Una vez que se alcanza la tercera edad, se tiende a pensar que la vida ha pasado demasiado rápido y, erróneamente, que las personas mayores tienen poco que aportar. Sin embargo, aportan sabiduría, experiencia y un punto de vista diferente a la hora de afrontar los problemas. Para conmemorar el Día Internacional de las Personas Mayores, es pertinente traer algunas reflexiones y aportes de diversos autores que, desde la literatura filosófica y el análisis empírico, han abordado este periodo de la vida.

Visiones Históricas de la Vejez en la Filosofía Clásica
Desde la Antigüedad hasta nuestros días, los Derechos humanos han ido evolucionando. En las sociedades del mundo antiguo, alcanzar edades avanzadas significaba "un privilegio, una hazaña que no podía lograrse sin la ayuda de los dioses, por tanto, la longevidad equivalía a una recompensa divina dispensada a los justos".
La Antigüedad Griega: Honor, Sabiduría y Percepciones
En la sociedad de la Antigua Grecia se exaltaban valores como la belleza, la vitalidad y la fuerza física, lo cual se constata en La Ilíada y La Odisea, donde Homero resalta los atributos físicos de los dioses y de los héroes. A diferencia de esto, las personas mayores suelen ser ridiculizadas en las comedias griegas, como en Las avispas, de Aristófanes.
En la vida cotidiana, la relación entre jóvenes y viejos no era de contraposición, sino que desempeñaban roles diferentes. Los jóvenes realizaban labores que demandaban gran trabajo físico, mientras que los adultos mayores -particularmente aristócratas- se desempeñaban en la política como consejeros, valorando su experiencia. En Atenas, por ejemplo, la edad mínima para ser miembro del Consejo, de los tribunales del jurado y para ocupar cargos públicos era de treinta años; para ser miembro de la junta de árbitros, sesenta años. El historiador francés Georges Minois menciona que, dentro de la aristocracia, era común que a los adultos mayores les fuera confiada la educación de los jóvenes; por lo tanto, los hombres mayores ostentaban una conducta prudente, digna de seguirse. Sin embargo, estas funciones solo podían ser desempeñadas por el sector con poder económico y propiedades.
En las obras de Platón, específicamente en el Libro I de la República, se relata una escena donde Sócrates cuestiona a su interlocutor Céfalo sobre su sentir respecto a la vejez, quien se encuentra en dicho periodo. Céfalo expresa que "en la vejez se produce mucha paz y libertad. Cuando los apetitos cesan en su vehemencia y aflojan en su tensión (…) nos desembarazamos de multitudes de amos enloquecidos". Para él, las quejas y el trato de los familiares tienen una sola causa, Sócrates, y que no es la vejez, sino el carácter de los hombres. El discurso de Céfalo puede entenderse como un elogio a la vejez, señalando la virtud de poseer un ánimo sereno. Si hacia el final de la vida un hombre reflexiona sobre su propia existencia y se da cuenta de que no ha ofendido a otro, puede decirse que es virtuoso, característica que debe ser reconocida y que debe incluirse en actividades del gobierno de su ciudad. Esta atribución es retomada por Platón en sus Leyes: "los más viejos deben regir y los más jóvenes ser regidos".
Por su parte, el filósofo estagirita Aristóteles, en Acerca de la longevidad y la brevedad de la vida, plantea la dificultad de investigar sobre la supervivencia en las plantas y los animales. Menciona que las primeras son más longevas que los segundos, e introduce las variables de salud y enfermedad, pues un cuerpo tiende a ser más longevo en la medida en que posee un mayor grado de salud. Hace referencia a las condiciones exteriores o ambientales que repercuten en la calidad de vida de los hombres, pues la ubicación geográfica determina el clima, el tipo de alimentación y, por ende, la expectativa de vida de sus habitantes. También diferencia entre machos y hembras, adjudicando a aquel mayor longevidad, pues contienen en sí mismos más calor que las hembras. En Acerca de la juventud y de la vejez, de la vida y de la muerte, y de la respiración, identifica al corazón como la fuente del calor que propicia la vida y el lugar donde residen las sensaciones.
Aristóteles identifica dos causas de la muerte de los seres vivos: las internas y las externas. Las primeras obedecen al cese natural de las funciones de los órganos y están vinculadas con la aparición de enfermedades y con la vejez, entendida como un proceso natural de deterioro del cuerpo. Él condensa su doctrina sobre la vida y la muerte así: "el nacimiento es la primera participación en el alma nutritiva, que tiene lugar en el calor, y la vida, la perduración de ésta. La juventud es el crecimiento del principal órgano refrigerador, y la vejez, la consunción. La madurez en el estado intermedio entre ambos. La muerte y la destrucción violenta son la extinción y la consunción de lo caliente -pues la destrucción puede producirse por ambas causas-. La muerte natural es la consunción del calor que sobreviene por un largo espacio de tiempo y por el término de la vida. En las plantas se llama “marchitamiento”, en los animales, “muerte”. La muerte en la vejez es la consunción del calor por la incapacidad del órgano para refrigerar debido a la propia vejez".
En lo concerniente exclusivamente a la especie humana, en el Libro II de su Retórica, Aristóteles mantiene la distinción de tres edades: la juventud, la madurez y la vejez, enumerando sus principales cualidades del carácter en cada una. Sobre la vejez, señala que las personas mayores tienden a tener un mal carácter y a esperar siempre los peores resultados; suelen ser desconfiados y no aman ni odian con intensidad. Son de espíritu pequeño por haber sido ya maltratados por la vida y, por ello, no desean cosas grandes ni extraordinarias, sino lo imprescindible para vivir. Son también mezquinos, cobardes y propensos a sentir miedo de todo, ya que son fríos en vez de calientes. Son además amantes de la vida, y sobre todo en sus últimos días, porque el deseo se dirige a lo que falta. Son más egoístas de lo que es debido, viviendo más para la conveniencia que para lo bello, y son desvergonzados más que pudorosos, porque desprecian la opinión pública al no tener lo bello en la misma consideración que lo conveniente. Son pesimistas por causa de su experiencia y viven más para el recuerdo que para la esperanza.
En los ámbitos político y social, Aristóteles manifiesta su desacuerdo en la intervención de personas mayores como consejeros. En su Política, asevera que la vejez no solo afecta al cuerpo, sino también perturba la mente. Al criticar la organización de la Asamblea de Creta, menciona que los jóvenes tienen poca injerencia en la toma de decisiones, limitándose a validar las disposiciones de las personas mayores, lo cual puede ser poco beneficioso, ya que las decisiones tomadas -al venir de personas con un intelecto disminuido por el paso del tiempo- pueden suponer un riesgo. Las concepciones de la vejez y el rol de las personas mayores en la Grecia Antigua corroboran la afirmación de Simone de Beauvoir sobre los filósofos griegos: "Platón y Aristóteles reflexionaron sobre la vejez y llegaron a conclusiones opuestas".
Cicerón y "De senectute": Un Elogio a la Vejez
Aunando el reconocimiento de las personas de edad tanto por parte de la Antigüedad clásica griega como romana, debe destacarse uno de los pocos libros que ha celebrado la vejez: Cato maior de senectute liber, de Cicerón, presentado en forma de diálogo entre Catón el Viejo con dos jóvenes. Cicerón escribe este libro a los sesenta y dos años, y presenta a un octogenario Catón que alega sus razones a los jóvenes para aceptar la vejez, pudiéndose calificar la obra como un tratado de "gerogogía", a modo de arte de aprender a envejecer. En la obra se refutan cuatro motivos por los que la vejez puede parecer miserable.
El primer motivo, que la vejez aparta de las actividades. Cicerón - a través de Catón - explica que las cosas grandes no se hacen con las fuerzas o la agilidad del cuerpo sino mediante el consejo, la autoridad y la opinión, que sin duda abundan más en las personas mayores que en las jóvenes. "Ni las canas ni las arengas pueden proporcionar autoridad de repente, sino que es la vida anterior, vivida honestamente la que recoge los últimos frutos de la autoridad". El segundo motivo para rechazar la vejez es la pérdida de fuerza física y la abundancia de enfermedades. Sin embargo, nadie está libre de la debilidad y la dolencia. Para ello, Catón recomienda unos cuidados dietéticos que hoy son comunes. El tercer argumento para lamentar que uno se hace viejo, es que la edad hace perder placeres. Catón aprovecha aquí para criticar los placeres y las pasiones, que arrastran a un frenesí que produce desasosiego, y se reconforta en la idea de que al anciano le disminuyen los deseos, por lo que así no vivirá agitado por anhelos difíciles de alcanzar. Por último, la cuarta razón para mostrar la desafección con respecto a la vejez es la proximidad de la muerte. Catón argumenta que "Si no vamos a ser inmortales, es deseable, por lo menos, que el hombre deje de existir a su debido tiempo". Este tema de la proximidad inexorable de la muerte ha sido motivo de reflexión para filósofos como Epicuro, quien ya en el siglo IV a.C. sostenía que la muerte no debía preocuparnos, ya que cuando ella es, nosotros ya no somos. Y cuando nosotros somos (vivimos) ella (la muerte) no es. Es decir, si no hay nada después de la muerte, nada debemos temer. Si la muerte es la puerta para la vida eterna, entonces debiéramos desearla.

El Envejecimiento en la Era Moderna y el Surgimiento de Análisis Socio-Filosóficos
Con la llegada del Renacimiento y el culto a la figura humana, se comienza a rechazar la figura del anciano, "pues representaba todo aquello que se quería suprimir", ya que se inauguraban tiempos de ruptura con el pasado. El interés por la vejez y el envejecimiento, como tema de estudio con un alto grado de especialización por parte de la medicina, es bastante reciente y responde al aumento en la esperanza de vida de nuestras sociedades contemporáneas. Sin embargo, a partir de 1960, su uso se extendió a las ciencias sociales y a las humanidades, principalmente a la sociología y a la filosofía, campos que a menudo emplean métodos de análisis empírico o de crítica social derivados de la tradición positivista.
Misterios del Envejecimiento 6: La vejez en la historia
Críticas a la Visión Capitalista y la Revalorización de la Vejez: Simone de Beauvoir
Otro libro de referencia sobre la vejez ha sido el de Simone de Beauvoir, La vejez. Dejando a un lado la línea de explicación marxista de la vejez en el sistema capitalista, en la que subraya la explotación del trabajador y del anciano, la autora presenta variadas descripciones etnográficas de cómo es entendida la vejez en otras sociedades y épocas. Beauvoir resalta la importancia y diversidad de la vejez en la historia, los procesos de envejecimiento alrededor del mundo, y hace un llamado al respeto y a la dignidad. Esta obra es una de las primeras publicaciones en prever el envejecimiento masivo de la población en el siglo XXI. Su investigación se apoya sobre una crítica a la visión capitalista y productiva de la edad: "…solo interesa el ser humano en la medida en que rinde. Después se lo desecha…". Para de Beauvoir, la sociedad occidental tiene una imagen del viejo que se debate entre la imagen del "viejo loco" y el "viejo sabio", con lo cual subraya que "o por su virtud o por su abyección se sitúan por fuera de la humanidad". Resulta acertada su consideración de que el envejecimiento no solo es una "pérdida biológica de la energía vital", sino que es un proceso lleno de significados, símbolos y por lo tanto un fenómeno cultural: "falta examinar qué lugar se asigna a los viejos, qué representaciones… ¿Qué hay de ineluctable en la condición de viejo? ¿En qué medida la sociedad es responsable de ello?".
La Antropología de la Vejez: Marc Augé y los "No Lugares"
El antropólogo y filósofo francés Marc Augé, conocido mundialmente por su concepto del "no lugar", también reflexionó sobre la vejez y el tiempo desde una perspectiva crítica y esperanzada. A este tema se dedicó, ya ingresando él mismo en esa etapa de la vida, a través de sus libros Tiempo sin edad. Etnología de sí mismo y Las pequeñas alegrías. En estos textos, el filósofo reflexionó sobre el sentido de la vida, la memoria, la creatividad y el futuro desde su propia experiencia como anciano. Invitó a cuestionar los prejuicios sobre los adultos mayores y a valorar su aporte a la sociedad. Propuso una visión positiva y lúcida de la vejez, que no se define por la edad cronológica sino por la actitud ante el mundo. Para él, la vejez no existe como una categoría fija, sino como una oportunidad de renovar el pensamiento y el deseo.
También abordó el tema de la vejez en relación con los no lugares, esos espacios anónimos y efímeros que caracterizan la sobremodernidad. Según él, los no lugares son hostiles para los ancianos, que se sienten excluidos, invisibles o inútiles en una sociedad que privilegia la velocidad, el consumo y la novedad. Augé criticó esta marginación y reivindicó el valor de los adultos mayores como portadores de una memoria colectiva, una sabiduría vital y una capacidad crítica.
Augé se había formado como doctor en Letras y Ciencias Humanas y contribuyó tanto al desarrollo de disciplinas africanistas como a la elaboración de una antropología de los mundos contemporáneos, con el foco en la vida cotidiana y en la modernidad. Su libro Tiempo sin edad comienza y termina con un gato, planteando la pregunta de cómo el gato no se limita a su edad y cuál es el secreto de su serenidad. Es un libro personal pero universal en el que desarrolló su postura respecto de tener una edad avanzada, que implica experimentar nuevas relaciones humanas: es un privilegio que muchos no conocerán. También, para algunos, es el momento que solo habían imaginado al preguntarse qué sentirían sus mayores y, cuando ellos mismos llegan, sienten que los han alcanzado, lo que sirve para relativizar la distancia entre generaciones.
En una entrevista, Augé puntualizó conceptos sobre sus reflexiones acerca de las personas que envejecen: "La diferencia entre la edad y el tiempo es que la edad es una noción social. Tenemos la mayoría de edad. Antes de eso, no se pueden hacer algunas cosas. Se puede votar a partir de cierta edad. Hay un montón de determinaciones. Tenemos la edad de la jubilación y otras. Hay muchas determinaciones en función de la edad, que es una limitación social. El aspecto limitante de la edad también podemos verlo en el modo en que se trata a la gente mayor. A menudo, uno tiene la impresión de que, aun con buenas intenciones, se la trata de modo ligero. Como si los ancianos volvieran a la infancia". Augé agregó que es una etapa que suele verse como un tiempo regresivo. "He establecido una contraposición entre la edad y el tiempo. Porque la sensación del tiempo es algo distinto. Es una libertad. Tenemos la libertad de recordar, la libertad de imaginar. Y hay gente a la que le gusta soñar con el pasado o imaginar el futuro. Y eso se puede hacer a toda edad. Asimismo, podemos gozar del tiempo, del paso del tiempo. Cuando nos tomamos nuestro tiempo, es para acariciarlo, para disfrutarlo". Augé estaba convencido de que el tiempo "se puede disfrutar a toda edad" y, en consecuencia, es una "experiencia de libertad". En cambio, "el goce del tiempo a menudo se ve comprometido por el hecho de que pensamos en términos de edad. Si pensamos que tenemos una edad avanzada, que ya no podemos hacer ciertas cosas, y sobre todo que se acerca la muerte, estamos funcionando al contrario del tiempo".
El Concepto de Muerte Social y la Exclusión en la Sociedad Contemporánea
La siguiente frase sobre la tercera edad da en el clavo de uno de los problemas recientes que sufren las personas mayores en la sociedad, el edadismo o discriminación por edad. Cuando una persona dice a otra ‘viejo’ en muchas ocasiones la intención es humillar o, en su defecto, menospreciar a la persona de edad avanzada. En las sociedades contemporáneas, la vejez asociada a la jubilación y, por lo tanto, al cese de las capacidades productivas, manifiesta la muerte social como un alejamiento de los círculos laborales, pues cuando se deja de ser un agente productivo, se deja de ser influyente de esa esfera.
Respecto a la filosofía, algunos atributos del concepto de muerte social -desde la óptica de la filosofía política- han sido estudiados por Giorgio Agamben, quien, a través del término homo sacer, aborda la pérdida de derechos jurídicos y el acceso a la vida social y cultural de algunos miembros de la Antigua Roma. Si bien los conceptos de muerte social y homo sacer emergen en diferentes contextos y no deben entenderse como sinónimos, nos interesa resaltar las similitudes en algunos de sus atributos: la exclusión social, así como la pérdida de derechos y protección por parte del Estado.
Una lectura más contemporánea sobre la muerte social se encuentra en el trabajo de la filósofa Claudia Card, quien la ha empleado para pensar el fenómeno del genocidio desde los efectos que tienen la violencia y el aislamiento. Este concepto se puede caracterizar como la pérdida paulatina de vínculos sociales y culturales cuando el ser humano se encuentra vivo aún; no ocurre a la par de la muerte orgánica, sino que la antecede. Perry Zurn señala que "el uso del término se ha expandido para referirse de manera amplia a la pérdida estructural de la función social del ser humano, ya sea a nivel macro (la guerra, el imperialismo o el encarcelamiento) o a nivel micro (embarazo adolescente, viudez o enfermedades crónicas y terminales, así como en el caso del VIH/SIDA)".
En un contexto donde se exalta la juventud, la salud y la capacidad de producción, el filósofo francés Robert Redeker, en su obra Egobody. La fábrica del hombre nuevo, acuña el concepto de egobody para referirse al hombre contemporáneo que se encuentra profundamente influenciado por las tecnologías y la publicidad, lo cual deriva en un culto al cuerpo. Así, de las personas mayores se espera que, "acorde a su edad", se retiren de sus labores remuneradas, se vistan de determinada manera, no asistan a algunos lugares ni realicen actividades específicas. Para Jean Améry, el aislamiento está vinculado con el concepto de normalidad, es decir, se aparta lo diferente; la norma es el cuerpo joven -en coincidencia con Redeker-, lleno de energía, sin limitaciones físicas; el cuerpo creado por la mirada social asocia al envejecimiento con la decadencia.

El Desafío del Edadismo y la Sociedad Paliativa: Byung-Chul Han y Otros
Los viejos, la tercera edad, los ancianos, la edad de plata… Los llamamos de distintos nombres porque quizá no sabemos cómo llamarlos. La pandemia ha demostrado que son un grupo vulnerable prácticamente ignorado, invisibilizado en muchas ocasiones y discriminado en otras, a quienes se les niega o ignora en los derechos que les corresponden. A partir de las obras del filósofo Byung-Chul Han, se dibujarán unas claves para justificar que debe rechazarse la discriminación y que son plenos sujetos de derecho.
La discriminación por edad produce la invisibilidad de las personas mayores, la marginación y la exclusión social. Es una vulneración del principio de igualdad. Esto se debe a que el "estándar de normalidad o dominante" se construye por personas que son jóvenes, independientes, insertos en el mercado laboral y que son considerados como el grupo más valorado. En la medida en que las personas mayores no se ajustan a la norma social percibida, se les minusvalora y son relegados a un estatus de segunda clase; sus necesidades y sus vidas son tratadas como si ellos no importasen tanto. El edadismo tiene efectos negativos sobre la persona: afecta a la autoestima, fomenta el trato basado en estereotipos y prejuicios hacia un colectivo; prescinde de la individualidad; convierte a la persona mayor en vulnerable socialmente; obstaculiza su participación plena y efectiva en la sociedad; impide el diálogo intergeneracional. Se les incluye en ese grupo de "personas de una edad", en la que se les despoja de su propia individualidad, atribuyéndoles estereotipos que no siempre les corresponden. Además de los estereotipos de "estar anticuado", "ser de otra generación", se suma que suelen dejar de estar desempeñando un trabajo activo, lo que intensifica los prejuicios hacia los mismos. Dejan de ser productivos y se convierten en una carga para el sistema. Esa discriminación afecta a su ejercicio de los derechos humanos en igualdad de condiciones.
La vulnerabilidad y la dependencia acompañan a todos los seres humanos, pero el escenario pandémico ha hecho necesario atender, urgentemente, a las personas mayores, que son quienes han sufrido el índice de letalidad más alto. El virus llegó a suscitar temor con respecto a la persona mayor, al considerarles los principales portadores y transmisores del virus, dando lugar a una especie de "gerontofobia".
Temas como el miedo - que en el escenario pandémico todos han experimentado -, el tiempo, el dolor - del que todos huyen - y la muerte - de la que pocos quieren acordarse - permiten entender tanto la particular situación que se está viviendo a causa del Covid, como la particular forma de vivirlo y experimentarlo por parte de las personas mayores en el contexto de la sociedad paliativa de Byung-Chul Han.
Contribuciones Científicas al Estudio del Envejecimiento
La neurocientífica Nazaret Castellanos ha aportado con sus pródigas investigaciones y divulgación de estudios científicos recientes sobre la vejez. Su obra "El espejo del Cerebro" demuestra el enfoque empírico y científico en la comprensión del envejecimiento.
El Envejecimiento en las Sociedades Contemporáneas: Consecuencias y Desafíos
Hoy en día, por primera vez en la historia, la mayoría de las personas puede aspirar a vivir hasta entrados los 80 años y más. Se necesita con urgencia una acción pública integral con respecto al envejecimiento de la población. Para ello serán necesarios cambios fundamentales, no solo en lo que hacemos, sino en la forma misma en que concebimos el envejecimiento. El Informe Mundial sobre el envejecimiento y la salud, del año 2015, presenta un marco de acción para promover el envejecimiento saludable en torno a un nuevo concepto de capacidad funcional.
Las sociedades miden el progreso en tanto producción y consumo desmedido, pero la población de adultos mayores no se adapta por completo a ese nuevo estilo de vida, tal es el caso de los avances en la tecnología, los cambios en la moda, las múltiples ofertas de música y literatura, que se alejan cada vez más de su cotidianidad. La revisión ofrecida sobre la situación de los adultos mayores en la sociedad de la Grecia clásica permite contextualizar actitudes y prácticas contemporáneas; la historia muestra cómo únicamente aquellos adultos mayores con recursos económicos suficientes pueden tener una buena calidad de vida y proveerse de servicios médicos para enfrentar los malestares propios de la edad. En las sociedades contemporáneas, la vejez asociada a la jubilación y, por lo tanto, al cese de las capacidades productivas, manifiesta la muerte social como un alejamiento de los círculos laborales, pues cuando se deja de ser un agente productivo, se deja de ser influyente de esa esfera.
En definitiva, la vejez puede ser percibida negativamente - afortunadamente, aunque es común, no se produce en todos los casos - por la propia persona mayor, a modo de una vejez melancólica, entendida como la conciencia de lo que no se ha conseguido a lo largo de la vida, ya no se podrá conseguir, o por la propia sociedad, resumiéndose una situación de inutilidad, de estorbo, de estar de más, generando un horizonte de futuro poco halagüeño.