Sabiduría Ancestral: El Rol Fundamental de los Ancianos en las Culturas Aymara y Rapa Nui

La transmisión de conocimientos, valores y tradiciones es un pilar fundamental en la continuidad de las culturas indígenas. En este contexto, los ancianos desempeñan un papel insustituible, siendo los guardianes de la memoria y la sabiduría ancestral. Sus consejos y experiencias guían a las nuevas generaciones, asegurando que la herencia cultural perdure a través del tiempo.

La Importancia de los Ancianos en la Cultura Aymara

En la cultura aymara, los ancianos son reconocidos como los principales encargados de mantener la cultura. Quienes ya han vivido y poseen un vasto saber, su función principal es aconsejar a la comunidad y a los más jóvenes.

Roles Tradicionales y Adaptación Cultural

Tradicionalmente, la mujer aymara, ante todo, tenía que ser fiel a su marido, estar con los hijos, criarlos y cuidarlos; también debía pastorear las ovejas y dedicarse a las labores de la casa. El marido, por su parte, tenía que trabajar y ser agricultor. Los antepasados eran muy estrictos con estas normas, pero estas han cambiado por las nuevas generaciones; ahora todos, hombres y mujeres, buscan la igualdad.

Desde niños, se pedía consejo a los ancianos, quienes solían indicar que era necesario construir la propia casa y aprender a hacer adobe, una labor típica de la zona. Las ancianas, o "abuelitas", solían insistir: “Usted, hija, tiene que ser bien valiente, trabajadora, no quedarse durmiendo, levantarse muy temprano y cuidar el ganado”. Sin embargo, las cosas han variado y ahora la recomendación es no ser como las generaciones anteriores, sino aplicarse en los estudios.

Incluso la relación con la lengua materna ha cambiado; mientras antes se nacía hablando aymara y después se aprendía castellano, ahora los niños nacen hablando castellano y después aprenden su lengua, aunque la saben perfectamente.

Foto de una anciana aymara tejiendo o con su ganado en Colchane

Lo que no ha cambiado es la importancia del consejo de los abuelitos, los tíos o los hermanos mayores; esta es una tradición muy bonita en la vida aymara de Colchane, donde todo se transmite de forma oral, sin nada por escrito.

Cosmovisión, Conocimiento y Relatos

Los ancianos aymara poseen un profundo conocimiento de la cosmovisión de su cultura, indicando, por ejemplo, cuándo es el tiempo de la siembra, entre agosto y septiembre, y de la cosecha de la papa y la quinoa, en abril y mayo. A través de su guía, se desarrollan el kim rakiduam (aprender a pensar) y el allkütun (escuchar y observar).

Cada papay (anciana) y chachay (anciano) lleva consigo un kimün (conocimiento), el cual demuestran en su hablar, en sus acciones y en su entorno. En sus nütram (conversaciones) y epew (relatos) se encuentran la historia de vida de la comunidad y la conexión con los antepasados. De este modo, transmiten relatos de alegrías y dolor, así como la historia local y familiar. Sus espacios y costumbres concentran prácticas y saberes tradicionales ancestrales.

Infografía sobre el calendario agrícola aymara y la cosmovisión andina

La Sabiduría Ancestral Rapa Nui y el Mana

En la cultura Rapa Nui, la conexión con los ancestros y el territorio es fundamental, siendo los ancianos los pilares de esta memoria histórica y espiritual, guardianes de un legado que se extiende por generaciones.

Linaje, Territorio y Espíritus Familiares

Gracias a la memoria de los abuelos, es posible contar la ascendencia hasta la novena generación. Hace mucho tiempo, el Consejo de Ancianos elaboró un mapa del territorio donde están delimitados los lugares ancestrales de cada tribu, este se va actualizando y transmitiendo de padres a hijos.

Cada haka hoa corresponde a una familia y a ese lugar se invita a los ancestros, se hace un curanto y se les da de comer en forma espiritual.

Los ancianos también transmiten las advertencias sobre el respeto a los espíritus y a los objetos sagrados. Por ejemplo, el protector de una familia podía ser un guerrero como Nune. Los abuelos recomendaban no llamarlo a cuidar las plantaciones, porque si alguien sacaba un camote sin permiso, por ejemplo, podía tener un accidente. Pasa lo mismo con objetos arqueológicos. En una ocasión, un tío tiró una piedra que se llama paihenga (perro), su hermano le advirtió que no era cualquier piedra, pero él no le hizo caso y en la noche se le paró un perro en el pecho, amaneció enfermo y su familia tuvo que traerlo de vuelta. Su mamá tuvo que llamar a los espíritus y pedirles disculpas, si no, se habría muerto.

Este poder, conocido como mana, todavía existe, es súper delicado y es una tarea fundamental enseñarles a los jóvenes a respetarlo.

Mapa ancestral de Rapa Nui con la delimitación de territorios tribales

Los Moai como Conexión Espiritual

Los espíritus de las familias viven a través de los moai cuando les ponen los ojos. Estas imponentes estatuas se tallan en una piedra volcánica y después se les indica dónde caminar y cuál es su destino.

El traslado de los moai, un tema que a menudo intriga, se realizaba con el poder del mana; así siempre lo han contado los abuelos. El moai más grande, Te Tokanga -que está en el volcán Rano Raraku, a casi 20 kilómetros del cabezal de la pista de aterrizaje, hacia el lado suroeste-, fue destinado para el ahu Tahira en el sector del Vinapu. Uno se para ahí y se pregunta: ¿Cómo llegó hasta acá este monstruo? Pesa más de 200 toneladas y mide más de 22 metros.

Los Moai: Secretos de la Isla de Pascua en 3 minutos

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