El nombre Katovit evoca nostalgia entre quienes cursaron estudios superiores en los años ochenta y noventa en España. Este medicamento se convirtió en un fenómeno estudiantil, conocido por su capacidad de combatir la fatiga y mantener la concentración. Sin embargo, su historia esconde un propósito original muy diferente y una controversia sobre su uso y retirada del mercado.

El Auge del Katovit en el Ámbito Académico
Durante décadas, el Katovit fue percibido como una especie de maná estudiantil. Quienes lo usaron, apodados la "generación Katovit", recuerdan anécdotas similares: "Me hice la carrera entera con el Katovit", "aquello era magia, me pasaba la noche estudiando sin distraerme con nada, no he probado nada igual". Este estimulante prometía mantener a los estudiantes concentrados durante días enteros sin dormir, todo a un precio asequible de poco más de 200 pesetas por una caja de 20 grageas.
Aunque se administraba con receta, la realidad era que en casi todas las farmacias se dispensaba libremente a estudiantes. "Aquello se fue de las manos y lo terminaron suspendiendo. El Ministerio de Sanidad se dio cuenta de que los estudiantes lo usaban de forma indiscriminada y la marca lo retiró porque le creaba mala imagen", recuerda Juan Carlos Ruiz Franco, filósofo y autor de 'Drogas inteligentes, plantas, nutrientes y fármacos para potenciar el intelecto'.
Composición y Uso Indiscriminado
Distribuido por laboratorios FEHR (hoy propiedad de Boehringer Ingelheim), el Katovit se hizo famoso por contener clohidrato de prolintano, un derivado anfetamínico. Este compuesto era el responsable de sus efectos estimulantes físicos y mentales. Los estudiantes de los años ochenta y noventa se abalanzaron sobre estas grageas, considerándolas lo más parecido a tomar drogas sintéticas con la aprobación de su farmacéutico, lo que generó un 'boom' que se prolongó durante muchos años hasta su posterior veto administrativo.
A pesar de su popularidad, existe disparidad de opiniones sobre el verdadero poder del Katovit. Óscar López, vocal del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, afirma que el prolintano "es una amina muy sintetizada" con más parentesco con la cafeína que con las anfetaminas puras. Sugiere que el efecto placebo jugaba un papel importante: "Había mucho efecto placebo, creer que tomabas anfetaminas cuando en realidad era un estimulante a base de vitaminas y un mínimo de principio activo de la anfetamina". Ruiz Franco comparte esta opinión, señalando que "Hubo mucha confusión sobre sus efectos".

El Propósito Original: Ancianos y Trastornos de la Senectud
La gran paradoja del Katovit radica en su propósito original. ¿Cómo fue posible que el Ministerio de Sanidad permitiera durante 34 años, desde su alta en el registro en 1967 hasta su baja en 2001, que miles de estudiantes recurrieran a un derivado anfetamínico diseñado para ancianos?
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios justificó su retirada explicando que el prolintano, un estimulante central derivado de dexanfetamina, se comercializaba en España asociado a un complejo vitamínico con indicaciones como "trastornos de la senectud y agotamiento por diversas causas", entre otras. Ante las notificaciones de casos de tolerancia y dependencia recibidas en el Sistema Español de Farmacovigilancia (SEFV), su balance beneficio/riesgo fue revisado en noviembre de 2001, proponiéndose la suspensión de su comercialización como estimulante central.
"La verdad es que lo del Katovit es un caso único. No se entiende que tardaran tantos años en retirar un medicamento cuyo uso claramente se había desviado. Estaba indicado para personas mayores con demencia, o para convalecencias tras una intervención quirúrgica, no para estudiantes en apuros", explica Celia Prat, responsable de formación de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).
Retirada del Mercado y el Legado del Katovit
Finalmente, el registro del Katovit fue anulado en 2001 de acuerdo con el laboratorio titular. Diversos estudios realizados poco antes de su desaparición no encontraron relación alguna entre su consumo y una mejora en la capacidad de aprendizaje, lo que explicaría en parte la tardanza del Ministerio de Sanidad en retirarlo del mercado y la facilidad con la que los farmacéuticos lo distribuían sin receta.
La prohibición del Katovit marcó el fin de la "época dorada de las anfetaminas" en el ámbito estudiantil. Según la 'Encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España' (Estudes), el consumo de anfetaminas entre estudiantes de 14 a 18 años disminuyó drásticamente del 5,5% en 2002 al 1,7% en 2016. No obstante, un elevado 82,6% de los menores encuestados aún admite tomar estimulantes para mejorar su rendimiento académico, si bien el lugar del Katovit lo ocupan ahora bebidas energéticas, complejos vitamínicos y, en menor medida, medicamentos bajo receta como el Rubifen.
Comparativa: Katovit y los Estimulantes Actuales
Hoy, el medicamento más similar al Katovit en cuanto a su composición y efectos es el Rubifen, indicado para el tratamiento del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en niños y adolescentes. Este fármaco contiene metilfenidato, un psicoestimulante con una estructura similar a la de la anfetamina, e incluso más potente que el prolintano del Katovit. Las farmacias advierten sobre el número de jóvenes que intentan adquirir Rubifen, algunos incluso con recetas manipuladas.
María Perelló, del Centro de Información del Medicamento del CFB, señala que, si bien el control sobre estos medicamentos es más estricto ahora, algunas personas los siguen obteniendo a través de familiares o el mercado negro. Celia Prat de la FAD confirma que el Rubifen y otras marcas de metilfenidato han tomado el testigo del Katovit a menor escala, generando preocupación por un posible "abuso de derivados anfetamínicos" si los diagnósticos de TDAH se realizan con "demasiada manga ancha".
Los expertos coinciden en que los derivados de anfetamina pueden producir dependencia si se consumen en dosis elevadas y perjudican el sistema circulatorio y cardiovascular, causando taquicardias y subidas de presión sanguínea. Sin embargo, Óscar López del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, argumenta que el TDAH está infradiagnosticado y que los medicamentos actuales, con dosificaciones más controladas, no buscan "subidones" a excepción del Rubifen de liberación única.
Hoy, existen complejos vitamínicos más naturales y menos agresivos que hace 20 años. Compuestos como el deanol, el heptaminol o la sulbutiamina, o estimulantes naturales como el ginseng, no precisan receta y ayudan a estimular el sistema nervioso central sin el riesgo de generar hábitos de drogodependencia, ofreciendo alternativas más seguras a la "generación Katovit".