Análisis Existencial en Adultos Mayores: La Fragilidad y la Búsqueda de Sentido

“La vida no viene, simplemente, así porque sí al hombre, a veces viene como una tarea, una tarea en dos formas: para modelar la vida resolviendo problemas y también como un constante dejar cosas atrás y decir adiós” (Längle y Probst, 2000).

La reflexión sobre la existencia y el significado de la vida cobra una relevancia particular en la etapa de la vejez, un periodo caracterizado por profundos cambios y desafíos. El análisis existencial en adultos mayores busca comprender cómo las personas experimentan y responden a estas transformaciones, así como a las preocupaciones fundamentales de la existencia humana.

Esquema de las dimensiones del envejecimiento

El Envejecimiento Global y la Importancia del Sentido de Vida

A nivel mundial, la población de adultos mayores está en constante aumento. Se estima que entre los años 2000 y 2050, la población mayor de 60 años crecerá del 11% al 22%, pasando de 605 millones a 2000 millones (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2017). Este fenómeno, impulsado por la disminución de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida, plantea desafíos significativos que se abordan mediante la promoción de la salud y el bienestar, incluyendo factores fisiológicos, psicológicos, sociales y espirituales.

La evidencia internacional subraya que el sentido de vida y el propósito de vida son variables cruciales que aumentan el bienestar en la adultez mayor (Ju, 2017; Steger et al., 2009; Volkert, 2017), e incluso pueden reducir el riesgo de mortalidad (Hill & Turiano, 2014). Los adultos mayores con propósitos de vida perciben su salud de manera más positiva y experimentan menos limitaciones funcionales (Krause, 2009), mientras que el sentido de vida facilita el afrontamiento ante situaciones estresantes (Park & Folkman, 1997).

La búsqueda de sentido es inherente al ser humano a lo largo de todas las etapas de la vida, dada su condición de ser inacabado (Längle, 2008). Victor Frankl (1979) enfatiza que no se trata de un sentido de vida general, sino del significado concreto que cada persona encuentra en un momento determinado. El sentido se entiende como "una manera especial de plasmar la situación" (Längle, 2008), y se descubre constantemente a través de la acción, la orientación por principios y el afrontamiento del sufrimiento.

Comprendiendo la Fragilidad en la Vejez: Más Allá de lo Físico

Tradicionalmente, la fragilidad en la vejez evoca imágenes de disminución de la capacidad funcional, riesgo de dependencia y deterioro de la calidad de vida. Se considera un síndrome clínico definido por signos y síntomas específicos, donde una persona mayor frágil mantiene su independencia de manera inestable, con riesgo de pérdida funcional y dependencia. Este concepto es clave en la atención geriátrica, y grandes esfuerzos se han dedicado a su definición, identificación de factores de riesgo, detección precoz e intervención.

Aunque inicialmente la fragilidad se ha asociado casi exclusivamente al ámbito físico, con el tiempo se han reconocido sus múltiples dimensiones: cognitiva, psicosocial, y más recientemente, la fragilidad existencial. La inclusión de esta última en la atención integral a la persona mayor es fundamental para una comprensión completa del bienestar en la vejez.

Fragilidad Contingente vs. Fragilidad Existencial

Pickard distingue entre dos tipos de fragilidad:

  • Fragilidad contingente: Aquella que es potencialmente modificable con intervenciones apropiadas, como las destinadas a prevenir caídas o corregir la malnutrición.
  • Fragilidad existencial: Inherente a la condición humana, ineludible, pero susceptible de ser integrada en el itinerario vital para responder a ella de manera significativa. Se deriva de la interdependencia y la finitud: somos seres en relación con otros y en el mundo, y la vida tiene un final.

Factores que Acentúan la Fragilidad Existencial en la Vejez

Aunque la fragilidad existencial no es exclusiva de la vejez, en esta etapa de la vida confluyen al menos dos factores que aumentan su percepción y pueden amenazar lo específicamente humano: el sentido vital, la realización de valores, la relacionalidad y la trascendencia.

  1. El horizonte temporal restringido: A pesar de que los avances permiten vivir muchos años, los mayores tienen un pasado muy amplio y una dimensión del futuro percibida como más restringida, acompañada de una conciencia más clara de la finitud.
  2. La mayor probabilidad de experimentar pérdidas vitales: Especialmente en la “cuarta edad” (Baltes y Smith, 2002), se presentan sucesos normativos como la jubilación, la viudedad, cambios físicos y funcionales, o el ingreso en una residencia. A estos se suman eventos globales no normativos, como una pandemia.

Estos eventos pueden funcionar como situaciones límite (Jaspers, 1967), que no se pueden cambiar ni resolver, sino solo atravesar. Dichas situaciones impactan la identidad de la persona mayor, conmoviendo el “yo soy” y el “yo puedo”. Frases como “Ya no soy la de antes”, “Me miro y no me reconozco” o “Todo lo que me gustaba ya no lo puedo hacer” son comunes, revelando una conmoción identitaria profunda.

Foto de una persona mayor pensativa o reflexionando

Las Preocupaciones Existenciales Fundamentales en la Vejez

Ante esta conmoción identitaria, es frecuente que se reactiven o intensifiquen las preocupaciones enraizadas en la existencia humana. Según Yalom (2011), estas son cuatro:

  1. La muerte: La conciencia de la propia mortalidad se hace más palpable. María, de 95 años, se pregunta: “¿Será porque veo que ya tengo muchos años y ya me acerco al final de mi vida?”, aludiendo a una tristeza profunda y un nerviosismo inexplicable. La muerte, aunque más aceptada con la edad, a menudo se institucionaliza, alejándose de lo personal (Längle, 2008).
  2. La libertad: La capacidad de elegir y la responsabilidad sobre las decisiones pueden verse desafiadas por las limitaciones. Juana, confrontada con una enfermedad, expresa: “Si no me hubiera enfermado podría hacer todo lo que usted me dice, pero ahora las cartas están echadas… ¿cómo voy a aprender a vivir con esto?”, mostrando resignación e impotencia.
  3. El sentido vital: La búsqueda de significado se intensifica cuando las rutinas y roles anteriores cambian. Juana, de 75 años, institucionalizada, describe sus días como “el día de la marmota”, preguntándose “¿para qué me voy a levantar, si no tengo nada que hacer?”.
  4. La soledad: A menudo, la soledad existencial se agrava con la pérdida de seres queridos y el aislamiento social.

En este sentido, el sentido de vida es un concepto dinámico que el ser humano descubre y construye a lo largo de su existencia, adaptándose a las circunstancias cambiantes. Los seres humanos son seres en busca de sentido, y esta búsqueda les permite desarrollar sus capacidades y soportar los contratiempos, incluso en los momentos de mayor abatimiento.

las 4 preocupaciones existenciales del ser humano

Manifestaciones y Consecuencias de la Fragilidad Existencial

Muchos adultos mayores experimentan la fragilidad existencial como una pérdida de control percibido sobre sí mismos y sus circunstancias, lo que puede derivar en falta de sentido, soledad existencial, cansancio vital, aburrimiento, desesperanza y sensación de inutilidad. Esta fragilidad puede manifestarse en conductas como el exceso de actividades (hacer por hacer), la restricción conductual o la dificultad para construir un proyecto vital.

Ignorar o no facilitar la expresión de esta fragilidad puede generar un gran sufrimiento, derivar en psicopatología y, según Erikson (2000), acercar a la persona mayor a la desesperación en lugar de la integridad del yo.

La Quinta Encuesta Nacional de Calidad en la Vejez 2019, por ejemplo, señala que casi un tercio de las personas mayores presenta sospecha de síntomas depresivos, lo que resalta la urgencia de abordar estas problemáticas.

Abordaje y Promoción del Sentido de Vida en la Vejez

Paradójicamente, la fragilidad existencial puede actuar como un catalizador del sentido de vida en la vejez. Para ello, es crucial que los profesionales de la salud identifiquen y presten atención a estas preocupaciones, reconociendo que los mayores no siempre las expresan directamente. Lundmark (2006) destaca la dificultad de los profesionales para abordar temas existenciales, lo que subraya la necesidad de formación y autoconciencia sobre la propia fragilidad existencial.

Necesidades para una Vida Significativa (Derx, 2018)

Para que la experiencia de vivir una vida significativa, a pesar de la fragilidad, pueda surgir en la atención a personas mayores, Derx (2018) propone siete necesidades fundamentales:

  1. Propósito: Percibir una dirección, donde las acciones cotidianas se conectan con un futuro valorado.
  2. Valor moral: Considerar que las propias acciones son positivamente valoradas.
  3. Autoaceptación: Aceptarse a uno mismo en términos de logros y relaciones.
  4. Control percibido: Sentir la capacidad de elegir y decidir sobre diferentes aspectos de la vida, y que estas decisiones importan.
  5. Coherencia: Comprender el presente integrado en una narrativa vital coherente que aporte un sentido de continuidad a la identidad, a pesar de los cambios.
  6. Emoción: Experimentar asombro, novedad y curiosidad que movilice a la acción, incluyendo tanto emociones positivas como el enfado o el miedo que pueden impulsar mejoras.
  7. Conectividad: Realizar la experiencia del amor, la conexión y la entrega con otros y con el mundo.

Caminos para Experimentar Sentido (Frankl, 1990)

Frankl (1990) identifica tres categorías de valores que facilitan la plenitud existencial en la vejez:

  • Valores creativos: Se realizan al comprometerse con actividades o proyectos que se perciben como un aporte al mundo, desde obras de arte hasta el cuidado del jardín o ayudar a otros.
  • Valores vivenciales: Hacen referencia a la conexión con lo que se recibe del mundo y se puede disfrutar, a pesar de las limitaciones. Esto incluye encuentros y experiencias significativas con la naturaleza, el amor o la belleza.
  • Valores de actitud: La capacidad de elegir la actitud frente a situaciones desfavorables o irremediables, como las situaciones límite. Permiten experimentar sentido incluso a pesar del sufrimiento inevitable, transformando una actitud negativa en una positiva y asumiendo la responsabilidad de la propia libertad de elección.
Infografía sobre los valores existenciales de Frankl

Evidencias en Adultos Mayores Institucionalizados

Un estudio de Molina Codecido (2021) sobre el sentido de vida en adultos mayores institucionalizados, desde una perspectiva humanista-existencial, reveló la importancia de estos valores. Mediante un diseño cualitativo fenomenológico y entrevistas a 8 adultos mayores (de 74 a 99 años) en Establecimientos de Larga Estadía, se identificaron tres ejes temáticos: actividades previas a la institucionalización, historia de vida personal y acontecimientos vitales en torno al sufrimiento.

En relación con el trabajo previo a la institucionalización, los participantes destacaron su rol como sustento familiar y como una oportunidad de "entregar algo" a los demás. Ejemplos incluyen el orgullo de ser una "gran basquetbolista y maestra de cocina" o la gratificación de "dar sonrisas" a través de la mecánica dental, incluso costeando materiales para quienes no podían pagar. Estas narrativas ilustran la manifestación de valores creativos.

Los hechos familiares, por su parte, revelaron la emergencia de valores vivenciales. Los mayores recordaron acontecimientos significativos en la cotidianidad, como bailar tango con la pareja en casa o recuerdos de la infancia. El nacimiento de los hijos fue un hito universalmente destacado como "lo más grande que he tenido, eso es impagable", mostrando la profunda conexión y gratificación recibida de la vida.

Este estudio confirma que, a pesar de las limitaciones y los mayores riesgos de deterioro físico, dependencia y problemas de salud mental asociados a la institucionalización (Freitas & Scheicher, 2010; Azeem & Naz, 2015), el sentido de vida puede encontrarse en el día a día, en los cuidados recibidos y en las relaciones interpersonales (Elsherbiny & Al Maamari, 2018; Flecha, 2019).

Intervenciones y el Rol de la Filosofía

Existen intervenciones específicas que facilitan la integración saludable de la fragilidad existencial y el logro de la integridad del yo, tarea propia de la vejez según Erikson (2000).

  • Logoterapia: Como psicoterapia centrada en el sentido, o en su aplicación en la "cura médica de almas", que implica un ejercicio de humanidad del acompañante en contacto con la del paciente (Frankl, 1990).
  • Reminiscencia espiritual: Creada por MacKinlay (2010), esta variante de la terapia de reminiscencia se enfoca en el sentido de la vida, siendo un modo eficaz para las intervenciones con mayores.
  • Filosofía: Puede ayudar a las personas mayores a vivir de forma más despierta y vital, ocupando su tiempo productivamente, ejercitando la memoria, el pensamiento conceptual y la creatividad. Históricamente, la filosofía se ha preocupado por el buen vivir y el cuidado de sí mismo, elementos esenciales en la vejez. Promueve la reflexión, el cuestionamiento y la toma de decisiones, tanto personales como respecto al mundo, fomentando la tolerancia y el respeto.

La Importancia de la Sensibilización y Formación Profesional

Considerar la fragilidad existencial amplía la comprensión de la vejez más allá de los síntomas clínicos. Nos permite acercarnos a cómo cada persona experimenta esta etapa de la vida y sus eventos biográficos, y cómo se activan las preocupaciones existenciales ante las amenazas. La sensibilización y formación de los profesionales de la salud en temas existenciales son cruciales para identificar estas vivencias de fragilidad y ayudar a los adultos mayores a experimentar una vida con un sentido renovado.

Como terapeutas o acompañantes, es fundamental comprender que "no debe haber nada humano que nos sea ajeno. Porque 'Todo está en mí. Soy un adulto, yo soy un anciano, yo soy un asesino y soy un santo. No hay nada en el paciente que yo no tenga en mí'" (Fromm, citado por Villanueva, 1985). Esta conexión empática es vital para restituir al paciente el sentido de sus experiencias y acompañarle en su búsqueda de plenitud.

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