Análisis Profundo de la Saga Regreso al Futuro

La saga Regreso al Futuro consta de tres películas, estrenadas entre 1985 y 1990. Estas producciones cinematográficas inician cuando Marty McFly viaja al pasado, gracias a una máquina del tiempo -el DeLorean- creada por su amigo científico, el Dr. Emmett Brown. McFly retrocede hasta 1955, la época en que sus padres se conocieron, y sin querer cambia la historia, por lo que tiene que solucionar los problemas que provocó.

El icónico DeLorean como máquina del tiempo, listo para viajar en el tiempo

La Génesis de una Trilogía Icónica y sus Orígenes

¿Recordaríamos ahora Regreso al Futuro si la máquina del tiempo no fuera un DeLorean? Pues estuvo a punto de ser así: en un principio, la idea era que fuera un diseño más clásico que funcionara con Coca-Cola. Sin embargo, a medida que Robert Zemeckis y Bob Gale fueron avanzando en el guion, lo modificaron, muy conscientes de que querían que el viaje espacio-temporal fuera un accidente y no algo que Doc anduviera buscando de manera consciente para lucrarse.

El personaje del Doc era muy diferente también en el primer guion, donde era conocido como "Profesor Brown" en lugar de "Doc Brown"; lo cambiaron pensando en que ningún niño le cogería aprecio a alguien llamado "Profesor". De la misma manera, Einstein, el perro de Doc, en un primer momento era un chimpancé llamado Shemp, pero, según dijo Sydney Seinberg, quien se convirtió en uno de los mandamases del proyecto, "Lo he mirado, ninguna película con un chimpancé ha ganado dinero".

"Americana": Un Concepto Fundamental en la Saga

Aunque por edad, el autor de este análisis debiera contarse entre los que mitifican el cine de entretenimiento del Hollywood de los años 80, más bien considera que constituye una de las más mediocres etapas de su trayectoria. Puesto que, de la mano de un equivocado concepto del juego que debe haber entre tensión y distensión, lo que hizo fue trivializar el concepto de emoción. Aunque no fue el único responsable (ahí está para demostrarlo La princesa prometida, film cuyo culto no comprende), suele echársele la culpa de esto a Steven Spielberg, tanto por sus propias películas (con ese anti-héroe que es Indiana Jones) como por las que produjo, sobre todo con el sello Amblin, de Los Goonies a Gremlins.

Ahora bien, toda sentencia tiene sus atenuantes y en este caso es Regreso al Futuro (1985), una película que, por mucho que participe de buena parte de los defectos de sus compañeras de generación, tiene la virtud de proponer un cuento fantástico de extraordinario ingenio, a partir además de uno de los elementos más sugestivos del acervo de la ciencia-ficción: la máquina del tiempo. Cierto, el film que Spielberg produjo y Robert Zemeckis dirigió no intenta esconder en ningún momento su subordinación a ese público adolescente o juvenil (o eterno adolescente) que se suponía que entonces era el gran impulsor del mainstream.

Como todos los films de la Amblin, Regreso al Futuro parte del amor de su dueño, Steven Spielberg, hacia la América del pastel de manzana, de las small towns de barrios con casitas unifamiliares de jardín, de bailes de instituto y tradiciones como la Navidad o el Día de Acción de Gracias. Esa América entrañable en la que, por un momento, algo viene a perturbar su entraña, obligando a sus protagonistas (normalmente niños y adolescentes, o bien familias bien avenidas) a luchar para defender la tranquilidad de ese universo maravilloso hasta reponerlo y volver al orden y armonía anteriores.

Son los ingredientes que Hollywood había utilizado sobradas veces, pero ante todo en el género llamado Americana, en películas tan diversas pero a la vez tan vinculadas entre sí como las maravillosas ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra o Stars in my Crown, de Jacques Tourneur, por no hablar del futuro éxito del mismo director Zemeckis, Forrest Gump. Lo que hizo Spielberg, en todo caso, fue conectarlos con el género fantástico y aventurero.

En Regreso al Futuro están todos esos elementos, empezando por esa pequeña ciudad donde transcurre la acción, Hill Valley, primero en 1985 y luego en 1955. Esta doble ubicación cronológica, sin embargo, si algo señala, es que treinta años antes o treinta después, en el fondo es el mismo lugar, porque el espíritu que anima a sus habitantes es el mismo. En todo caso, la aventura de Marty McFly lo que hace, cambiando la historia al pretender no cambiarla, es procurar para su familia esa armonía y felicidad típicamente americanas de la que habían sido apartadas antes de que su vástago viajara en el tiempo.

Ilustración detallada de la plaza del pueblo de Hill Valley, mostrando su evolución entre 1955 y 1985

El Brillante Guion y las Paradojas Temporales

Es evidente que la gran baza de la película es ese guion (obra de Robert Zemeckis y Bob Gale) que de modo tan brillante explora las posibilidades de las paradojas temporales, y que el mismo Zemeckis, ahora como director, y su equipo convierten en una irresistible aventura que, ahora sí, resulta a la vez tensa y distendida, con una fortuna que para sí quisieran los Indiana Jones. Marty sí atraviesa un trance en el que se juega, literalmente, la existencia; Indiana, por mucho que se embarque en un carrusel continuo de apuros, nunca transmite la sensación de estar realmente en peligro.

A diferencia de otras notables manifestaciones cinematográficas y literarias del tema, la inevitable tentación de trascendencia tan propia del mismo (por ejemplo, la que animaba al viajero creado por H. G. Wells en su canónica ficción La máquina del tiempo) aquí es eludida para ir a lo más concreto y sencillo. Marty McFly se ve trasladado treinta años contra su voluntad y lo único que desea es regresar a su presente, que no es maravilloso pero en el que se siente completamente a gusto y donde tiene su chica y su ambiente. No hay curiosidad por explorar ni el entorno en el que aterriza (por mucho que le concierna de modo directo) ni, menos aún, las posibilidades que provoca el invento que lo ha llevado hasta allí. En todo caso, esta inquietud queda reservada para el creador del artilugio, Doc Emmett, mas se desarrollará ya fuera de escena.

En una trama de estas características, donde todo está cerrado sobre sí mismo hasta componer un fascinante bucle, es fundamental el prólogo de la aventura en 1985. En un apretado puñado de minutos, Zemeckis y Gale incluyen una considerable cantidad de información que luego será básica para poder apreciar todo el alcance de la aventura: las circunstancias familiares de los McFly, la constante imposición del chulesco Biff Tannen sobre George McFly, los frustrados deseos de Marty por tocar en la fiesta de su instituto o la historia del reloj del ayuntamiento que fue roto por un rayo (ese rayo será el que proporcione la energía que el DeLorean necesita para hacer el viaje inverso en el tiempo).

Como todo el mundo sabe, el adolescente Marty McFly, utilizando a su pesar el DeLorean convertido en máquina del tiempo por su maduro amigo Doc Emmett Brown, retrocede desde 1985 hasta 1955, y lo primero que hace, sin darse cuenta, es entrometerse en el episodio que sirvió para que sus padres se conocieran y enamoraran, con el resultado de que su madre, por quien se siente atraída, ¡es por él mismo!

Los guiños, por supuesto, no acaban aquí. Así, cuando Marty llega al Hill Valley de 1955 se encuentra con que, en el cine local, echan La reina de Montana, protagonizada por Barbara Stanwyck y Ronald Reagan; cuando el desconfiado Doc, al aparecer ese adolescente que dice venir del futuro, le pregunta quién es el presidente de 1985, lógicamente no puede sino tomarse a chacota que Marty le diga que es un actor de Hollywood.

Infografía explicando las principales paradojas temporales y ramificaciones de la trama en

Personajes y Actuaciones Memorables

La película comienza, precisamente, contándonos algo sobre Doc Brown, a partir de una serie de panorámicas de la cámara que recorren la casa de tan particular mentor, un escenario poblado por relojes de todo tipo (lo cual, de modo sencillo, ya introduce la importancia del tiempo -y de la lucha contra el tiempo que marcan los relojes- en la historia) y por inventos a cuál más descacharrante, cuya intención es dominar el espacio cotidiano (por ejemplo; una máquina abre las latas de comida canina, vierte el contenido en el cuenco y luego arroja el envase a la basura: Doc tiene un perro llamado Einstein).

Marty y el Doc fueron interpretados por los actores Michael J. Fox y Christopher Lloyd. Curiosamente, Lloyd no sabía si coger el proyecto hasta que un amigo le animó, e hizo bien, aunque, originalmente, el papel se lo propusieron a John Lithgow, que resultó estar ocupado.

Pero quizá el mayor de los problemas con el personaje de Doc era su edad. Cuando vemos a Doc por primera vez le podemos echar más de 60 años: el pelo blanco, la actitud de científico loco, la manera de hablar. El problema es que, por aquel entonces, Christopher Lloyd tenía tan solo 46 años: cada mañana tuvo que pasar por maquillaje para que le avejentaran.

No es el único lío con la edad que hay en la película: no olvidemos que Crispin Glover, que interpreta al padre de Marty, George McFly, era más joven que el propio Michael J. Fox. Puesto que, en 1955, la joven Lorraine siente una fuerte atracción por Marty, es claro que no puede bastar que este se las arregle para que ella y George concierten una cita: es necesario que Lorraine compruebe lo imposible de esa atracción, y es por ello que, cuando por fin besa al lógicamente muy remiso Marty, la sensación que le produce (ante su «sorpresa») es como si hubiera besado a un hermano o a alguien muy cercano.

Lo cierto es que la moraleja de la película, por mucho que se camufle de diversión, es aterradora: tanto antes como después del viaje de Marty, los valores que se defienden son los mismos, solo hay un cambio de roles. El antes ridículo y humillado George McFly, padre del protagonista, intercambia su puesto con Biff Tannen, el tipo del que, por falta de carácter, es un lacayo desde los años del instituto. En América, ser triunfador es mejor que ser alguien (o es lo mismo, claro), es la conclusión moral que brinda Regreso al Futuro.

El Legado de Michael J. Fox y su Lucha contra el Parkinson

Michael J. Fox sufre de la Enfermedad de Parkinson, un trastorno neurodegenerativo crónico que ocasiona bradicinesia (movimiento lento), rigidez (aumento del tono muscular), temblores y pérdida del control postural, desde 1991, cuando tenía 29 años. La reunión del reparto original, incluyendo a Michael J. Fox y Christopher Lloyd, fue en el evento benéfico Poker Night organizado por The Michael J. Fox Foundation for Parkinson's Research.

Foto de Michael J. Fox y Christopher Lloyd reunidos en un evento benéfico

La Magistral Adaptación del Doblaje Español

Como ya se ha señalado, el doblaje de Regreso al Futuro es magnífico, al tratarse de uno de esos trabajos que consiguió fundir lo mejor de la estupenda generación previa con la siguiente. El director era uno de los grandes de la profesión, Rogelio Hernández (emblemática voz de Paul Newman, Michael Caine o Jack Nicholson) y a él se debe una de las más acertadas asociaciones del doblaje de finales de siglo, la que unió a Michael J. Fox y Jordi Pons, que supo traducir el mismo dinamismo del original, de tal modo que, nunca mejor dicho, diríase que el actor yanqui habla directamente en español.

Otra cuestión que debe resaltarse de la versión española es el ingenio de los traductores al trasladar a nuestro idioma los giros y referencias que hubieran pasado desapercibidos de hacerse de modo literal (es decir, entendieron bien que el primer objetivo de una traducción ha de ser mantener, adaptando lo que sea necesario, la misma intención contextual del original).

Así, cuando Marty entra en el bar de 1955 y pide una Pepsi Free, en la versión española se cambia por Pepsi Sin, para que la respuesta del barman sea la misma, entendiendo que el muchacho pretende no pagar. Más divertido aún: cuando la joven Lorraine (la madre de Marty, ahora una adolescente de su edad), al despertar este tras el pequeño atropello que ha sufrido, se dirige a él como «Calvin», y la razón es que su ropa interior tiene bordado ese nombre (claro, en 1955 no existe la marca Calvin Klein). En el momento del estreno, el traductor entendió que esta marca todavía no resultaba tan familiar al espectador medio, y eligió el nombre Levi Strauss, haciendo que Lorraine se fije no en los calzoncillos sino en los jeans que viste Marty.

Un acierto de Rogelio Hernández fue darle a George McFly la voz de un actor en principio mucho mayor, Miguel Ángel Valdivieso, aun cuando, en este caso, el intérprete mantenía su timbre envidiablemente joven. Pero es claro que el director del doblaje vio que la interpretación de Crispin Glover, y el mismo registro de su personaje (un hombre en principio apocado, que parece un imán para las catástrofes, pero que acabará manifestando una notable energía interior), recuerdan al gran Jerry Lewis, cuya inmortal voz española es la de Valdivieso.

Por cierto, que uno de estos guiños, según el autor, es involuntario y solo pueden captarlos los espectadores españoles y de la versión doblada. En determinado momento, el desesperado Marty le dice a Doc literalmente: «tú eres mi única esperanza», justo el mensaje de socorro que la princesa Leia enviaba a Obi Wan Kenobi como mensaje holográfico dentro del robot R2 D2 en la incomparable La guerra de las galaxias.

Las Secuelas: Una Visión Crítica

Como anunciaba ese mencionado final, las secuelas acabaron llegando: se rodaron de modo simultáneo (o consecutivo) y se estrenaron con una diferencia de un año, en 1989 y 1990, como luego harían títulos de otras sagas, tales como El Señor de los Anillos o Matrix. Si no se extiende sobre ellas, es porque, según la crítica, no lo merecen.

Regreso al Futuro II es directamente un espanto que, dolorosamente, solo consigue trivializar los hallazgos de la primera, e incluso poner al desnudo todos sus defectos, pues en realidad nacen de la misma fuente: un sentido del drama y del espectáculo en el fondo superficial, y de lo superficial a lo banal hay un paso muy pequeño, que esta secuela franquea de un salto, y desde su primera secuencia. Para colmo de males, en su propósito de querer ofrecer más (para encubrir que, en realidad, lo que ofrece es más de lo mismo), retuerce tanto el concepto de paradoja temporal que la trama resulta ya tan rebuscada que carece de interés, amén de empujar a los dos actores protagonistas a una exhibición de histrionismo (en el caso de Fox incluye interpretar varias versiones de su personaje, maquillaje mediante) que los vuelve insoportables.

En cuanto a Regreso al Futuro III, por comparación mejora, ya que se decide por volver a los parámetros del primer film y concentrarse en un único escenario, que en teoría personaliza la historia, pues se trata el Hill Valley de la época del Far West (lo que permite chistecitos como que el protagonista se haga llamar Clint Eastwood, en fin…).

Cierto es que el film no carece, como ya se ha dicho, de defectos, en su mayoría debidos al tono adolescente que preside su factura. La sutileza, lógicamente, es la gran ausente de la función, que se extrema en el dibujo, más bien cargante, de George McFly y de Biff Tannen, en el presente y en el pasado, o en la exageración del inicial retrato de los McFly como una familia de perdedores (aunque lo use, se prefiere el término derrotados). Del mismo modo, el suspense final resulta muy artificioso, al acumular un exceso de percances para que el rayo pueda llegar al DeLorean. Son, sin embargo, pecados veniales que, pese a todo, no consiguen estropear una película entrañable e incluso deliciosa.

Ficha Técnica de Regreso al Futuro (1985)

  • Título: Regreso al futuro / Back to the Future
  • Dirección: Robert Zemeckis
  • Guion: Robert Zemeckis y Bob Gale
  • Fotografía: Dean Cundey
  • Música: Alan Silvestri
  • Reparto:
    • Michael J. Fox (Marty McFly)
    • Christopher Lloyd (Doc Emmett Brown)
    • Lea Thompson (Lorraine Baines McFly)
    • Crispin Glover (George McFly)
    • Thomas F. Wilson (Biff Tannen)

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