La frase "anciano mapuche reta al huinca" encierra una profunda carga histórica y cultural, simbolizando la resiliencia y la afirmación de la identidad del pueblo mapuche frente a las dinámicas de poder y la colonización. Para comprender plenamente su significado, es esencial adentrarse en la historia de las interacciones entre mapuches y huincas, así como en la cosmovisión y la transmisión de la memoria histórica mapuche.
Introducción: La Compleja Relación Mapuche-Huinca
La relación entre el pueblo mapuche y el huinca ha sido objeto de estudio y debate, marcada por alianzas, conflictos y la constante lucha por la autonomía territorial y cultural. Una investigación reciente, dedicada a analizar tres textos de género distinto -una novela de 1962, un diario de viaje de 1861 y una entrevista oral de 2002-, aborda de manera extensa y directa lo que más comúnmente, desde alguna perspectiva huinca, se conoce como el tópico de la traición.
El Tópico de la Traición desde una Perspectiva Huinca
Según este tópico, ciertos sectores o personalidades del mundo mapuche se habrían posicionado en contra de su propio grupo étnico. Ellos habrían adoptado una postura a favor de los huincas en los momentos en los que se decidía la suerte territorial mapuche de la Araucanía independiente a fines del siglo XIX. Este enfoque, sin embargo, a menudo simplifica una realidad mucho más compleja, ignorando las presiones y las diversas estrategias de supervivencia adoptadas por el pueblo mapuche.
La Intolerancia y el Silenciamiento de la Historia Mapuche
Esta es una historia acerca de la intolerancia. Acerca de una sociedad que no soporta la existencia de gente diferente; de un país español, criollo, europeo, cristiano occidental, que se dice civilizado y trata de acabar con los bárbaros, los salvajes, los hombres que deambulan libremente por las pampas y cordilleras del sur del continente. Los mapuches se defendieron del salvajismo civilizado; hicieron lo que pudieron, vivieron como mejor supieron, pelearon hasta el cansancio, y terminaron por morir y ser vencidos por el progreso.
Con la llegada del ejército, lo siguieron el ferrocarril y los colonos que venían a “hacer la américa”, sin percatarse siquiera de lo que había ocurrido. Esta guerra inicua, que nuestros gloriosos ejércitos republicanos emprendieron en la segunda mitad del siglo pasado, fue guiada por la intolerancia: el derecho de quien se cree civilizado a combatir la barbarie, en nombre de banderas y santos coronados de las mitologías del progreso de la humanidad.
La historia de los que no aceptaron ha sido silenciada. Existe una definida tendencia a identificar la historia humana con la historia de los vencedores; los vencidos -tantas veces percibidos como bárbaros- no suelen tener historia, o su historia es absorbida por el triunfalismo de los vencedores. Quedan así en la memoria, cuando han quedado, como curiosas especies que no lograron sobrevivir, o perdiendo la propiedad de sus aportes al desarrollo del hombre, u ocupando un lugar en la mitología del vencedor, donde personifican fantasmales fuerzas del mal, del pasado, de la monstruosidad que el progreso de los pueblos debe desterrar.
Esto es lo sucedido con el pueblo mapuche en nuestras historias, las que nos han hecho olvidar que en él había familias, amores, sentido del honor, moral intachable; en fin, vida humana en toda su complejidad. El intento ha sido rescatar esta historia olvidada, negada, silenciada por nuestras culturas intolerantes. Cada frase, cada relato, cada episodio recuperado, es un alegato ético que rechaza la intolerancia y afirma el derecho de los pueblos a ser como quieren ser, a vivir de acuerdo a sus propias modalidades sociales. No solamente importa que hayan muerto muchas personas, que se pueda hablar de genocidio o etnocidio; importa más aún que se siga pensando en forma intolerante.
Para recuperar esta historia es necesario ir a las fuentes mismas, a la gente, a los sobrevivientes, descendientes del holocausto. Hoy son otros, diferentes, llenos de pena, rabia y tragedia, fruto de la pobreza de la derrota. En ellos encontramos la experiencia histórica de un pueblo que sigue teniendo conciencia de serlo. Nos relataron las batallas, los recuerdos del viejo cacique, sus cantos entonados con voz ronca antes de emprender un largo viaje. Estos relatos, la memoria del pueblo, su tradición oral, se complementan con documentos de la época que fueron precisando fechas y lugares, olvidados porque no tenían la importancia suficiente para dejarles hueco en la memoria escasa. Así se fue hilvanando una historia, compuesta de muchas historias, de heroísmos, de traiciones, de victorias parciales y derrotas; una historia que sabemos cómo terminó. Ha sido reescrita con la pasión ética de quien defiende el derecho de un pueblo a ser soberano, y fustiga la incomprensión intolerante que conduce al humano a la perversidad y la muerte.

¿Qué Significa "Huinca" o "Wingka"?
El término huinca o wingka (pronunciado [ˈɰwiŋ.ka] o [ˈwiŋ.ka], AFI) es una palabra proveniente del idioma mapudungún. Su origen se refiere a las personas de raza blanca, y más específicamente, a los conquistadores españoles del siglo XVI. La causa de este término se debe al estrecho vínculo que los mapuches generaron entre el concepto de Inca y el de "Conquistador", "Invasor" o "Extranjero". Esto es consecuencia de que entre la invasión incaica y la europea transcurrieron no más de dos siglos. Por extensión, el término se aplica actualmente a sus descendientes, es decir, a los chilenos y argentinos blancos (criollos) o mestizos.
Los Orígenes del Pueblo Mapuche: Identidad y Conexión con la Tierra
La identidad mapuche está profundamente arraigada en sus mitos de origen y su conexión con el territorio. Un anciano y culto descendiente de los caciques de Malleco comenzaba a contarnos la historia del pueblo mapuche con un relato ancestral: "Debe haber sido hace muchos años; ellos tenían más de cien años cuando fallecieron y yo tengo mucho más de setenta. Pero era lo que me conversaban mis abuelos."
El Mito del Diluvio Universal y los Elementos Fundadores
El anciano relataba el mito del diluvio: "Hubo una gran agua, el mar se salía, se desbordaban los ríos y se llenaron todos los campos. Ellos se salvaron porque se subían a los cerros. Y hacían cantaritos que se ponían en la cabeza porque la lluvia era muy fuerte. Y aquí llovió más de tres meses sin parar. Y murieron los animales, los chanchos y las gallinas. Y las casas fueron llevadas por el agua."
Ante esta catástrofe, "ellos arriba del cerro hicieron una oración y le pidieron al Señor que no lloviera más. Entonces hicieron un Nguillatún para poder calmar el agua, y seguramente nuestro Señor los escuchó porque se calmaron las aguas. Todos los mapuches se subieron a un cerro que queda al otro lado del Bio-Bio y de allí después se esparcieron por la tierra y la poblaron."
El diluvio indica el comienzo de los tiempos para el pueblo mapuche. El relato del diluvio es el mito original de un pueblo ya establecido en las regiones del sur, cuya vida como nación -poblar la Tierra- comienza a partir de esa catástrofe. La historia de los pueblos que habitan hasta hoy estas tierras de Chile, comienza con la lucha feroz de los elementos desatados. El mar, el agua y la montaña, elementos centrales de esta geografía, aprisionan al hombre como entre dos tenazas, el Mal y el Bien, disputándose estas estrechas tierras. Los sobrevivientes fundan el pueblo, los que han muerto se han transformado en rocas y objetos de la naturaleza. Hombre y naturaleza, religión, cultura y sociedad, vida y muerte, objetos vivos e inertes, surgen de este mismo momento fundador.
Una variante de este mito añade un elemento cosmológico: "Allí en el mar, en lo más profundo vivía una gran culebra que se llamaba Cai Cai. Las aguas obedecían las órdenes del culebrón y un día comenzaron a cubrir la tierra. Había otra culebra tan poderosa como la anterior que vivía en la cumbre de los cerros, el Ten Ten, que aconsejó a los mapuches que se subieran a un cerro cuando comenzaran a subir las aguas." Muchos mapuches no lograron subir al cerro y murieron transformándose en peces. "El agua subía y subía, y el cerro flotaba y también subía y subía; los mapuches se ponían los cantaritos sobre las cabezas para protegerse de la lluvia y el sol; y decían: Cai, Cai, Cai; y respondían: Ten, Ten, Ten; hicieron sacrificios y se calmó el agua, y los que se salvaron bajaron del cerro y poblaron la tierra. Así nacieron los mapuches."
Esta variante del mito muestra los mismos elementos: el pueblo nace de un gran cataclismo, de una lucha poderosa entre los elementos desatados, las aguas del mar y los volcanes de la cordillera, marco telúrico que lo circunscribe físicamente, realidad reiterada de maremotos, terremotos y erupciones volcánicas.

La Transmisión Oral de la Historia: El Rol del Hueipife
Después del relato del diluvio, la historia de los mapuches se interrumpe largos años, retomándose con la llegada de los españoles, a partir de la cual se van entremezclando versiones hasta llegar a épocas en que la lectura puede apoyar la memoria, y las historias aprendidas en la escuela, reforzar, confundir y, muchas veces, hacer olvidar la tradición oral. "Los tiempos antiguos se nos fueron perdiendo en la memoria con tanto desastre que ha pasado el pueblo. Antiguamente se educaba a los jóvenes en la historia, hoy día no." El hueipife, o historiador oral, se preparaba largos años, sentado a los pies de otro historiador, transmitiendo el saber ancestral.
Mitos fundacionales.
Interacciones Históricas: Alianzas, Educación y Resistencia
La historia mapuche está marcada por diversas formas de interacción con los huincas, desde alianzas y esfuerzos de integración hasta confrontaciones abiertas. Ejemplos como los caciques Colipi y Coihuepán ilustran la complejidad de estas relaciones.
La Estrategia de los Colipies y su Fracaso
Las conas (guardias) de los Colipies, caciques que gozaron de prestigio y poder, se veían reforzadas por los “mata perros”, que no eran otra cosa que guardias cívicas reclutadas entre los vagos de la frontera. Esta alianza con los huincas recorrió al menos tres generaciones de Colipies, y se rompió solamente cuando vino la ofensiva final del ejército chileno. En ese momento los mismos Colipies vieron que su estrategia de integración había fracasado, que se había impuesto la política de destrucción por parte del ejército chileno. Uno de los Colipi, Juan Marileo, jefe en ese momento de la agrupación (1881), fue derrotado y fusilado en Lumaco.
El anciano que narró parte de la historia mapuche también compartió recuerdos sobre esta figura: "Colipi era educado ese. Mi abuelo por parte de mamá lo conocía mucho; se educó también pero no mucho." Se observaba que "antes no se interesaban en educar al indígena, porque si no, iban a reclamar. Antes, los gobiernos antiguos, no querían que se educaran los mapuches. Era por eso que no ponían escuelas por los campos; sólo en el pueblo había. Y la gente no tiene recursos. Ese Colipi era educado -porque los familiares de Saavedra lo habían tenido para educarlo. El mismo Cornelio Saavedra se lo había llevado, era padrino de él. El viejo Colipi (Lorenzo) le había entregado un hijo a Cornelio Saavedra. Yo lo conocí viejito ya, calmadito y ya no hacía nada, allí callado. Colipi le llamaban, como a todos. Murió viejito de muchos años."
En prueba de paz y como testimonio de la alianza, se acostumbraba que los caciques entregaran un hijo para ser educado en Concepción, Chillán o Santiago. Se los mantenía como rehenes y se los educaba de modo que adoptaran las costumbres criollas, para que -se pensaba- al volver a su rehue “civilizaran” a sus hermanos de raza. Saavedra tenía una gran cantidad de hijos de caciques internos en la Escuela para Indígenas de los Franciscanos en Chillán. Los Colipi tenían influencia sobre la mayor parte de las familias abajinas, incluyendo a los Melin de Lilpuille, los Colimón de Ipinco, los Calvón de Huequén, y numerosas otras familias de la región. A pesar de la riqueza, el boato y el rango alcanzado por los Colipies, no lograron el grado de cohesión de los arribanos.
Venancio Coihuepán: Liderazgo Indómito y Alianzas Patriotas
Otro ejemplo de liderazgo mapuche fue Venancio Coihuepán, descrito como "un indio ya viejo pero indómito. Aunque bárbaro hablaba español y estimaba el género de educación que daban los huincas a sus hijos, al punto de haber hecho aprender a leer y escribir a dos de los suyos (Mariano y Ramón) en las escuelas de Concepción." Otros de sus hijos fueron Mallarca, un capitán de indios inculto y bravo, y Huañaco. Por afición y por instinto, Coihuepán se había hecho aliado de los patriotas desde que estalló la guerra de la Independencia, y como casi la totalidad de la Araucanía -ganada por los lenguaraces- se mantenía fiel al rey, tuvo desde los primeros días de la lucha la precaución de construir en una montaña medianera entre las lagunas de Lumaco y de Cautén un fuerte Malal, o castillo indígena, donde había recogido sus mujeres y sus bienes. De aquí venía que toda la comarca que dominaba con sus numerosos mocetones se llamase el Malalche.
La Defensa del Territorio: De Imperios a Repúblicas
Los mapuches conquistaron territorio en gran parte del cono sur de los habitantes originales que se encontraban en esta parte del continente. La autonomía de la parte septentrional del territorio fue defendida por múltiples tribus exitosamente contra dos imperios (Imperio Inca e Imperio Español). Sin embargo, no fue así contra la República de Chile y la República Argentina, que llevaron a cabo la Pacificación de la Araucanía y la Campaña de Rosas al Desierto con la posterior Conquista del desierto, eventos que marcaron un punto de inflexión en la historia mapuche.
El "Anciano Mapuche Reta al Huinca": Simbolismo de la Memoria y la Soberanía
La expresión "anciano mapuche reta al huinca" cobra un profundo significado al considerar el contexto histórico y cultural del pueblo mapuche. El "anciano" (fütakeche o lonko) en la cultura mapuche representa la sabiduría, la memoria ancestral y la autoridad moral. Es el portador de la historia oral, de los mitos fundadores, de las experiencias de resistencia y de las lecciones aprendidas a lo largo de generaciones. Su voz es la voz de un pueblo que ha sobrevivido a cataclismos naturales y a la intolerancia de sociedades dominantes.
Cuando un anciano mapuche "reta" (desafía, interpela, recrimina) al huinca, no es solo un acto individual. Es un acto colectivo de reafirmación de la identidad, de denuncia de las injusticias históricas, de reclamación de la soberanía territorial y cultural. Es la memoria viva de un pueblo que exige el reconocimiento de su propia historia, no la versión silenciada por los vencedores. Es la expresión de la pena, la rabia y la tragedia acumulada, pero también de la inquebrantable conciencia de ser un pueblo, como se menciona en los testimonios recopilados. Este acto simboliza la persistencia de un espíritu indómito, que, a pesar de las derrotas, sigue defendiendo su derecho a ser y a vivir según sus propias modalidades sociales, haciendo eco de la pasión ética por la soberanía y la justicia.