente sobre el disfrute de todos los derechos humanos por las personas de edad.

Métodos y Herramientas para la Evaluación de la Calidad de Vida

La evaluación de las perspectivas de los pacientes en relación con su calidad de vida puede ser difícil porque esta evaluación no siempre se enseña o se destaca en forma suficiente en la educación médica tradicional, que tiende a centrarse en el diagnóstico y la prolongación de la vida. Además, la calidad de vida es una experiencia subjetiva e individual, y depende de factores culturales que deben ser evaluados, lo cual requiere tiempo y conversaciones íntimas entre el paciente y el profesional de la salud.

Sin embargo, existen herramientas bien validadas y utilizadas con frecuencia para evaluar la calidad de vida, que incluyen:

  • EQ-5D (EuroQol): Mide la movilidad, el cuidado personal, las actividades habituales, el dolor/las molestias y la ansiedad/depresión.
  • SF-36 (Short Form Health Survey): Evalúa la salud física, mental y social a través de 36 preguntas.
  • PROMIS (Patient Reported Outcomes Measurement Information System): Cuestionarios generados por algoritmos que recopilan y cuantifican dominios de salud relevantes.
  • FACIT (Functional Assessment of Chronic Illness Therapy): Colección de cuestionarios para ciertas enfermedades crónicas que evalúan el bienestar físico, social, emocional y funcional.
  • WHOQOL-BREF: Versión abreviada de 26 elementos de la evaluación de la calidad de vida de la OMS, incluyendo salud física/psicológica, relaciones sociales y medioambiente.

Es de esperar que las fuentes de datos emergentes, como los dispositivos portátiles y los registros electrónicos de salud, proporcionen métricas empíricas más continuas para complementar la información de calidad de vida autoinformada.

Infografía sobre las herramientas para la evaluación de la calidad de vida

Estrategias para la Mejora de la Calidad de Vida Asistencial

Diversos autores coinciden en la importancia de los programas enfocados en el envejecimiento activo, ya que estas iniciativas favorecen tanto la dimensión física como la emocional del bienestar. Asimismo, se enfatiza la necesidad de adoptar un enfoque integral basado en la promoción de la salud y la prevención.

Dentro de las estrategias de mejora de la calidad asistencial, se destacan los cuidados centrados en la persona, guías para el control de infecciones y prescripción de antibióticos. También se sugieren intervenciones con profesionales de salud mental, risoterapia, juegos intergeneracionales y herramientas de evaluación del dolor para personas con dificultades de comunicación. Se plantea la necesidad de aumentar el número de enfermeras y mejorar su preparación específica en geriatría.

Los 14 establecimientos de larga estadía que tiene Senama en ocho regiones cuentan con un protocolo que se busca traspasar a instituciones privadas que lo requieran, junto con capacitación técnica. Estudios evidencian el impacto positivo de las iniciativas y programas comunitarios en la salud y el bienestar de personas institucionalizadas, así como la necesidad de una atención primaria integrada y coordinada para las personas mayores en residencias.

También se ha demostrado el valor de intervenciones alternativas no farmacológicas, como la musicoterapia y otras terapias complementarias, que han mejorado tanto el estado emocional como la movilidad física de los adultos mayores.

En el ámbito de la conciencia social, un estudio buscó difundir la calidad de vida que posee el adulto mayor recluido en un asilo a través del diseño gráfico, logrando persuadir a la población mediante una propuesta gráfica, como un cartel basado en fotografía.

La calidad de vida en el adulto mayor

Perspectivas y Desafíos Futuros

Los datos revisados permiten concluir que la calidad de vida de los adultos mayores en centros residenciales públicos depende en gran medida de la interacción entre las condiciones materiales, el apoyo social y las características personales de cada individuo. Del mismo modo, el respaldo emocional, las relaciones interpersonales y la capacidad de resiliencia individual emergen como elementos fundamentales en la percepción subjetiva del bienestar. Además, se identificaron desigualdades significativas entre regiones, particularmente en América Latina, donde las limitaciones presupuestarias y las brechas en la implementación de políticas públicas dificultan la garantía de condiciones mínimas de calidad.

A pesar de los avances en el estudio de este fenómeno, persiste una notable escasez de investigaciones que aborden de manera sistemática y transversal los múltiples factores que influyen en la calidad de vida en contextos residenciales. En definitiva, el bienestar en centros residenciales públicos está determinado por una compleja red de factores personales, sociales y estructurales.

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