La pérdida de movilidad, manifestada a menudo como una marcha lenta, es un problema común en la tercera edad que puede afectar significativamente la independencia y la calidad de vida. No siempre es una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino que frecuentemente es una señal de una afección subyacente que requiere atención.
Los trastornos de la marcha son anomalías en la forma de caminar, como la pérdida de velocidad, suavidad, simetría o equilibrio. Caminar, levantarse de una silla, girar e inclinarse son factores importantes para poder moverse con independencia. La velocidad de la marcha, el tiempo que lleva levantarse de una silla y la capacidad de pararse con un pie delante del otro (apoyo en tándem) ayudan a predecir la capacidad de una persona mayor para realizar actividades diarias y otras actividades como ir de compras, viajar y cocinar.
Caminar sin ayuda requiere coordinación por parte de las áreas del cerebro que controlan la atención, la fuerza, la sensibilidad y la coordinación de las percepciones de los sentidos y la contracción muscular para caminar de forma segura y constante.
Cambios Normales de la Marcha Relacionados con la Edad
Algunos elementos de la marcha cambian normalmente a medida que las personas envejecen, mientras que otros no lo hacen.
Velocidad de la Marcha (Velocidad al Caminar)
- La velocidad al caminar (velocidad de la marcha) permanece igual hasta aproximadamente los 70 años, y luego disminuye.
- Es un poderoso predictor de cuánto tiempo vivirá una persona, tan poderoso como la cantidad de afecciones médicas crónicas y hospitalizaciones que experimenta una persona.
- A los 75 años, los caminantes más rápidos tienen una mejor oportunidad de vivir otros 5 a 10 años en comparación con los caminantes más lentos.
- La velocidad de la marcha disminuye porque las personas mayores dan pasos más cortos. La razón más probable para acortar la longitud del paso (la distancia desde un golpe del talón hasta el siguiente) es la debilidad de los músculos de la pantorrilla. Los músculos de la pantorrilla impulsan el cuerpo hacia adelante, y la fuerza muscular de la pantorrilla disminuye con la edad.
- Sin embargo, las personas mayores parecen compensar la disminución de la fuerza de la pantorrilla empleando sus músculos flexores y extensores de la cadera más que los adultos jóvenes.

Cadencia
- La cadencia, que es el número de pasos que se dan en un minuto, no disminuye con la edad.
- Cada persona tiene una cadencia preferida, que está relacionada con la longitud de la pierna. Las personas altas dan pasos más largos a una cadencia más lenta; las personas bajas dan pasos más cortos a una cadencia más rápida.
Tiempo de Doble Apoyo
- Se refiere al momento en que ambos pies están en el suelo mientras se da un paso. Esta fase es una posición más estable para desplazarse hacia adelante que cuando un solo pie está en el suelo.
- El porcentaje de tiempo que se pasa en doble apoyo aumenta con la edad.
- Las personas mayores pueden aumentar aún más este tiempo cuando caminan sobre superficies irregulares o resbaladizas, cuando sienten que pierden el equilibrio o cuando tienen miedo de caerse, pudiendo parecer que caminan sobre hielo resbaladizo.
Postura al Caminar
- La postura al caminar cambia solo ligeramente con el envejecimiento. Las personas mayores caminan erguidas, sin inclinarse hacia adelante.
- Sin embargo, caminan con más rotación hacia abajo de la pelvis y con una curva aumentada de la zona lumbar (llamada lordosis lumbar). Por lo general, los músculos abdominales débiles, los músculos flexores de la cadera tensos y el aumento de la grasa abdominal contribuyen a este cambio en la postura.
- Las personas mayores también caminan con las piernas giradas lateralmente (dedos de los pies hacia fuera) unos 5 grados, posiblemente porque sus caderas son menos capaces de girar hacia adentro o porque están tratando de aumentar la estabilidad. La separación del pie en el balanceo no cambia con la edad.
Causas de la Marcha Lenta y Trastornos Anormales de la Marcha
La pérdida de la marcha en las personas mayores es un problema multifactorial, rara vez se debe a una única causa; lo más común es que sea el resultado de una combinación de factores físicos, neurológicos, psicológicos y ambientales. Varios trastornos pueden contribuir a una marcha disfuncional o insegura.
Trastornos de la marcha en el adulto mayor
Trastornos Neurológicos
Las enfermedades neurológicas pueden afectar directamente la capacidad de caminar porque afectan las áreas del cerebro que controlan la atención, la fuerza, la sensibilidad y la coordinación. Patologías como los accidentes cerebrovasculares (ictus) dañan las áreas cerebrales encargadas de coordinar el movimiento, provocando desequilibrios y dificultad para andar. Del mismo modo, la enfermedad de Alzheimer u otras demencias afectan a la marcha al alterar las funciones cognitivas y motoras del cerebro. Otros ejemplos incluyen la enfermedad de Parkinson, la hidrocefalia normotensiva, la sífilis y la parálisis supranuclear progresiva. En general, los trastornos neurológicos provocan mala coordinación, problemas de equilibrio y una capacidad limitada para moverse.
Enfermedad de Parkinson
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo del movimiento que afecta gravemente el desplazamiento. Esta condición provoca temblor en reposo, rigidez muscular y bradicinesia (lentitud de movimientos). A medida que la enfermedad avanza, aparecen dificultades para caminar y mantener el equilibrio. Los pasos se hacen más cortos y arrastrados, la postura se encorva hacia adelante y el paciente puede experimentar episodios de bloqueo motor (congelación de la marcha) en los que siente que los pies se le “pegan” al suelo. Muchos mayores con Parkinson dejan de caminar solos por miedo a caerse o porque físicamente no pueden andar sin ayuda debido a la lentitud y la rigidez.
Problemas Musculares u Óseos
Los problemas en las articulaciones, como la artrosis o la artritis reumatoide, causan inflamación, rigidez y un dolor intenso en las articulaciones de carga (caderas, rodillas, tobillos), lo que convierte el simple acto de caminar en una experiencia dolorosa. La osteoporosis debilita los huesos, haciéndolos frágiles y susceptibles a fracturas, siendo la fractura de cadera una causa frecuente de pérdida de movilidad. La estenosis espinal también puede contribuir a una marcha disfuncional.
Problemas en los Pies
Los pies soportan todo el peso corporal y cualquier alteración en su estructura o función afecta la capacidad de caminar. Deformidades como los juanetes, los dedos en martillo, las úlceras diabéticas o unas uñas encarnadas alteran la correcta distribución del peso y la mecánica de la marcha. Estas afecciones generan dolor e inestabilidad, convirtiendo cada paso en un desafío y contribuyendo a la reticencia a caminar.
Dificultades Visuales
Una persona mayor con visión reducida (por cataratas avanzadas, glaucoma, degeneración macular, etc.) tiene dificultad para calcular distancias, ver obstáculos o diferencias de nivel en el suelo. Esto genera inseguridad al desplazarse, ya que teme tropezar con algo que no ve bien, lo que lleva a limitar sus movimientos.
Efectos Secundarios de Medicamentos
La polifarmacia, el consumo de múltiples medicamentos, es muy común en las personas mayores. Algunos fármacos, como los sedantes, los antihipertensivos o ciertos antidepresivos, tienen efectos secundarios que interfieren directamente con la capacidad de caminar, incluyendo mareos, somnolencia, hipotensión ortostática (bajada de tensión al ponerse de pie) y debilidad generalizada. Estos factores aumentan el riesgo de caídas y la sensación de inseguridad.
Miedo a Caerse o Experiencias Previas
El factor psicológico es crucial. Muchas personas de la tercera edad que no quieren andar en realidad tienen miedo a caerse. Si han sufrido una o varias caídas previas, pueden desarrollar un intenso temor a volver a caer que les lleva a reducir su actividad física. El “síndrome post-caída” crea un círculo vicioso: el adulto limita sus movimientos por miedo, pierde fuerza muscular y equilibrio por la inactividad, y esto, a su vez, aumenta el riesgo real de caídas.
Otros Factores
También pueden contribuir problemas de circulación (como enfermedad vascular periférica), o simplemente el dolor generalizado puede dificultar caminar adecuadamente.
Tipos Específicos de Marchas Anormales
Ciertos tipos de anomalías en la marcha ayudan a los médicos a determinar la causa del problema:
- Asimetría: Cuando los movimientos del lado derecho e izquierdo del cuerpo no son iguales al caminar, a menudo debido a un problema en los nervios, huesos o articulaciones de un lado, o disfunción cerebral/fármacos.
- Pérdida de sincronía: Implica mover las extremidades superiores e inferiores de manera irregular, lo que dificulta el avance.
- Dificultad para comenzar o seguir caminando: Los pies pueden parecer pegados al piso, o la persona se para o casi se para, indicando una marcha cautelosa, miedo a caerse o un problema en el lóbulo frontal del cerebro. Caminar arrastrando los pies es anormal.
- Retropulsión: Retroceder involuntariamente al intentar comenzar a caminar o caer hacia atrás mientras se camina. Puede indicar problemas en los lóbulos frontales, parkinsonismo, sífilis, pequeños accidentes cardiovasculares o parálisis supranuclear progresiva.
- Caída del pie: Dificultad para levantar la parte delantera del pie, haciendo que el dedo se arrastre. La persona levanta la pierna más de lo normal para evitar tropezar.
- Longitud corta del paso: Causada por el miedo a caerse o un problema nervioso o muscular. La pierna con el paso corto suele ser la sana.
- Anchura del paso aumentada: Una marcha de base amplia puede ser consecuencia de un problema en las rodillas, caderas o el cerebelo. El ancho de paso variable puede deberse a un control muscular deficiente del cerebro.
- Circunducción: Mover el pie en forma de arco al dar un paso adelante, causado por debilidad del músculo pélvico o dificultad para flexionar la rodilla.
- Inclinación hacia adelante: Puede ocurrir en personas con cifosis, enfermedad de Parkinson o ciertos tipos de demencia.
- Festinación: Aceleración progresiva de los pasos (generalmente inclinándose hacia adelante) que puede hacer que la persona se eche a correr para evitar caerse. Típico en Parkinson.
- Inclinación del tronco: Hacia un lado, para compensar dolor articular o pie caído.
- Cambios en el balanceo del brazo: Menos balanceo o ninguno, común en Parkinson o demencia vascular, o por efectos de medicamentos.
- Marcha espástica: Caminar rígido arrastrando los pies debido a una contracción muscular prolongada en un lado, asociado a esclerosis múltiple, lesión de médula espinal, entre otros.
- Marcha en tijeras: Piernas ligeramente flexionadas, golpeándose o cruzándose, similar a acuclillarse, causado por condiciones como la parálisis cerebral.
- Marcha de pato: Caracterizada por un bamboleo, a menudo debido a debilidad muscular o problemas de cadera como displasia congénita.
- Marcha atáxica o de base amplia: Movimientos musculares descoordinados, causados por daño al cerebelo, intoxicación con alcohol, medicamentos o polineuropatía.
- Marcha magnética: Dificultad para levantar los pies del suelo, como si estuvieran pegados, a menudo asociada a hidrocefalia o trastornos frontales del cerebro.

Evaluación de la Marcha y Diagnóstico
Los médicos intentan determinar tantos factores contribuyentes potenciales a los trastornos de la marcha como sea posible mediante la observación y el análisis. Es fundamental una evaluación médica completa para identificar la causa o causas del problema.
Proceso de Evaluación
- Comentarios sobre las quejas, los temores y los objetivos de movilidad de la persona.
- Observación de la marcha con y sin un dispositivo de asistencia (bastón o andador), si es seguro.
- Evaluación de todos los componentes de la marcha: iniciación de la marcha, longitud y altura del paso, cadencia y simetría.
- Realización de una exploración física y preguntas abiertas sobre dificultades para caminar, mantener el equilibrio o caídas previas.
- Preguntas sobre capacidades específicas, como subir y bajar escaleras, sentarse y levantarse de una silla, o realizar tareas domésticas.
- Evaluación de la fuerza muscular, especialmente en pantorrillas y muslos.
Pruebas Diagnósticas
A veces, los médicos solicitan pruebas, como una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética nuclear (RMN), para determinar si la marcha anormal se debe a un trastorno del encéfalo, la columna vertebral u otra parte del cuerpo. Para los trastornos del equilibrio, pueden realizarse pruebas de audición, posturografía, electronistagmografía, videonistagmografía, maniobra de Dix-Hallpike, y pruebas de presión arterial y frecuencia cardíaca.
Consecuencias de la Inactividad Prolongada
La inmovilidad en personas mayores conlleva una serie de consecuencias físicas, psicológicas y sociales negativas. Es crucial evitar que un anciano deje de caminar si no es estrictamente necesario, ya que el reposo prolongado en cama o la inactividad absoluta tienden a empeorar la situación.
Pérdida de Masa Muscular (Sarcopenia)
La atrofia muscular por desuso ocurre rápidamente. Al no caminar ni hacer esfuerzos, los músculos de las piernas (y de todo el cuerpo) empiezan a debilitarse y disminuir de tamaño. Este proceso se conoce como sarcopenia y se acelera con la inactividad, llevando a un balance nitrogenado negativo y pérdida muscular.
Riesgo de Úlceras e Infecciones
Estar largos periodos sentado o acostado conduce a complicaciones como las úlceras por decúbito o escaras, lesiones en la piel por presión continua. La falta de movilidad se asocia también a incontinencia, causando infecciones urinarias, y a la acumulación de secreciones pulmonares, aumentando el riesgo de neumonía.
Impacto en la Salud Emocional y Cognitiva
Dejar de caminar implica una pérdida de independencia, generando sentimientos de inutilidad, frustración y depresión. La falta de movilidad puede llevar al aislamiento social. Además, el sedentarismo extremo se asocia a un peor rendimiento cognitivo y a un mayor riesgo de demencia, mientras que la actividad física regular favorece la oxigenación cerebral y mantiene las funciones cognitivas.
Tratamiento y Prevención de los Trastornos de la Marcha
Un trastorno de la marcha no siempre necesita ser tratado o modificado; una marcha lenta y anormal puede ayudar a una persona mayor a caminar de manera segura y sin ayuda. Sin embargo, los tratamientos pueden mejorar la calidad de vida e incluyen ejercicio, entrenamiento del equilibrio y dispositivos de asistencia.
Entrenamiento de Fuerza
- Un programa de ejercicios, incluyendo caminar o entrenamiento de resistencia, puede reducir el dolor de rodilla y mejorar la marcha en personas con artritis.
- Los ejercicios de resistencia aumentan la fuerza, especialmente en personas frágiles con marcha lenta.
- La marcha nórdica, que utiliza los músculos de los hombros y los brazos y requiere mayor rotación pélvica, aumenta la longitud y velocidad del paso.

Ejercicios de Equilibrio
- Muchos problemas de equilibrio mejoran con ejercicios específicos.
- Inicialmente, se enseña a mantener una buena postura y equilibrio en reposo, luego a ser conscientes de la presión en los pies al inclinarse o girar.
- Se practica la inclinación hacia adelante, hacia atrás y hacia los lados. El objetivo es poder permanecer erguido sobre una pierna durante 10 segundos.
- El entrenamiento de equilibrio dinámico incluye movimientos lentos con un solo apoyo, tai chi, caminar en tándem, girar mientras se camina, caminar hacia atrás y caminar sobre objetos virtuales.
Dispositivos de Asistencia
Bastones y andadores pueden ayudar a las personas a mantener la movilidad y la calidad de vida. Un fisioterapeuta ayuda a seleccionar y enseñar el uso adecuado.
- Bastones: Útiles para el dolor por artritis o neuropatía periférica, ya que transmiten información sobre la superficie. Los bastones cuadrípodes ofrecen más estabilidad, aunque ralentizan la marcha. Se usan en el lado opuesto a la pierna dolorida o débil y deben ajustarse a la altura correcta para evitar dolor de espalda e inestabilidad.
- Andadores: Reducen la fuerza y el dolor en una articulación artrítica más que un bastón, si la persona tiene suficiente fuerza en brazos y hombros. Proporcionan buena estabilidad y protección contra caídas hacia adelante, pero son menos efectivos para caídas hacia atrás. Los andadores de cuatro ruedas con ruedas y frenos grandes maximizan la eficiencia pero ofrecen menos estabilidad.

Medidas para Prevenir la Pérdida de Equilibrio
- Caminar despacio.
- Realizar ejercicios para mejorar la postura.
- Caminar en línea recta hacia adelante y hacia atrás.
- Levantarse de forma lenta para prevenir mareos.
- La actividad física regular, a los niveles recomendados, ayuda a mantener la movilidad, incluso en personas con enfermedades.
- Mantener un estilo de vida físicamente activo es fundamental para conservar una marcha saludable.
Qué Hacer si un Anciano Deja de Caminar
Ante la disminución notable de la movilidad de un ser querido, es crucial actuar de inmediato.
Evaluación Médica Inmediata
Lo primero es solicitar una valoración médica completa. Un geriatra o médico de atención primaria realizará una exploración física, revisará la medicación y solicitará las pruebas necesarias para identificar la causa del problema. Es vital no asumir que es "cosa de la edad".
Importancia del Diagnóstico Precoz
Un diagnóstico temprano es imprescindible para la recuperación funcional. Si un adulto mayor pasa semanas o meses sin caminar, esperando a ver si "se le pasa", puede perder masa muscular y autonomía que luego son difíciles de recuperar. Las intervenciones rápidas pueden limitar los efectos negativos de la inmovilidad.
Evitar la Inactividad Prolongada
Mientras se investiga y trata la causa subyacente, se debe evitar que la persona mayor permanezca inactiva demasiado tiempo. El reposo prolongado en cama o la inactividad absoluta empeoran la situación. Incluso si necesita reposo relativo, se pueden hacer ejercicios pasivos en cama o movilizaciones suaves de las piernas para mantener la circulación y el tono muscular.
Estilo de Vida Saludable
Seguir una dieta sana y equilibrada, rica en frutas, vegetales crudos y cereales. Mantener un entorno doméstico seguro, eliminando obstáculos y añadiendo barras de apoyo. Realizar actividad física adaptada a las condiciones de salud y edad, empezando con intensidad moderada y aumentando gradualmente. Ejercitar la mente con juegos para la memoria y actividades cognitivas también es fundamental.