Ancianos Trabajando en el Comercio Ambulante: Causas y Consecuencias

Un porcentaje significativo de personas mayores, a pesar de haber superado la edad de jubilación, sigue vinculado al mercado laboral. Los motivos de esta permanencia o reinserción son diversos y varían entre subgrupos etarios y países, dependiendo del desarrollo de sus mercados laborales y sistemas de jubilación.

Esquema de las causas y factores que influyen en la inserción laboral de personas mayores.

Contexto del Envejecimiento y el Mercado Laboral

Las tendencias de envejecimiento poblacional tienen consecuencias directas en los mercados laborales, incluyendo la posible escasez de oferta, y en la sostenibilidad de los sistemas de pensiones. Es importante considerar la evolución de la participación laboral de las mujeres mayores de 60 años y más, dado el incremento general de su inserción en los mercados de trabajo. Esto contribuye a una reducción de las brechas de participación y ocupación entre hombres y mujeres en todos los grupos etarios.

Dinámica de la Ocupación en Personas Mayores (2002-2016)

Entre 2002 y 2016, la tasa de ocupación del conjunto de personas mayores de 60 años y más experimentó un leve aumento, pasando del 34,2% al 35,4%. Este incremento se atribuye principalmente a la creciente inserción laboral de las mujeres, mientras que la tasa de ocupación de los hombres disminuyó ligeramente. Sin embargo, en 2016, la tasa de ocupación de los hombres duplicaba con creces la de las mujeres.

Reportaje: Adultos mayores en el mundo laboral.

Estas tendencias opuestas podrían estar relacionadas con el aumento de la proporción de jefas de hogar entre las mujeres mayores, una proporción que tiende a disminuir entre los hombres mayores (CEPAL, 2017). Como es de esperar, las tasas de ocupación disminuyen con la edad. Las variaciones en el agregado se deben a un considerable aumento de la tasa en el grupo de 60 a 64 años para ambos sexos, siendo mucho más marcado en mujeres. En contraste, la tasa de ocupación del grupo de 65 a 69 años aumentó solo levemente, resultado de una modesta reducción en hombres y un aumento algo mayor en mujeres.

Cobertura de Pensiones y su Relación con la Ocupación

Otro fenómeno observado es el aumento en la proporción de personas mayores que cobran pensiones de sistemas contributivos, resultado de una dinámica generación de empleo formal y políticas de formalización laboral. En promedio, en ocho países examinados, esta cobertura se incrementó tanto para hombres (del 41,6% en 2002 al 43,8% en 2016) como para mujeres (del 29,1% al 37,1%), con mayor magnitud en estas últimas.

Al comparar países según la tasa de ocupación de personas mayores y la cobertura de pensiones contributivas, se observa una clara relación negativa, confirmando resultados a nivel global (Scheil-Adlung, 2013). Esta relación se mantiene negativa para ambos sexos. Sin embargo, es sumamente estrecha para los hombres, mientras que en las mujeres hay una dispersión mayor. Esto sugiere que persiste la pauta cultural del hombre como proveedor, quien, incluso en la vejez, se encarga de asegurar la subsistencia del hogar.

A pesar de la fuerte correlación negativa entre la cobertura de pensiones y la tasa de ocupación a nivel de país, el acceso a una pensión no siempre implica la salida de la fuerza de trabajo. De hecho, la proporción de hombres y mujeres que trabajan pese a percibir una pensión no ha disminuido e incluso aumentó levemente (del 6,7% al 7,2%).

Vulnerabilidad y Desigualdad de Género

Como resultado de estas tendencias, la proporción de personas mayores que no trabajan ni perciben una pensión se redujo del 37,6% en 2002 al 31,7% en 2016. No obstante, alrededor de 2016, la proporción de este segmento vulnerable seguía siendo alta, especialmente para las mujeres (44,3%). Esto es un reflejo de la desigualdad de género en la división del trabajo, que excluye a una gran proporción de mujeres del mercado laboral, particularmente del empleo formal que les permitiría acceder a una pensión contributiva.

Motivaciones para la Actividad Laboral en la Vejez

Los datos también indican que el interés personal en una vida activa es un motivo relevante para la inserción laboral de las personas mayores, especialmente para aquellos con un mayor nivel educativo. Mantenerse económicamente activo permite seguir haciendo una contribución productiva, mantener relaciones sociales y plantearse objetivos específicos.

Características del Empleo en Personas Mayores

La tasa de desempleo abierto de las personas mayores es generalmente baja. Por ejemplo, a finales de 2017, la tasa de desocupación en Chile fue del 6,4% (6% para hombres, 6,8% para mujeres), mientras que para personas de 60 años y más fue del 2,7% (3% para hombres, 2,1% para mujeres). En comparación con el conjunto de los ocupados, entre las personas mayores destaca una mayor proporción de empleadores y trabajadores por cuenta propia.

La elevada proporción de empleo independiente en este grupo de edad se relaciona con dos situaciones: la preferencia de los empleadores por personas más jóvenes, que puede excluir a las personas mayores del empleo asalariado, y la preferencia de las personas mayores por el trabajo independiente, aprovechando sus habilidades y conocimientos adquiridos a lo largo de su vida laboral.

El Rol del Sector Agropecuario y la Informalidad

Dado que los sistemas de pensiones contributivas suelen estar vinculados a empleos formales y centrados en zonas urbanas, existe una relación significativa con la estructura productiva, especialmente con el peso del empleo agropecuario. Consecuentemente, el 41,2% de las personas mayores ocupadas de 65 años o más trabajan en el sector agropecuario. Esta permanencia productiva refleja la falta de fuentes de ingreso alternativas debido a la debilidad de los sistemas de pensiones en las zonas rurales, sobre todo para los trabajadores agropecuarios. También se debe a las características específicas de la economía campesina y la ausencia de mecanismos de transición intergeneracional en el manejo de las fincas.

El Comercio Ambulante como Vía de Subsistencia

La falta de una pensión emerge como el factor principal para la inserción laboral de las personas mayores en América Latina, evidenciado por una marcada correlación negativa entre la proporción de personas mayores con acceso a jubilación y su tasa de ocupación. En Chile, en particular, el informe "Trabajo y personas mayores en Chile: Desafíos y políticas para la promoción del trabajo decente" (OIT Cono Sur) señala que la inserción laboral de los mayores obedece principalmente a la necesidad de generar ingresos y es más precaria. Quienes se mantienen en el mercado laboral lo hacen en trabajos por cuenta propia (4 de cada 10 personas mayores) y, a medida que envejecen, aumentan las probabilidades de salir del mercado laboral formal.

Mapa de América Latina destacando países con alta informalidad laboral en personas mayores.

Según datos del INE (2021), entre los mayores de 65 años en Chile, la tasa de informalidad alcanza un 51,8%, siendo superior en mujeres (58,7%) que en hombres (48,6%). Las casi 500 mil personas mayores de 65 años que continúan trabajando se concentran principalmente en el sector comercio; agricultura, ganadería, silvicultura y pesca; industria manufacturera y construcción. El comercio ambulante es una manifestación visible de esta informalidad, impulsado por crisis recientes como el desempleo, la inflación y el aumento de la migración. El perfil de los comerciantes ambulantes, aunque predominantemente adultos jóvenes según algunos estudios, muestra que una parte significativa son jefes de hogar con niños, destacando la necesidad de ingresos.

Desafíos y Políticas para el Trabajo Decente en la Vejez

Además de la necesidad de ingresos, las personas mayores enfrentan desafíos para extender su vida laboral en condiciones de trabajo decente. Estos incluyen problemas de salud y riesgos ocupacionales, el reconocimiento de su experiencia y conocimientos, el alfabetismo digital y los estereotipos sociales prevalecientes. Guillermo Montt, Especialista en Protección Social de OIT Cono Sur, enfatiza la necesidad de medidas como la mejora de la protección social, el combate de estereotipos, políticas de activación y retención en sus empleos, la promoción del retiro parcial y la capacitación continua.

Existe una preocupación especial porque, a partir de los 55 años, cualquier transición desde el empleo formal tiende a ser hacia situaciones más precarias como la informalidad, el desempleo o la salida definitiva del mercado laboral. La situación en el resto de América Latina y el Caribe es similar, con la mayoría de las personas mayores trabajando por necesidad de ingresos, especialmente las mujeres.

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