La tercera edad conlleva un estado de salud más delicado, siendo la etapa de la vida donde más vulnerable se es y donde existe un mayor riesgo de sufrir una serie de enfermedades y patologías. Las personas mayores están más expuestas a estas condiciones, por lo que es necesario conocer cuáles son las enfermedades más comunes. A medida que envejecemos, nuestro cuerpo experimenta una serie de cambios y nuestra salud puede verse debilitada o deteriorada. Con el paso de los años, el metabolismo y la respuesta del cuerpo ante enfermedades no es igual que antes. Tanto los músculos, la piel, los huesos e incluso el sistema cognitivo se ven afectados y pierden fuerza y resistencia. Este conjunto de situaciones hace que las personas envejecidas sean consideradas un grupo de riesgo.
A pesar de que estas enfermedades son muy habituales en personas mayores, el cúmulo de avances, innovación tecnológica y desarrollo para la mejora de la calidad de vida ha permitido poder hacerles frente con mayores oportunidades. A partir de los 65 años, es frecuente que aparezcan ciertas enfermedades o patologías asociadas, en su mayoría, a la edad.
Enfermedades Neurodegenerativas y Cognitivas
A medida que envejecemos, las capacidades cognitivas se ven mermadas, lo que puede desembocar en la aparición de algún tipo de enfermedad mental o neurodegenerativa. Estas patologías afectan a nivel cognitivo, funcional, emocional e incluso al movimiento, y se dan en 1 de cada 4 personas mayores.
Alzheimer y Otras Demencias
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta principalmente a personas mayores. Es un tipo de demencia que causa problemas con la memoria, el pensamiento y el comportamiento, y no es una parte normal del envejecimiento. Se caracteriza por la pérdida gradual de la memoria, el pensamiento y las habilidades cognitivas, llegando a impedir o complicar la realización de tareas cotidianas. El Alzheimer es la forma más común de demencia, afectando aproximadamente al 65% de los casos de deterioro cognitivo en ancianos. Alterar la capacidad comunicativa de la persona que la padece puede llevar a un mayor estrés emocional, haciendo que la interacción y el trato con ella sea cada vez más difícil a medida que la expresión verbal se vuelve más confusa. Es fundamental ayudar a una persona con Alzheimer a expresarse evitando formular preguntas demasiado abiertas.
Hoy en día, el Alzheimer no tiene cura. Sin embargo, existen múltiples tratamientos que buscan frenar o retrasar su avance, como la musicoterapia y la estimulación cognitiva, que pueden ayudar a mantener las funciones cerebrales con ejercicios de cálculo, lectura y lógica. En una residencia, la gestión del Alzheimer incluye: estimulación cognitiva (juegos de memoria, ejercicios mentales), un entorno seguro (adaptar el entorno, eliminar obstáculos, asegurar buena iluminación) y apoyo emocional a los residentes y sus familias.
La demencia senil es también una patología neurodegenerativa en la que se producen daños irreversibles en el cerebro, afectando a las funciones cognitivas e incapacitando al enfermo para la realización de tareas diarias.

Parkinson
El Parkinson es otra de las enfermedades neurodegenerativas que más sufren las personas mayores. Afecta directamente al sistema neurológico, provocando la muerte de células cerebrales y una escasa producción de dopamina, encargada de regular la capacidad motora. Es una enfermedad crónica y lentamente progresiva, caracterizada por temblores, rigidez muscular y descoordinación. Aunque suele reconocerse como un trastorno que afecta al movimiento, las alteraciones se dan también a nivel funcional, cognitivo y emocional. Hoy en día, aún se desconocen las causas de esta enfermedad, pero se contempla como el producto de múltiples factores que actúan a la vez. No se conoce la cura, pero se dispone de medicamentos que ayudan a controlar los síntomas. La gestión del Parkinson en una residencia incluye: fisioterapia (ejercicios regulares para mejorar la movilidad y fuerza muscular), medicación para controlar los síntomas y asistencia en actividades diarias como vestirse y comer.
Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)
Debido a la Esclerosis Lateral Amiotrófica o ELA, las neuronas mueren o pierden capacidad, por lo que no pueden seguir enviando los mensajes necesarios a los músculos para que se muevan. Como consecuencia, se inicia un debilitamiento muscular que, a la larga, impide el movimiento de brazos, piernas y del cuerpo en general. En su estado más grave, termina por debilitar los músculos torácicos hasta hacer imposible la respiración. Se estima que 1 de cada 10 casos son genéticos.
Enfermedades Cardiovasculares y Cerebrovasculares
El corazón es vida, y con los años, las personas mayores de 65 años son mucho más propensas que las personas más jóvenes a sufrir un ataque cardíaco o un derrame cerebral. El envejecimiento puede causar cambios en el corazón y en los vasos sanguíneos.
Ictus (Accidente Cerebrovascular)
El ictus (enfermedad cerebrovascular) es, sin duda, una de las enfermedades más habituales en ancianos. Su origen reside en la obstrucción o rotura de algún vaso sanguíneo encargado de llevar sangre al cerebro. Puede provocar numerosas secuelas como parálisis total o parcial, incapacidad motora e incluso la muerte, si no se detecta a tiempo. Los síntomas del ictus son fácilmente detectables, y para evitar consecuencias más graves, es vital detectar a tiempo si alguien está sufriendo un ictus, para lo cual debemos conocer el método F.A.S.T.
Hipertensión Arterial
Es habitual que las personas mayores tengan la tensión arterial alta. Se define a nivel médico como una presión sistólica superior o igual a 130 o una presión diastólica superior o igual a 80. La prevalencia de esta condición aumenta claramente con la edad, llegando a afectar hasta en un 75% a la población mayor de 60 años. Para la mayoría de los adultos no existe una causa identificable de la hipertensión. La gestión de la hipertensión en una residencia incluye: monitoreo regular de la presión arterial, una dieta baja en sodio y rica en frutas y verduras, y fomentar la actividad física regular.
Enfermedad Coronaria e Infarto de Miocardio
La enfermedad coronaria implica el estrechamiento de las arterias coronarias, lo que puede causar dolor en el pecho y ataques cardíacos. El infarto de miocardio es una de las enfermedades más habituales, siendo la principal causa de muerte en personas mayores de 65 años. Suele estar iniciado por un dolor incipiente en el pecho y brazos, y puede acompañarse de dificultad para respirar, sudoración, mareo y náuseas. La gestión de esta enfermedad incluye medicación para mejorar el flujo sanguíneo, programas de rehabilitación cardíaca (ejercicio supervisado y educación sobre el estilo de vida) y control de factores de riesgo como el colesterol alto y la diabetes.

Otras Patologías Cardíacas
Las arritmias e insuficiencia cardíaca son otras de las patologías más frecuentes en la tercera edad.
Enfermedades Osteoarticulares y Musculares
Artritis y Artrosis
Tanto la artritis como la artrosis son enfermedades reumáticas que provocan dolor y afectan a una o varias articulaciones. Se podría decir que casi toda la población de la tercera edad sufre de artritis, que no es otra cosa que la inflamación en articulaciones, provocando dolor al realizar ciertos movimientos o gestos. La artritis es una inflamación que afecta a la membrana sinovial; el líquido sinovial se esparce por la articulación en lugar de ser reabsorbido, creando una erosión del hueso y del cartílago.
Por otro lado, la artrosis es una dolencia degenerativa en la que se va deteriorando el cartílago, situado entre los huesos de las articulaciones, hasta su completo desgaste. A pesar del dolor que producen ambas patologías, las personas afectadas pueden llevar una vida normal con un tratamiento de infiltraciones, antiinflamatorios y rehabilitación. Tanto en la artritis como en la artrosis, el reposo de la articulación es clave. En el caso de la artritis, si hay infección se deberá recurrir a los antibióticos. Por su parte, la artrosis no tiene cura, así que los tratamientos buscan reducir el dolor y mejorar la movilidad y la función de la articulación. La gestión de estas enfermedades en una residencia incluye: terapia física (ejercicios para mejorar la movilidad y reducir el dolor), medicación (analgésicos y antiinflamatorios) y adaptaciones en el hogar (barras de apoyo, sillas elevadas).
Osteoporosis
La osteoporosis es una enfermedad degenerativa que se entiende como una disminución de la densidad ósea o una disminución de la masa ósea, haciendo que los huesos se tornen débiles y quebradizos. Esto hace que los huesos sean más frágiles y, ante una caída o un golpe, es más probable sufrir una rotura. Esta enfermedad se hace mucho más común con el paso del tiempo, sobre todo en el sexo biológico femenino. Tras la menopausia, los desbalances hormonales hacen que la velocidad de pérdida de masa ósea sea mucho más rápida que la tasa de reparación de estos tejidos. Se estima que 1 de cada 3 mujeres mayores de 50 años tiene osteoporosis. El tratamiento de la osteoporosis busca disminuir el riesgo de caída y reforzar los huesos, por lo que se recomienda realizar ejercicio físico y una dieta equilibrada y rica en calcio y vitamina D, así como la evaluación y tratamiento médico adecuado. La gestión de la osteoporosis incluye: suplementos de calcio y vitamina D, ejercicio de bajo impacto (caminar, ejercicios de resistencia) y prevención de caídas adaptando el entorno para reducir el riesgo.
Fibromialgia y Dolor Crónico
La fibromialgia es una enfermedad crónica que puede afectar a cualquier persona, sin importar el género o la edad, por lo tanto, también la pueden sufrir las personas mayores. Se caracteriza por un extremo cansancio, dolencia muscular, trastornos de sueño, pies inquietos y dolores fuertes de cabeza. Muchas personas mayores también pueden padecer de dolor crónico y agotamiento extremo, condiciones que, a pesar de su prevalencia, a menudo son incomprendidas, afectando significativamente sus funciones motoras y no motoras, así como su día a día.
Enfermedades Metabólicas
Diabetes
La diabetes es una enfermedad grave que afecta a muchos adultos mayores. Las personas desarrollan diabetes cuando la glucosa en la sangre, también conocida como azúcar en la sangre, es demasiado alta. Si padecemos de diabetes es porque el organismo no produce suficiente insulina, no usa la insulina de manera correcta, o ambas cosas. El estrés, los malos hábitos, una dieta poco equilibrada o el sedentarismo son algunos de los motivos principales por los que muchos mayores de 65 años la padecen. Hay dos tipos principales de diabetes: la tipo 1 (el organismo no produce insulina, más común en niños y adultos jóvenes) y la tipo 2 (el organismo no produce ni usa bien la insulina, más común en adultos de mediana edad y mayores). Cada caso es un mundo y, por ello, se deberá tener mucho cuidado a la hora de tratarla. Las personas diabéticas pueden hacer una vida normal si siguen adecuadamente el tratamiento indicado por el médico, evitando así la aparición de lesiones en órganos vitales. La gestión de la diabetes en una residencia incluye: monitoreo regular de los niveles de azúcar en sangre, una dieta balanceada adecuada para controlar la glucosa y educación a los residentes sobre el manejo de su condición.

Obesidad y Desequilibrios Alimentarios
Los desequilibrios alimentarios son otra de las patologías más comunes en la tercera edad. Una mala dieta sumada al sedentarismo puede provocar obesidad, trastorno que afecta a casi el 35% de los hombres y al 40% de las mujeres mayores de 65 años. Los cambios hormonales durante el envejecimiento y el sedentarismo, además de una dieta desequilibrada y hábitos insanos (como beber o fumar), explican en parte la mayor prevalencia de la obesidad en la población mayor. Otro de los desequilibrios alimentarios que puede producirse es la desnutrición, derivada de la pérdida de apetito. Llevar una dieta sana y equilibrada será clave para llevar una vida más sana.
Hipotiroidismo
El hipotiroidismo es una condición en la que la glándula tiroides no produce suficientes hormonas. La gestión del hipotiroidismo incluye: administración de hormonas tiroideas, monitoreo regular de los niveles hormonales y una dieta saludable rica en nutrientes.
Enfermedades Respiratorias
Las enfermedades respiratorias son muy comunes en la vejez y, además, representan algunas de las causas de defunción más habituales a nivel global.
Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)
La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es una de las enfermedades respiratorias más comunes y graves en personas mayores. Esta patología inflamatoria pulmonar crónica causa la obstrucción del flujo de aire a los pulmones, siendo el hábito de fumar la principal causa de su desarrollo. El enfisema y la bronquitis crónica son las dos condiciones que más se asocian a la aparición de la EPOC. La gestión de la EPOC en una residencia incluye: terapia de oxígeno (uso de oxígeno suplementario para mejorar la respiración), rehabilitación pulmonar (programas de ejercicio y educación) y evitar irritantes (mantener el entorno libre de humo y otros irritantes).
Neumonía
La neumonía es una infección pulmonar que puede ser grave en personas mayores y es la tercera causa de muerte en países desarrollados. Más de la mitad de los casos requiere de hospitalización, aumentando además la posibilidad de sufrir alguna enfermedad cardiovascular e incrementándose su virulencia en caso de recaída. La gestión de la neumonía incluye: vacunación (contra la gripe y el neumococo), tratamiento antibiótico y altos estándares de higiene para prevenir infecciones.
Gripe y Asma
La gripe es una de las dolencias que afecta especialmente en la tercera edad y puede provocar otras patologías más graves como problemas respiratorios o neumonía, por ello su prevención es fundamental. El asma es una condición muy común que cursa con problemas ocasionales para respirar normalmente e inflamación/estrechamiento de las vías respiratorias.
Cáncer de Pulmón
El cáncer de pulmón es otra enfermedad respiratoria importante en la vejez. La edad media del diagnóstico de esta neoplasia maligna es de 70 años y, por desgracia, el pronóstico es muy pobre.
Cáncer
Aunque el cáncer es una enfermedad que puede aparecer a cualquier edad, más del 60% de los enfermos de cáncer tienen más de 65 años. El cáncer es uno de los problemas de salud más prevalentes y, tal y como indica la OMS, supone la primera causa de defunción en todo el mundo. A medida que se envejece, las posibilidades de que fallen los mecanismos de replicación y reparación del ADN aumentan, por lo que es más probable que se produzcan mutaciones y metástasis. Diversos tipos de cáncer son más prevalentes en la población de edad avanzada.
Trastornos Sensoriales
Nuestros sentidos se ven afectados con el paso de los años y de la edad. Éstos son problemas graves ya que alteran la forma de comunicarse y de disfrutar de múltiples actividades. Cualquier sentido va perdiendo eficiencia al pasar el tiempo y las capacidades sensoriales como el oído y la vista son una de las que más sufren.
Pérdida de Audición
La pérdida de audición en mayores es uno de los problemas que más afecta en la vejez. No tratar la pérdida de audición puede llevar a otros problemas de salud: aumenta el riesgo de depresión, demencia, aislamiento social y caídas. En el caso del oído, la sordera puede tratarse de manera muy eficaz gracias a los audífonos.
Problemas de Visión
En cuanto a la vista, la edad también influye en este sentido, desde la pérdida de nitidez en la vista (presbicia), hasta la aparición de cataratas. Para detectarlas a tiempo y valernos de los recursos existentes adaptados a nuestras capacidades, es imprescindible realizar una revisión anual que determine si hay algún tipo de grado de sordera o ceguera.
Salud Mental y Bienestar Emocional
Depresión y Ansiedad
La depresión es un trastorno del estado de ánimo en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante semanas o por más tiempo. La depresión en los adultos mayores es un problema generalizado, pero no es una parte normal del envejecimiento. Afecta a casi el 15% de las personas de 65 años o más. En lugar de perder el sueño, los adultos mayores con depresión podrían dormir demasiado. Las condiciones médicas crónicas e incapacitantes, el aislamiento social, la muerte de seres queridos y amigos, el estrés asociado al paso del tiempo y la falta de actividad son solo algunos de los factores que implican la alta incidencia de este trastorno en la población geriátrica. La ansiedad es otra condición mental que puede afectar a las personas mayores.
La gestión de la depresión en una residencia incluye: terapia psicológica, medicación (antidepresivos según sea necesario) y actividades recreativas para fomentar la participación social. Para la ansiedad, se usan técnicas de terapia cognitivo-conductual, ansiolíticos si son necesarios y la creación de un ambiente tranquilo y seguro.
Soledad
Muchas personas mayores, como consecuencia del ritmo de vida, acaban viviendo su vida en un estado de soledad. La soledad en las personas mayores es uno de los principales problemas en la actualidad. Los cambios en la rutina y en la vida de los mayores de 65 años pueden desencadenar en una soledad no deseada que, además de provocar aislamiento social, puede ser la antesala a otros problemas como la depresión, el deterioro cognitivo o la aparición de otras patologías. Esto puede llegar a provocar episodios de depresión que es necesario atender y cuidar para conseguir un estado de bienestar en el día a día.
Soledad y aislamiento en personas mayores
Otras Condiciones Comunes
Enfermedad Renal Crónica
Esta enfermedad provoca que los riñones estén dañados y no filtren la sangre correctamente, pudiendo causar una acumulación de desechos en el organismo que derive en la aparición de problemas graves de salud.
Trastornos del Sueño
A partir de los 65 años, nuestro cuerpo y nuestra rutina sufren importantes cambios, lo que puede incidir especialmente en el ciclo del sueño. Por lo general, las personas mayores tienen un sueño más ligero y sufren trastornos del sueño como insomnio (falta de sueño) o hipersomnia (sueño prolongado y falta de energía). Un estilo de vida saludable es la mejor manera de evitar los trastornos del sueño en ancianos.
Estrategias de Prevención y Manejo
Aunque es cierto que muchas de las enfermedades y tipos de patologías en la tercera edad tienen una base genética o son derivadas del propio envejecimiento, la mayoría de ellas pueden prevenirse o al menos reducirse. Cuanto antes se detecte una patología, menos probable es que pase factura a largo plazo.
Hábitos de Vida Saludables
Una prevención que pasa por seguir unos hábitos de vida saludables, eliminando de nuestra rutina el tabaquismo, el alcoholismo, el sedentarismo y una mala dieta. La alimentación es la base para tener una buena salud. La práctica de deporte en la vejez es fundamental para asegurar su bienestar y buena salud; el ejercicio puede reducir el riesgo de diabetes y enfermedades del corazón, y mejorar los síntomas de la depresión y la artritis. Además, el ejercicio se ha relacionado con un menor riesgo de varios tipos de cáncer y puede reducir las probabilidades de recurrencia del cáncer colorrectal. Los expertos en salud dicen que la dieta también puede influir en el riesgo de enfermedades crónicas. Se debe llevar un estilo de vida saludable y con buenos hábitos de sueño.
Importancia de la Detección Temprana y Asesoría Profesional
Los médicos instan a los adultos mayores a mantenerse al día con las citas médicas de rutina, las vacunas recomendadas y los exámenes de detección. Un diagnóstico temprano pasa de ser una recomendación a algo vital, y esta es la clave. Es esencial someterse a análisis médicos periódicos y acudir al especialista médico ante cualquier duda, independientemente de la edad.
Entorno Social y Familiar
Las relaciones sociales dan mucha vida a las personas mayores, ya que cada vez más se sienten solas y sin nadie cerca. Es importante mantener la vida familiar y la interacción social para un buen estado de bienestar.
Gestión en Residencias de Mayores
En las residencias, es crucial contar con estrategias efectivas para gestionar estas enfermedades y proporcionar el mejor cuidado posible. Esto requiere un enfoque integral que combine atención médica, apoyo emocional y un entorno seguro. Los protocolos de atención implementan evaluaciones de salud periódicas, desarrollan planes de cuidado personalizados para cada residente y aseguran que el personal esté bien capacitado en la gestión de enfermedades comunes.
Mantener altos estándares de higiene y prevención de infecciones es esencial, lo que incluye limpieza regular, lavado de manos frecuente y uso de equipos de protección personal. Fomentar la participación en actividades y ejercicio regular, adaptadas a las capacidades de los residentes, puede mejorar su salud física y mental. Proporcionar una dieta equilibrada y nutritiva, con dietas personalizadas, suplementos nutricionales e hidratación adecuada, es fundamental para la salud de las personas mayores.