La discapacidad intelectual, antes conocida como retraso mental, es un término que se utiliza cuando una persona tiene ciertas limitaciones en su funcionamiento mental y en destrezas como las de comunicación, cuidado personal y habilidades sociales. Estas limitaciones causan que el individuo aprenda y se desarrolle más lentamente que un niño típico.
La discapacidad intelectual es el trastorno del desarrollo más común, afectando a miles de personas que necesitan un poco más de apoyo para desarrollar su máximo potencial. No es una enfermedad, ni se puede contraer de otras personas, ni es un tipo de enfermedad mental como la depresión. Aunque no hay cura, la mayoría de los niños y adultos con discapacidad intelectual pueden aprender a hacer muchas cosas con el apoyo adecuado.

¿Qué es la Discapacidad Intelectual Leve?
La mayoría de las veces, la discapacidad intelectual leve pasa desapercibida y no se nota a simple vista, ni en una conversación corta, ni a veces en el aula o en el trabajo. Sin embargo, está presente y se manifiesta como una forma diferente de funcionamiento cognitivo. En este tipo de discapacidad, la persona tiene ciertas limitaciones en el aprendizaje, la resolución de problemas o las habilidades sociales. Es importante entender que es una condición del desarrollo, no una enfermedad.
El alumnado con discapacidad intelectual leve supone, aproximadamente, un 85% de los casos de discapacidad intelectual. Es posible que sus limitaciones no sean aparentes durante la niñez y que no sean diagnosticadas hasta que comiencen la escuela. Como adultos, muchas personas con discapacidad intelectual leve pueden vivir independientemente, llevando una vida muy parecida a la de cualquier otra persona. No son solo una etiqueta diagnóstica; tienen intereses, habilidades, sueños y capacidades.
Características y Detección de la Discapacidad Intelectual Leve
Detectar la discapacidad intelectual leve no siempre es fácil. Muchas veces no se identifica hasta la adolescencia o incluso la edad adulta. Los niños con discapacidad intelectual pueden tomar más tiempo para aprender a hablar, caminar y adquirir destrezas para su cuidado personal, como vestirse o comer. Están propensos a tener problemas en la escuela, pero sí aprenderán, aunque necesitarán más tiempo y ayuda individualizada.
Los signos de la discapacidad intelectual leve no son una sentencia, solo indican que puede haber una diferencia en la forma en que la persona procesa la información o se adapta a su entorno. En los casos de discapacidad intelectual leve, la puntuación en CI se sitúa generalmente en el intervalo de 55-50 y 40-35. La conducta adaptativa de este alumnado suele verse afectada en todas las áreas del desarrollo. Suelen desarrollar habilidades comunicativas durante los primeros años de la infancia y, durante la escolarización, pueden llegar a adquirir parcialmente los aprendizajes instrumentales básicos.
Diagnóstico y Clasificación de la Discapacidad Intelectual
El diagnóstico de la discapacidad intelectual no se basa solo en una prueba de CI. Requiere un enfoque multidimensional que incluye entrevistas, observación, informes educativos y sociales. Para diagnosticarla, los profesionales estudian las habilidades mentales de la persona (inteligencia) y sus destrezas adaptativas.
Criterios de Diagnóstico
Tanto la Asociación Americana sobre la Discapacidad Intelectual y del Desarrollo (AAIDD) como la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en su Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-IV y DSM-V) contemplan tres criterios principales para el diagnóstico:
- Limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual: Generalmente medido por pruebas de coeficiente de inteligencia (CI). La medida promedio es 100.
- Limitaciones significativas en la conducta adaptativa: Esto se manifiesta en habilidades conceptuales, sociales y prácticas necesarias para funcionar en la vida diaria. Los profesionales estudian lo que el niño puede hacer en comparación con otros niños de su edad.
- Comienzo antes de los 18 años: Históricamente, este era el criterio de edad, aunque el DSM-5 ha ampliado la edad de manifestación hasta los 22 años, incorporando los déficits asociados al desarrollo que se originan en el tiempo de crecimiento.
En el trabajo de conceptualización y análisis de la discapacidad intelectual, la AAIDD (antes AAMR) ha aportado un cambio significativo con la definición de Luckasson en 2002, sustituyendo el término "retraso mental" por discapacidad intelectual, considerado más integrador.
Enfoque Multidimensional y el Rol del CI
Tradicionalmente, las puntuaciones de CI fueron el criterio principal para clasificar la discapacidad intelectual en categorías (ligera, moderada, severa y profunda). Sin embargo, con el tiempo, el peso de estas puntuaciones se ha reducido gracias al desarrollo de otras dimensiones que reflejan la importancia de la interacción de la persona con su entorno, como la conducta adaptativa, el contexto o los roles sociales.
En la actualidad, se propone que para determinar el nivel de afectación de una persona con discapacidad intelectual, no hay que centrarse únicamente en el cociente intelectual, sino en el funcionamiento adaptativo y en el nivel de apoyos que cada persona va a necesitar. Este es un cambio trascendental que eleva las posibilidades de participación de la persona con discapacidad intelectual en todos los ámbitos de la vida social.

La Importancia de los Apoyos
Una premisa esencial en la definición y comprensión de la discapacidad intelectual es el papel de los apoyos. Definir las limitaciones de las personas con discapacidad intelectual implica siempre establecer los apoyos que necesitan para un correcto desenvolvimiento social. Los apoyos son "recursos y estrategias cuyo propósito es promover el desarrollo, la educación, los intereses y el bienestar personal, y que mejoran el funcionamiento individual".
La intensidad de los apoyos va a depender de la posibilidad de lograr resultados eficaces para la integración de la persona. Se clasifican de la siguiente manera:
- Apoyos intermitentes: Requieren apoyos de corta duración y limitados en el tiempo. Por ejemplo, un acompañamiento durante los primeros días en el transporte al puesto de trabajo.
- Apoyos limitados: Son más intensivos pero también finitos en el tiempo.
- Apoyos extensos: Deben ser prestados de forma continua y sin limitación en el tiempo. Por ejemplo, una aplicación que recuerde tareas de manera continuada durante una relación laboral.
- Apoyos generalizados: Requieren soportes en varios entornos y de forma continuada en el tiempo.
La permanencia de los apoyos en el caso de la discapacidad intelectual es peculiar; la necesidad de estas ayudas no es entendida como algo puntual ante una necesidad específica. La provisión de apoyos permite a la persona con discapacidad intelectual realizar actividades típicas en contextos normalizados, como trabajar.

Estrategias de Apoyo y Empoderamiento
No se trata de sobreproteger, sino de empoderar. Muchas personas no acceden a sus derechos por desconocimiento. La inclusión no es responsabilidad solo de las personas con discapacidad o sus familias, es un compromiso colectivo.
Ejemplo de Apoyo: El Caso de Mateo
Mateo tiene 15 años y, debido a su discapacidad intelectual, ha estado recibiendo servicios de educación especial desde la escuela primaria. Cuando comenzó la escuela secundaria, él, su familia y la escuela estudiaron sus deseos al completar esta etapa. Interesado en la naturaleza, las plantas y los árboles, este año Mateo está aprendiendo sobre trabajos como silvicultura, jardinería y mantenimiento de terrenos, con el objetivo de encontrar un trabajo de tiempo parcial el próximo año. A pesar de que le es difícil aprender cosas nuevas porque necesita explicaciones concretas, Mateo tiene mucha determinación.
NEUROMUNDOS: Capítulo 2 - Discapacidad Intelectual
Recomendaciones para Familias y Educadores
Es fundamental que las familias y los profesionales aprendan lo más posible sobre la discapacidad intelectual para ofrecer un apoyo eficaz:
- Anime la independencia: Asigne tareas al niño, teniendo en cuenta su edad, capacidad de atención y habilidades. Divida las tareas en pasos pequeños y demuestre cómo hacer el trabajo.
- Conecte la escuela y el hogar: Averigüe qué destrezas está aprendiendo el niño en la escuela y busque maneras de aplicarlas en casa, como contar dinero en el supermercado si están repasando las lecciones sobre dinero.
- Fomente la participación social: Busque oportunidades en la comunidad para actividades sociales, como grupos recreativos o deportivos.
- Colaboración con la escuela: Manténgase en contacto con los maestros y desarrolle un Programa Educativo Individualizado (IEP) para el niño en edad escolar, o un Plan Individualizado de Servicios para la Familia (IFSP) para niños hasta los tres años.
- Sea concreto y visual: Demuestre lo que quiere decir en lugar de solo dar instrucciones verbales. Muestre una foto o un ejemplo.
- Enseñe destrezas para la vida: Incluya habilidades de la vida diaria, sociales, de conciencia y exploración ocupacional.
- Enfóquese en potencialidades: Averigüe cuáles son las potencialidades e intereses del alumno y concéntrese en ellas.
Contexto Social y Evolución del Concepto
La discapacidad es hoy uno de los factores de diversidad más prevalentes y de gran importancia para los gobiernos, afectando a entre un 1 y un 4% de la población mundial según la Organización Mundial de la Salud. La definición de discapacidad se inspira en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, entendiendo la discapacidad como el resultado de una interacción entre una persona con un déficit y el entorno social en el que vive.
Históricamente, la discapacidad ha sido interpretada de diversas maneras, desde el "modelo de la prescindencia" (castigo divino, falta de aporte social), pasando por el "modelo médico o rehabilitador" (causas científicas y necesidad de rehabilitación para la integración), hasta llegar al Modelo Social de la Discapacidad, que surgió en los años 60. Este último modelo propone que la discapacidad tiene su origen en causas sociales, es decir, en la manera en que está organizada la sociedad y sus limitaciones para atender las necesidades de las personas con discapacidad.
Hoy, el cambio conceptual evoluciona hacia lo que se ha llamado el Modelo de Derechos, que plantea la necesidad de dar el mismo valor a todas las vidas humanas y garantizar los mismos derechos y oportunidades a todas las personas. Los principios esenciales que definen este nuevo modelo son la Dignidad, los Derechos y la Autonomía, con las propias personas con discapacidad defendiendo el derecho fundamental a decidir sobre su propia vida y planificar sus proyectos vitales.

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