Cómo apoyar a tu madre como adulto mayor

A medida que nuestras madres envejecen, las dinámicas familiares cambian. Es común que empiecen a necesitar más ayuda, que surjan nuevas preocupaciones e incluso conflictos derivados de la incomprensión o el desconocimiento de esta etapa vital. Muchas veces, por amor, responsabilidad o agradecimiento, asumimos el cuidado de nuestras madres en su vejez. Es un acto profundo de cariño, pero también un reto para el que nadie nos prepara del todo.

En algunos casos, el cambio ocurre casi sin darnos cuenta. Un día notamos que caminan más despacio, que se cansan con facilidad o que el paso del tiempo empieza a reflejarse en su rostro. Cuando llega el momento en el que es recomendable que las madres estén acompañadas de forma permanente, comienza una nueva etapa, que puede implicar volver a vivir con ellas o reorganizar la dinámica familiar.

Desafíos y realidades de la vejez

Esquema de los cambios físicos, cognitivos y sociales en la vejez

Las personas mayores experimentan cambios físicos, cognitivos y sociales que pueden hacerlas sentir menos útiles o que no se las valora. La vejez puede ser un período desafiante para muchos, acompañado de cambios emocionales y físicos.

Estereotipos y respeto a la dignidad

Es común escuchar que alguien se refiere a una persona mayor como “abuelito” o “abuelita” cuando no hay ningún parentesco o cuando esa mujer u hombre no tienen nietos. También que se les trate como niños, como si no tuvieran discernimiento. Es crucial educar y sensibilizar sobre cómo relacionarnos con los adultos mayores, respetando su dignidad y derechos.

Ser adulto mayor no es sinónimo de fragilidad. Al contrario, son personas activas, lúcidas y dignas del mismo respeto que se le da a cualquier otro ciudadano. Los adultos mayores son sujetos de derechos; es obvio, pero es importante recordarlo y reconocer sus potencialidades, valores y carencias. Son capaces de ser autónomos y tomar sus propias decisiones.

La relación y comunicación con los adultos mayores puede ser una tarea compleja, ya que aún existen muchos estereotipos en relación a ellos. Según la CASEN del 2017, las personas mayores de 60 años en Chile corresponden al 19,3% de la población nacional, un porcentaje que ha ido creciendo.

Claves para el cuidado y acompañamiento

Cuidar a una madre mayor es una labor valiosa que requiere paciencia, organización y mucho amor. Es importante discutir y organizar cuestiones legales y financieras, como testamentos, poderes de atención médica y otros documentos importantes. A continuación, compartimos una guía práctica con aspectos esenciales que conviene tener en cuenta al asumir esta responsabilidad.

1. Comunicación abierta y empatía

La comunicación y rutinas en adultos mayores - Un momento para ti

Asegúrate de mantener una comunicación abierta y positiva con tu madre. Preocúpate de tu presentación personal y tu actitud. Usa un tono de voz tranquilo y certero. No le grites. Si algo no sabes, dile que lo ayudarás a averiguar. Cuida el lenguaje no verbal. Además, sé empático o empática con ella. Es importante escucharla proactivamente, sin mirar el celular o hacia otros lados. Hazle saber que estás disponible para escucharla sin juzgar, por ejemplo, preguntando de manera abierta: “¿Hay algo que te gustaría compartir conmigo?”. Es importante que sientan que sus sentimientos son válidos; evita frases como “no te preocupes por eso” o “ya deberías haberlo superado”.

2. Salud física y mental

La salud se vuelve más frágil con la edad. Asegúrate de que tu madre tenga acceso a un buen sistema de salud y que sus necesidades médicas estén cubiertas. Adicionalmente, es posible reforzar esa protección con planes de salud complementarios o seguros de salud que amplían la cobertura, reducen los tiempos de espera y facilitan el acceso a especialistas, exámenes y atención domiciliaria cuando se requiere. Proteger la salud también es una forma de cuidar.

La edad avanzada puede asociarse a una depresión o apatía que reduce las relaciones sociales. Es común que los adultos mayores tengan problemas de depresión u otros problemas de salud mental. A menudo se frustran con sus problemas de salud o se preocupan por su situación económica. Lamentablemente, el sedentarismo es muy común en la vejez, lo que perjudica tanto a nivel físico como emocional.

Es importante observar cualquier cambio en la conducta, las habilidades cognitivas o motoras (un despiste, olvidos frecuentes, una reducción de las habilidades motoras), ya que podrían indicar un agravamiento o un posible problema de salud. Si observamos que nuestro familiar presenta cualquier limitación, ya sea física, cognitiva o emocional, lo más conveniente es acudir a la consulta médica. Si se trata de una limitación física, se puede recomendar el uso de andadores, sillas de ruedas, muletas u otras adaptaciones en el hogar.

3. Entorno seguro y hábitos saludables

Infografía sobre modificaciones seguras en el hogar para personas mayores

La seguridad en el hogar es primordial. Haz modificaciones en su casa para evitar caídas y accidentes, como instalar barras de apoyo en el baño, mejorar la iluminación en pasillos y escaleras, y asegurarte de que los pisos sean antideslizantes. La vivienda debe adaptarse a sus necesidades: tapetes antideslizantes, barras de apoyo en el baño, pasamanos en escaleras y utensilios de fácil agarre son ajustes sencillos que aumentan la seguridad.

Los hábitos diarios tienen un impacto directo en la calidad de vida. Fomenta una dieta equilibrada rica en frutas y verduras frescas, que favorece la digestión, la salud cerebral y los procesos mentales. Asegúrate de que tu madre mantenga una actividad física regular, adaptada a su capacidad y salud. Promueve caminatas de 20 o 30 minutos, siempre adaptadas a su ritmo. Por ejemplo, caminar durante unos minutos, subir o bajar escaleras o realizar ejercicios para estimular su mente pueden ser buenas opciones. Eso sí, es recomendable que cuenten con supervisión mientras realizan las actividades.

4. Estimulación cognitiva y social

Personas mayores participando en actividades recreativas y sociales

Mantener la mente activa es crucial para combatir el declive cognitivo asociado con la edad. Los ejercicios de memoria, como invitarla a contar lo que vio si pasa tiempo viendo televisión, son útiles. Animar a tu madre a mantener relaciones sociales y participar en actividades comunitarias puede prevenir la sensación de aislamiento y soledad.

Es importante que mantengan actividades sociales y recreativas. Para ellos también es importante tener momentos de ocio para salir de la rutina. Pueden ir a un parque, escuchar música, cantar, bailar. ¡Aún pueden aprender cosas nuevas! Ofréceles la posibilidad de aprender nuevos pasatiempos u oficios, ligados o no a sus gustos. Una rutina estructurada puede proporcionar estabilidad emocional; anima a tu familiar a realizar actividades como caminar, cocinar o leer. Ayuda a tu familiar a mantener contacto con amigos o familiares.

5. Evitar la sobrecarga y fomentar la autonomía

En ocasiones, el cuidador sufre igual o más que el cuidado, y puede derivar en una sobrecarga. Por ello, a la hora de cuidar a una madre anciana, no te olvides de ti: de tu salud física y mental. Uno de los consejos más importantes para cuidar a tus padres mayores es no permitir que el cuidado se apodere de tu vida. Por eso es importante invertir en ti mismo/a.

Es normal querer ayudar en todo lo posible, pero en ocasiones, esto puede aumentar la dependencia y tiene consecuencias negativas para ambas partes. Trata de estimular en todo lo posible para que se mantenga activa, tome conciencia y responsabilidad de su salud y, sobre todo, no deje de lado el contacto social. Deja que colabore con las tareas de la casa, si es que quiere. Procura mantener su autoestima alta y ser conscientes “del valor que tienen como persona con toda una vida llena de experiencias y conocimientos, aparte del derecho a exigir consideración no sólo por lo que se fue sino por lo que se es”.

Establecer límites te ayudará a atender tus propias necesidades mientras cuidas de tus padres mayores. Hay que tener claro que necesitar ayuda de una persona para cuidar de nuestros mayores no significa quererlos menos. Nuestro familiar mayor puede vivirlo como una pérdida de independencia. El acompañamiento familiar durante los primeros días reduce el impacto emocional y facilita la adaptación. Si bien algunas personas pueden dejar sus trabajos para cuidar de sus padres a tiempo completo, otras simplemente no pueden permitírselo, por lo que es importante encontrar recursos de apoyo que puedan beneficiarte a ti y a tus padres. Finalmente, es posible que necesites obtener ayuda como cuidador. Cuando intentas ocuparte solo/a del cuidado de tus padres, puedes agotarte y experimentar estrés en otras formas.

6. Abordar el pasado y las emociones no resueltas

Los adultos mayores, como todos nosotros, pueden cargar con experiencias dolorosas o traumáticas que impactan su bienestar emocional y físico. Estas vivencias no siempre se expresan abiertamente, pero pueden manifestarse en forma de ansiedad, depresión, o incluso aislamiento. Las emociones no resueltas o los eventos traumáticos pueden manifestarse de diferentes maneras en las personas mayores.

Ayudar a un familiar mayor afectado por su pasado requiere sensibilidad y acciones concretas. Si las señales persisten, considera la posibilidad de buscar ayuda profesional. Muchos adultos mayores creen que no necesitan terapia o sienten vergüenza de buscar ayuda. Luis Marileo, terapeuta en Grupo Clínico Más, cuenta con experiencia en el tratamiento de adultos mayores afectados por eventos traumáticos o emociones no resueltas. Sé paciente: la sanación emocional puede llevar tiempo. No dejes que tu familiar mayor enfrente solo estas emociones.

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