En un mundo cada vez más digitalizado, la relación entre los adultos mayores y la tecnología es un tema de creciente relevancia. La digitalización es una realidad que afecta a toda la población, aunque con distinta intensidad. Tras la generalización de Internet y las tecnologías digitales, han surgido desigualdades que impactan a grupos sociodemográficos específicos, como el de las personas mayores. Es fundamental analizar su grado de inclusión digital, comprender cómo utilizan estas tecnologías y abordar los factores que limitan su acceso y uso efectivo.

El Envejecimiento de la Población y la Urgencia de la Inclusión Digital
En las últimas décadas, los países de América Latina han experimentado un proceso de envejecimiento sostenido de la población. El aumento de la cantidad de personas mayores se traducirá en incrementos proporcionales de las demandas sociales, económicas, políticas y culturales específicas de esta población. Esta situación debe abordarse y resolverse mediante políticas públicas que garanticen la inclusión social de estas personas, así como su calidad de vida y la protección y promoción de sus derechos (CEPAL, 2016; Huenchuan, 2013). Chile, por ejemplo, enfrenta una encrucijada marcada por la baja natalidad, un fenómeno que está transformando al país en una sociedad cada vez más longeva, con cerca de 2,8 millones de personas mayores, lo que equivale al 20% de la población, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Cada vez resulta más evidente que el acceso a los medios digitales no es uniforme de un país a otro ni dentro de cada país. Debido a esto, los posibles beneficios no se distribuyen por igual entre los distintos grupos de población. Al igual que otras diferencias económicas y sociales, este acceso desigual puede agravarse ante la falta de políticas adecuadas para garantizar el acceso digital y sus beneficios a todos los sectores de la sociedad (Balboni, Rovira y Vergara, 2011). Por lo tanto, las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) no solo tienen un gran potencial de reducir las desigualdades sociales y económicas que afectan a las personas de edad, sino que también pueden exacerbar las desigualdades preexistentes.
Históricamente, las personas mayores han sido consideradas con una capacidad disminuida para llevar a cabo actividades productivas y, por lo tanto, a menudo al margen del progreso social (Abusleme y otros, 2014). Sin embargo, las políticas públicas actuales buscan modificar esta percepción promoviendo la cultura del “envejecimiento activo”, que optimiza las oportunidades de salud, participación y seguridad para mejorar la calidad de vida. La promoción del acceso y uso de los medios digitales entre las personas mayores es esencial para alentar esta cultura. Uno de los efectos sociales de las tecnologías digitales en el mundo moderno es que se han convertido en un factor que distingue a las personas mayores de los grupos de población más jóvenes, evidenciando una profunda brecha digital en la región.
Panorama Actual de Acceso y Uso de Tecnología en Adultos Mayores
Los estudios recientes revelan una expansión en el acceso a Internet y dispositivos, pero también una persistente brecha en el uso efectivo y la apropiación de estas herramientas.
Estadísticas Generales de Acceso y Uso
- Una encuesta muestra que más del 50% de las personas mayores encuestadas manifiestan no saber utilizar internet.
- Otro estudio destaca que el 79% de los encuestados solo cuenta con un celular básico para hacer llamadas, mientras solo un 31% tiene acceso a un computador.
- En cuanto a servicios de comunicación, un 48% de los hogares con adultos mayores cuenta con internet, mientras un 76% dispone de internet en el celular.
- El informe del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo indica que el 88% de las personas mayores afirman tener acceso a Internet en sus hogares, el 83% posee teléfonos con conexión a Internet y el 35% cuenta con tablets con conexión. Sin embargo, del 89% que tiene un celular, solo el 51% corresponde a un smartphone. Es decir, solo la mitad de este grupo etario cuenta con un dispositivo inteligente.
- A pesar del acceso, la brecha digital en cuanto a su uso sigue siendo significativa: solo el 42% de las personas mayores declara utilizar Internet en el último mes, y un 31,5% de las personas de 60 años o más lo usa de manera general, mientras que el 68,5% no lo hace. Esto evidencia que el acceso a Internet no siempre se traduce en un uso efectivo.
- En cuanto a la población de 75 años en adelante, el 41,7% ha acudido a Internet alguna vez, y casi una de cada tres personas lo hace semanalmente, lo que supone un crecimiento respecto a años anteriores, aunque aún lejos del 92,9% de la población general.

Hábitos y Propósitos del Uso de Internet
Si bien un porcentaje de adultos mayores utiliza Internet, quienes lo hacen son usuarios frecuentes y la mayoría se conecta todos los días. Pese a la heterogeneidad en el uso entre países, los tipos de actividades realizadas en Internet son, de cierto modo, uniformes. Entre las personas mayores, el uso de Internet es especialmente importante para la comunicación, ya que les proporciona una vía para mantenerse en contacto con familiares y amigos, contribuyendo a reducir la sensación de aislamiento y soledad.
Otros usos instrumentales son la búsqueda de información (especialmente en temas de salud, 28%), operaciones bancarias en línea, trámites y pagos de cuentas (29%). Comunicarse a través de aplicaciones de mensajería instantánea, hacer llamadas o videollamadas, y la lectura de noticias, prensa y revistas, son las principales finalidades para las que las personas de 75 años en adelante usan Internet.
La pandemia de COVID-19 aceleró la adopción digital: el 40% de los encuestados aprendió a usar aparatos inteligentes en medio de la pandemia. Los estudios revelan cambios de hábitos importantes, como que solo el 16% prefiere volver a realizar trámites de manera presencial una vez terminada la pandemia. Además, un 95% de los usuarios mayores asegura conocer el concepto de “huella digital” y es consciente de que al usar Internet deja un rastro imborrable en el ciberespacio.
A pesar del aumento en el uso general, la compra en línea sigue siendo poco común en la franja de edad de 75 años en adelante, con solo el 11,6% que ha comprado alguna vez y el 7,4% en los últimos tres meses, cifras muy distantes del 72,8% y 55,3% de la población general, respectivamente.
Desigualdades Socioeconómicas y Geográficas en el Acceso
El informe del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo explica que la expansión en el acceso a Internet no se distribuye de manera uniforme. Este fenómeno sigue estando significativamente ligado a variables socioeconómicas y de edad. Al identificar a la población mayor sin acceso a Internet, se observa que el 76% corresponde a personas con educación básica completa o menos, el 75% pertenece a los primeros dos quintiles de ingreso autónomo per cápita del hogar, más de la mitad (53%) son mujeres, y cerca de un tercio (29%) tiene más de 80 años.
En términos geográficos, existen zonas rurales que concentran una mayor desigualdad, con menor conectividad, uso y capacitación. Por ejemplo, en las regiones chilenas de Ñuble (20.9%), Maule (20.4%) y Los Lagos (20.5%), uno de cada cinco hogares con al menos una persona mayor no cuenta con conexión a Internet.
Factores que Limitan la Inclusión Digital
Los adultos mayores enfrentan diversas barreras para el uso de las TIC, que pueden ser de índole social, psicológica y física.
Barreras Sociales, Psicológicas y Físicas
- Falta de experiencia, confianza y motivación: Muchos adultos mayores no se sienten capaces de aprender algo nuevo o tienen prejuicios relacionados con el envejecimiento, lo que genera reticencia. Un 25% de los encuestados afirma que ya no está en edad de aprender.
- Dificultades de diseño y seguridad: La preocupación por la seguridad en línea, el riesgo de fraudes, estafas o pérdida de privacidad, así como la desconfianza asociada a la realización de transacciones financieras en dispositivos digitales, son factores que limitan el uso de la banca electrónica o las compras en línea.
- Costo y relevancia: El tener un dispositivo tecnológico tiene un costo que no siempre es accesible para personas con menores ingresos. Además, la percepción de utilidad de las tecnologías es clave; algunos adultos mayores las emplean pero no reconocen su potencial informativo.
- Problemas físicos: Limitaciones como la visión reducida, problemas de audición o la destreza limitada en las manos pueden dificultar el manejo de dispositivos y aplicaciones.
- Habilidades y capacidades: La dificultad en el manejo de las herramientas tecnológicas y el desarrollo de habilidades digitales insuficientes condicionan el uso efectivo de las TIC, impactando el bienestar.
- Contexto sociocultural: En las sociedades latinoamericanas, las salidas al banco o a la tienda representan oportunidades de interacción y socialización, valoradas por las personas de edad, incluso aquellas con limitaciones de movilidad o comunicación, lo que puede disminuir el incentivo para trámites en línea.
Percepción de Autoeficacia Digital
El concepto de autoeficacia digital, la percepción que se tiene sobre las propias capacidades para manejar las tecnologías digitales, es crucial. Las personas que no se sienten capaces de manejar estas tecnologías simplemente no las utilizan. Javiera Rosell, psicogerontóloga UC, señala que las personas de 60 años o más con mayor nivel educativo suelen tener altos sentimientos de autoeficacia, lo que les permite sentirse capaces de aprender y no tener tantos prejuicios relacionados con el envejecimiento. Además, su trayectoria laboral y mayor acceso a información y dispositivos los acerca más a la tecnología.
La idea persistente de que las personas mayores son "abuelitos" pasivos es un paradigma que, según Christian Abello de Confuturo, debe romperse, ya que conforman una generación activa con deseo de seguir contribuyendo a la sociedad. El director nacional de SENAMA, Octavio Vergara, destaca que estudios como el actual contribuyen a derribar mitos sobre el uso de la tecnología, demostrando que no solo los jóvenes se conectan, sino también los adultos mayores.

Estrategias para Reducir la Brecha Digital
La superación de la brecha digital en los adultos mayores requiere de un enfoque multifacético que combine educación, políticas públicas y compromiso social.
El Rol de la Educación y Capacitación
Una solución clave es la capacitación, inclusión y alfabetización digital. Es fundamental que los adultos mayores puedan acceder a un mayor conocimiento sobre las TIC, lo que facilita su acceso y les permite comprender la utilidad de estas tecnologías. El conocimiento es la base para la comprensión y el uso efectivo. En este sentido, estudios han demostrado que, con la formación adecuada, muchos adultos mayores aprenden a usar tecnologías que antes ignoraban o no reconocían como tal.
Para María Cáceres Reche, cualquier cambio hacia una mayor inclusión digital necesita una infraestructura sólida. Políticas públicas como las “postas digitales” y el “Programa Universidad para Adultos Mayores Integrados (UPAMI)”, que ofrecen sesiones de aprendizaje y talleres especializados, son ejemplos de iniciativas que promueven la participación activa y la actualización tecnológica.
Las políticas internacionales de inclusión digital para la población mayor se centran en el desarrollo de habilidades digitales y en el manejo de herramientas tecnológicas cotidianas, con el objetivo de aumentar la confianza en la tecnología.
Políticas Públicas y Compromiso Institucional
La comunidad internacional, a través de la Agenda 2030, se ha comprometido a garantizar una educación inclusiva y el aprendizaje para toda la vida. María Campos Soto enfatiza que la educación es un derecho ineludible, aunque reconoce que no todas las personas tienen las mismas condiciones para alcanzar este objetivo.
Los Gobiernos de la región han comenzado a implementar programas para acercar a las personas mayores a la tecnología, buscando cerrar no solo las brechas de acceso, sino también las de capacidades y habilidades. Un ejemplo de este compromiso es la aprobación, el 15 de abril de 2024, del proyecto de ley "Acceso a Internet como un servicio público de telecomunicaciones", que busca garantizar su acceso universal en el marco del Plan Brecha Digital Cero, con un enfoque especial en el segmento 60+.
Autoridades como Gloria Hutt, ex Ministra de Transportes y Telecomunicaciones, han señalado que el uso de herramientas digitales, incluyendo el 5G, permitirá que los adultos mayores accedan a telemedicina, trámites en línea y otros servicios, mejorando su calidad de vida. El Subsecretario de Telecomunicaciones, Francisco Moreno, ha destacado la inclusión digital como un objetivo principal de SUBTEL, mientras que Cyntia Soto, Directora Ejecutiva de Fundación VTR, resalta la importancia de entender cómo las personas mayores "quisieron y lograron aprender a usar la tecnología para desenvolverse en sus actividades diarias" durante la pandemia.
Inclusión digital de personas mayores
Beneficios de la Inclusión Digital
Reducir la brecha digital es fundamental para mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Las TIC les permiten comunicarse con familiares y amigos a distancia, reduciendo la sensación de aislamiento y soledad. Estudios recientes han subrayado el impacto positivo de la inclusión digital en la reducción de la soledad y el aislamiento social, así como su importante rol en la integración social, política y económica en un entorno digital en constante evolución (Marston et al., 2019).
El uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación ha mejorado la calidad de vida en diferentes ámbitos, ofreciendo beneficios para acceder a servicios públicos de mayor calidad, fortalecer el sistema sanitario y educativo, y crear oportunidades laborales para grupos que antes estaban discriminados (Bunbury Bustillo et al., 2022). Un estudio reveló que Internet ha tenido un profundo impacto positivo para hombres y mujeres mayores, con el 92% de los encuestados considerándolo útil para su vida cotidiana como fuente de recreación y posibilidad de realizar trámites sin salir de casa.
La promoción del acceso y uso de los medios digitales es esencial para fomentar la cultura del “envejecimiento activo”, un proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad que busca mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen.
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