Competencias Parentales y Niños con Discapacidad: Un Enfoque desde Azar y Cote (2002)

Desde una perspectiva evolutivo-educativa, la familia es un grupo humano que tiene como misión construir un escenario adecuado para el desarrollo de personas y apoyarlas en su proceso de aprendizaje. En concreto, la tarea educativa de los padres es bastante compleja, ya que está encaminada a promover el desarrollo de los menores y, para ello, esta debe desplegarse en diferentes niveles de actuación, desde el nivel estratégico de organización del escenario educativo hasta el nivel táctico de selección de actuaciones concretas. Parece evidente que, para un óptimo desarrollo de dicha tarea, los padres necesiten disponer de competencias que les permitan proteger a los menores a su cargo y favorecer su desarrollo positivo.

Paradójicamente, son escasos los estudios que se han ocupado del análisis y la evaluación de las competencias parentales. Básicamente, dichos estudios se han llevado a cabo principalmente en dos ámbitos: por un lado, en contextos judiciales en los que la evaluación de las competencias parentales es útil para la determinación, por ejemplo, de la custodia y/o separación de los menores de sus progenitores; por otro, en contextos de riesgo psicosocial, para conocer las capacidades de los padres en la prevención del maltrato infantil y/o promover el desarrollo de programas de intervención con las familias vulnerables a este respecto, como lo destacan Azar y Cote (2002).

Así pues, el análisis de las competencias parentales es crucial para que los servicios de protección de menores puedan evaluar mejor el ejercicio de la parentalidad en familias en riesgo y eventualmente tomar decisiones sobre la permanencia o no del menor en el hogar. De hecho, los modelos más recientes de protección de menores ya tienen como eje central la evaluación de las competencias parentales. Un ejemplo de ello es el modelo para la evaluación de los menores y las familias en riesgo psicosocial desarrollado por el Departamento de Salud del Reino Unido, cuyas áreas evaluadas son la satisfacción de las necesidades evolutivas del menor (salud, educación, desarrollo emocional), los factores ambientales y familiares que condicionan el ejercicio de la parentalidad (empleo, vivienda, recursos comunitarios, historia familiar), y las competencias parentales. Las dimensiones de la capacidad parental evaluadas por este modelo incluyen cuidados básicos, garantías de seguridad en la protección del menor, calidez emocional, estimulación del menor, guía y límites al comportamiento del menor, y estabilidad en sus vidas.

Asimismo, es crucial contar con un buen análisis de las competencias parentales para elaborar programas de educación parental que adopten una visión optimizadora del ejercicio de la parentalidad en familias normalizadas o que promuevan, al menos, una parentalidad mínima para aquellas familias en riesgo psicosocial.

Marco Legal en Ecuador sobre la Discapacidad

Ante esto, Ecuador, a través de sus estamentos legales, ha propuesto normativas claras para el adecuado desarrollo de las potencialidades de los niños y niñas con algún tipo de discapacidad. La norma legal más importante del país en este aspecto es la Constitución de la República del Ecuador (2008), que en su Artículo 27 establece un marco para la protección y promoción de los derechos de las personas con discapacidad, incluidos los niños.

El Concepto de Competencia Parental

Definición General

La competencia es un concepto integrador que se refiere a la capacidad de las personas para generar y coordinar respuestas (afecto, cognición, comunicación y comportamiento) flexibles y adaptativas a corto y a largo plazo ante las demandas asociadas a la realización de sus tareas vitales, y para generar estrategias que aprovechen las oportunidades que les brindan los contextos de desarrollo.

Esta definición implica que la competencia es multidimensional, bidireccional, dinámica y contextual. Es multidimensional porque implica el funcionamiento integrado de la cognición, el afecto y el comportamiento. Es bidireccional porque sirve tanto para propiciar el ajuste personal y social a los contextos como para analizar lo que los contextos proporcionan a las personas en su desarrollo. Es dinámica porque cambia a medida que el individuo se enfrenta a nuevos retos y tareas evolutivas que debe resolver, así como a expectativas sociales que debe cumplir. Por último, el concepto de competencia es contextual en un doble sentido, porque las tareas evolutivas se practican en contextos vitales y porque tales contextos ofrecen oportunidades para nuevos aprendizajes y prácticas.

Siguiendo a Hawkins, Catalano y Miller (1992), las competencias requieren oportunidades para practicarlas, el aprendizaje de habilidades para poder utilizar las oportunidades que se le brindan y el reconocimiento social de la tarea vital bien hecha para seguir motivados a continuar y perfeccionar sus habilidades. Tanto las oportunidades, el entrenamiento de habilidades y el reconocimiento de haberlas adquirido se las brindan los contextos de desarrollo, como la familia, la escuela, los iguales y el ocio. Todo ello resulta crucial para un buen desarrollo de competencias.

Infografía: Componentes clave de la competencia humana (multidimensional, bidireccional, dinámica, contextual)

Competencias Parentales Específicas

Centrándonos en el tema de las competencias parentales, se definen como el conjunto de capacidades que permiten a los padres afrontar de modo flexible y adaptativo la tarea vital de ser padres, de acuerdo con las necesidades evolutivas y educativas de los hijos e hijas y con los estándares considerados como aceptables por la sociedad, aprovechando todas las oportunidades y apoyos que les brindan los sistemas de influencia de la familia para desplegar dichas capacidades.

Las competencias parentales son el resultado de un ajuste entre las condiciones psicosociales en las que vive la familia, el escenario educativo que los padres o cuidadores han construido para realizar su tarea vital y las características del menor. Por ejemplo, condiciones psicosociales como la monoparentalidad, el bajo nivel educativo, la precariedad económica y vivir en barrios violentos, entre otros factores, convierten la tarea de ser padre o madre en una tarea difícil. Sin embargo, si los padres cuentan con determinadas competencias podrían no solo no comprometer el desarrollo de sus hijos, sino incluso favorecer su resiliencia.

Aquellos padres que, a pesar de la adversidad, se centran en sus hijos y tienen expectativas positivas sobre su futuro, potencian más la resiliencia de los hijos que aquellos que cuentan con expectativas no realistas o que no tienen expectativas. En cuanto al escenario educativo, es evidente que es necesario analizar las concepciones y las prácticas educativas utilizadas por los padres en la crianza de los hijos. Al fin y al cabo, las prácticas educativas que los padres emplean para corregir o el modo en que interactúan con el niño o el adolescente, conforman el escenario de desarrollo del menor. Los estudios sobre resiliencia parental han mostrado cómo se pueden construir escenarios educativos adecuados en contextos de riesgo, sin que se dé un impacto negativo sobre el desarrollo del menor; por ejemplo, una supervisión parental más estricta facilita una mejor adaptación del menor en contextos con alto nivel de delincuencia.

Por último, las características del menor, es decir, su vulnerabilidad y su resiliencia, deben ser factores a considerar para determinar qué competencias parentales habría que potenciar en sus progenitores. Los menores con características particulares como la prematuridad y/o bajo peso al nacer, la discapacidad física o psíquica, los problemas de conducta, la hiperactividad, los problemas de sueño, los problemas de control de esfínteres, los problemas de alimentación o el temperamento difícil, entre otras, pueden hacer que la tarea de educarlos suponga ajustes y compensaciones que otros niños no necesitan. Por ello, puede ser necesario potenciar en sus padres determinadas competencias que son cruciales para el cuidado y desarrollo positivo de estos niños.

No obstante, junto a estos rasgos de vulnerabilidad, se deben tener en cuenta las características resilientes de los menores que tienen un ajuste personal y social mejor de lo que cabría esperar dadas las condiciones adversas en que viven. La mayor parte de los estudios coinciden en señalar las siguientes características resilientes: buena competencia social, inteligencia media o superior, temperamento fácil, locus de control interno, alta autoestima, sentido del humor, búsqueda de apoyo de "otros" positivos, capacidad para solucionar problemas, iniciativa y toma de decisiones, orientación al futuro y entusiasmo y motivación por las cosas. Estos factores podrían paliar o aminorar los efectos negativos de los contextos de riesgo.

Modelos y Marcos Teóricos de Competencias Parentales

El Modelo Cognitivo Conductual de Azar y Cote (2002)

En el ámbito de la investigación e intervención en situaciones de maltrato infantil, Sandra Azar y colaboradores (Azar y Cote, 2002) han desarrollado un modelo cognitivo conductual que considera que una parentalidad competente tiene que ver fundamentalmente con la capacidad de adaptación de los padres. Es decir, los padres necesitan ser lo suficientemente flexibles para adaptarse positivamente a las circunstancias y necesidades de sus hijos, que van cambiando con la edad. Esta autora ha delineado las capacidades requeridas para ejercer las funciones parentales, afirmando que dichas capacidades no difieren mucho de las necesarias para funcionar satisfactoriamente en las relaciones interpersonales en general.

Azar y Cote (2002) agrupan las distintas competencias parentales en cinco áreas:

  • Educativas: Incluyen el manejo del niño, el cuidado físico, la garantía de seguridad y la expresión emocional.
  • Sociocognitivas: Abarcan el perspectivismo, las expectativas adecuadas respecto a las capacidades infantiles, un estilo de atribución positivo y la autoeficacia.
  • Autocontrol: Se refiere al control de impulsos, las percepciones precisas, las habilidades de autocontrol y la asertividad.
  • Manejo del estrés: Comprende el autocuidado, la relajación, la capacidad para divertirse, el mantenimiento del apoyo social, la capacidad de afrontamiento y la planificación.
  • Sociales: Entrañan la solución de problemas interpersonales, la empatía y el reconocimiento de las emociones.
Infografía: Las cinco áreas de competencias parentales según Azar y Cote (2002)

Otros Enfoques sobre Competencias Parentales

Por otro lado, Peter Reder y colaboradores (Reder, Duncan y Lucey, 2003) sugieren que para el ejercicio de la parentalidad se necesita disponer de competencias relacionadas con los siguientes ámbitos: funcionamiento personal (resiliencia, agencia personal, reflexión sobre la propia conducta), competencias asociadas al rol parental propiamente dicho (cuidados físicos y emocionales, compromiso con la tarea parental, métodos disciplinarios, aceptación de la responsabilidad parental), y competencias asociadas a la relación con el niño (interés en las experiencias y bienestar del niño, empatía, reconocimiento de las necesidades del niño).

A partir del análisis bibliográfico y la experiencia en la formación de familias en riesgo psicosocial, las competencias parentales necesarias para la crianza de los hijos se han estructurado en categorías de habilidades como: educativas, agencia parental, autonomía y desarrollo personal, vida personal y organización doméstica. Estas habilidades son de muy variado signo y deben considerarse relacionadas entre sí, destacando las habilidades educativas por su asociación con la resiliencia familiar, como las vinculadas a la organización de actividades de ocio con toda la familia.

Investigaciones sobre Competencias Parentales y Discapacidad

Estudio sobre Competencias Parentales en Padres de Niños con Discapacidad en Manabí

Se realizó un estudio en la Universidad Técnica de Manabí con el objetivo de conocer el estado actual de las competencias parentales que tienen los padres de niños con discapacidad entre seis y siete años de edad. La investigación fue llevada a cabo desde un enfoque mixto, aplicando la Escala de Parentalidad Positiva (E2P vol.2) en una muestra de 35 representantes de niños con diferentes tipos de discapacidad pertenecientes a la iglesia Iberoamericana de Cristo del cantón San Vicente, Ecuador.

Asociación entre Resiliencia y Calidad de Vida en Padres de Hijos con Discapacidad en Lima Norte

Un estudio de alcance correlacional de corte transversal se realizó con el objetivo de determinar la asociación entre la resiliencia y la calidad de vida en padres de hijos con discapacidad de un Policlínico de Lima Norte, Perú. Para el análisis estadístico, se usaron las pruebas de Chi cuadrado y Kruskal Wallis. Respecto a los instrumentos, se aplicó la escala de resiliencia de Wagnild y Young y la escala de calidad de vida de Olson y Barnes.

Los resultados revelaron una asociación significativa entre la resiliencia y la calidad de vida de los padres (p=0.00). Asimismo, dimensiones de resiliencia como la perseverancia (p=0.006) y la satisfacción personal (p=0.01) se relacionaron significativamente con la calidad de vida. Además, el ingreso económico se asoció con la resiliencia (p=0.001) y la calidad de vida (p=0.00). Estos hallazgos sugieren que, aunque la discapacidad de un hijo pueda considerarse como un factor de estrés para los padres, estos pueden desarrollar una capacidad resiliente que es impulsada por la perseverancia de buscar una mejor calidad de vida para su familia y a nivel personal.

Gráfico de correlación entre resiliencia y calidad de vida en padres de niños con discapacidad

Relación entre Temperamento Infantil y Competencias Parentales Percibidas

Otra investigación, realizada por la Facultad de Psicología y Relaciones Humanas de la Universidad Abierta Interamericana, tuvo como objetivo principal relacionar el temperamento infantil de niños entre 3 y 7 años y las competencias parentales percibidas de padres, madres y/o tutores. La muestra estuvo conformada por 190 padres, madres y/o tutores (172 mujeres y 18 hombres) de entre 23 y 54 años (M=32,80 años; DS= 6,82). Los instrumentos utilizados fueron un cuestionario sociodemográfico, un cuestionario de competencias parentales percibidas (versión padres) y el cuestionario breve sobre conducta infantil (CBQ, versión muy corta).

Los resultados indicaron un aumento en la implicación escolar, la dedicación y la orientación a medida que crece el esfuerzo de control del niño. También se encontró una relación negativa significativa entre el esfuerzo de control y el nivel educativo de los padres. A su vez, se observó un aumento del ocio compartido, la dedicación y la orientación a medida que aumentan las veces que los padres salen por semana con sus hijos.

Herramientas de Evaluación: La Escala de Parentalidad Positiva (E2P)

La Escala de Parentalidad Positiva (E2P), validada en Santiago de Chile por la Fundación Ideas Para la Infancia, es un cuestionario muy sencillo que puede contestar cualquier adulto responsable de la crianza de un niño, niña o adolescente. Su objetivo es identificar aquellas competencias parentales que dichos adultos utilizan al relacionarse con su hijo, hija o niño/a a su cargo, agrupándolas en cuatro áreas: vínculo, formación, protección y reflexión. El cuestionario se compone de 54 reactivos que dan cuenta de comportamientos cotidianos de crianza que estarían reflejando el despliegue de la competencia parental en estas cuatro áreas.

Diagrama de las cuatro áreas de la Escala de Parentalidad Positiva (E2P)

Algunos ejemplos de reactivos incluidos en la E2P son:

  • "Me hago el tiempo para jugar, dibujar y hacer otras cosas con mi hijo/a." (Vínculo)
  • "Ayudo a mi hijo/a, a que reconozca sus emociones y les ponga nombre." (Vínculo/Formación)
  • "Le demuestro explícitamente mi cariño a mi hijo/a (ej., le digo 'hijo/a, te quiero mucho' o le doy besos y abrazos)." (Vínculo)
  • "Le explico cuáles son las normas y límites que deben respetarse (ej., horario de acostarse)." (Formación)

Para la selección de las instituciones educativas participantes en diversos proyectos, se estableció como parámetro que contaran con niños, niñas y adolescentes con discapacidad y que sus padres accedieran a participar. Las Instituciones Educativas Especializadas “La Floresta y Unidad Educativa Francisco De Orellana” fueron priorizadas. En el análisis de los resultados de la Escala de Parentalidad Positiva, se establecen parámetros específicos de puntaje obtenido y se compara con una tabla de referencia, obteniendo el percentil en el que se ubica el sujeto respecto a esta muestra de referencia. La aplicación de la E2P arrojó diferentes resultados a tomar en cuenta en el diagnóstico del nivel de desarrollo de las competencias parentales de las familias de niños con barreras para el aprendizaje y la participación con edades entre 4 y 18 años, subyacentes al proceso de la inclusión educativa.

Hallazgos Clave sobre Competencias Parentales por Grupos de Edad

Se han observado diferencias marcadas entre tres grupos de edades (4-7, 8-12 y 13-18 años) en cómo los padres perciben sus competencias parentales en cuanto a las zonas óptima, de riesgo y monitoreo. En general, los padres de niños de 8 a 12 y de 13 a 18 años suelen considerar que se encuentran en una zona óptima, con una diferencia mínima respecto al grupo de 4 a 7 años, donde la mayoría de los padres se evidencian en zona de riesgo.

Específicamente, en cuanto a la competencia Protectora, se visualizan diferencias entre los grupos de edad: los padres de niños de 4 a 7 y de 13 a 18 años consideran, según sus respuestas, que se encuentran en zona óptima, a diferencia del grupo de 8 a 12 años, en el cual la mayoría de los padres se evidencian en zona de riesgo. Para el grupo de 13 a 18 años, las competencias formativas, protectoras y reflexivas se encuentran en una zona óptima; sin embargo, las competencias vinculares se encuentran mayormente en zona de riesgo. Esto obedece a los cambios de desarrollo de sus hijos, denotando un mayor interés en su formación y, probablemente, en protegerlos de las nuevas exigencias del mundo a las que se enfrentarán más adelante en su vida, dejando de lado los aspectos afectivos entre padres e hijos y dándoles mayor importancia a los aspectos que consideran facilitarán su adaptación a dichos cambios.

Gráfico comparativo de competencias parentales por grupos de edad (zonas óptima, riesgo, monitoreo) para distintas competencias

Taller Dr. Jorge Barudy: Competencias parentales en familias con progenitores separados - 2ª Parte

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