El hundimiento del RMS Titanic en la madrugada del 15 de abril de 1912 dejó más de 1.500 víctimas fatales y una colección de historias humanas que, más de un siglo después, siguen interpelando al mundo. Entre ellas, hay una que se repite con fuerza en cada aniversario y que combina amor, lealtad y tragedia: la de Ann Elizabeth Isham, una pasajera de primera clase cuyo final quedó envuelto en una leyenda tan poderosa como debatida por los historiadores.

¿Quién fue Ann Elizabeth Isham?
Ann Elizabeth "Lizzie" Isham nació el 25 de enero de 1862 en Chicago, Illinois. Fue la primera hija de Edward Swift Isham, un abogado y político de Vermont, y su esposa Frances "Fannie" Burch. Su padre, Edward Swift Isham, fue un reconocido abogado socio del hijo de Abraham Lincoln, lo que situaba a Ann en el seno de una familia acomodada e influyente.
Durante varios años, Ann Elizabeth vivió en París junto a su hermana Frances Isham, a donde se había mudado en 1903. En 1912, emprendió el viaje de regreso a Estados Unidos para pasar el verano con su hermano en Nueva York. Viajaba en primera clase y abordó el Titanic en Cherburgo el 10 de abril de 1912. Su camarote (C-49) estaba al lado del ocupado por el coronel Archibald Gracie.
La leyenda de Ann Elizabeth Isham y su perro
La versión más difundida y conmovedora asegura que Ann Elizabeth Isham se negó a abandonar a su perro, un gran danés, cuando le informaron que no podía subir al bote salvavidas. Prefirió quedarse a su lado y enfrentar juntos el destino del barco, convirtiéndose en uno de los símbolos más emotivos de la tragedia.
Lo que ocurrió durante las horas finales del barco es, en gran medida, un misterio. Algunos testimonios posteriores sostienen que una mujer fue vista salir de un bote salvavidas al advertir que su perro no podía acompañarla. Días después, un barco alemán afirmó haber visto el cuerpo congelado de una mujer flotando en el Atlántico, abrazada a un perro de gran tamaño. Con el paso del tiempo, ese relato terminó asociado al nombre de Ann Elizabeth Isham.
First Class Titanic Mystery: Ann Elizabeth Isham
El debate sobre la veracidad de la historia
Aunque no existen pruebas concluyentes que confirmen todos los detalles, el relato se convirtió en un símbolo del vínculo inquebrantable entre humanos y animales. Sin embargo, investigaciones modernas aclaran que no hay evidencia documental de que Ann Isham viajara con un gran danés, ni de que ese avistamiento en el mar haya ocurrido tal como se cuenta.
El hecho de que ella abandonó el bote salvavidas cuando le informaron que su perro, un gran danés, no podía acompañarla porque por su tamaño ocupaba la plaza de una persona, no ha podido ser corroborado. Aun así, su paradero exacto durante el naufragio nunca se pudo reconstruir y su cuerpo jamás fue identificado, lo que permitió que la historia sobreviviera como una leyenda trágica dentro de la memoria del Titanic.
Esta dualidad entre mito y realidad no le quita fuerza al relato. Por el contrario: lo vuelve aún más humano. Ann Elizabeth Isham es recordada hoy como una de las cuatro mujeres de primera clase que murieron en el desastre, y su nombre quedó para siempre ligado a la idea de fidelidad absoluta, incluso frente a la muerte.
Los perros a bordo del Titanic
El Titanic no transportaba solo personas. Al menos 12 perros viajaban a bordo, casi todos pertenecientes a pasajeros de primera clase. Algunos estaban alojados en las perreras del barco, mientras que otros, especialmente los más pequeños, permanecían en los camarotes junto a sus dueños. Es importante recordar que solo los pasajeros de primera clase podían subir al barco con sus mascotas, pagando por ello cuantiosas sumas de dinero.

Perros que sobrevivieron al naufragio
De todos los perros que viajaban en el Titanic, solo tres sobrevivieron al naufragio: dos pomeranias y un pekinés. Sus dueños lograron subirlos a los botes salvavidas envueltos en mantas o escondidos entre la ropa, aprovechando su pequeño tamaño.
- Lady: Una pomerania rescatada por Margaret Hays. Parece ser que el pequeño porte del animal sirvió para ocultarlo debajo del abrigo y de esa forma lograr abordar el bote que salvó a ambas.
- Pomerania de Elizabeth Rothschild: Otro pomerania de nombre desconocido que viajaba junto a Elizabeth Rothschild, se salvó de forma similar a pesar del enojo de algunos sobrevivientes que lo descubrieron.
- Sun Yat Sen: Un pekinés que subió al bote 3 junto a sus tutores Henry y Myra Harper.
Historias de los perros que no sobrevivieron
El resto de los animales, entre ellos un bulldog francés campeón, un airedale terrier y varios perros grandes, no corrieron la misma suerte y murieron junto al barco. Algunos sobrevivientes recordaron haber visto a los perros liberados de las perreras, corriendo por las cubiertas inclinadas mientras la nave se hundía, una imagen que resume el caos y la desesperación de la noche final.
Las historias de los perros del Titanic exponen, como pocas, las profundas desigualdades de la época, pero también el amor de sus dueños. A más de 113 años del hundimiento, la figura de Ann Elizabeth Isham sigue generando emoción y debate. Tal vez nunca sepamos con certeza si murió abrazada a un perro que realmente le pertenecía, pero su historia perdura como un símbolo de amor incondicional.