El envejecimiento es un proceso natural de la vida humana, el cual es necesario afrontar como una realidad que involucra a toda la sociedad. Los cambios en la salud y el bienestar de los seres queridos que envejecen pueden producirse de la noche a la mañana o en pequeños pasos a lo largo del día. Según la encuesta CASEN 2015 del Ministerio de Desarrollo Social, el porcentaje de la población mayor en Chile era de un 17,6%, alcanzando los 3.075.603 de personas con más de 60 años. Vivir solo en las personas adultas mayores es un fenómeno mundial relacionado con los cambios demográficos y el envejecimiento poblacional.
El Anciano Solo y el Anciano Acompañado: Un Análisis Comparativo
Los cambios culturales y las nuevas dinámicas y conformación de las familias han llevado a que cada vez el número de ancianos que viven solos sea mayor. Para vivir solo es esperado contar con unos prerrequisitos materiales, funcionales y cognitivos que permitan la independencia del individuo. Sin embargo, en algunos contextos, vivir solo se ha relacionado con aspectos que ponen en riesgo al individuo, como sentimientos de soledad, aislamiento, desnutrición y mal control de enfermedades crónicas.

Factores Asociados a Vivir Solo
Un estudio de corte transversal con análisis secundario de la encuesta Salud, Bienestar y Envejecimiento (SABE) - Bogotá 2012, que incluyó a 2000 personas de 60 años y más, encontró que 252 (12,6%) vivían solas. El promedio de edad en el grupo de personas que viven solas fue de 71,32 años y de 71,15 en el grupo de los que viven acompañados. El estudio encontró una alta asociación entre vivir solo y no tener pareja, tener un buen estado cognoscitivo, ser mujer y una mala autopercepción del estado nutricional. En relación con la capacidad cognoscitiva, se observó que la mayoría de las personas que vivían solas tenían una buena capacidad cognoscitiva, manteniéndose como uno de los factores asociados de forma positiva con vivir solo (93,6% vs 86,5% en comparación con quienes no vivían solos).
Para evaluar la independencia funcional se utiliza el Índice de Barthel, que incluye actividades como alimentación, baño, lavado, traslado sillón-cama, vestido, deambulación, aseo, escalones, deposición y micción. Las actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD), que permiten a la persona vivir de forma autónoma en la sociedad, se miden utilizando la escala de Lawton, que valora la capacidad para usar el teléfono, preparar comida, manejar dinero, ir de compras, tomar medicamentos, andar por el vecindario y realizar tareas domésticas livianas o pesadas.
El Sentimiento de Soledad Social
La compañía es un componente esencial de una mente y una vida felices. La soledad social se define como la experiencia subjetiva de insatisfacción frente a la sociedad en la que se vive, en términos de estilos de vida, de valores y de uso de nuevas tecnologías, entre otros aspectos. Esta puede provocar consecuencias negativas sobre la salud física y mental de la persona, como debilitar el sistema inmunológico, aumentar el uso de medicación y asistencia sanitaria, influir en la autoestima y provocar depresión.
En la actualidad, promover la inclusión e integración resulta apremiante, dado que cada vez más personas mayores se encuentran en situación de aislamiento social y con sentimientos de soledad. Comúnmente se pueden confundir el aislamiento social y la soledad como sinónimos, pero son conceptos diferentes. El aislamiento social es una condición objetiva de falta de contacto social, mientras que la soledad es una experiencia subjetiva de angustia por la falta de conexión.

Un estudio realizado en el servicio de Geriatría de un hospital en Matanzas, Cuba, con 212 pacientes que vivían en compañía, encontró un alto nivel de soledad social en los ancianos estudiados, con predominio en el grupo etario de 60-70 años, sin pareja, de bajo nivel de escolaridad y con enfermedades crónicas. Los expertos se sorprendieron por el elevado número de ancianos que manifestaron sentirse solos pese a vivir acompañados; un 43% experimentaba la soledad, aunque solo el 18% de los ancianos estudiados vivían sin la compañía de otras personas. El estudio demostró que el sentimiento de soledad puede ser alto incluso en ancianos que no viven solos, predominando el nivel de soledad social medio y alto (41,5% y 39,2% respectivamente), lo que se corresponde con los cambios sociales acelerados, como las nuevas tecnologías, con los que no siempre es fácil sincronizar.
Las personas que viven solas presentaban más síntomas depresivos (4,15 DE 0,23) que los que viven acompañados (3,76 DE 0,07), según la escala de depresión geriátrica de Yesavage. Sin embargo, vivir solo no es siempre sinónimo de sentirse solo; la soledad en las personas mayores va en ascenso, y muchos de ellos se reafirman en su sentimiento de soledad, en muchos casos no buscada.
Impacto de la Conectividad y Participación Social
El estudio de Matanzas también reveló una insuficiente percepción de apoyo y participación social, así como un limitado uso de las nuevas tecnologías. Casi la totalidad de los ancianos estudiados nunca utilizaron alguna tecnología en su vida diaria (80,1% teléfono móvil, 92,9% uso de PC y juegos de memoria, y 97,1% uso de Internet). Se constató una brecha digital que pone en desventaja a los adultos mayores, dada por dificultades económicas, falta de acceso a capacitación o resistencia al cambio. Además, más de la mitad (76,9%) de los ancianos estudiados tenían una escasa participación en la vida social, al no asistir nunca a parques, asociaciones u otros lugares donde puedan relacionarse con otros adultos mayores, lo que se considera un factor protector para la salud.
El apoyo social, entendido como la existencia o disponibilidad de personas en quienes se puede confiar, que cuidan, valoran y quieren, es crucial. La investigación mostró que solo la cuarta parte de los ancianos entrevistados sentían tener algún apoyo social (24,5%), y el resto (75,5%) contaban con apoyo social solo a veces (57,1%) o nunca (18,4%). La red social presenta una asociación inversa con la soledad y es un mecanismo protector.
La Importancia del Apoyo y la Asistencia Profesional
Una vida larga y sana requiere algo más que una buena atención médica. La compañía es un componente esencial de una mente y una vida felices. Si nota que su ser querido necesita un poco más de ayuda en la vida diaria, el tipo de asistencia dependerá de la cantidad de ayuda que necesite.
Cuidados de Acompañamiento y Cuidados Personales
Los cuidados de acompañamiento incluyen desde cuentos a juegos, y ayuda con las tareas domésticas. Contratar a una persona que se encargue de este tipo de cuidados puede ayudar a su ser querido a seguir siendo independiente en su propia casa durante más tiempo y proporcionarle el apoyo adicional que necesita.
Los cuidados personales ofrecen un apoyo más práctico. El cuidado personal abarca todas aquellas actividades y prácticas que una persona realiza por sí misma, con el objetivo de mantener su bienestar físico, emocional y mental. Incluye aspectos como la higiene personal, la nutrición adecuada, la actividad física regular, el descanso suficiente y la gestión del estrés. Un asistente de cuidado personal es un profesional capacitado para brindar apoyo y asistencia en las actividades de la vida diaria a personas que, por razones de edad, discapacidad o enfermedad, no pueden realizar estas tareas por sí mismas. Esta asistencia puede incluir ayuda con la higiene personal, alimentación, movilidad, administración de medicamentos y otras necesidades básicas.
La diferencia entre cuidado y atención radica en su alcance y enfoque. El cuidado se refiere al conjunto de acciones destinadas a satisfacer las necesidades básicas y el bienestar de una persona, incluyendo aspectos físicos, emocionales y sociales. La atención se centra en el acto de concentrarse en algo o alguien específico, prestando servicio o asistencia en un momento determinado; es más inmediata y puede ser puntual.
Tipos de Servicios de Acompañamiento a Adultos Mayores
Contar con el apoyo de una persona interna o externa para el acompañamiento a adultos mayores mejora la vida, el estado físico y cognitivo del mayor. No solo es una persona que hace compañía al anciano para combatir la soledad cuando no tienen familia o esta vive lejos. Para mayores que viven con sus familias o la tienen cerca, es un apoyo para mejorar sus hábitos de vida, para impulsar el cuidado de sus capacidades y para acompañarle a hacer determinadas actividades o gestiones en horarios en que su familia no puede hacerlo.
Conversemos sobre la importancia del acompañamiento al adulto mayor
Los servicios de acompañamiento son diversos y se adaptan a las necesidades individuales. Los más solicitados incluyen:
- Apoyo en los paseos: Fundamental para mantenerse activos, disfrutar del aire libre, socializar y trabajar capacidades como el equilibrio, proporcionando seguridad y evitando la depresión o soledad.
- Realizar gestiones con ayuda de un acompañante: Asistencia en gestiones presenciales, especialmente para aquellos con dificultades de movilidad o visión, o que necesitan apoyo para no ser engañados o comprender información.
- Actividades de ocio en el hogar: Proponer juegos de mesa, manualidades y otras actividades para aliviar la soledad, mejorar el ánimo y trabajar capacidades físicas y cognitivas.
- Gimnasia para mayores y mejora de hábitos de vida: Supervisar una alimentación sana, apoyar en ejercicios de gimnasia y fomentar actividades que rompan la rutina frente al televisor.
- Acompañamiento a visitas médicas: Proporciona seguridad y apoyo al mayor y tranquilidad a la familia cuando esta no puede asistir por incompatibilidad de horarios.
- Actividades amenas para capacidades cognitivas: Fichas, juegos de memoria, pasatiempos y proyectos creativos.
- Lectura para el entretenimiento: Apoyo para la lectura a quienes ya no pueden ver bien o para fomentar el hábito.
- Acompañamiento a actividades sociales y ocio: Asistencia a reuniones familiares, salidas culturales, cine, teatro o eventos religiosos.
- Acompañamiento nocturno: Para personas mayores que temen permanecer solas de noche o necesitan ayuda adicional.
- Compañía y asistencia en viajes y excursiones.
- Charla, compañía social y apoyo psicológico: Combate la soledad y promueve el bienestar emocional.
- Ayuda para comunicarse con seres queridos a distancia: Enseñar el uso de nuevas tecnologías como ordenadores o móviles para videollamadas.
Beneficios del Acompañamiento Profesional
Entre los beneficios del acompañamiento de personas mayores destacan los siguientes:
- Mejora el bienestar: Al recibir atención personalizada, se satisfacen sus necesidades y aumenta su autoconfianza.
- Mayor independencia: Los mayores son capaces de realizar sus tareas diarias con apoyo, sin depender exclusivamente de sus familiares.
- Vida más saludable: Se promueven hábitos de vida saludable, como paseos, ejercicios de estimulación cerebral y dietas equilibradas.
- Más seguridad y tranquilidad: Contar con un profesional de confianza proporciona seguridad para el mayor y tranquilidad para los familiares.
En definitiva, gracias al acompañamiento de personas mayores se promueve el envejecimiento activo, un proceso mediante el cual se mejora y se mantiene un estado óptimo de la salud física y mental de los mayores.
Profesionalización del Cuidado y Asistencia
La asistencia personal se centra en el apoyo individualizado y directo a personas con discapacidad para que puedan llevar una vida independiente y participar en la sociedad en igualdad de condiciones. Por otro lado, el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) es más amplio y puede incluir desde la asistencia en las tareas domésticas hasta el cuidado personal, orientado a satisfacer necesidades domésticas generales y el cuidado de personas mayores o dependientes.
Las cuidadoras de personas mayores tienen derechos que varían según la legislación de cada país, pero generalmente incluyen el derecho a un contrato de trabajo claro, a un salario justo acorde con las horas trabajadas y las tareas realizadas, y a condiciones de trabajo seguras y saludables. El pago por cuidar a una persona mayor durante la noche depende de varios factores, incluyendo el país o región, si el cuidado es prestado de manera informal o a través de una agencia, y las necesidades específicas de la persona mayor.
En la ley de Dependencia, el cuidador puede ser un familiar o una persona designada por el individuo dependiente que se encargue de su cuidado y asistencia en las actividades diarias. La ley busca garantizar que los cuidadores tengan acceso a apoyos y recursos que les permitan desempeñar adecuadamente su labor, reconociendo su rol esencial en el bienestar y la calidad de vida de las personas dependientes.
Aunque para proporcionar acompañamiento como tal no es requisito ninguna formación, cuando se busca hacer de esto una profesión -y, por lo tanto, trabajar con ancianos y atender a sus necesidades de forma adecuada- es recomendable contar con formaciones específicas que capaciten para coordinar equipos multidisciplinares con tal de ofrecer cuidados sanitarios, psicológicos y sociales, o que aporten los conocimientos clave para trabajar con este grupo de la población, fomentando su inclusión social, combatiendo la soledad y proporcionando apoyo emocional.
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