La artrosis es una enfermedad articular degenerativa crónica que provoca dolor, hinchazón, rigidez y afecta la capacidad de una persona para desplazarse sin limitaciones. No solo afecta al cartílago, sino a toda la articulación y los tejidos que la rodean, incluyendo el hueso, la membrana sinovial, los ligamentos y los músculos cercanos.
Se trata de una enfermedad reumática muy frecuente, especialmente a partir de cierta edad, que puede limitar la movilidad y la autonomía. Es importante no confundirla con la artritis, que implica inflamación articular como mecanismo principal, mientras que la artrosis se relaciona sobre todo con el desgaste.
Prevalencia y Magnitud del Problema
En 2019, aproximadamente 528 millones de personas en todo el mundo padecían artrosis, lo que representa un aumento del 113% desde 1990 (1). Alrededor del 73% de estas personas son mayores de 55 años, y el 60% son mujeres (1).
Con el envejecimiento de la población y el aumento de las tasas de obesidad y traumatismos, se prevé que la prevalencia de la artrosis continúe aumentando a nivel mundial. La articulación de la rodilla es la más afectada, con una prevalencia de 365 millones de personas, seguida de las articulaciones de la mano y la cadera (2).
Los 344 millones de personas que padecen artrosis presentan niveles de gravedad (moderado o grave) que podrían beneficiarse de la rehabilitación (3). La artrosis es una de las afecciones osteomusculares que más contribuye al total de años vividos con discapacidad.
Aunque la artrosis es una enfermedad asociada a la vejez, ya que suele comenzar a edades comprendidas entre los 40 y los 50 años y afecta en algún grado a casi todas las personas a partir de los 80 años de edad, también puede afectar a personas más jóvenes, como atletas y aquellos que sufren lesiones o traumatismos en las articulaciones. Antes de los 40 años, los varones presentan artrosis con más frecuencia que las mujeres, a menudo a consecuencia de traumatismos o deformidades. Entre los 40 y los 70 años de edad, las mujeres presentan este trastorno con una frecuencia superior a la de los varones.
Clasificación y Causas de la Artrosis
La artrosis se clasifica en:
- Artrosis primaria (o idiopática): la causa es desconocida y representa la gran mayoría de los casos. Puede afectar a articulaciones específicas como las de la mano, la rodilla o la cadera, o a muchas articulaciones.
- Artrosis secundaria: la causa es otra enfermedad o patología, como una infección, una anomalía articular congénita, una lesión, un trastorno metabólico (por ejemplo, hemocromatosis o enfermedad de Wilson) o un trastorno que ha lesionado el cartílago articular (por ejemplo, artritis reumatoide o gota).
Factores de Riesgo
Existen varios factores que aumentan el riesgo de desarrollar artrosis:
- Lesiones en la articulación: como fracturas, distensiones o estrés repetitivo durante la práctica deportiva o laboral.
- Enfermedades articulares preexistentes: como artritis reumatoide o gota.
- Enfermedades metabólicas específicas: como la diabetes.
- Obesidad: en especial para la artrosis de cadera y rodilla, caracterizada por anomalías metabólicas, inflamación sistémica y como factor que contribuye a una carga excesiva en las articulaciones.
- Causas genéticas.
- Factores sociodemográficos: edad y sexo femenino.
Algunas personas que fuerzan repetidamente una articulación o un grupo de articulaciones, como obreros de fundición, granjeros, mineros del carbón y conductores de autobús, presentan un riesgo especial. La obesidad puede ser uno de los principales factores en el desarrollo de la artrosis, en particular en la rodilla y especialmente en las mujeres.
La artrosis no es una consecuencia inevitable del envejecimiento, aunque el cartílago, que reduce la fricción y protege los extremos de los huesos, pierde sus propiedades con el tiempo.
Síntomas y Diagnóstico
Signos y Síntomas

Los síntomas de la artrosis suelen desarrollarse gradualmente y al principio afectan solo a una o pocas articulaciones. Las articulaciones de los dedos, la base de los pulgares, el cuello, la zona lumbar, el dedo gordo del pie, la cadera y las rodillas se ven afectadas habitualmente.
El síntoma fundamental es el dolor, descrito con frecuencia como intenso y profundo, de inicio insidioso y mal localizado. Este dolor suele aparecer cuando se exige un esfuerzo a la articulación enferma y, en general, empeora a medida que avanza el día, especialmente con actividades que implican soportar el peso corporal (como permanecer de pie, caminar por terrenos irregulares, subir o bajar escaleras, levantarse).
Otros síntomas incluyen:
- Hinchazón y rigidez: la articulación puede estar rígida después de dormir o de cualquier otro periodo de inactividad, aunque la rigidez suele desaparecer pasados 30 minutos, especialmente si la articulación se moviliza. Son habituales la rigidez al despertarse o tras un periodo de inactividad, que desaparece al cabo de 30 minutos, sobre todo si se mueve la articulación.
- Dificultad para mover la articulación afectada: la articulación pierde movilidad y la capacidad de estirarse y doblarse por completo.
- Crujidos o sensación de roce: las superficies irregulares de los cartílagos hacen que las articulaciones rechinen, chirríen y crujan al movilizarlas.
- Deformidades articulares: el nuevo crecimiento de hueso (osteofitos) puede agrandar las articulaciones. En la mano, pueden desarrollarse excrecencias óseas llamadas nódulos de Heberden (en las articulaciones próximas a las puntas de los dedos) y nódulos de Bouchard (en las articulaciones de la parte media de los dedos).
- Debilidad muscular: como consecuencia de un movimiento reducido, los músculos a menudo pierden fuerza.
En casos graves, el dolor puede aparecer con esfuerzos cada vez menores e incluso dificultar actividades básicas del día a día, llegando a ser invalidante. Algunas personas sienten dolor incluso estando en reposo. Un descenso de la actividad física puede provocar otras afecciones, como enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes.
La artrosis puede empeorar notablemente la calidad de vida porque comporta que la movilidad sea dolorosa y complicada, lo que puede impedir que las personas realicen sus actividades domésticas, laborales o sociales. Esto puede afectar a la salud mental, acarrear problemas de sueño y en las relaciones.
Afectación de la columna vertebral
La artrosis afecta con frecuencia la columna vertebral. El dolor de espalda es el síntoma más frecuente. Los discos o articulaciones dañados en la columna vertebral suelen causar únicamente dolor leve y rigidez. Sin embargo, la artrosis en el cuello o en la zona lumbar pueden provocar entumecimiento, dolor y debilidad en un brazo o una pierna si el excesivo crecimiento óseo comprime algunos nervios. El crecimiento excesivo de hueso también puede producirse dentro del conducto raquídeo en la zona lumbar de la columna (estenosis raquídea lumbar), produciendo compresión sobre los nervios antes de su salida del conducto raquídeo para ir hacia las piernas.
Diagnóstico
El diagnóstico de la artrosis se basa en la historia clínica, la exploración física y, cuando es necesario, pruebas complementarias. El diagnóstico suele comenzar con una entrevista médica en la que se valora cómo es el dolor, cuándo aparece, qué articulaciones están afectadas y cómo influye en la actividad diaria.
- Radiografías: en muchos casos, las radiografías ayudan a confirmar el diagnóstico o a valorar el grado de afectación. Sin embargo, no son muy útiles para la detección precoz, ya que no muestran los cambios en los cartílagos, donde se producen las alteraciones más iniciales. Los cambios observados en las radiografías a menudo no muestran una correlación estrecha con los síntomas.
- Resonancia magnética nuclear (RMN): puede revelar cambios precoces en los cartílagos, pero rara vez es necesaria para establecer el diagnóstico.
- Análisis de sangre: no existen análisis de sangre específicos para la artrosis, aunque pueden ser útiles para descartar otros trastornos.
- Análisis de líquido sinovial: si una articulación está inflamada, los médicos pueden extraer una muestra de líquido sinovial para analizar si se trata de artrosis o de otros trastornos articulares, como infecciones o gota.
Tratamiento y Manejo
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Aunque la artrosis es una enfermedad crónica y lamentablemente no tiene cura, existen tratamientos muy útiles que van a permitir a la mayoría de los pacientes llevar una vida prácticamente normal o al menos aceptable. Los principales objetivos del tratamiento son aliviar el dolor, mantener la flexibilidad articular, optimizar la función articular general y disminuir la discapacidad de los pacientes, mejorando su calidad de vida.
El diagnóstico precoz y el cumplimiento de un plan de tratamiento son las mejores medidas para retrasar la enfermedad y optimizar la funcionalidad. Es fundamental acudir al profesional sanitario para confirmar el diagnóstico y valorar la articulación afectada, y ninguna persona debe iniciar, suspender o modificar por su cuenta la medicación o las medidas terapéuticas.
Estrategias de Prevención y Control
Se han propuesto varias estrategias de prevención clave para prevenir la artrosis y controlar el avance de la enfermedad:
- Reducción del uso excesivo de las articulaciones: por ejemplo, en relación con la carga de trabajo.
- Promoción de modos de vida sanos: como realizar actividad física habitual o mantener un peso corporal saludable.
Medidas Físicas y Cuidados Personales
El manejo de la artrosis suele implicar diferentes trabajadores de la salud que contribuyen al establecimiento de una estrategia de rehabilitación adaptada a las necesidades y preferencias de cada persona. El cuidado personal es una parte importante del manejo de la artrosis.
Los ejercicios apropiados, que incluyen estiramientos, fortalecimiento y posturales, ayudan a mantener los cartílagos en buen estado, a aumentar la amplitud de movilidad de la articulación y, lo más importante, a fortalecer los músculos circundantes para que puedan absorber mejor las cargas sobre la articulación. El ejercicio puede mejorar los síntomas articulares, la movilidad y la calidad de vida en personas con artrosis de rodilla y/o cadera. Se recomienda el ejercicio dentro del agua (como en una piscina) para personas con dolor más intenso, ya que se benefician de un ejercicio de menor impacto.
El ejercicio debe equilibrarse con el reposo de las articulaciones doloridas durante unos minutos (cada 4 a 6 horas a lo largo del día), aunque la inmovilización de una articulación es probable que empeore la artrosis. Es importante alternar reposo y movimiento, y no estar mucho rato sin mover las piernas.
Otras medidas físicas y de cuidado personal:
- Control de peso: mantener un peso saludable para aliviar la presión sobre las articulaciones y mejorar la mecánica articular. La obesidad es un factor perjudicial, especialmente para la artrosis de rodilla.
- Calor y frío: en general, el calor suele aliviar la rigidez, mientras que el frío puede resultar útil cuando hay más dolor o inflamación tras un esfuerzo. La aplicación de calor seco local alivia el dolor y relaja la musculatura.
- Fisioterapia y terapia ocupacional: son fundamentales y, a menudo, se combinan con termoterapia (aplicación de compresas calientes).
- Dispositivos de apoyo: dispositivos ortopédicos (como plantillas, zapatos con buen apoyo o zapatillas deportivas), bastones, muletas, andadores, collarines para el cuello o soportes elásticos de rodilla pueden ayudar a mantener la independencia. Los elevadores del asiento del inodoro facilitan ponerse de pie.
- Adaptación del entorno: usar sillas de respaldo recto con asientos relativamente altos, dormir en colchones firmes y con tableros en la cama. Se debe evitar poner almohadas debajo de las rodillas al reclinarse, ya que puede causar tirantez en los músculos de la cadera y la rodilla.
- Información y asesoramiento: ofrecer información y apoyo a las personas puede ayudarlas a lidiar con los efectos físicos y mentales de la enfermedad.
En la mayoría de las directrices se indica que los analgésicos opioides, la glucosamina y los viscosuplementos no son eficaces para la artrosis y no existen pruebas suficientes que indiquen que el tratamiento con células madre sea beneficioso.
Tratamiento Farmacológico
Los fármacos se utilizan como complemento del ejercicio y la fisioterapia para reducir los síntomas y permitir una actividad diaria más normal. No alteran directamente el curso de la artrosis. Cuando el dolor lo requiere, pueden utilizarse analgésicos u otros tratamientos pautados por el médico:
- Paracetamol: como primera opción para el tratamiento farmacológico.
- Antiinflamatorios no esteroideos (AINE): pueden administrarse para disminuir el dolor y la hinchazón. Se tiende a emplear los inhibidores de la COX-2 (celecoxib y rofecoxib). Los AINE también vienen en formulación en gel y en crema, que pueden aplicarse sobre la piel en las articulaciones de las manos y las rodillas.
- Inyecciones de corticoides: en casos muy graves, puede ser necesario inyectar corticoides para aliviar la inflamación en la rodilla.
- Sulfato de glucosamina y condroitín sulfato: estimulan la síntesis de matriz extracelular del cartílago y parecen ejercer un control moderado sobre el dolor articular, aunque los estudios no muestran resultados totalmente definitivos.
Tratamiento Quirúrgico
La cirugía suele reservarse para los casos en los que el dolor y la limitación son importantes y el tratamiento conservador ya no resulta suficiente. En los casos graves, se recurre a la cirugía para sustituir las articulaciones a fin de reducir el dolor y recuperar la movilidad. Estas cirugías se realizan con mayor frecuencia en la cadera y la rodilla.
Tipos de intervenciones quirúrgicas:
- Artroscopia: intervención menos invasiva cuyo fin es lavar o retirar las partículas de cartílago desprendidas y reparar la parte dañada del menisco.
- Osteotomía: consiste en alinear la articulación y equilibrar las cargas que se ejercen sobre ella seccionando partes de la tibia o el fémur próximas a la rodilla.
- Artroplastia (prótesis): cuando otros tratamientos no dan resultado o si el dolor se convierte en invalidante, es necesario recurrir a una prótesis o artroplastia que sustituya la articulación por elementos realizados en aleaciones de metal y plástico.
La Artrosis como Causa de Discapacidad

La artrosis u osteoartritis es la cuarta causa de discapacidad más común en mujeres. Cuando el dolor y la pérdida de la movilidad o funcionalidad se vuelven crónicos, las personas con artrosis a menudo tienen limitaciones para realizar actividades significativas, su bienestar se ve afectado y presentan malestar psíquico.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca del 28% de la población mundial mayor de 60 años presenta artrosis y el 80% de esta tiene limitaciones en sus movimientos. El aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población harán que la artrosis se convierta en la cuarta causa de discapacidad en el año 2020.
Una mala evolución de la artrosis puede llevar a falta de movilidad y discapacidad, incapacitando a los pacientes para realizar las tareas más cotidianas. En este contexto, la Sociedad Internacional de Investigación en Artrosis (OARSI) ha solicitado a la Agencia Americana del Medicamento (FDA) que considere la artrosis como una enfermedad grave.
La artrosis genera discapacidad en el área productiva, ya que un 42,6% de las personas estudiadas en la Región de los Ríos, Chile, se encontraban inactivas, lo que muestra concordancia con la situación nacional asociada a la temática discapacidad. Se evidenció una relación significativa entre la participación en actividades productivas (remunerada o no) y un menor grado de discapacidad.
Grados de Discapacidad por Artrosis
Las personas que presentan artrosis podrían padecer distintos grados de discapacidad. La comprensión de la discapacidad en Chile se basa en la Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF), aprobada en 2001 por la OMS. La evaluación del desempeño se ejecuta a través del Instrumento para la Valoración de Desempeño en Comunidad (IVADEC), que incorpora criterios de la CIF.
Los grados de discapacidad relacionados con la artrosis pueden variar:
- Sin signos de artrosis ni dolor: no hay deterioro ni signos de daño articular. El desgaste articular es muy leve.
- Dolor leve: en esta etapa se muestra un mayor crecimiento del espolón óseo, provocando un dolor leve, sobre todo al estar sentado durante periodos de tiempo largos, al levantar carga o hacer esfuerzos.
- Erosión del cartílago: existe una erosión de la superficie del cartílago entre los huesos, reduciendo la brecha entre ellos.
- Reducción considerable del espacio articular: el espacio articular entre los huesos se reduce considerablemente, provocando que el cartílago se desgaste y las articulaciones se vuelvan rígidas.
En un estudio realizado en la Región de los Ríos, Chile, entre 2017 y 2019, en 427 personas con diagnóstico principal de artrosis inscritas en el Registro Nacional de la Discapacidad, se encontró que un 53,9% de los participantes presentó un grado de discapacidad leve y un 28,1% discapacidad moderada. El 61,1% de la muestra correspondió al sexo femenino, predominantemente entre 56 y 75 años de edad.
Las variables que presentaron una asociación estadísticamente significativa con el grado de discapacidad fueron: sexo, edad, estado civil, principal actividad productiva y nivel educacional. Se evidenció que un 73,1% de los participantes presentaron artrosis en extremidades inferiores, y a más articulaciones comprometidas, se presentó un mayor grado de discapacidad. El 69,3% de los participantes presentó comorbilidad, lo que determina una asociación significativa entre el diagnóstico de artrosis y otras comorbilidades.
Si las limitaciones del afectado impiden realizar su trabajo con normalidad, puede reclamar una pensión por incapacidad permanente total para su trabajo habitual. Evidentemente, cada caso debe ser valorado por expertos que puedan certificar esta discapacidad.
Respuesta de la OMS
La OMS está tomando medidas para ampliar el acceso a la atención de las personas con artrosis de diferentes maneras:
- Iniciativa Rehabilitación 2030 de la OMS: El conjunto de intervenciones de rehabilitación proporciona información sobre intervenciones esenciales para la rehabilitación (incluidos los productos de apoyo) y recursos humanos y materiales acerca de 20 afecciones de salud, incluida la artrosis.
- Decenio del Envejecimiento Saludable de las Naciones Unidas: La OMS recomienda una reorientación de los sistemas de salud y atención para promover un envejecimiento saludable y atender las diversas necesidades de las personas de edad más avanzada. El enfoque relativo a la atención integrada para personas mayores (AIPM) promueve la evaluación centrada en las personas de edad avanzada para orientar el diseño de atención médica y social personalizada, especialmente de intervenciones de atención a largo plazo. Se proporcionan recomendaciones específicas para prevenir la pérdida de la capacidad locomotora y psicológica debido al dolor.
Referencias bibliográficas
- GBD 2019: Global burden of 369 diseases and injuries in 204 countries and territories, 1990-2019: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2019. Long H, Liu Q, Yin H, Diao N, Zhang Y, Lin J et al. Prevalence trends of site-specific osteoarthritis from 1990 to 2019: Findings from the global burden of disease study 2019. Arthritis Rheumatol 2022; 74(7): 1172-1183.
- Cieza A, Causey K, Kamenow K, Wulf Hansen S, Chatterji S, Vos T. Global estimates of the need for rehabilitation based on the Global Burden of Disease study 2019: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2019. Lancet.
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