El incremento de la población de adultos mayores y la necesidad de cuidadores
En los últimos años se ha observado un incremento constante en la población de adultos mayores, una realidad que repercute directamente en el número de personas residentes en asilos. Estas instituciones, que a menudo dependen del estado, suelen presentar características materiales e infraestructuras con respecto al personal especializado que dejan mucho que desear.
Este artículo se centra en el papel crucial de los cuidadores, quienes, ya sean enfermeras, psicólogos, médicos, trabajadoras sociales u otros profesionales, desempeñan una función esencial en el funcionamiento de estos centros. Es fundamental recordar que el cuidador, al igual que los residentes, es un ser humano con una carga inherente a su labor, que transita por diversas emociones y conflictos. Al igual que las personas a las que cuida, el cuidador también necesita atención y apoyo para garantizar el bienestar de todos los implicados.
La gerontología y los cambios de actitud hacia el adulto mayor
El crecimiento de la población de ancianos ha generado la necesidad de contar con personal preparado en el campo de la gerontología. Esto implica no solo el suministro de servicios adecuados, sino también un cambio de actitud hacia el adulto mayor. Las personas de edad avanzada requieren un contacto estrecho con quienes les proporcionan cuidados, y estos pueden actuar en ocasiones como acompañantes o confidentes.
Contexto de los asilos en México
En México, no existen estadísticas precisas sobre el número de adultos mayores institucionalizados. Se presume que la mayoría reside con sus familias. Sin embargo, en México, al igual que en la mayoría de los países en vías de desarrollo, las principales instituciones que acogen a personas mayores para su estancia son los asilos de ancianos.
La principal diferencia entre un asilo y otros tipos de confinamiento es que en estos últimos se busca la rehabilitación de los internos, incluso si solo es a través de una intención legal. En contraste, en el asilo, a pesar de los apelativos recientes como "casa-hogar", "albergue" o "residencia", la finalidad parece limitarse al agrupamiento, la reclusión y una supervisión médica básica.
La mayoría de los ancianos en asilos mexicanos viven este encierro porque sus familiares los consideran un estorbo en el entorno familiar, a lo que a veces se suman razones económicas. La comunidad de internos tiende a mostrar un comportamiento regresivo, acentuado por la organización jerárquica de la institución. Esta regresión se manifiesta en una exageración de conductas de sumisión, limitaciones psíquicas y físicas, y pasividad, siendo favorecida por la falta de motivación y preparación del personal. En algunos casos, este personal puede maltratar a los internos, aprovecharse de ellos o cometer hurtos (Krassoievitch, 2001).
Para abordar estos problemas, es esencial la intervención de un equipo multidisciplinario que incluya médicos, geriatras y gerontólogos, enfermeras gerontólogas, gericulturistas, terapistas físicos, trabajadores sociales, psicólogos, dietistas, odontólogos y podólogos, entre otros (Hernández y Muñoz, 2003). Todo este personal es denominado, de forma general, como cuidadores del adulto mayor, sin distinción de su nivel o grado profesional.
Tipos de Cuidadores
Se define al cuidador como "aquella persona que asiste o cuida a otra afectada de cualquier tipo de discapacidad, minusvalía o incapacidad que le dificulta o impide el desarrollo normal de sus actividades vitales o de sus relaciones sociales" (Flórez, Adeva y García, 1997).
Cuidador Informal
Los cuidadores informales son personas no remuneradas que demuestran un alto grado de compromiso, afecto y una atención sin límites de horarios. Generalmente son familiares, amigos y vecinos. Se distinguen en cuidadores principales o primarios y cuidadores secundarios, dependiendo del nivel de responsabilidad en el cuidado de los ancianos (Izal y Montorio, 1998).
Cuidador Formal
Un cuidador formal es toda persona que cuida directamente a ancianos en diversos entornos, ya sea que esté capacitado o no, y que recibe un pago o beneficio pecuniario por su trabajo. Solo el 3% de los pacientes adultos mayores discapacitados tienen cuidadores remunerados (Izal y Montorio, 1998).
Idealmente, los cuidadores formales de ancianos están capacitados a través de cursos teórico-empíricos para brindar atención preventiva, asistencial y educativa al senecto y, si aplica, a su grupo familiar. El arte de cuidar a las personas mayores se denomina "gerontocomia" (Valderrama, 1997).
El Rol de las Enfermeras en el Cuidado Geriátrico
Las enfermeras y enfermeros representan el personal más numeroso dentro del equipo de salud en instituciones médicas, de servicios sanitarios o de cuidado, lo cual está estadísticamente comprobado y es evidente en la práctica. Este grupo laboral crece constantemente, y actualmente en México hay dos enfermeras por cada 1000 habitantes (Secretaría de Salubridad y Asistencia SSA, 2000).
El trabajo de enfermería es ampliamente reconocido como difícil, estresante y delicado, ya que implica enfrentar diariamente el dolor humano, la vida y la muerte. A pesar de la trascendencia de sus responsabilidades, su estatus laboral, medido por autoridad, sueldo y capacidad de toma de decisiones, a menudo no es proporcional a su importancia.
Aunque su labor es crucial y tiene particularidades sustanciales, son pocas las investigaciones mexicanas que abordan la problemática del personal de enfermería y proponen estrategias para mejorar su situación laboral. El interés en este grupo se debe a características distintivas que las diferencian de otros profesionales de la salud. Por ejemplo, las enfermeras fuman más, están sometidas a niveles significativos de estrés laboral y perciben mayores niveles de estrés que los médicos y farmacéuticos.
La profesión de enfermería favorece el desarrollo del estrés ocupacional y el síndrome de desgaste profesional o burnout (Arita y Arauz, 1999; Boyle, Grap y Younger, 1991; Carmona, Sanz y Marín, 2001, 2002; Chacón, 1995; Chacón y Grau, 1997, 2003; García, 1991; Gil-Monte, Peiró y Valcárcel, 1996; Grau y Chacón, 1999a, 1999b; Melchior, Van den Berg, Halfens y cols., 1997; Organización Mundial de la Salud, 1995; Pérez, 2001).
Principales Factores de Estrés en Enfermería
- Sobrecarga cuantitativa de trabajo.
- Dificultades con otros miembros del personal.
- Problemas sindicales.
- Tratamiento de enfermedades críticas y casos sin esperanza o difíciles.
- Subutilización de habilidades.
- Ambigüedad sobre el futuro.
- Falta de autonomía y tiempo.
- Escasez de recursos y bajos salarios.
- El sistema de turnos.
- Relaciones con los médicos.
- Imposibilidad de elegir compañeras de trabajo.
- Falta de reconocimiento.
- Fluctuaciones en la cantidad de trabajo.
- Desorganización institucional.
- Conflictos con la autoridad.
Estudios como el de Lara, Acevedo y López (1996) indican que las enfermeras tienden a evadir las demandas emocionales de los pacientes en mayor medida que las maestras y trabajadoras sociales. Las enfermeras que reportan mayor satisfacción laboral suelen considerar su trabajo menos rutinario, perciben posibilidades de promoción, son de mayor edad, creen en una distribución equitativa de recompensas y no se sienten sobrecargadas de trabajo (Lara, Acevedo y López, 1996).
Otros miembros del equipo de salud en asilos
Además de las enfermeras, otros profesionales esenciales conforman el equipo de salud en los asilos (Galinsky, 1994; Conde, 1998):
Rol del Psicólogo
El psicólogo, además de realizar exámenes psicológicos, lleva a cabo actividades centradas en el manejo del paciente psiquiátrico. Esto incluye el abordaje de la depresión, técnicas de modificación de conducta (individual o grupal) y orientación terapéutica para el personal de rehabilitación, enfermeras, trabajadoras sociales y personal no cualificado.
Rol del Médico
La base del trabajo profesional en psicogeriatría debe ser un equipo multi/interdisciplinario, donde cada integrante tiene una función definida. En el caso del médico, es importante que su formación básica sea en psiquiatría. La acumulación de información en el campo de la psicogeriatría la ha convertido en una rama de especialización nueva e interesante.
Rol del Rehabilitador
La tarea principal del rehabilitador es la capacidad de diagnosticar y tratar problemas cognitivos asociados a los trastornos mentales del senecto. Asimismo, es crucial no olvidar la rehabilitación física, que contribuye a la independencia funcional de estas personas y es rol del fisioterapeuta. También se debe mencionar al terapeuta del lenguaje, cuya función está ligada a las afasias, especialmente las que son producto de accidentes cerebrovasculares.
Rol de la Trabajadora Social
El anciano institucionalizado a menudo presenta trastornos de conducta, depresión o demencia debido a su soledad. No es posible abordar la parte orgánica o funcional de estos enfermos sin intentar solucionar la situación del paciente y de los familiares o amistades involucradas. Esto requiere una alta participación de la trabajadora social y la necesidad de desarrollar y conectar con los servicios sociales de la comunidad.
Personal No Calificado
Este grupo debe ser motivado y alentado permanentemente. Sus estímulos y gratificaciones son distintos a los de tipo profesional. Las reuniones periódicas y las explicaciones adaptadas a su comprensión son esenciales para mantenerlos motivados e interesados. Constituyen el personal básico sin el cual no se podría ofrecer una atención adecuada al adulto mayor institucionalizado.

El Cuidador: ¿Quién Cuida al Cuidador?
Es probable que muchas personas hayan tenido que cuidar a alguien con demencia o a personas ancianas, o bien, observar cómo se desarrolla este proceso de atención. Sin embargo, un aspecto a menudo olvidado es la tarea del cuidador. La mayoría de las personas se limitan a criticarlos o juzgarlos, sin considerar la ardua labor que realizan. No se piensa en que muchas veces son agredidos física y verbalmente por aquellos a quienes atienden, en lo absorbente que es el trabajo de cuidar adultos mayores y la gran carga física y mental que conlleva. Por ello, es fundamental que estos trabajadores también reciban atención.
El acto de cuidar tiene consecuencias para quien lo realiza. El cuidador invierte, en mayor o menor medida, recursos emotivos y físicos en la persona que cuida. A medida que el tiempo avanza y la enfermedad o dependencia progresa, la tarea puede realizarse con menor entusiasmo, independientemente de la relación afectiva o laboral.
El Concepto de "Carga del Cuidador"
Garrid y Sansburi (citado en Molina, Iañez e Iañez, 2005) introdujeron en 1963 el término "carga" para referirse al impacto que produce el cuidado de personas enfermas en sus cuidadores. Esta "carga del cuidador" fue definida como "el conjunto de problemas de orden físico, psíquico, emocional, social o económico que pueden experimentar los cuidadores de adultos incapacitados" (George y Gwiter, 1986).
Efectivamente, los cuidadores de estos pacientes son especialmente propensos a enfrentar los conflictos antes mencionados como carga. Respecto al carácter unidimensional o multidimensional de este concepto, es relevante destacar el trabajo de Martín, Salvadó, Nadal y cols. (1996), quienes identificaron tres factores de carga: impacto del cuidado, carga interpersonal y expectativas de autoeficacia.
La "carga" es un elemento crucial en el análisis de las repercusiones del cuidado de las personas mayores. Es importante distinguir entre las dimensiones "objetiva" y "subjetiva" de la misma (Valderrama, 1997).
- Carga subjetiva: Se refiere a las actitudes y reacciones emocionales que surgen ante la experiencia de cuidar, es decir, "cómo se siente" el cuidador. Es la percepción del cuidador sobre la repercusión emocional de las demandas o problemas asociados al acto de cuidar (Evans, Connis y Haselkorn, 1999).
- Carga objetiva: Representa el grado de perturbaciones o cambios en diversos aspectos de la vida de los cuidadores (Evans, Connis y Haselkorn, 1999). Incluye la cantidad de tiempo invertido en cuidados, los problemas conductuales del enfermo, la disrupción de la vida social, etc.
A pesar de su importancia, la evaluación de la carga y de los problemas psicológicos que los cuidadores de adultos enfermos revelan no se realiza con frecuencia (Martín y cols, 2002). No obstante, es necesario recalcar que dicha evaluación es fundamental para prevenir futuros problemas emocionales en el cuidador e incluso el posible maltrato hacia la persona a quien cuidan. Actualmente, no existen pruebas contundentes sobre la eficacia de las intervenciones terapéuticas, en caso de llevarse a cabo, para la asistencia de la salud mental del cuidador.
La ansiedad, que en muchos casos se asocia al estrés, puede manifestarse con frecuencia en el ámbito laboral. Este estrés de tipo organizacional, crónico y cotidiano, aparece generalmente en trabajadores asistenciales como médicos, enfermeras, profesores, terapeutas o psicólogos. Surge en situaciones de un trabajo insuficientemente recompensado que exige una gran entrega en contextos emocionales de alta demanda, causando un deterioro psicológico y siendo el principal componente de una baja moral o ausentismo.
Estrategias para Controlar el Estrés del Cuidador
Las exigencias emocionales y físicas del cuidado pueden poner a prueba incluso a la persona más fuerte. Es crucial que los cuidadores reconozcan que también necesitan ayuda y apoyo. Existen numerosos recursos que pueden ser aprovechados para cuidar tanto al ser querido como a uno mismo, ya que, si el cuidador no se cuida, no podrá cuidar a nadie más.
Consejos Prácticos para el Manejo del Estrés:
- Pida y acepte ayuda: Elabore una lista de maneras en que otros pueden ayudar y permita que elijan cómo hacerlo. Ideas incluyen paseos con la persona cuidada, preparar comidas o asistir a citas médicas.
- Concéntrese en lo que puede hacer: Reconozca que nadie es un cuidador perfecto. Confíe en que está haciendo lo mejor posible. Establezca metas alcanzables, divida las tareas grandes en pasos pequeños y haga listas de prioridades.
- Mantenga una rutina: Siga una rutina diaria y aprenda a decir no a solicitudes agotadoras.
- Conéctese con recursos: Investigue sobre recursos asistenciales en su área, como clases, servicios de cuidados temporales, reparto de comidas o limpieza del hogar.
- Únase a un grupo de apoyo: Compartir experiencias con otras personas que entienden su situación puede brindar aliento, ayuda para resolver problemas y oportunidades para hacer nuevos amigos.
- Busque apoyo social: Manténgase en contacto con familiares y amigos que le brinden apoyo. Dedique tiempo semanalmente a socializar, incluso si es solo para un paseo o un café.
- Cuide su salud: Priorice un sueño de calidad, realice actividad física, mantenga una alimentación saludable y beba suficiente agua. Si tiene problemas para dormir, consulte a un profesional de la salud.
- Consulte al profesional de atención médica: Asegúrese de recibir las vacunas y exámenes de detección periódicos necesarios. Informe a su médico que es cuidador y discuta cualquier preocupación o síntoma de salud que experimente.

Cuidado Temporal del Paciente para Proporcionar Descanso al Cuidador
Aunque puede ser difícil dejar a un ser querido al cuidado de otra persona, tomarse un descanso es fundamental para el bienestar del cuidador y, a su vez, para la calidad del cuidado que se ofrece. Los tipos de cuidados temporales incluyen:
- Cuidado temporal en casa: Auxiliares de atención médica pueden acudir al domicilio para pasar tiempo con el ser querido o proporcionar servicios de enfermería.
- Centros y programas de cuidados médicos para adultos: Ofrecen atención diurna a personas mayores. Algunos centros también atienden a niños pequeños, permitiendo la interacción entre ambos grupos.
- Residencias de ancianos y convalecientes de estancias cortas: Algunas viviendas tuteladas, residencias para personas con problemas de memoria y residencias de ancianos y convalecientes aceptan a personas que necesitan cuidados para estancias cortas mientras los cuidadores están ausentes.
Trabajo Fuera de Casa y Cuidados
Los cuidadores que también trabajan fuera de casa pueden sentirse abrumados. En estos casos, si la situación económica lo permite, se puede considerar la opción de solicitar un permiso de ausencia laboral. En Estados Unidos, los empleados amparados por la Ley Federal de Licencias Familiares y Médicas (FMLA) pueden tener hasta 12 semanas de licencia sin goce de sueldo al año para cuidar a sus familiares. Es recomendable consultar con la oficina de recursos humanos sobre las opciones de permisos no retribuidos.
Recursos y Apoyo para Cuidadores
Los cuidadores no están solos y deben buscar la ayuda que necesitan. Además de familiares y amigos, es fundamental utilizar los recursos locales disponibles. Para empezar, se puede consultar el Localizador de Cuidados de Personas Mayores o contactar con la Agencia de Asuntos sobre la Vejez (Area Agency on Aging) local para informarse sobre los servicios en la zona. Otra opción es dirigirse al Centro de Recursos sobre Envejecimiento y Discapacidad (Aging and Disability Resource Center) del estado. Estos recursos pueden encontrarse en internet o en guías telefónicas.
También existen aplicaciones móviles y servicios en internet que ofrecen apoyo a los cuidadores, ayudando a desarrollar la capacidad de afrontamiento y brindando información sobre el cuidado.
El Alzheimer y la necesidad de atención especializada
Para muchas familias, el diagnóstico de Alzheimer genera una pregunta dolorosa: ¿tiene cura? Es natural buscar una forma de revertir lo que le está ocurriendo a un ser querido, y esta pregunta merece una respuesta honesta y actualizada. Una de las experiencias más difíciles para las familias que acompañan a un ser querido con Alzheimer no es solo el olvido, sino el cambio de comportamiento que nadie anticipa del todo, ver cómo la persona que conocían de toda la vida comienza a actuar de manera completamente diferente.
Diagnóstico del Alzheimer
Cuando alguien cercano comienza a olvidar cosas con mayor frecuencia, a repetir las mismas preguntas o a desorientarse en lugares conocidos, la primera pregunta familiar suele ser: ¿será Alzheimer? Y la segunda, casi inmediata: ¿cómo se sabe con certeza? Es importante destacar que no toda pérdida de memoria o deterioro cognitivo corresponde a esta enfermedad. Existe una forma poco común de Alzheimer que aparece antes de los 65 años, conocida como Alzheimer de inicio temprano o Alzheimer precoz.
Cuidar a un familiar con Alzheimer u otra demencia implica una dedicación total, día tras día, sin horarios ni descansos. Este esfuerzo sostenido puede tener un costo silencioso en la salud del cuidador.
La decisión de internar a un ser querido en una residencia
La decisión de internar a un ser querido en una residencia se toma, generalmente, cuando los efectos y consecuencias del Alzheimer o la demencia se han vuelto complejos, y los cuidadores se enfrentan a la necesidad de una atención especializada, al carecer de las herramientas idóneas para hacerse cargo de su cuidado. Aunque en la mayoría de los casos es una situación difícil de aceptar, es de suma importancia hacer todo lo posible para facilitar la transición y el proceso de adaptación a la nueva residencia.
Teniendo en cuenta que cada caso y persona se adaptará de manera diferente, existen varios consejos de expertos que pueden orientar este proceso y que deben considerarse según la situación y personalidad de la persona que se interna:
- Tener tranquilidad con relación a la decisión tomada, aunque se reciban críticas de cercanos. Muchas personas, incluido el familiar afectado, desconocen lo que requiere el cuidado de una persona con Alzheimer.
- Realizar un estudio minucioso para conocer las residencias disponibles, sus programas, servicios, políticas, seguridad, infraestructura, etc.
- Evitar involucrar al ser querido en el proceso de mudanza, ya que no podrá tomar la decisión de qué cosas dejar o llevar.
Las emociones que esta situación produce pueden llevar, especialmente al cuidador familiar directo, a un estado de desbordamiento, estrés y cansancio extremos que quizás no pueda manejar, ocasionándole incluso alguna enfermedad. Por otra parte, el grado de dependencia del adulto mayor o familiar que necesita cuidado podría requerir un servicio especializado o estar en una etapa avanzada de la enfermedad, imposibilitando que el cuidador se haga cargo de los cuidados físicos o mentales que la persona requiere.
LAS 5 LEYES QUE TODO CUIDADOR DEBE SABER PARA CUIDAR TU SALUD MENTAL Y EMOCIONAL.
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