Antropología del Cuidado Familiar y los Cuidadores

La antropología del cuidado familiar se adentra en las complejas dinámicas, valores y patrones culturales que subyacen a la provisión de atención a los miembros más vulnerables de la sociedad, especialmente los adultos mayores. Este campo de estudio es crucial para comprender cómo las familias y las instituciones abordan las necesidades de cuidado, influenciadas por el contexto social, económico y cultural.

Esquema de las dinámicas del cuidado familiar

Patrones de Cuidado Familiar en Adultos Mayores con Discapacidad y Pobreza: Un Estudio en Colombia

Un estudio realizado por el Departamento de Colectivos de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá, se propuso describir los patrones de cuidado familiar con adultos mayores en condición de discapacidad y pobreza en tres grupos culturalmente diversos de Colombia.

Objetivo y Metodología

El objetivo de la investigación fue describir los patrones de cuidado familiar con adultos mayores en condición de discapacidad y pobreza de tres grupos culturalmente diversos en Colombia. La metodología empleada fue un estudio cualitativo de análisis de datos secundarios, basado en 35 documentos recopilados entre el 2007 y el 2016. El material fue organizado en el programa N-Vivo y el análisis siguió las cuatro fases propuestas por Leininger.

Hallazgos Clave

Los resultados principales revelaron un patrón cultural denominado “Cuidar entre sufrimiento, generosidad y agradecimiento”. Este patrón evidencia el intenso sufrimiento del cuidador por “verlo así” ante la situación del adulto mayor en los tres grupos colombianos. Se destacó la tensión emocional para el cuidador y el sistema de creencias que moviliza para ofrecer cuidado, así como la constante tensión emocional para evitar complicaciones en un entorno de escasos recursos. La gratitud del adulto mayor fue también un elemento significativo.

Conclusión del Estudio Colombiano

La conclusión del estudio fue que el patrón familiar de los tres grupos en Colombia está determinado por el significado atribuido a la situación del adulto mayor y los valores, expectativas y sentimientos de obligación y reciprocidad que mueven a dar y recibir el cuidado.

La Ética del Cuidado en el Contexto Residencial de Personas Mayores

Otro trabajo, realizado por un Profesor Contratado Doctor de Antropología Social de la Universidad de Castilla-La Mancha, analiza, en clave antropológica, el valor ético del cuidado entre un colectivo de personas mayores de una institución residencial religiosa perteneciente a la Congregación internacional de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Esta Congregación difunde valores que refuerzan el espíritu de concordia y el respeto a la dignidad humana.

El Cuidado en la "Cultura de la Ancianidad"

Este estudio etnográfico de campo, realizado por periodos durante los años 2005, 2006 y 2007, se inscribe en el contexto de la “Cultura de la ancianidad”. La territorialidad exclusiva de esta cultura está circunscrita a los centros de ocio y a las residencias de ancianos. Los hogares de ancianos constituyen el territorio específico donde se manifiesta, pero han sido creados por el resto de la sociedad (entidades financieras y de ahorro, religiosas, administraciones públicas), lo que sugiere que, aún con buena intención, la sociedad desea recluir a los viejos en tales espacios para que no se difunda la anomalía que representan: la decrepitud. Prácticamente ningún anciano desearía finalizar sus días en una residencia, pero muchos piensan que su existencia es positiva, “por si acaso”.

Varias personas mayores en la institución de Albacete transmitieron que no deberían estar en una residencia, aunque también es generalizada la opinión de que reciben buena alimentación y un trato adecuado. Sin embargo, Josep María Fericgla, quien reflexiona ampliamente sobre la cultura de la ancianidad, señala que las residencias simbolizan de forma extrema el “desarraigo familiar de los viejos” y el “abandono que sufren”. Al no poder llevar una vida independiente y no ser admitidos en los domicilios de sus descendientes, su única alternativa es “ingresar en una residencia, institución en la que serán cuidados, alimentados y medicados. Allá esperan la muerte” (Fericgla 2002: 48 y ss).

Ilustración de una persona mayor en una residencia, con elementos que sugieren cuidado y compañía

Valores Cristianos y la Filosofía del Cuidado

Las personas mayores en estas instituciones sufren dolores, enfermedades o achaques, que no solo repercuten en su estado de salud individual, sino que también suscitan una respuesta social e institucional. La manera de afrontar el dolor por parte de los adultos mayores en esta institución debe mucho a la religión católica como fuente de sanación/salvación. La Congregación Religiosa Internacional de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados se vuelca especialmente en la ética de los valores cristianos.

En todas sus residencias se inculcan valores que fortalecen el espíritu de concordia, respeto a la dignidad humana, ayuda y solidaridad entre la comunidad de personas mayores. Estos valores se fundamentan en la solidaridad, la ayuda mutua, la compasión, la piedad, el compromiso humano o interpersonal, la apertura y el cuidado al “otro” (la ética del cuidado o del caring), tamizados por un espíritu de religiosidad católica que fomenta una convivencia basada en la cristiandad. Estos valores cristianos demandan tiempo y dedicación, justamente el tiempo del que a menudo no se dispone: “es el tiempo del caring que se esfuma; es la presencia imposible, el vínculo que se hace tenue o desaparece” (Saillant 2009: 212-213). Irene Comins Mingol, en su obra, afirma que “el cuidado, el amor, la ternura, no pueden tener prisa. Necesitan momentos de tranquilidad, al igual que la paz” (Comins Mingol 2009: 23).

La finalidad de la obra de la Congregación es “ser continuadoras de la misión de Cristo, que pasó por el mundo haciendo el bien; concretado en acoger, cuidar y prodigar todo género de asistencia, inspirada en la caridad evangélica, a los ancianos necesitados”. Se predica el “Amor al prójimo, estar con él, sufrir con él, padecer con él”. En sus hogares, la máxima de Santa Teresa Jornet es “cuidar los cuerpos para salvar las almas”. Las residencias buscan fomentar el espíritu de familia para que los ancianos se sientan como en casa, ofreciendo un servicio desinteresado, con amor y cariño.

Manifestaciones de Ayuda y Solidaridad entre Residentes

Las virtudes exigidas a las “hermanas” se concentran en torno al valor del amor, símbolo de la caridad, el cuidado y la beneficencia cristiana. El sufrimiento ajeno conduce a la virtud religiosa de la compasión, es decir, a compartir el padecimiento de los otros, acompañándolos en sus dolores. Quien acompaña el dolor y el sufrimiento del otro, acompaña al otro tal como es, no a una imagen estereotipada; acompaña a “alguien” con una manera de ser particular, no la propia (Boixareu 2008: 271).

En el estudio se vivenció la ayuda desinteresada y el cuidado de unas personas adultas mayores hacia otras. Por ejemplo, en el sector de hombres, ancianos con dificultad para moverse eran ayudados por otros ancianos, quienes también colaboraban con las “hermanas” y cuidadores formales. Un anciano de 74 años comentaba sobre otro que “no come, no quiere comer, se acuesta vestido, quiere irse, morirse…”. Los ancianos ayudadores ofrecían su apoyo diciendo: “espera que te ayudamos a sentarlos”.

En el sector de mujeres, Aurora, de 67 años, con dificultad para andar y algo introvertida, recibía atención de otras ancianas. Purificación, de 76 años, destacaba por su actitud de cuidado. Ella ayudaba a Aurora a ir a por recetas y la acompañaba fuera de la residencia, diciendo: “Yo ayudo a la que puedo, es bueno ayudarse mutuamente”. Purificación tenía claro que estaba en la residencia “para ayudar a quien lo necesite” y que “disfruta ayudando a las demás”, encarnando la ética del cuidado. “Es parte de la práctica del cuidado el centrarse en las necesidades de los otros, ser atentos y desinteresados” (Comins Mingol 2009: 130). Su comportamiento demostraba amor hacia otros y amor propio.

Estrategias de Cuidado Familiar para Personas Mayores que Viven Solas

Un estudio de la Universidad de las Islas Baleares, financiado por el Instituto de Salud Carlos III y FEDER, exploró las estrategias de cuidado de las familias con personas mayores que viven solas.

Contexto Social y Familiar del Envejecimiento

Los cambios en el envejecimiento demandan una transformación en los cuidados a las personas mayores que viven solas. En España, si bien la proporción de mayores que viven solos es inferior a la de otros países europeos, la permanencia en el hogar tras perder a la pareja es una opción cada vez más preferida. Vivir solo no implica autonomía, pues la discapacidad está presente en muchos hogares unipersonales de personas mayores. Se observa un cambio social hacia el “Aging in place”, donde los ancianos prefieren su casa separada, pero cercana a la de otros miembros de la familia, manteniendo una intimidad a distancia.

La atención a las personas mayores se ha realizado tradicionalmente en el contexto familiar. Sin embargo, el desarrollo del estado de bienestar en España ha sido tardío en comparación con Europa, con escasos recursos dedicados a la familia. Solo un 3% de la población mayor de 65 años recibe atención domiciliaria, frente a más del 20% en países nórdicos. La verticalización de la estructura familiar (mayor presencia de mayores) plantea retos y oportunidades, pues las familias deben cuidar a los mayores, pero estos también constituyen una ayuda fundamental para el funcionamiento familiar.

Otros factores que han transformado el papel socializador de la familia incluyen: menor número y mayor movilidad geográfica de sus miembros, la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral, la lenta incorporación del hombre al cuidado, cambios en el tipo de vivienda y el debilitamiento de valores tradicionales, así como el auge de la inmigración que sustituye en muchos casos el cuidado familiar por servicios domésticos.

El cuidado de los adultos mayores con Jessie Bonder y Shulamit Graber | Resignificando Ando Podcast

Metodología del Estudio

La metodología utilizada en este estudio fue cualitativa, desde una perspectiva crítico-social enmarcada en la teoría de Bourdieu. La población estudiada fueron familiares de personas mayores de 75 años que vivían solas. El trabajo de campo se desarrolló entre febrero y octubre de 2010. El reclutamiento de los participantes se hizo mediante la técnica de bola de nieve. Se realizaron cuatro grupos de discusión, agrupando a los participantes por género y nivel de estudio, y asegurando la heterogeneidad en el estado de salud del familiar mayor y el nivel de implicación en el cuidado.

Perfil de los Participantes

Se seleccionaron 18 mujeres y 15 hombres distribuidos en los cuatro grupos, que cuidaban o apoyaban a una o más personas mayores que vivían solas. Destaca la inexistencia de familiares con dedicación exclusiva. El perfil de los participantes incluyó mujeres con estudios básicos y medios (33-68 años), mujeres con estudios universitarios (37-58 años), hombres con estudios básicos y medios (38-59 años), y hombres con estudios universitarios (37-59 años).

Aspectos del Cuidado y la Red Sociofamiliar

Los códigos surgidos en los grupos de discusión sobre "Los aspectos del cuidar" incluyeron: red sociofamiliar, el cuidado, percepción de apoyo, género de la persona mayor y género del cuidador.

Respecto a la red sociofamiliar, los participantes consideran que el vínculo del mayor con la red social puede actuar sobre la discapacidad. A los hijos les cuesta ostentar poder sobre sus padres mayores para cuidar, especialmente en familias tradicionales. Algunos familiares perciben el cuidado como un deber, y la soledad de su familiar como un incumplimiento de ese deber. Sin embargo, en otros discursos, el cuidar no se considera una obligación individual; se tiende a repartir la carga, contratar servicios y poner límites: “La que tuve que cambiar fui yo (...) voy a verla cuando yo estoy bien (...) ahora cuando me está cargando las tintas le digo "bueno, que me alegro mucho de que estés bien" le doy dos besos, y le digo es que me tengo que ir” (Mujer con estudios básicos y medios).

El código “el cuidado” aparece como una actividad que debe ser consensuada. Los familiares se preocupan por cómo el mayor cubre sus necesidades básicas, justificando posturas intervencionistas. Emerge la inquietud de que el cuidado se aprende observando y por sentido común, sin asesoramiento de especialistas. A la vez, se ve como una tarea gratificante: “Unos hermanos hacen una visita obligada y otros como yo, llamo a mi padre, ¿estás bien, necesitas algo?, porque yo sé que lo que hago es intentar respetar (...) esta obligación de estar allí, es un poco lo que menea a la familia” (Hombre con estudios superiores).

La Percepción de Apoyo y el Género en el Cuidado

La percepción de apoyo en el cuidado es fundamental para todos los participantes. Las mujeres buscan apoyo principalmente en la familia, mientras que los hombres lo hacen en la familia y en el cuidador contratado. Existe una inquietud sobre los criterios de reparto de la carga: “Es en parte egoísta, ahora, porque yo sé que si tuviera la opción de que alguien le ayudara, pues me descargaría muchísimo” (Hombre con estudios básicos y medios).

En cuanto al género de la persona mayor, hay consenso en que las mujeres mayores se adaptan mejor a vivir solas y demandan menos cuidados. También se cree que la convivencia sería más fácil con mujeres que con hombres mayores. La persona mayor hace demandas distintas según el familiar, siendo el género una variable clave: “Hace unos años que es viuda, si fuese al revés ya haría muchos años que tendría a mi padre viviendo conmigo” (Hombre con estudios superiores).

Respecto al género del cuidador, las mujeres cuidadoras tienden a detectar problemas precozmente e intervienen antes. Los hombres, ante situaciones similares, esperan y delegan. Las mujeres manifiestan más el peso del deber del cuidado a hijos y familiares mayores: “Mi hermano además viene con su mujer y los hijos; mi padre se adapta más, porque es una unidad familiar. Yo mujer y encima sola, tengo que irle detrás” (Mujer con estudios superiores).

Discusión sobre las Transformaciones del Cuidado Familiar

El estudio subraya la repercusión de las transformaciones familiares en el cuidado de las personas mayores. Se evidencia un conflicto entre lo que la familia cree que puede y debe aportar y lo que los mayores desean y esperan. Existe una tendencia a abandonar el modelo familista de la familia patriarcal. Los familiares perciben en la preferencia de los mayores por vivir solos una actitud para mantener su libertad, evitando así la aceptación de ayuda, pues reconocer la necesidad implica perder libertad y poder.

Cuando el cuidado se convierte en una obligación sin ayuda ni apoyos, las personas cuidadoras, especialmente las mujeres, hipotecan parte de sus vidas. La pérdida de reconocimiento social de los mayores y la cuestión de la dependencia se introducen con fuerza al plantear la convivencia. La rotación entre los hogares de los hijos puede generar un "reparto desesperado" del anciano, requiriendo acuerdos entre hermanos que no siempre se producen. Se necesitan medidas que aseguren la continuidad de los cuidados y faciliten la integración de los mayores, creando “espacios amigables”. Aunque se defiende un papel principal del estado en el bienestar, el apoyo familiar sigue siendo crucial.

La Complejidad del Cuidado a Personas Mayores Dependientes

La atención a las personas mayores dependientes en nuestro contexto social depende fundamentalmente de las familias. Sobre esta realidad se articulan diferentes elementos que dan cuenta de la complejidad de la situación. Cuestiones como las representaciones sociales sobre el envejecimiento y la dependencia, los cuidados personales y la construcción de los roles de género, la solidaridad familiar y la responsabilidad pública en la atención. Todo ello se articula con los procesos relacionales que cada familia cuidadora debe afrontar y resolver (Rodríguez Rodríguez C., 2013).

La experiencia de trabajo grupal con personas cuidadoras sirve para mostrar parte de estos procesos y dinámicas familiares frente a los cuidados, incluyendo la redefinición de los vínculos, la ambivalencia entre el deber de cuidar y las aspiraciones, los recursos y las oportunidades disponibles, la desorientación y la incertidumbre.

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